Amas de Casa Cristianas

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LA BENIGNIDAD – PARTE 1

HAZ LO QUE PUEDAS 

“De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” – Jesús.

Mis amigas y mis hermanas en la fe, hoy, al prepararme para escribir y compartir sobre la Benignidad que es el quinto aspecto del fruto del Espíritu, la Palabra de Dios me abrió los ojos en cuanto a la gran importancia que Cristo le da a la benignidad como característica primordial de un cristiano. Antes de compartir con ustedes ese pasaje bíblico, quiero describir sencillamente lo que la benignidad es, pues a menudo se confunde con el otro aspecto espiritual que es el de la Bondad. La benignidad es el carácter de Cristo que muestra y hace misericordia mediante la piedad, compasión y generosidad hacia aquellos que lo necesitan, sin importar que ellos lo merezcan o no. Jesús es nuestro más alto ejemplo de benignidad y misericordia. Nosotras no merecíamos la gracias redentora de Dios, sin embargo, Cristo dio su vida en la cruz para que tú y yo obtuviéramos el perdón de nuestros pecados y gozáramos la salvación de nuestras almas (Tito 3:4,5).

Ahora, debemos poner cuidadosa atención a lo que Jesús dijo cuando describió cómo será el Juicio de las Naciones en su Segunda Venida (Mateo 25:31-46). Este pasaje dice que Jesús reunirá a todas las naciones y separará a unos de los otros. En el lado derecho pondrá al grupo de personas que practicaron la benignidad a los cuales Jesús les dirá: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí… De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” En cambio, al grupo de personas que Jesús pondrá a la izquierda, el cual no mostró actos de benignidad, él les dirá esto en el día del juicio: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis… De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”

Ese mensaje de Cristo nos muestra que él le da alta importancia y valor espiritual a que los hijos de Dios muestren la benignidad de él en acción, como si nuestra salvación dependiera de ello.

¡Esto es cosa tremenda, mis hermanas en Cristo! ¿Lo habían pensado así? El gran amor de nuestro Salvador en nosotras debe ser expresado a través de actos de benignidad. Su amor incondicional que está activo en nosotras no se puede callar ni puede estar quieto, sino que con la guía del Espíritu Santo éste debe ser llevado a la acción. La Biblia nos confirma esto en 2ª Pedro 1:7-9, en donde Dios nos dice que “a la piedad, (añadir) afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.”

En el Reino de los Cielos aquí en la tierra Dios no nos exige que hagamos misericordia en maneras que están fuera de nuestro alcance, Él solo quiere que demos de lo que tenemos.  Estos son dos ejemplos bíblicos. 1) Cuando los apóstoles Juan y Pedro (Hechos 3:1-6) vieron a un cojo que pedía limosna en la puerta del templo La Hermosa, Pedro le dijo al cojo: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.” ¡Y al instante fue sanado! 2) Aquella mujer que derramó el perfume costoso de nardos sobre la cabeza de Jesús, después de que los discípulos la criticaron por haber desperdiciado el perfume pudiendo ser vendido para ayudar a los pobres, Jesús les dijo “Déjenla tranquila. ¿Por qué la molestan? Ella ha efectuado en mí una buena obra. A los pobres siempre los tendrán entre ustedes, y cuando quieran podrán hacer por ellos algo bueno. Pero a mí no siempre me tendrán. Esta mujer ha hecho lo que pudo…” (Marcos 14:6-8).

De esa misma manera, amiga y hermana en Cristo, Él te dice a ti y a mí: “haz lo que puedas”, lo que esté dentro de tu alcance hacer. No olvidando que todo lo que hagamos en misericordia a cualquier persona que Cristo pone en nuestro camino lo estaremos haciendo para él. Tal vez sea una simple y genuina sonrisa al triste. Palabras de aliento a la viuda. Una comida preparada por ti para la familia de tu amiga que acaba de dar a luz. Hay necesidad espiritual, material y emocional a nuestro alrededor. Solo basta voltear tu cabeza y mirar. Dejando el entretenimiento y distracción de tu celular cuando estés en la sala de espera en una clínica, haz contacto visual con esa mujer que acaba de recibir malas noticias de su doctor. O muestra misericordia a aquella mamá cuyo bebé no deja de llorar, mientras que ella recibe miradas de juicio.

¿Ahora puedes ver a Cristo ahí? Él espera ahí tu sonrisa, tus palabras de aliento, tu comida preparada, tu compasión y tu empatía.

¿Qué harás por Cristo hoy?

Haz lo que puedas.

Colosenses 3:12

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia.”

Su hermana en Cristo,

C.P. Sarai Trnjik.

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