El Morir es Ganancia

4. El Morir Es GananciaEl Morir Es Ganancia

Pablo, bajo inspiración del Espíritu Santo, escribió: Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte; porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Más si el vivir en la carne resulta para mí, en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor.

Dr. Ernesto Contreras Pulido

drernestocontreras@hotmail.com

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios; y si hijos,  también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Será entonces que la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descenderá del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido, y Dios mismo (Jesucristo), estará con ellos como su Dios. Y ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas habrán pasado.

Así que vivimos confiados siempre, sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con Él (Fil. 1:20-23; 2 Co. 5:6- 10; Ap. 7:16-17 y 21:4-8; Ro 8:16-19 y 14:7-9; 1 Te. 5:9-10).

Así aunque, la manifestación de los hijos de Dios con cuerpo resucitado, glorioso, incorruptible y ya sin relación con el pecado, como el de Jesucristo resucitado, debe esperar hasta que suene la final trompeta, y Jesucristo aparezca en las nubes y baje a poner su planta sobre el monte de los olivos, y establezca su trono en la Nueva Jerusalén descendida del cielo, y su reino milenial sobre la Tierra, aun así, la bendita esperanza del cristiano, el salvo por gracia y hermano en la fe de Jesucristo es aguardar el bendito día en que en un  momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Así que, hermanos míos amados, estemos firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que nuestro trabajo en el Señor no es en vano.

Tampoco queremos, hermanos, que ignoren acerca de los que duermen, para que no se entristezcan como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él.

Por lo cual les decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes, para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, aliéntense unos a los otros con estas palabras.

Será entonces que el mismo Dios de paz nos santificará por completo; y todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, será guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo; pues Fiel es el que nos llama, el cual también lo hará.

Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Y oí una voz que desde el cielo me decía: “Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (1ª Co 15:52-58; 1 Te. 4:13- 18; 1 Te. 5:23-24; Ap. 14:12-13).

Jesucristo dice: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto.

Jesucristo le dijo al ladrón que recibió su gracia en la cruz: hoy estarás conmigo en el paraíso y en la parábola del mendigo, enseño que al morir Lázaro, el mendigo, fue llevado por los ángeles al seno de Abraham, que también es llamado el paraíso, que es el cielo, en la presencia de Dios, en donde los espíritus de los salvos, aguardan la resurrección de su cuerpo (Ap. 2: 2,3 y 7; Is. 51:3; Lc. 23:43 y 16:22).

Así como se reconoció a Lázaro, el mendigo, la Biblia dice que en el cielo nos podremos reconocer unos a otros. Jesucristo dijo: De cierto les digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, ustedes que me han seguido también se sentarán sobre tronos; y les digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos (Mt 19:28).

En resumen, por muy maravillosa que sea la vida abundante que Jesucristo promete para el siervo fiel, nuestra bendita esperanza es que será mejor, después de esta vida, gozar eternamente, la presencia de Dios, y ver cara a cara, a nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo.

Pablo termina insistiendo: Por tanto hermanos, no queremos que ignoren acerca de los que duermen, para  que no se entristezcan como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él.

Así, aunque la muerte de un hijo, siervo, ministro e instrumento útil de Jesucristo es en esta Tierra, una pérdida irreparable para sus familiares, la iglesia y la comunidad, nuestro consuelo es que pronto, sí, muy pronto, sonará la final trompeta, y los muertos en Cristo, resucitarán primero, y luego los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentémonos unos a otros con estas palabras (1 Te. 5:13-18). ¡Gloria a Dios!

Ernesto contreras

REFERENCIA

Contreras-Pulido, Ernesto. (2018). El morir es ganancia. Julio 28, 2018, de ECP Sitio web: http://docs.wixstatic.com/ugd/0317a1_405ee603aa863e6dfe2d9e801755803f.pdf

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