Modernismo y Posmodernismo

posmodernismo.pngCONOCIENDO EL POSTMODERNISMO

Introducción

El postmodernismo es un movimiento aún en formación, difuso y difícil de definir; de múltiples orígenes y exponentes; generalmente identificado como la ideología que subyace a las formas de pensamiento y comportamiento del hombre contemporáneo que habita este mundo globalizado (al cual podemos llamar utilizando las palabras del apóstol san Pablo αιωνι τουτω -Rom. 12: 2- “esta época” o este siglo, como traduce la versión Reina-Valera 1960). Se trata de la ideología dominante de la sociedad en que nos ha tocado.

Más que definirlo trataré de describirlo, destacando sólo algunos de sus rasgos característicos e ideas principales y las formas en que estas se manifiestan en el pensamiento y el comportamiento del hombre de hoy, señalando también cómo se están infiltrando en la cristiandad. Para hacer más fácil y comprensible esta descripción conviene compararlo y contrastarlo con las corrientes que lo han antecedido en la historia del desarrollo del pensamiento humano.

Existe bastante acuerdo entre los analistas de la historia en identificar cinco etapas en el desarrollo del pensamiento que preceden al postmodernismo:

La Edad Antigua

La Edad Media

El Renacimiento

La Ilustración

El Modernismo

La Edad Antigua

En la Edad Antigua el hombre se concebía como parte de un mundo regido por poderosas fuerzas externas, a las que se sujetaba en forma acrítica, supersticiosa y fatalista. Intentaba, sin embargo, ejercer alguna influencia sobre ellas materializándolas en formas de ídolos, fetiches y talismanes que podía ver, palpar y manipular. Pretendía aplacarlas y congraciarse con ellas con ritos, sacrificios y cultos inventados por el propio hombre. Las ideas dominantes en esa era se caracterizaban por la superstición, el animismo y el fatalismo promovidas por las castas sacerdotales e impuestas por la fuerza y el terror por los señores y soberanos, quienes se arrogaban el derecho de dominar no solamente el comportamiento sino también las conciencias y el pensamiento de los ciudadanos, alegando un supuesto derecho otorgado por las deidades mismas como justificación de su autoridad. Sólo los sacerdotes podían interpretar y explicar la realidad del mundo circundante y los fenómenos que el hombre percibía y experimentaba. Todo estaba envuelto en un halo de misterio oculto a la conciencia y la razón del hombre común. La idolatría, con toda su parafernalia de inventos y falsedades, el terror y la superstición determinaban las ideas y concepción de la realidad y dominaban las mentes y las conciencias de los hombres en las sociedades y culturas de la Edad Antigua. Nadie se atrevía a pensar por su propia cuenta, se aceptaba acríticamente la ideología que la casta sacerdotal imponía, y el comportamiento del hombre se caracterizaba por la sujeción fatalista al poder de los dioses, los sacerdotes, magos, chamanes y los poderosos líderes de las tribus o soberanos de las ciudades estado y sus campiñas. El hombre común habitaba en comunidades aisladas y sólo alcanzaba a conocer espacios geográficos limitados, por lo que su concepción del mundo a penas sí rebasaba los linderos de su tribu, su aldea o su ciudad

La Edad Media

Al inicio de la Edad Media la antecedió un evento novedoso: la predicación de las doctrinas del evangelio por los cristianos, que cuestionaban al paganismo con las doctrinas centrales de la existencia de un sólo Dios, creador y conservador del hombre y el mundo en el que habitaba y la posibilidad de ser salvo y aspirar a la vida eterna. A pesar de que los cristianos de los primeros 3 siglos propagaron las doctrinas evangélicas a costa de su sangre, las ideologías paganas que habían dominado durante los siglos de la Edad Antigua, y que constituían las formas de pensamiento del vasto imperio greco-romano, prevalecieron sobre las doctrinas evangélicas, y nuevamente se hicieron del control de las formas de pensar y dictaron las normas de conducta del hombre del Medioevo. Gradualmente se establecieron patrones culturales caracterizados por lenguaje, ideología, estructuras de pensamiento y comportamientos, dictados ahora por los altos jerarcas del clero eclesiástico que se arrogaban la autoridad de ser los únicos capacitados para conocer, interpretar y comunicar las doctrinas de las sagradas escrituras, a las que el hombre debía sujetarse acríticamente, asumiéndolas como la ineludible voluntad de Dios para todos los hombres; con las terribles amenazas de la excomunión, el despojo de sus pertenencias, el destierro, la muerte y hasta los terribles tormentos del infierno para quien se atreviera a cuestionarlas y desobedecerlas.

