Sobre la Oración

5. Sobre la oracionSobre La Oración

Ernesto Contreras Pulido

drernestocontreras@hotmail.com

Que bendición tan grande es ser cristianos, creyentes en el único Dios verdadero que atento a nuestras oraciones, es el único Dios que realmente se comunica con nosotros, nos escucha con amor, misericordia, e interés genuino, y siempre responde a nuestras peticiones.

No menos de mil millones de personas en la India, junto con mil millones más en la China, y otros mil millones en los países musulmanes, jamás han oído de Jesucristo, el único Dios verdadero, y a pesar de su sinceridad, su pasión, y hasta sacrificios, penitencias, y complicadas ceremonias religiosas, no logran hacer que el sol, la luna, los astros, las piedras, el agua, los vientos, la naturaleza, y cientos de ídolos inánimes, sordos y mudos; de yeso, tela, piedra, metal, o palos, se compadezcan de ellos, o siquiera atiendan a sus largas e inútiles oraciones, aunque a veces prolonguen su doliente clamor sin ningún provecho, por días, meses, y hasta decenas de años.

Pero la Biblia dice: Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está nuestro Dios a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu. Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a Él, le oyó. (Sa 34: 15-18; 22:24).

El salmista dice: Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del  único Dios verdadero que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda al pueblo de Dios. Jehová es tu Guardador; el Señor es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Dios te guardará de todo mal. Él guardará tu alma. Dios guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre. Amén (Salmo 121).

Es importante saber que no sólo los salvos e hijos de Dios, pueden orar y esperar que Dios los escuche. Los  humanos no salvos que claman a Dios en búsqueda de la gracia y salvación, siempre son atendidos. Además, abundan en la Biblia, los ejemplos de infieles que clamaron a Dios en su necesidad, y Dios les respondió y bendijo con bienes terrenales. También es importante saber que Dios puede contestar la oración intercesora, o sea, en favor de otros, aunque estos no sean fieles y aún cuando ni siquiera estén enterados o de acuerdo en los bienes terrenales que se le piden a Dios a favor de ellos. Las peticiones del Centurión, Jairo, la viuda de Naín, y del padre del muchacho epiléptico, a favor de sus hijos, son sólo unos ejemplos, y aunque ninguno de estos beneficios recibidos trascendieron a vida eterna, no dejaron de ser manifestaciones genuinas de la misericordia (bendiciones terrenales y pasajeras) del Santo y Buen Dios.

Pero lo que sí es importante, es que el que ore a Dios, por sí mismo, o intercediendo por otros, crea en el único Dios verdadero, porque la Biblia dice que sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe y es real, y que es galardonador de los que le buscan (He 11:6).

Debemos ser como Abraham, que dice la Biblia que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios era también poderoso para hacer todo lo que había prometido (Ro 4: 20,21).

Es importante que reconozcamos que sólo podemos tener fe en que sucederá lo que Dios ha prometido  y es  su voluntad. La Biblia dice: Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor les dijo: Si tuvieran fe como un grano de mostaza, podrían decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y les obedecería (Lc 17:5,6).

La fe es un don de Dios. Nadie la puede desarrollar por su propio esfuerzo y nadie puede usarla como varita mágica  para desarraigar montes a su antojo, o hacer lo que se le antoje (1ª Co 12:9).

No podemos tener fe en nuestra fe: Sólo podemos tener fe en el único Dios verdadero. A todo aquel que se dirige a Dios, creyendo en Él, Dios le concede tener fe (el „grano de mostaza‟ que nosotros no podemos crear). Por eso, si alguno de nosotros tiene falta de sabiduría, o de fe, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y  sin  reproche,  y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por  el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor (Stg 1:5 al 7).

Para el cristiano, orar es indispensable para su supervivencia. La Biblia compara a la iglesia con un cuerpo formado  por miles de cristianos, que para sobrevivir cada instante, dependen en forma absoluta, hasta en los más pequeños detalles, (como vivir y respirar), de Cristo, que es la cabeza. Así, para todo hijo de Dios, orar es una función vital. Es como respirar para el cuerpo, y cada una de las miles de millones de células del cuerpo humano. Por eso la Biblia dice: Oren sin cesar  (1ª Ts 5:17). Y debemos orar con los ojos cerrados, o abiertos, de rodillas, de píe, caminando, sentados o acostados, despiertos o dormidos, como sea, pero debemos orar sin cesar. El que no ora, está muerto espiritualmente.

