Amas de Casa Cristianas

amas de casaLA PACIENCIA, NUESTRO CAMINO AL SUFRIMIENTO Y A LA PERSEVERANCIA

 Estimadas amigas y hermanas en Cristo, mañana damos inicio al cuarto mes del año meditando en la cuarta característica de Cristo que el Espíritu Santo produce en nosotras, mediante la convivencia diaria con él según Gálatas 5:22. Este fruto es la PACIENCIA. Así es, la paciencia es una palabra mayor, refiriéndome a ella de esta manera porque para muchas de nosotras el tener paciencia es un reto constante de día a día. Como madres podemos comenzar el día con entusiasmo, calma y esperanza, pero después de 12 horas de jornada larga en el hogar y de correr haciendo mandados terminamos el día sintiéndonos cansadas e impacientes, estirando lo último que nos queda de energía para poder terminar de acostar a los niños en su cama por la noche.

El diccionario de la RAE describe a la paciencia como la “capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse.” Por otro lado, en varios pasajes la Biblia describe a la paciencia como un estado de sufrimiento y perseverancia del espíritu humano la cual produce esperanza. La fuente de esta paciencia es Dios según nos lo dice el apóstol Pablo en Romanos 15:5, “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús”. Dios, nuestro Padre Celestial, nos ha demostrado su paciencia a través de la historia de la humanidad. “Él es lento para la ira” y cada día nos demuestra su paciencia cuando nos equivocamos y pecamos. No nos da el castigo que merecemos, pero pacientemente espera a que vengamos a él con un corazón arrepentido. En esa paciencia de nuestro Dios hay dolor y sufrimiento, pero hay amor y compasión también. ¡Este es el gran amor con que él nos ama! “El amor es sufrido”, dice su Palabra.

Cristo Jesús también nos enseñó con su vida que la perseverancia en medio del dolor nos hace fuertes, produciendo gozo y esperanza, “…quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.” (Hebreos 12:2) A lo largo de la Biblia hubo otros que también padecieron, esperaron en paciencia (o en dolor) y Dios les recompensó cumpliendo sus promesas en ellos. Abraham esperó pacientemente 20 años para recibir una de las promesas que Dios le había hecho, que sería padre y “padre de una muchedumbre de gentes”. Job, ante el hecho de perderlo todo no maldijo el nombre de Dios y sin entender por qué, él pacientemente esperó a Dios, y de todo lo que perdió, Dios se lo multiplicó. Amiga, mira lo que la Biblia nos dice acerca de estas experiencias que tuvieron que padecer ciertos personajes del Nuevo Testamento: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.” (Romanos 15:4)

Cuando pasamos por momentos o tal vez años de lucha y espera, Dios desea que tengamos la esperanza de un fin mejor. Aprendamos de las Escrituras y del gran testimonio que otros dejaron en ellas para nosotras. A diferencia del mundo, Dios no quiere que permanezcamos pasivas en la espera. Es la voluntad del Padre que ejercitemos la paciencia con la fortaleza que sólo puede ser dada a través de Jesucristo y su Espíritu en nosotras. “Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad.” (Colosenses 1:11)

Mi hermana en Cristo, ¿Te encuentras en la actualidad pasando por un tiempo en el que tu paciencia está siendo probada? ¿Te sientes desmayar en medio del tiempo de espera en el Señor? Déjame decirte que hay un mayor propósito en tu sufrimiento. Dios quiere hacer en ti su obra completa. Su voluntad es hacer de ti una mujer fuerte y llena de Su fortaleza. Llena de esperanza y no de congoja. Fija tus ojos en Dios (meditando en Su Palabra y comunicándote con él en la oración) y no en tus problemas. Jesucristo, nuestro más grande ejemplo, puso delante de él el gozo que le esperaría después de soportar la cruz y los desprecios. Él te ama y desea que de igual manera, aunque parezca irracional, te goces en las pruebas y tribulaciones porque estas producirán en ti la paciencia que te irá perfeccionando en Su amor. “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” (Santiago 1: 2-4)

En mi vida de casada, Dios me ha enseñado mucho de la paciencia y la perseverancia. Jamás hubiera aprendido estas lecciones ni experimentado su fortaleza en mi vida si no estuviera casada. He tenido diversas pruebas que han ido perfeccionando mi carácter y mi confianza en Cristo Jesús. Me gustaría compartirles una de ellas. Ya habían pasado algunos años en que mi esposo y yo habíamos intentado diversos tratamientos de fertilidad sin tener el éxito de poder concebir un hijo. Cansados de intentar con la ciencia, decidimos apartarnos de ella y buscar la absoluta misericordia y el gran poder de Dios, con nuestra fe. Este tiempo de ponerlo todo en Sus manos fue una prueba que me llevó a buscar a Dios de una manera muy especial. El Espíritu Santo me guio a la oración de perseverancia y ruego, al clamor de aprender a saber esperar en él. La paciencia (mi dolor de no poder ser madre) y la constancia de creer en un Dios Todopoderoso rindieron fruto después de algún tiempo. ¡Dios hizo su obra milagrosa en mi matrimonio y finalmente pudimos concebir un hijo! ¡Le dimos y le seguimos dando toda la gloria a Él! Después de esto, nos tomó otros 7 años más para poder concebir a nuestro segundo hijo. Con todo mi corazón puedo decir que Dios así lo quiso y que Su voluntad se ha hecho en mi vida. Reconozco Su soberanía en mi matrimonio porque sé que sus planes son mejores que los míos. En este proceso que duró muchos años pude conocer más al Señor, mi fe y mi gozo en él crecieron, y me dio un grado más de madurez espiritual para Su gloria y honra. Ahora puedo empatizar con el sufrimiento de otras mujeres que tienen problemas de fertilidad, les comparto mi testimonio de perseverancia y paciencia en Dios, y puedo orar por ellas con un gran sentir de esperanza en un Dios Todopoderoso.

Amiga, Dios quiere usar este tiempo de sufrimiento (paciencia y perseverancia) para darte esperanza en él y mostrarte Sus caminos. Sigue la guía del Espíritu Santo cuando él te lleve a la oración de súplica, pues es ahí en donde conocerás su fortaleza, su gran poder y su paz la cual sobrepasa todo entendimiento. Esta prueba producirá no sólo el carácter de Cristo en ti y el gozo de Dios. El Señor podrá usar tu vida y tus experiencias para compartir, ayudar y llevar esperanza a otras mujeres. ¡Oro para que así sea!

“Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración;” (Romanos 12:12)

Su hermana en Cristo,

C.P. Saraí Trnjik

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