La filosofía tomista dominó el pensamiento; las Sagradas Escrituras vetero y neotestamentarias quedaron sujetas solo al conocimiento, interpretación y exposición del “magisterio de la iglesia” que velaba más por la protección y ampliación de la autoridad, privilegios y beneficios materiales del alto clero, que por la salud espiritual, intelectual, moral y conductual del hombre. Tenemos, pues, en el Medioevo, un hombre dominado por la superstición y el temor; caracterizado por patrones de comportamiento de sumisión a la voluntad del clero y los poderes civiles que se erigieron como dueños y señores de la verdad y la autoridad. La cristiandad no puede dejar de lamentar las vergonzosas desviaciones que sufrió la misión evangélica por la intromisión del paganismo grecorromano a partir del siglo IV, con el arribo de Constantino al trono imperial. Como consecuencia del sincretismo con el paganismo, la iglesia se constituyó gradualmente en el poder dominante que dictó el pensamiento y los patrones de comportamiento del hombre a lo largo de más de 10 siglos de oscurantismo. Al hombre del Medioevo no se le permitió pensar, contrariando la voluntad expresada por Jesucristo: “Conocereis la verdad, y la verdad os hará libres”. En lugar de un hombre libre que ejerciera sus capacidades racionales y una fe arraigada en la verdad escrituraria, el ciudadano del Medioevo regresó a las formas del paganismo de la Edad Antigua: víctima de una férrea sujeción a las ideas y doctrinas oficiales de un clero que pretendía poseer la autoridad divina sobre la conciencia, el pensamiento y el comportamiento del hombre. Ignorancia, sujeción, superstición, idolatría y fatalismo dominaron el pensamiento del hombre de la Edad Media.

El Renacimiento

El Renacimiento puede verse como una época de transición que sacudió las estructuras ideológicas y socio-culturales del Medioevo, despertando en el hombre formas de pensamiento independiente y renovador. La influencia revolucionaria de la Reforma Protestante, junto con las tendencias progresistas en las artes y las ciencias, desafiaron por vez primera al sistema centenario que, por más de 10 siglos había dominado a la sociedad. El valor ejemplar de figuras proféticas como Girolamo de Savonarola, Juan Hus, Martín Lutero, Juan Calvino y la pléyade de reformadores; unido a la influencia de pensadores como Erasmo de Rotterdam y a los descubrimientos geográficos de un nuevo continente por Cristóbal Colón, el viaje de circunnavegación de Fernando de Magallanes, así como la irrupción de innovadores de la ciencia como Galileo Galilei y Nicolás Copérnico sacudieron profundamente las bases de las instituciones dominantes que hasta entonces habían impuesto las formas de pensar y actuar.

Las doctrinas celosamente defendidas por la autoridad eclesiástica, que concebían al hombre como el centro de la creación y al mundo como el centro del universo alrededor del cual giraban todos los demás cuerpos celestes, fueron cuestionadas por los descubrimientos geográficos. La lectura de la Biblia en idiomas vernáculas, gracias a la invención de la imprenta, y la actitud contestataria de los reformadores que cuestionaron los viejos dogmas que sustentaban el sistema medioeval, hicieron tambalear la monolítica estructura eclesiástica que dominaba el pensamiento, propiciando gradualmente la aparición de hombres que se atrevieron a pensar por su propia cuenta, desafiando los dogmas y paradigmas de pensamiento dominantes. Durante del Renacimiento se enfrentaron dos formas de pensamiento: la de una sujeción acrítica y supersticiosa a la estructura eclesiástica dominante que se arrogaba la autoridad divina de dictar las formas de pensamiento, razón, fe y comportamiento, contra las revolucionarias ideas de los reformadores que, basados en una racional interpretación de las Sagradas Escrituras, promovieron la libertad de pensar y creer, teniendo como único árbitro la dirección del Espíritu Santo.

