Amas de Casa Cristianas

amas de casaTU TESTIMONIO DE PACIENCIA, UN DON ETERNO PARA TUS HIJOS

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”
Proverbios 22:6.

 Amigas y hermanos en Cristo, en la edición pasada de El Evangelista Mexicano les compartí sobre la paciencia en los términos de Dios. Meditamos que vivir en paciencia es vivir en sufrimiento y perseverancia, pues Dios está trabajando en nosotras para producir un carácter tal que se goza en la esperanza de los planes mejores que nuestro Padre Celestial tiene para nosotras. Esta paciencia que el Espíritu de Cristo produce en nosotras no nos lleva a la resignación de nuestras almas, sino que nos hace estar en contacto con Dios de manera frecuente “perseverando en la oración”. Este fruto espiritual nos conduce a vivir en este mundo como mujeres de victoria y fortalecidas en Dios, con una visión celestial y eterna.

 Hubo una mujer llamada Susana Wesley, quien fue la madre del fundador del movimiento metodista, Juan Wesley, y de Carlos Wesley quien escribió más de 3,000 himnos. Ella es uno de los más grandes ejemplos de sufrimiento y perseverancia que nosotras podemos tener. Su vida de casada estuvo llena de desafíos, desilusión, dolor, pobreza, persecución y pérdida. Su esposo era pastor, sin embargo, cometió muchos errores en su relación con la iglesia, su esposa, sus hijos y la ley. Él era un hombre arrebatado, lleno de juicio y falto de perdón. Ella dio a luz a 21 hijos, de los cuales sólo sobrevivieron 10. Se podrán imaginar el dolor que esto le causó. Susana Wesley fue quien principalmente educó a sus hijos en los ámbitos espiritual, moral y académico. Ella fue una madre muy estricta en la educación de todos sus hijos y todos ellos (incluyendo las hijas) recibieron educación profesional con mención honorífica. Su principal meta era instalar en todos sus hijos el temor y reverencia a Dios. Su esposo, por cuestiones de desacuerdos con ella, se iba de la casa por largas temporadas (en una de estas ocasiones estuvo en la cárcel para saldar una deuda) y la dejaba a ella con toda la responsabilidad de la educación de los hijos. Vivieron en extrema pobreza. En una ocasión perdieron su casa debido a un incendio en el cual Juan Wesley casi pierde la vida. Estando sin hogar, sus hijos tuvieron que vivir y ser repartidos temporalmente en diferentes hogares. Ella, con su testimonio de compasión por las almas perdidas, formó en su casa un grupo de personas que se reunirían allí semanalmente para entonar himnos y leer las Escrituras y sermones. Este grupo creció en número tanto que la gente ya no cabía en su casa y mucha de la gente se acomodaba afuera de ella para ser parte de este servicio a Dios y escuchar el evangelio.

 Cada vez que leo el testimonio completo de Susana Wesley me lleno de emoción y aliento. Sé que mi vida y mis aflicciones no se comparan en nada con las que ella tuvo. Dios usó el sufrimiento y perseverancia de ella para traer almas a Cristo, no sólo de aquellas que se reunían en su hogar, ¡las almas de sus hijos fueron también ganadas para Dios! Su hijo Juan Wesley vino a ser un recurso que Dios usó para agrandar la obra que Susana inició en los corazones de sus hijos. ¡Alabado sea nuestro Dios por esto! Es por el poder del Espíritu Santo en esta gran mujer que ella perseveró, alcanzó la meta que es Cristo y en él se fortaleció. Ella inició el Metodismo, desde el fondo del escenario, sembrando la semilla del evangelio, la disciplina de la oración y de la perseverancia en su hijo Juan Wesley. Y es por ella que todos los metodistas estamos hoy aquí siendo parte de un plan mayor en el Reino de Dios.

 ¡Qué testimonio tan inspirador para nosotras las mamás cristianas! En Dios podemos ser esa mamá que él quiere que seamos. Él nos pide una entrega total de nuestra vida. Él desea que dependamos de su provisión y de su fortaleza. Nuestros hijos son joyas que él ha puesto en nuestras manos. Son vidas valiosas en el reino de los cielos. El buen testimonio que les demos a nuestros hijos y poniendo como prioridad la salvación de ellos, tendrá un alcance espiritual que tal vez no podemos ver el día de hoy, pero Dios sí. Nuestro fiel y todopoderoso Dios ahí estará en el futuro de ellos, en acción. ¡Adelante, mis amigas y hermanos (as) en Cristo! No nos cansemos de hacer el bien a pesar de la tormenta que nos rodea, pues tenemos pequeñas vidas observando nuestra fe. Esos pequeñitos son nuestros hijos, ¡tal vez futuros predicadores del Evangelio de Cristo Jesús!

 Hebreos 12:1,2.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”

 En el amor de Cristo,

C.P. Saraí Trnjik

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