Amas de Casa Cristianas

amas de casaEL FRUTO DE LA MANSEDUMBRE – PARTE 1

SACRIFICIO, SELLO DE UNA MUJER.

 Estimadas hermanas en la fe, las animo a seguir llevando la vestidura del Espíritu de Cristo en ustedes, confiando en que él es fiel y su galardón es grande. En la Biblia, todos los que se invistieron del Espíritu de Dios vieron de él sus milagros y su constante ayuda. Perseveraron en las promesas de Dios y en sus aflicciones sintieron su poder haciéndoles fuertes de espíritu. Veamos por ejemplo el caso de Rut cuando ella enviudó, quien sin ser del pueblo de Israel, ella adopta la fe de su suegra Noemí y decide permanecer con ella para no dejarla sola diciendo: “No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos. (Rut 1:16,17) ¡Qué increíble testimonio de sacrificio! Escoger cuidar de su suegra e ir a una tierra desconocida a trabajar con el sudor de su frente para poder sostenerla, que quedarse en su propia tierra y tal vez casarse de nuevo y tener hijos. Pero Dios que entiende y ama el sacrificio en el dar, ¡le otorga a Rut un futuro mejor!

Las invito a leer el libro de Rut el cual se conforma de sólo cuatro capítulos, y entendamos y analicemos un poco el trasfondo del carácter de Rut. ¿Era Rut una mujer egoísta? ¿Era Rut una mujer irrespetuosa con sus mayores y autoridades? ¿Era Rut una mujer que buscaba tomar ventaja de la situación? ¿Era Rut una mujer que sólo buscaba defender sus propios derechos? La respuesta a todas estas preguntas es no. Rut simplemente era una mujer mansa. Su mansedumbre atrajo la atención de su jefe Booz, el hombre rico que luego se convirtiera en su esposo. Fue también por su mansedumbre que Rut humildemente obedeció a todos los consejos que su suegra Noemí le dio para que pudiera encontrar un esposo que le diera un techo donde vivir. Esa mansedumbre de Rut Dios no la pasó por alto. La disposición de Rut de servir sacrificialmente, amar, honrar a sus mayores y humildemente sujetarse a ellos, hizo que Dios la galardonara haciéndole parte de no solamente una familia rica, ¡pero parte de la ascendencia misma de Jesucristo nuestro Salvador! Ella, después de haberse casado con Booz tuvo un hijo llamado Obed, el cual es padre de Isaí, el cual es padre de David, de cuyo linaje viene Jesús. ¡Qué maravillosa elección de Dios!

Tener la mansedumbre de Rut es posible para toda mujer que busca a Dios, se entrega a él y busca la guía del Espíritu Santo en todas las decisiones de su vida. La mansedumbre es parte de la esencia de Cristo. Jesús dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). Este pasaje nos da a entender que sin mansedumbre y humildad de corazón, una hija de Dios no puede hallar paz para su alma. Esto es sencillamente porque lo opuesto a la mansedumbre es el orgullo, la rebeldía y el egoísmo. Cuando uno de estos estados del corazón domina nuestra actitud es imposible estar en paz con Dios y hallar su descanso. ¡Ese descanso es la confianza que podemos gozar en nuestro Señor Jesucristo y en su Soberanía! Dejarle a nuestro Padre Celestial que tome el control del curso de nuestra vida sujetándonos a él en toda mansedumbre y humildad trae descanso para nuestro espíritu. No nos sentimos perdidas, pero a salvo. De esta manera, esta rendición a nuestro Señor se vuelve realidad en todas las áreas de nuestra vida. Seremos gentiles y humildes en nuestra relación matrimonial. Seremos serviciales en sacrificio hacia nuestros hijos. Y de la misma manera en que hizo con Rut, Dios no pasará por alto nuestra mansedumbre. 

¿Quieres ser parte importante del Reino de Cristo aquí en la tierra? ¿Quieres tener un propósito en la vida, uno que trascienda tu visión de ti misma? Entonces, déjate notar ante tu Padre Celestial. Ríndele a él el control que ejerces sobre tu vida y la de otros. Doblega tu orgullo y entrégale a él TODO tu ser, tus actitudes negativas, tus planes y tu familia. Pídele al Espíritu Santo que te llene de la Mansedumbre de Cristo Jesús día a día. Humildemente, en todo lo que hagas, deja tu Sello de Mujer como lo hizo Rut, el cual es el sacrificio de tu voluntad, para hacer solamente la voluntad de tu Padre Celestial.

Santiago 4:6 y 8a

“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes… Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. 

En el Amor de Cristo, 

C.P. Saraí Trnjik

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