La conquista del derecho a la libertad de pensar lograda durante el Renacimiento sentó las bases para la siguiente etapa de la historia del pensamiento humano, conocida como la Era de la Ilustración.

La Ilustración

Es importante destacar los cambios acontecidos en esta época de la Historia, ya que algunos analistas encuentran en ella los fundamentos ideológicos de lo que posteriormente se configuraría como El Modernismo. En línea de continuidad con el despertar de la conciencia iniciada en el Renacimiento, en la Ilustración hace su aparición la famosa obra fundamental de El Discurso del Método. En ella Descartes planteó las bases de la ciencia moderna: Descartes estableció, como el único método válido para arribar a la verdad en la ciencia, el uso de la duda metódica. Su famosa frase “cógito, ergo sum” (pienso, luego existo), resumía su propuesta de someter al pensamiento racional, mediante el método de la duda metódica, todo fenómeno, evento u objeto de la naturaleza susceptibles del conocimiento humano. Con este método la razón fue puesta sobre las creencias y supersticiones dominantes en el Medioevo, desafiando la fe y los dogmas impuestos por la autoridad eclesiástica durante siglos. De hecho, la fórmula propuesta por Descartes es la base del método hipotético-deductivo que aún tiene validez científica en la actualidad.

Junto con Descartes apareció en el siglo XVIII un numeroso grupo de proponentes del racionalismo, un racionalismo ilustrado que dio origen a las tendencias ideológicas y filosóficas de la Ilustración. Diderot tuvo la brillante idea de resumir en una obra monumental el conocimiento humano hasta entonces logrado, dando forma a la famosa Enciclopedia, a la que aportaron los destacados pensadores franceses Voltaire, Rousseau, Montesquie, entre otros. La convicción de que la razón humana es el único medio para alcanzar el conocimiento real de la naturaleza y del hombre, surgió como la idea dominante de la época conocida como La Ilustración, llamada así precisamente porque consideraba a la razón como la luz que finalmente ilustraría y sacaría al hombre del oscurantismo de su pasado histórico. De ahí que reclamaran el derecho a la libertad de pensar, sin sujetarse a autoridad alguna que no fuera la razón misma; una razón libre y autónoma. El ejercicio libre de la razón, junto con la aplicación rigurosa de la comprobación empírica, era el único método válido para el descubrimiento de las leyes y principios que gobiernan el universo, el mundo y la naturaleza humana.

Los pensadores de la Ilustración consideraban que todo lo antiguo estaba inmerso en un ambiente de oscuridad y decrepitud, y que la nueva ideología que proponían era la luz que iluminaría al mundo. Proponían someter a la crítica racional todo el conocimiento alcanzado por el hombre hasta la fecha. Confiaban en que aplicando la razón a todos los aspectos de la vida humana se podría lograr el progreso de la humanidad en todos los aspectos sociales: la cultura, la economía, la moral y la política.            Los ideólogos de la Ilustración se manifestaron contra las ideas pesimistas que, según ellos, se derivaban de la doctrina cristiana del pecado original. Profesaban un profundo amor por la naturaleza, esforzándose por descubrir, por medio de la aplicación de la razón y la observación, las leyes que la gobiernan. Enfocaban especialmente su atención en descubrir el papel que la naturaleza ha jugado en el origen del hombre y de todos los objetos y fenómenos del universo. No se manifestaron en contra de la idea de la existencia de Dios, sino que arribaron a conclusiones deístas como la expresada por Newton de que “la naturaleza es como una gran máquina concebida por Dios y regida por leyes por El establecidas”, aseverando que, una vez creado el universo como una perfecta máquina de relojería, Dios le dio cuerda y lo echo a andar, sin intervenir ya más en su funcionamiento y conservación. Proponían la existencia de un Dios lejano que no tenía injerencia en la realidad cotidiana del hombre. Predicaban una “moral laica” independiente de la religión, argumentando que el hombre no se rige por principios morales ordenados por Dios, sino porque la razón exige el respeto de los demás.

Creían en la igualdad de todos los seres humanos, puesto que todos proceden de la misma naturaleza y poseen la capacidad de razonar. Proponían el derecho a la libertad política, religiosa, económica e intelectual. Proponían también luchar por la búsqueda del bien de la nación, señalando como medio para lograrlo el sabio gobierno de soberanos ilustrados, quienes no estaban obligados a consultar o tomar en cuenta la opinión de sus ciudadanos, sino a guiarse por la razón y sus nobles intenciones en favor de sus súbditos.

