Amas de Casa Cristianas

amas de casaEL FRUTO DE LA FE, PARTE 1 

LA FIDELIDAD DE DIOS Y NUESTRA FIDELIDAD A ÉL.

Estimadas hermanas en Cristo, damos vuelta a la página para pasar de meditar en la Bondad a meditar en la Fe como fruto que produce el Espíritu. Cuando dejamos de vivir en “el viejo yo” para vivir en “el nuevo yo”, experimentamos una transformación espiritual en nuestro ser. Poco a poco, el Espíritu Santo nos va mostrando nuestras debilidades para luego transformarlas en frutos y dones de bendición. ¡Es asombroso ver el resultado de la obra transformadora del Espíritu de Cristo en nosotras! Sin embargo, permanecemos en humildad cuando vemos cuánto trabajo todavía queda por hacer en nuestras almas. El apóstol Pablo nos animó a que en este proceso olvidemos lo que queda atrás (nuestras faltas e imperfecciones), y extendiéndonos a lo que está delante, prosigamos a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:13,14)

La palabra “fe” usada en el versículo clave del Plan “Viviendo en el fruto del Espíritu”, Gálatas 5:22 y 23, debe ser aplicada como la lealtad y la fidelidad a Dios. A medida que el fruto del Espíritu echa raíz en nosotras, él nos lleva a tener un espíritu de fidelidad a Dios el Padre y a Cristo el Hijo. Asimismo, cuando experimentamos más de cerca el amor de Dios, sus cuidados, su fidelidad y su fortaleza a través de las pruebas, el resultado de su provisión a nosotras es nuestra fidelidad a él. 

En el aspecto de la fe, es importante que no olvidemos que como madres cristianas somos la mayor influencia espiritual sobre nuestros hijos. Cada palabra que sale de nuestra boca, nuestro lenguaje corporal, la manera de cómo nos conducimos en el mundo y hogar, y las enseñanzas bíblicas que aplicamos en el diario vivir son herramientas que Dios nos da para servirle a él y para ser de gran influencia espiritual en nuestros niños. Dentro de este entorno, ¿cómo podemos instalar en nuestros hijos la semilla de la lealtad (fe) a Dios? Creo que debemos hacerlo en la misma manera en que Dios lo hizo con sus siervos en la Biblia. Los personajes que más conocemos en la Biblia nos enseñan que en la adversidad hay redención. Asimismo nos enseñan de una manera consistente que cuando permanecieron fieles al Dios Todopoderoso en tiempos de adversidad y prueba, él fue fiel para salvarlos y darles una vida con mayor propósito. Asimismo, nuestros hijos aun de niños sufrirán decepciones, desánimos y desalientos. Es aquí en donde ellos aprenderán con nuestra guía, que a su corta edad ellos pueden depender de la fidelidad de Dios y en el acto de confiar en él ellos mismos estarán siendo fieles a él. 

Cuando mi hijo mayor, a la edad de tres años, fue diagnosticado con alergia al cacahuate nos pusimos tristes pues eso implicaría muchos cuidados que teníamos que tener con él. La especialista nos dijo que existía la esperanza de que a la edad de siete años el niño se curaría de manera natural de esa alergia. Pero no era algo seguro. Hay niños que se curan de ella y hay niños que no. Cumplidos los siete años de edad, mi hijo ya tenía su cita con la especialista quien le realizaría una prueba para saber si todavía tenía la alergia al cacahuate. Días antes de la cita, mi hijo se puso a orar para pedirle a Dios que le diera la sanidad de su alergia. Yo por mi parte le pedí a mis amistades y familiares que también oraran por la sanidad de mi hijo.

Llegado el tiempo de su cita, la especialista le realizó la prueba y el resultado de ella fue que mi hijo continuaría con su alergia por un tiempo prolongado. Este resultado fue muy decepcionante para él. Empezó a hacer preguntas como “¿Por qué Dios no escuchó mis oraciones? ¿Por qué Dios quiere que yo siga así?” A su corta edad mi hijo tenía un gran dilema. ¡Sus preguntas fueron acerca de su fe en Dios! No basta con sólo decirle, “porque así fue la voluntad de Dios”. Los niños de este siglo nos hacen preguntas que aun los adultos encuentran que es difícil contestar. En el momento en que escuché sus preguntas me sentí desarmada y en mi corazón clamé al Espíritu Santo para que me diera la sabiduría para contestar a sus “preguntas de fe” conforme a su voluntad. Entonces al abrir mi boca para responder recordé la narración del apóstol Pablo en donde describe sobre el aguijón que él tenía en su carne, que habiendo rogado tres veces al Señor que se lo quitara, él le respondió: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

 En esta conversación mi hijo fue aprendiendo de manera clara que Dios también tiene un propósito en nuestra necesidad. Que Dios quiere que lo más importante para nosotros no sean nuestros deseos personales, sino la gracia salvadora de nuestro Dios. Que cuando Dios no contesta a nuestras oraciones de la manera que queremos es porque él desea que vivamos con contentamiento y gratitud por todo lo que sí tenemos. Y que como el apóstol Pablo lo hizo, nosotros también nos gocemos en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando somos débiles, entonces somos fuertes. (2 Corintios 12:10) Con esta lección de fe, la fidelidad de Dios en mi hijo aumentó su lealtad a él. Aprendió otra faceta de Dios que él no conocía: ¡su provisión de hacernos fuertes en nuestras debilidades! ¡Aleluya!

Estas enseñanzas que damos a nuestros hijos quedarán impresas en sus corazones y mentes por siempre. Cuando se encuentren en adversidad, ellos echarán mano de estas experiencias conforme vayan creciendo, siendo estos recuerdos los recursos para creer que hay un Dios fiel a ellos. ¡Dios bendiga a todas las mamás que viven en compromiso y fidelidad a Dios, sembrando esta misma semilla del fruto del Espíritu en sus hijos!

Deuteronomio 7:9

“Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones.”

En el amor de Cristo,

C.P. Sarai Trnjik

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