También debemos saber cómo es que Dios responde a nuestras oraciones. La Biblia enseña que Dios siempre responde a nuestras oraciones y que a veces nos responde “sí”, a veces “no” y, a veces, “espera” o “tengo algo mejor para ti”.

Pablo, quizás el mejor cristiano del que hemos sabido, relata lo siguiente: Para que la grandeza de las revelaciones no me exaltara desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera, respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí, y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte (2ª Co 12:7-10).

La Biblia dice: Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Dios, y Él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomiéndale tu camino, y confía en Él; y Él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Dios, y espera en Él (Sa 37: 3-7).

La única recomendación universal que encontramos en la Biblia, es que la oración debe ser sincera, llena de fe, y de acuerdo a las necesidades y circunstancias del momento, y no siguiendo una lista rígida de condiciones, patrones, o cierto orden preestablecido. Debemos orar, como el niño que se acerca confiadamente a su padre, para comentarle lo que está en su corazón, aceptando de antemano, que si coincide con la voluntad del padre, recibirá como premio a su petición, los deseos de su corazón, pero que si el padre, en su buen juicio, considera que  no le es de provecho lo que está pidiendo, se lo negará, o le pedirá que espere a que se cumplan ciertos requisitos, antes de concedérselo.

¡Qué importante es saber que nosotros no oramos para informarle al Padre Celestial de algo que Él no sabe! Más bien, al orar, le debemos pedir y esperar que Él nos informe a nosotros, lo que no sabemos si  está de acuerdo a su voluntad,  pues Él promete sólo dar lo que de acuerdo con su infinita sabiduría, serán buenas cosas para los que se las piden (Mt 7:11).

Al respecto, la Biblia dice: Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi  levantarme. Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. (Sa 139: 1-4).

Tampoco debemos creer que nosotros podemos aconsejarle a Dios qué es lo que le conviene hacer. La Biblia dice:

¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole? ¿A quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia? ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto. Dios dice: ¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo le restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío (Is 40:13,14; Job 40:2; 41:11).

Debemos mencionar que la Biblia no enseña, que la oración sea un instrumento para reclamarle a Dios algo que según nosotros nos merecemos. La verdad es que lo único que nos merecemos en este mundo, por pecadores, es la muerte y condenación, y si sobrevivimos un día o cien años, es por su pura misericordia y amor infinitos. La herencia que Dios nos ha prometido por pura gracia, como hijos y coherederos de Dios, seguramente la recibiremos en  plenitud,  sin  que tengamos que pedírsela, pero sólo nos las dará cuando Cristo regrese otra vez y establezca su reino sempiterno.

Tampoco, orar tiene como propósito pretender manipular, cambiar, o gobernar la voluntad del Soberano Dios. Por eso, debemos aceptar que todo lo bueno que gozamos temporalmente, durante nuestro peregrinar por este mundo corruptible y pasajero, lo recibimos no gracias a el poder de nuestras oraciones, sino como dádiva inmerecida de parte de nuestro Buen Padre Celestial, y que cuando Dios responde favorablemente a nuestras oraciones, no es porque lo  merecemos,  sino porque Dios es amor, porque Él es bueno, y porque para siempre es su misericordia,  pues nuestro Buen Padre celestial  sabe que tenemos necesidad de todas estas cosas (1ª Jn 4:8; Sa 100:5; Mt 6:32).

Algunos proponen fórmulas y métodos de oración que aseguran que si se siguen al pié de la letra, infaliblemente, nos asegurarán una respuesta favorable de parte de Dios. Por ejemplo, algunos dicen que si no confesamos frente a la congregación todas nuestras faltas, y no “sacamos todos nuestros trapitos al sol públicamente”, Dios no nos oye ni responde. Esto no sólo es necedad, sino que está en contra de la enseñanza bíblica que dice: Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre ustedes, como conviene a santos. Ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias (Ef 5:3,4). Siendo tantas y tan variadas las oraciones  que encontramos en la Biblia, no encontramos fundamento doctrinal para una fórmula o patrón único y universal de orar.

Tú, ora sin cesar, con fe y confianza en Dios. Ora donde sea y como sea, pero no te olvides de orar hoy. Jehová te  bendiga, y te guarde. Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia. Jehová alce sobre ti su rostro,  y ponga en ti paz (Números 6: 24-26). Amén.

REFERENCIA

Contrreras-Pulido, Ernesto. (2018). Sobre La Oración. Septiembre 9, 2018, de Dr. Ernesto Contreras Pulido Sitio web: http://docs.wixstatic.com/ugd/0317a1_5c43bf9f22c6888a605c2599079603b9.pdf