El Modernismo

Las ideas propuestas por los pensadores de la Ilustración se desarrollaron y evolucionaron hasta conformar las bases ideológicas y filosóficas del modernismo y sirvieron de basa a las grandes utopías. La convicción de que, a través del desarrollo de la ciencia y el conocimiento racional se podría alcanzar finalmente la justicia y la felicidad, sirvió de base a las propuestas de sociedades evolucionadas y perfectas a las que la humanidad tenía el legítimo derecho de aspirar. Las demandas de lesses fere de la burguesía francesa fueron la base del pensamiento librearbetrismo económico, que posteriormente evolucionó hasta originar el capitalismo. Este concebía una sociedad más justa si se sujetaba a las sabias leyes de la oferta y la demanda en una economía de libre mercado. Por su parte los socialistas proponían una sociedad en la que se respetaran los derechos de todos los hombres a compartir la tierra y la propiedad de los bienes de producción y sus frutos. Mientras que Karl Marx, basado en la filosofía dialéctica y en el análisis de los fenómenos que rigen el origen y acumulación del capital, proponía el proyecto del comunismo como el fin último que la sociedad debe perseguir para alcanzar la justicia; Lenin, por su parte, proponía la lucha de clases como el único medio para hacerlo realidad. Estas propuestas son conocidas como “los grandes relatos” del modernismo.

Jurgen Habermas, en su libro “La Postmodernidad”, señala que los esfuerzos de los modernistas se concentraron en desarrollar una ciencia objetiva, leyes universales y morales y un arte autónomo. Pero el objetivo último de esta cultura especializada era el enriquecimiento de la vida cotidiana: “Los pensadores de la Ilustración tenían la extravagante expectativa que las artes y las ciencias no solo promoverían el control de las fuerzas naturales, sino también la comprensión del mundo y del yo, el progreso moral, la justicia de las instituciones e incluso la felicidad de los seres humanos”. Estas fueron las ideas dominantes y los ideales que caracterizaron al modernismo, abrazados por una sociedad cansada de la injusticia, la pobreza y las continuas guerras que afectaban principalmente a las naciones occidentales. El hombre del modernismo fincó su fe y esperanzas en la final materialización de estos ideales.

Un movimiento ideológico sui géneris se manifestó en Europa durante el segundo tercio del siglo XX: el nacional-socialismo, liderado por Hitler y el partido nazi alemán. Oponiéndose a todos los proyectos, ideologías y filosofías en boga, proponían el establecimiento de un Régimen que duraría mil años, en el que la raza aria dominaría sobre todas las naciones imponiendo su ideología y un nuevo sistema económico, político, social y cultural del cual se sentían legítimos promotores y rectores. Contrario a lo que se esperaba, esta ideología fue abrazada por un alto porcentaje de alemanes y europeos, quienes se unieron a los intentos de imponerla por la fuerza de las armas o dieron la bienvenida a los ejércitos hitlerianos.

El Postmodernismo

Finalmente arribamos al tema de esta exposición: El Postmodernismo; la ideología imperante en nuestro actual mundo globalizado. El postmodernismo es considerado como una corriente que, a raíz de la caída del Muro de Berlín, y la desaparición de los regímenes socialistas de tipo soviético en la Europa del Este, ha venido influyendo en las formas de pensar y el comportamiento de la sociedad occidental. Algunos analistas consideran a Jean-François Lyotard como el padre del postmodernismo; otros destacan como precursor a Federico Nietsche, quien puso en tela de juicio la validez del conocimiento como producto de la razón humana que la modernidad proponía. Sus ideas condujeron al planteamiento, entre otros, de cuatro cuestionamientos a la filosofía del modernismo:

  1. a) Epistemológico. Pone en duda la confiabilidad de ese ser en cuyo interior se presume que existe una entidad de acceso privilegiado, llamada “mente” y de que la verdad esté ahí afuera para ser aprehendida por el sujeto.
  2. b) Ontológico. Pone en duda de la existencia de esencias universales
  3. c) Metafísico. Pone en duda que haya una naturaleza humana eterna e inmutable, “la creencia en una estructura estable del ser que rige el devenir y da sentido al conocimiento y normas de conducta”.
  4. d) Político. Pone en duda la función de los grandes relatos o de la posibilidad de un gran proyecto emancipador de la humanidad.

