Amas de Casa Cristianas

amas de casaEL FRUTO DE LA MANSEDUMBRE – PARTE 2

EL ATAVÍO DEL CORAZÓN

¡Envío un caluroso saludo en el amor transformador de Jesucristo a todas mis hermanas en la fe que han estado siguiendo las meditaciones basadas en el Fruto del Espíritu! Estamos casi por terminar esta serie. Es mi oración que todas las lectoras incluyéndome a mí, lleguemos a apreciar y a abrazar el resultado del trabajo del Espíritu Santo en nuestras vidas. No es fácil entregar nuestra voluntad de lleno al Señor cuando estamos tan acostumbradas a hacer las cosas a nuestra manera o sin consultar a nadie más que a nuestra propia conciencia. Sin embargo, nuestro Creador nos invita a venir a él y a experimentar su maravilloso poder, porque nos ama y cuida de nosotras proveyendo lo que verdaderamente necesitamos. Él nos ofrece el resultado más excelente de lo que una mujer puede llegar a ser con su ayuda, su guía, su llenura y la transformación espiritual que sólo él puede dar. Mis hermanas en la fe, Dios desea perfeccionar la imagen de la mujer que ha sido corrompida a través de los siglos y milenios, y es mediante la renovación de nuestro entendimiento que él quiere lograr esto pues así lo dice en su Palabra: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2).

Hoy en día vivimos en una época en que la imagen y visión que Dios tenía de la mujer cuando la creó está siendo distorsionada. Asimismo, en la actualidad, en muchos hogares cristianos existe confusión sobre cuál es el papel de la mujer en la sociedad y en el núcleo familiar. Observemos en seguida el modelo ejemplar de una mujer que Dios tenía en alta estima: la reina Ester. Esta mujer, de carácter íntegro, cumplió con todos los lineamientos de un espíritu afable y apacible, los cuales Dios tenía en mente desde la creación del mundo para la mujer.

El papel que jugó la Reina Ester en la historia judía hace alrededor de 2,500 años es aún recordado por todos los judíos alrededor del mundo en la celebración anual de la Fiesta de Purim. Les aconsejo que lean el libro de Ester, el cual es muy pequeño, para obtener los detalles de esta significativa historia. Quiero tocar el punto del carácter espiritual de Ester y de cómo Dios la convirtió en reina para salvar la vida de miles de judíos. Ester, de nacimiento y crianza en la fe judía, llegó a convertirse en Reina del gran reino poderoso y pagano del Rey Asuero, el cual gobernaba sobre muchos pueblos de diferentes razas, culturas y religiones. Ester vino a sustituir a la bella reina Vasti, pues había sido destronada por haber mostrado desobediencia al rey de manera pública, rechazando el llamado que el rey Asuero le había hecho y dando así un mal ejemplo a todas las esposas del reino.

Se envió un mandato del rey de reunir a bellas jóvenes vírgenes para ser preparadas y presentadas al rey Asuero, para que él eligiera una nueva Reina. La Biblia dice que Ester era una “joven de hermosa figura y de buen parecer” (Ester 2:7), y fue llevada a la residencia real. Su belleza exterior no revistió a Ester de orgullo y vanidad. Cuando ella era muy joven se quedó huérfana y su primo Mardoqueo la adoptó y la crio como a su hija, enseñándola a ser una mujer servicial, respetuosa, humilde y de actitud discreta. Dios, una vez más, notó el espíritu apacible de Ester, de la manera en que lo hizo con Rut. El Creador la revistió de gracia de manera que el oficial que se encargaba de preparar a las jóvenes candidatas, al momento que vio a Ester entrar a la residencia real encontró mucho agrado al verla y la atendió dándole privilegios que ninguna de las otras candidatas tenía. Justo antes de presentar a la joven Ester ante el rey Asuero, era costumbre darle a las candidatas lo que ellas desearan para ser de mayor favor ante el rey, pero ella no pidió ni exigió nada, mostrando una vez más el carácter y espíritu desinteresado de ella. “Ester se ganaba el favor de todos los que la veían.” (Ester 2:15). “Y el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres; halló ella más gracia y benevolencia que todas las demás vírgenes delante del rey, quien puso la corona real sobre su cabeza, y la hizo reina en lugar de Vasti.” (Ester 2:17).

Personalmente, me llena de admiración el ejemplo de mansedumbre de Ester que la Biblia nos enseña a todas las mujeres, incluyendo a las más jovencitas. La humildad de Ester relució más que su belleza exterior. No había altivez ni vanagloria en ella, pues de ser así Dios jamás hubiera usado la vida de ella para salvar la vida de tantos judíos que iban a ser ejecutados. Dios requería de una persona humilde y sumisa que obedeciera a los mensajes que ella recibiría de su primo y escuchara a la voz de Dios al guiarla a ejecutar un plan inteligente y efectivo para la salvación de su pueblo.

¿Qué sería de este mundo si por lo menos todas las mujeres cristianas fuéramos de carácter manso como Ester y Rut? Dios nos daría responsabilidades de acuerdo a nuestra humildad. Dios estaría llenándonos de su gracia constantemente y llevaría a cabo muchos planes de paz a través de todas nosotras. Asimismo, marcaríamos la diferencia en este mundo corrupto que alaba a la mujer orgullosa, dominante y ambiciosa. Simplemente, nos distinguiríamos como mujeres llenas de la afabilidad de Dios, sencillez de corazón y la mansedumbre que solamente Cristo da. El Creador de este mundo, para llevar a cabo esos planes, necesita a mujeres sujetas y obedientes a él, no obedientes al mundo.

