Amas de Casa Cristianas

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 LA MAYORDOMÍA DEL CUERPO QUE GLORIFICA A DIOS

Para mis amigas lectoras y hermanas en la fe, amas de casa y mamás que trabajan fuera del hogar, a todas nosotras a las cuales se nos ha concedido la responsabilidad de velar por la salud espiritual y física de nuestros hijos, de amarlos y proveerles lo que ellos necesitan para su desarrollo y subsistir aquí en la tierra, quiero dedicar esta reflexión sobre la salud integral de nuestro cuerpo.

El año pasado emprendimos un viaje espiritual de 9 meses reflexionando sobre el fruto del Espíritu en esta sección de Amas de Casa Cristianas de nuestro periódico metodista quincenal El Evangelista Mexicano. Nos enfocamos en lo que el Espíritu produce en nosotras como fruto de tener el hábito espiritual de la oración, la lectura y meditación de la Biblia. En esta edición su servidora desea compartir con todas ustedes un poco del fruto que produce el buen hábito de alimentar nuestro cuerpo de manera saludable. Dios nos ha hecho con espíritu, alma y cuerpo, y si solo nos ocupamos de alimentar una o dos de estas partes de nuestro ser, entonces no estaremos desarrollando de manera integral todo nuestro ser para Dios de la manera en que él lo planeó desde la creación del mundo.

Dice la Palabra de Dios en 1 Tesalonicenses 5:23 al respecto: “Que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser —espíritu, alma y cuerpo— sea guardado irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” Deduciendo de esto, mi pensar es que Dios desea santificar las tres partes de nuestro ser para que cuando nos encontremos con Cristo Jesús no encuentre en nosotras pecado ni motivo de reprensión.

En el caso anterior, algunas de ustedes podrían pensar, “Bueno, ese versículo se refiere a que Dios no desea encontrar pecado en el cuerpo, como la fornicación, adulterio, drogadicción, etc.” La Biblia no especifica en qué sentido nuestro cuerpo tiene que ser “guardado irreprochable para la venida de Cristo”, pero por la sabiduría que nos es concedida por Dios mismo podemos saber que todo lo que contamina al cuerpo lo destruye, y todo lo que lo nutre lo vivifica. En la medida en que protegemos a nuestro cuerpo de pecado y de todo lo que le perjudica, y en la medida en que lo cuidemos haciéndolo más saludable, será la medida en que alcancemos la santidad de nuestro cuerpo en el Señor. Esta santidad, mis hermanas en Cristo, trae gloria a Dios. Esto es sencillamente porque nuestros esfuerzos de nutrir y ejercitar el cuerpo que Dios nos dio muestran la calidad de la mayordomía que él espera de nosotras. “Si, pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” (1 Corintios 10:31)

Dios ha creado una enorme variedad de frutas, verduras y legumbres que alimentan, nutren y sanan al cuerpo humano que él creó. En todos ellos encontramos las vitaminas y minerales que nuestro cuerpo necesita para poder funcionar bien. Dios lo hizo todo perfecto, completo y con la más inteligente intención. La creación de ellas suplementan la salud y existencia del cuerpo humano, de manera que si no se alimenta de ellas de forma adecuada y consistente el cuerpo sufre terribles consecuencias.

Lo mismo pasa cuando al cuerpo le damos comidas que contienen cero nutrientes. La comida chatarra es eso simplemente, comida basura, y esa basura va al cuerpo que lo ingiere. Es tan fácil darle al cuerpo estas comidas vacías y dañinas cuando solamente queremos satisfacer a nuestro paladar. Las comidas chatarra comerciales llevan muchos aditivos, colores y conservadores que causan adicción a su sabor y asimismo crean cáncer en nuestro cuerpo. Antes no se escuchaba del cáncer en los niños. Ahora hay hospitales que tratan el cáncer en los niños de una manera especializada y jamás antes vista. Y nos preguntamos por qué. Muchos doctores no están listos para contestar a esa pregunta, sin embargo, hoy en día existen cientos de estudios de investigación científica que confirman que los químicos agregados a todas las frituras y galletas en empaques comerciales, carnes procesadas, cereales de caja, el pan dulce hecho con harinas blancas y azúcares refinadas, refrescos gaseosos, entre otros, son los mayores causantes del cáncer en niños y adultos. El alto grado de azúcar en los jugos de cartón o embotellados comerciales les crean diabetes a los menores, aumento de peso, falta de concentración y adicción al azúcar, asimismo dañan su dentadura con caries.

Como mayordomas de nuestro cuerpo y de nuestros hijos, somos nosotras las responsables de no alimentar a nuestros hijos, y a nosotras mismas, con alimentos que destruyen al cuerpo. A nosotras se nos pedirá cuentas de esto, ya que “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” (Santiago 4:17) Hagamos lo bueno al no consumir ni hacer consumir a nuestros hijos comidas chatarra, y en lugar de esto incluyamos frutas (no enlatadas) en sus loncheras o galletas integrales que nosotras mismas hayamos hecho o tengamos la seguridad de que no tengan aditivos ni conservadores. Es tiempo de hacer las cosas como se hacían en el pasado, de manera simple y nutritiva, para que ellos adquieran las vitaminas y minerales que sus cuerpos requieren para su buen desarrollo.

En la edición de El Evangelista Mexicano que corresponderá a marzo 15, 2018, su servidora se extenderá en el tema de la salud y proveerá una receta fácil de hacer y ¡muy nutritiva! Como hijas de Dios, hagamos que la mayordomía de nuestros cuerpos y la de nuestros hijos, que nos toca ejercer, ¡sea una mayordomía que glorifique a Dios! Amén.

Lectura bíblica para reflexionar: Daniel 1:12-20

12 Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber.

13 Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas.

14 Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con ellos diez días.

15 Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey.

16 Así, pues, Melsar se llevaba la porción de la comida de ellos y el vino que habían de beber, y les daba legumbres.

17 A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.

18 Pasados, pues, los días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor.

19 Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey.

20 En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.

 Su hermana en Cristo,

C.P. Saraí Trnjik

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