En síntesis, se ponen en duda las esperanzas del modernismo de la posibilidad de un mundo basado en una ética universal fundamentada sobre sólidas bases epistemológicas.

Conviene destacar algunas de las ideas de Jean-François Lyotard, el ideólogo más reconocido del postmodernismo:

“Post no debe entenderse en el sentido de período siguiente, sino en el de una dinámica: ir más lejos que la modernidad para poder regresar a ella, en un movimiento de rizo”.

“Una nueva función intelectual está naciendo: ya no nos preocupamos tanto por formular una crítica global, ante la falta de bases, sino que como hacen muchos artistas buscamos experimentar, inventar. Nuestra categoría social, finalmente, es la imaginación”.

“Hay que tomar distancias, comenzar todo de nuevo. Hay que hacer un enorme desvío, reencontrar lo que había sido reprimido: las artes plásticas, la estética, la música. Desembarazarse de la culpabilidad política”.

“Creo que la gente que no está perdida por completo es aquella que ha conservado su infancia muy cerca. Y esto es al mismo tiempo una cosa que obstaculiza la idea cartesiana de la modernidad: poner el contador en cero, decretar el Año Uno del nuevo pensamiento”.

“La crisis es permanente, es inherente a la modernidad”.

“Nuestro trabajo consiste en analizar la decadencia de los ideales modernos, para tratar de comprender lo que, en la modernidad, implicaba ya la desaparición de esa idealidad”.

“El verdadero sentido de la palabra ‘posmoderno’, en la crítica norteamericana y en la arquitectura italiana, se refería al final del movimiento modernista. Yo dije que no, que no se trataba del abandono puro y simple del proyecto de modernidad, sino de su reescritura”.

“Todo modernismo contiene la utopía de su fin. Si se quiere verdaderamente oponer lo moderno a lo posmoderno, se puede decir que éste insiste en la reescritura, mientras que lo moderno insiste en la revolución”.

“El sentimiento del desencanto es inherente a la modernidad (…); eso forma parte de la mitología de la realidad occidental y comienza con Platón: hemos perdido a Egipto, la madre de todas las civilizaciones. Occidente ha pasado su tiempo diciendo que el Paraíso se perdió”.

“Nuestros últimos grandes intelectuales, como Sartre y Foucault, se equivocaron cuando creyeron designar la causa justa. Vivimos en una sociedad demasiado compleja, demasiado cargada de crímenes para eso. Sólo podemos resistir en torno de puntos precisos, sin poder afirmar: he aquí el sentido general de la historia, he aquí su representante”.

Los postmodernistas cuestionan la validez de la fe en la ciencia y el racionalismo, que adoptó el modernismo de la Ilustración, y acaba con sus ilusiones y sus grandes relatos. Algunos autores lo caracterizan como el pensamiento de la incertidumbre, de la duda. La reacción posmodernista es un sentimiento de desencanto respecto del Modernismo, de sus promesas y expectativas. En síntesis, el postmodernismo es un movimiento ideológico que pretende desprestigiar los valores del modernismo: libertad, igualdad y fraternidad; concediendo mayor relevancia a lo efímero, a lo inmediato, al sensualismo, al hedonismo. En su rechazo de los valores que tradicionalmente ha apreciado la humanidad, los postmodernistas adoptan una postura nihilista que cuestiona todo aquello que el hombre ha construido a lo largo de su historia: el conocimiento científico no es sino una serie de suposiciones efímeras que eventualmente serán desechadas y sustituidas por otras distintas; las culturas no son sino invenciones humanas temporales, la historia no es sino la interpretación arbitraria que los autores hacen de la realidad. Y, puesto que todo esto carece de validez, el comportamiento del postmodernista pretende liberarse de los valores, prejuicios y normas inventadas por el hombre mismo y actuar regido por sus impulsos y deseos inmediatos, procurando prioritariamente satisfacer sus sentidos, ya que la existencia del hombre es efímera, pasajera y sin propósito alguno. Esta corriente rechaza la idea de progreso en una sociedad postindustrial en la que el poder se encuentra en los medios de comunicación, que son las fuentes de conocimiento, y la verdad absoluta es solamente un ideal inalcanzable.

