Amas de Casa Cristianas

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 LA TEMPLANZA – FRUTO DEL ESPIRITU

LO QUE CRUCIFICAMOS EN CRISTO.

Hermanas en la fe, hemos llegado al final del estudio de los aspectos del fruto del Espíritu. El motivo por el cual inicié esta serie fue para que a lo largo del año del 2017 pudiésemos adquirir, mediante la llenura del Espíritu de Cristo y el entendimiento de su carácter, el fruto de su Espíritu. Cuando abrimos nuestra mente a las verdades de la Biblia, Dios se encarga de abrir nuestro entendimiento. Nos hace receptoras del conocimiento divino de Jesucristo y nuestro corazón está dispuesto para recibir la semilla del fruto del Espíritu. Si hemos sometido nuestra voluntad a él, entonces esa semilla crece y da su fruto. “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.” Juan 15:4-5

El último aspecto del fruto del Espíritu que describe Pablo en Gálatas 5:22 y 23 es la Templanza. La templanza es el dominio propio a la manera de Dios. En el internet leí esta sencilla descripción de la palabra templanza: “La templanza es el elemento regulador entre nuestros impulsos negativos y la razón, o más bien la que nos ayuda a controlar esos impulsos.” Esto me hace pensar que la templanza que produce el Espíritu Santo en nosotras, regula nuestras acciones y pensamientos. A diferencia de lo que el mundo puede hacer o entender de la templanza, Dios la genera en nosotras con un trasfondo y enfoque celestial y espiritual. En la naturaleza de la templanza divina de Dios, él abarca las otras semillas del fruto del Espíritu, que son: el amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe y la mansedumbre. Esto se explica así porque la templanza actúa en base a lo que ya se conoce. 

En el pasaje bíblico de 2 Pedro 1:6, el apóstol nos dice que debemos añadir “al conocimiento, dominio propio”. Esto quiere decir que en la medida que conocemos a Cristo Jesús a través de su Espíritu, el dominio propio, también llamado templanza, se va desarrollando en nuestra vida haciéndonos mujeres de un espíritu apacible y en control de nuestras emociones y temperamentos ante las circunstancias y situaciones de la vida.

Es sabido de manera general que la mujer se deja dominar por sus emociones y que actúa de acuerdo a ellas. También se dice que la mujer actúa con el corazón y el hombre con la razón. Hay algo de cierto en todo esto. Dios hizo a la mujer con un corazón sensible con el propósito de expresar un amor tierno, servicial y protector por nuestro esposo y nuestros hijos. Nuestras emociones también nos hacen ser más perceptibles a lo que pasa en la vida de los integrantes de nuestra familia para actuar a favor de ellos. Sin embargo, cuando nuestras emociones se dejan dominar por nuestra naturaleza pecaminosa, entonces esa sensibilidad deja de actuar como un regalo de Dios y se convierte en nuestra mayor enemiga. “Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.”  Proverbios 25:28

Ante el escenario de lo que nuestras emociones pueden causar en nuestro interior y en nuestro exterior, la templanza viene a ser el aspecto del fruto del Espíritu más difícil de echar raíz en la vida de las mujeres. En muchas ocasiones nuestras emociones nos traicionan. Aunque nuestro espíritu quiere obedecer a Dios, nuestra alma nos empuja a desobedecer. Simplemente, mis hermanas en Cristo, ¡no podemos vivir en esta contradicción! El pasaje bíblico de Gálatas 5:24 nos aclara que “… los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.”

En esto sabremos que somos de Cristo, en que somos mujeres que hemos sacrificado junto con Cristo el orgullo que nos hace responder y defender a toda costa nuestros argumentos, hemos crucificado con Cristo la ira que nos hace enojarnos y actuar de acuerdo a ella, hemos crucificado con Cristo las palabras que salen de nuestra boca para destruir, y hemos crucificado con Cristo los pensamientos que pueden llenarnos de temor y afán. La templanza de Jesucristo en nosotras en el diario vivir es la señal de que hemos entregado nuestro todo a Dios, y por esta causa nuestra vida abunda con el fruto del Espíritu en amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe y mansedumbre. Esta es una señal de la madurez espiritual de una mujer que ama a Dios.

Amigas y hermanas en Cristo, aquí concluimos con la secuencia del fruto del Espíritu. Es mi oración que el propósito de Año Nuevo que iniciamos en enero de 2017 se haya cumplido en sus vidas y hayan sido transformadas por el conocimiento, convivencia y experiencia del Espíritu Santo. En el rol de esposas y madres, Dios vaya guiándolas hacia la excelencia. Recuerden siempre que Dios nos ama y que Él es fiel y justo para levantarnos cuando caemos. Él levanta nuestros rostros. Él perdona nuestros pecados y en su gran misericordia nos renueva y purifica. De esta manera siempre podremos retomar nuestro caminar con él.

¡La templanza, es la graduación del fruto espiritual! Todos a tu alrededor verán destellos de ella, para la gloria y honra de Dios. Amén.

2 Timoteo 1:7 “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 

En el amor de Cristo,

C.P. Sarai Trnjik

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