Reflexionemos en esta pregunta, mis hermanas en Cristo, ¿vemos esa humildad de corazón en nuestras hijas? Aunque la mansedumbre es fruto y trabajo del Espíritu Santo, nosotras también podemos enseñarles estas virtudes a ellas así como lo hizo el primo de Ester. Estas virtudes son parte del carácter de Jesús. Dice la Biblia en 1 Pedro 3:3,4 que “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.” Como madres que somos, ¿estamos formando a nuestras hijas de manera que lleven puesto este “atavío del corazón” para que ellas sean de grande estima delante de Dios?

Asimismo, la Biblia nos instruye a “que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia”. (1ª Timoteo 2:9). Esto nos da a entender que una mujer, así como es modesta y humilde en el interior también lo debe ser en el exterior. En la actualidad, generalmente el atavío de la mujer es más notable por lo que lleva puesto en el exterior que por lo que lleva en el interior. Tristemente, muchas hijas en la edad de la adolescencia se están dejando influenciar por las modas del momento, deseando verse y vestirse como los artistas del mundo, sin estar conscientes de que esas modas no son apropiadas para su edad. La mayoría de las prendas del momento revelan por mucho el cuerpo de la mujer. Los shorts de mezclilla entallados al cuerpo y tan cortos como una prenda interior son la moda actual en el mundo. Casi no existe un lugar público en el que no veamos a mujercitas adolescentes vestidas así. De igual manera, los pantalones entallados al cuerpo llamados “leggings” son otra forma de revelar la sexualidad de la mujer, de niñas y adolescentes. Aún más triste es que muchas jovencitas que pertenecen a familias evangélicas también están cayendo en estas tendencias. Los cristianos no debemos ser llevados por la corriente de este mundo, ¡más bien, debemos ir en contra de ella!

Otro hecho lamentable es que muchas jóvenes adolescentes han confundido la definición de la belleza exterior por la de la sensualidad. Sólo basta ver las “selfies” que ellas toman de sí mismas con ciertas posturas sensuales y miradas, para darnos cuenta de lo lejos que ellas pueden ir si no corregimos el concepto que ellas tienen de la belleza y la virtud. Mis hermanas y amigas, ¿estamos los padres de familia enseñando a nuestras hijas el valor del atavío del corazón, del espíritu afable y apacible? Las prendas que ellas usan, sean modestas o sensuales, revelan el espíritu interior en ellas. Preguntémonos con el razonamiento inteligente que Dios nos ha dado, ¿van nuestras niñas y jovencitas adolescentes creciendo hacia la santificación o hacia la perdición de sus almas? ¿Escogeremos para ellas “pudor y modestia”, o desvergüenza e indecencia? Es tiempo de enseñar a nuestras niñas y jovencitas a amar y hacer la voluntad de Dios, enseñarles a ser humildes en su manera de vivir y en su manera de expresarse exteriormente. Con diligencia, seamos conscientes del ejemplo que nosotras también transmitimos a ellas, no solamente en el ejemplo de la mansedumbre de Cristo, sino también en la forma modesta en que vestimos. La autoestima de ellas debe estar definido por el valor que Dios les ha dado y el fin para el cual Dios las creó. 

La gran bendición de estudiar la Biblia, de orar cada día a Dios y de buscar la guía del Espíritu Santo en toda circunstancia, es que aprendemos a discernir todas las cosas de este mundo y las vemos tales y como son: que no podemos llamarle bueno a lo malo, ni a lo malo llamarle bueno. Si no tenemos ese discernimiento, mis hermanas en Cristo, entonces permanecemos ciegas a las verdades espirituales de Dios. ¡Escuchemos la alarma y despertemos! Con la ayuda de Dios, no descanses hasta haber hecho de tu hija una Ester o una Rut, quienes llevaron puesto el atavío del corazón en humildad, modestia y mansedumbre. ¡Sean nuestras hijas “de gran estima delante de Dios” e instrumentos en sus manos, para llevar a cabo sus grandes planes! Amen.

Proverbios 22:6

“Instruye al niño en su camino,

y ni aun de viejo se apartará de él.”

 

Proverbios 31:30

“Engañosa es la gracia y vana la hermosura,

pero la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.”

 

Nota: Este escrito es un tributo a la sabiduría y discernimiento bíblico de mi mamá, Sra. Soco Ponce de Rendón. ¡Gracias por tu arduo trabajo de muchos años, mami!

 sarai-trnjik

3 comentarios sobre “Amas de Casa Cristianas

  1. Me gustó la mención que haces a la humildad, pues Dios me ha estado hablando en estos días acerca de ello. Gracias por compartir estas reflexiones.

    Me gusta

    1. Doy gracias a Dios porque podemos apoyarnos unas a otras y tener en común el conocimiento y sabiduría de Cristo. La historia de la humanidad nos enseña cuan equivocados podemos estar cuando nos alejamos de los principios básicos de fe y propósito que Dios nos enseña en las Escrituras. ¡Le envío un saludo con mucho cariño y un fuerte abrazo!

      Me gusta

Los comentarios están cerrados.