La norma del comportamiento del hombre en el postmodernismo viene a ser su propio arbitrio y voluntad, desafiando reglas, normas, tradiciones y costumbres, las cuales en la práctica sustituye por lo que considera correcto. Siempre atribuye mayor validez a lo que él cree, a lo que él siente, sin importar lo que los demás piensen.

A pesar de estar en boga en el mundo contemporáneo, el postmodernismo no es nada nuevo en el comportamiento humano. Alrededor de mil años antes del nacimiento de Jesucristo El Predicador declaraba: “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.” (Ecl. 1: 9, 10). Esto se puede aplicar a mucho de lo que estamos viendo del postmodernismo: la antigua ambición del hombre, sugerida por el tentador, de ser como Dios, de vivir a su arbitrio y para sus propios fines egoístas.

El Postmodernismo y la Cristiandad

Pero vengamos ahora al terreno de la cristiandad, que es el que más nos debe ocupar a los participantes en este IV Congreso de Doctrina Metodista, y en particular al ámbito de nuestra Iglesia Metodista. Permítaseme referirme a algunas de las formas en que el postmodernismo se está manifestando dentro de nuestras congregaciones, recurriendo a la expresión profética con la que describe la Biblia una época de la historia del pueblo escogido de Dios; me refiero a la época de los jueces, acerca de la cual Jueces 21: 25 dice: “En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.” El término  con el que se designa al rey de Israel en el Antiguo Testamento, se refiere a la persona escogida y consagrada por Dios para ejercer el liderazgo de su pueblo ajustándose a las leyes y mandamientos del Libro del Pacto: las leyes y mandamientos de Dios. Personalmente veo con preocupación que nuestras congregaciones metodistas se están dejando arrastrar por el postmodernismo y están retrocediendo a una época semejante a la del tiempo de los jueces, en la que, a causa de la desobediencia al liderazgo del Espíritu Santo, “cada uno hace lo que bien le parece”. La palabra para referirse a la conducta de hacer cada uno “lo que bien le parecía” es , que literalmente significa “en sus ojos”. Lo que este texto dice a sus lectores originales es que en los tiempos en que no había rey en Israel, cada uno hacía lo que se le presentaba a la vista, lo que le atraía, lo que le agradaba.. Hemos visto que la filosofía del postmodernismo se caracteriza por el desdén y rechazo a las reglas, y en una actitud nihilista niega todo valor a las normas, y pretende inventase sus propias formas y patrones de conducta, actuar llevado por sus criterios e inclinaciones personales, satisfaciendo sus impulsos sensoriales inmediatistas. Esto se está manifestando las iglesias donde los pastores, con desdén por la liturgia (que es la base del culto y servicio que las congregaciones rinden a Dios) dirigen los cultos y ofician los sacramentos a gusto personal. Prácticamente ya no existe el ritual, cuya función, entre otras, es la de mantener unida a la Iglesia en una misma forma de ofrecer culto a Dios. Cada pastor o dirigente del culto lo hace a su arbitrio, improvisando y dejándose guiar por ocurrencias del momento. Al administrar los sacramentos, cada pastor lo hace “a su manera”, dejando a un lado partes fundamentales de la leitría: el servicio a Dios; improvisando y modificando siempre, de modo que en cada ocasión resulta un oficio diferente. El culto postmodernista rechaza el ritual, aduciendo que es rígido y acartonado, olvidándose que Dios decide y ordena la forma en la que El quiere que se le rinda culto; como lo hizo con su pueblo por medio de su profeta Moisés, estableciendo las ocasiones de las celebraciones de culto, las festividades, los ritos, sacrificios, ofrendas, decidiendo hasta detalles mínimos como las formas de vestir y de calzar para presentarse delante de El (ejemplo de ello son las especificaciones acerca de la celebración de la Pascua). En las modas postmodernistas se resta valor a las formas y rituales litúrgicas sustituyéndolas por expresiones personales, con la pretensión de que es válido todo lo que se hace movido por la buena voluntad y el deseo personal de agradar a Dios.

