Amas de Casa Cristianas

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EL AÑO NUEVO QUE DIOS HA HECHO

Estimadas hermanas en Cristo, es casi difícil de creer que ya llevamos 15 días vividos en el nuevo año del 2018. Es en este tiempo en el cual seguimos haciendo un recuento de lo vivido, de lo perdido y de lo ganado en el año del 2017. Perdimos a seres queridos y recibimos a nuevos integrantes en nuestras familias. Vivimos días de mucha tristeza y días de gran felicidad. Cada momento y recuerdo, pequeño y grande, tomaron lugar en ese año y se han quedado escritos ahí, en la historia de nuestras vidas del año de 2017. Estos primeros días del nuevo año nos presentan la siguiente pregunta: ¿qué nos traerá el año de 2018? Para las que estamos en Cristo la respuesta a esta pregunta es sencillamente: Esperanza.

El apóstol Pablo escribió esto a la iglesia de Corinto: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17). Es en este sentir del apóstol Pablo que damos un paso hacia adelante, hacia este nuevo año del 2018, hacia lo nuevo que Dios hará; despidiéndonos de las cosas viejas que se quedan en el pasado, en el año de 2017.

Dios nos extiende un nuevo año lleno de la esperanza sobre las cosas buenas que pueden llegar a pasar, de oraciones fervientes que podrán ser contestadas por Dios, de todo aquello que finalmente se podrá establecer, de esos conflictos que se podrán resolver en tu corazón y en el de aquellos que te rodean. Hay esperanza en un Dios que hace nuevas todas las cosas. Si nos aseguramos de caminar diariamente con él y de no soltarnos de su mano fiel y bondadosa, siempre sabremos que hay esperanza de un año mejor. Cada día de este año será un día nuevo en el que podemos confiar plenamente en que Dios estará ahí para ayudarnos a escribir la historia de ese día de la mejor manera posible, para obtener el resultado esperado.

En el año de 2018 probablemente continuaremos perdiendo seres queridos, recibiremos noticias devastadoras, y tendremos enfermedades y dolencias. Sin embargo, sabemos que no estaremos sin la consolación del Espíritu porque la Palabra de Dios nos afirma que: “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:17).

Cierto es que no podemos cegarnos a la situación actual y futura del mundo en el cual vivimos. El mundo seguirá su rumbo con alzas en los precios de la canasta básica, la batalla de la política en México seguirá causando división de pensamiento, los valores de la familia irán decayendo, las guerras y genocidios alrededor del mundo seguirán existiendo y los desastres naturales persistirán. Pareciera que todo esto ensombreciera la esperanza de un año nuevo. A pesar de lo sombrío que el futuro de nuestro mundo parece ser, debemos ser valerosas y fieles a Dios confiando en sus promesas y creyendo “en esperanza contra esperanza” como lo hizo Abraham según Romanos 4:18. Esta esperanza incansable nos lleva a la acción de luchar apasionadamente por defender los principios bíblicos y espirituales de Dios que Satanás quiere corromper y destruir. ¡Es el Espíritu Santo que nos lleva a actuar con el celo de Dios! El celo de Dios nos da esperanza porque él es el Dios de esperanza, quien hace nuevas todas las cosas 

Con este celo, y al ver que el mundo se hace daño a sí mismo, dediquemos nuestras vidas arduamente en preparar y enseñar en la esperanza de Dios a nuestros hijos en este año nuevo del 2018. Ellos, con la ayuda de Dios y fe en él, continuarán llevando por nosotras el estandarte de la esperanza de Dios a un mundo sin esperanza. La Palabra de Dios nos anima a aguardar esta valiosa esperanza la cual es un privilegio transmitir a nuestros hijos: “La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a toda la humanidad, y nos enseña que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, mientras aguardamos la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Él se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:11-14).

Para concluir, mis hermanas en Cristo, dejemos que nuestro Padre Celestial haga de nosotras nuevas mujeres en el año nuevo a través de la purificación y santificación diaria de nuestro ser. El deseo de ver a Cristo Jesús, nuestro amado Salvador, en un día futuro cada vez más cercano, nos da tal esperanza que purifica nuestros corazones. Desear estar con él nos mantiene enfocadas en una visión eterna, la cual nos lleva a estar cada vez más lejos del pecado y consecuentemente nos va santificando pareciéndonos más a Jesús. “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3:2,3).

 

¡Su servidora les desea a todas ustedes un Feliz Año Nuevo junto con Aquél que lo renueva todo, que les obsequia nuevos comienzos, y que les llena de una nueva esperanza!

(Romanos 15:13)

“Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en la fe, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.”

En el Amor de Cristo,

C.P. Saraí Trnjik sarai-trnjik