Llevados por las tendencias contemporáneas se introduce a los templos, consagrados para el culto a Dios, las formas musicales propias del postmodernismo, con toda la parafernalia de los instrumentos propios de las bandas de rock and roll, los aparatos electrónicos de sonido ajustados a altísimo volumen; con la estimulante participación de los llamados “grupos de alabanza” que interpretan los cantos al más puro estilo de la última banda de moda, como si se tratara de un concierto o performance musical, conforme a géneros y estilos del postmodernismo musical pagano. No importa si las voces de la congregación no se escuchan, tampoco se para en mientes en considerar si esto es lo que le agrada a Dios; lo que importa es que esto es lo que le gusta a los jóvenes y resulta atractivo para la mayoría; se trata de realizar un culto taquillero que agrade ya atraiga auditorios; se trata de llenar en lo posible los templos. ¿Y qué podemos decir de la pretensión de justificar expresiones esotéricas propias de cultos paganos como la danza dentro de nuestros templos? ¿Habrá un solo versículo en toda la Biblia con el que podamos fundamentar la acción de danzar dentro del templo? ¿Dónde? ¿En el atrio donde estaba el altar de los sacrificios y el lavacro, al cual solamente los levitas y sacerdotes tenían acceso? ¿Acaso se ordena hacerlo en el lugar santo donde se ofrecían los panes de proposición y se encendían las luces de los candelabros? O ¿Habrá algún versículo bíblico en el que se autorice al sumo sacerdote a danzar cuando ingresaba al lugar santísimo donde se encontraba el Arca del testimonio sobre el cual se manifestaba la presencia de Dios? Podemos argumentar la existencia de salmos que invitan a saltar y girar con júbilo en expresión de alabanza a Dios, pero en ninguno de ellos está explícita la idea de hacerlo dentro del santuario. Sustituir lo formal, lo racional y lo espiritual del culto a Dios por lo sensorial y lo emocional, solamente porque nos parece agradable, es una conducta acorde con las tendencias del postmodernismo mundano.

Los eventos distritales, conferenciales y denominacionales de las organizaciones juveniles y de varones que oficialmente se organizan, tienen más elementos lúdicos, deportivos y culturales que contenidos y propósitos espirituales. Y una vez más se dejan al arbitrio de personas con criterios más mundanos que espirituales. Personalmente quedé sorprendido al presenciar en el encuentro juvenil celebrado el pasado mes de Julio de 2016 un concurso de música y canto cristiano en el que los jueces calificadores fueron destacados personajes de la música y el canto mundano de la región, resaltando su fama y currículo.

La labor misma de la evangelización se ajusta a las tendencias postmodernistas: Se presenta a la persona la primera, la segunda, la tercera y la cuarta de las llamadas “leyes espirituales” y, sin darle siquiera la oportunidad de procesar y digerir sus profundas implicaciones, se pretende inducirlo a que haga una oración de aceptación. Todo ello de acuerdo con la conocida técnica del vendedor exitoso y eficaz. Se organizan campañas evangelísticas al más puro estilo de los shows y los espectáculos de masas, con elementos propagandísticos propios de la moderna mercadotecnia, en los que el éxito se mide por el número de asistentes; desdeñando los análisis que documentan los escasos y dudosos resultados de estos eventos (a no ser que se pretenda que la entusiasta participación de los propios evangélicos es una aceptable medida del éxito.

Conclusiones

Reservándome para la exposición del tema de LA RAZON Y EL POSTMODERNISMO mayores precisiones sobre la manifestación del postmodernismo dentro de nuestras congregaciones, concluyo esta participación, agradeciéndoles por su paciente atención y parafraseando al Apóstol san Pablo, rogando por las misericordias de Dios a que “no nos hagamos a las formas de esta época, sino que nos transformemos por medio de la renovación de nuestro entendimiento, para que comprobemos cual es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Lic. Abraham Díaz Reyes

abraham-diaz

2 comentarios sobre “Modernismo y Posmodernismo

  1. Excelente. Hubiera sido mas enriquecedor seccionar la Era Antigua, pues ahora se subdivide en la Era Mitológica, que consideraba los 4 elementos básicos como fundamento y origen de la vida, aunque la explicación lo incluye.

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