Carta Pastoral Obispo Morales

Ciudad de México, a 25 de febrero de 2019.

Amadas y amados pastores, pastoras, hermanos y hermanas de las congregaciones en el Estado de Morelos,

Hasta nuestra vista y oídos han llegado las noticias sobre el periodo de violencia que atraviesan las ciudades y poblados del Estado de Morelos. Citar los hechos criminales es en vano, pues ustedes conocen de primera mano lo que acontece cerca de sus hogares, lo cual tampoco es ajeno a la experiencia de sus hermanos y hermanas en los estados de Guerrero, Estado de México y la Ciudad de México. Un velo negro se cierne sobre nuestra tierra, trayendo dolor, miedo y muerte a nuestro pueblo.

Como Obispo y como Conferencia Anual de México no somos ajenos a sus miedos y desafíos. Hemos escuchado de primera mano lo que ustedes sienten y deben atravesar a diario. Deben saber que hay centenares de hermanos y hermanas que oramos por ustedes, que nos preocupamos por la situación que prevalece y que, si bien poco podemos hacer para detener de tajo la violencia, estamos listos para ayudar en todo aquello en lo que sí podemos colaborar.

Este breve mensaje tiene como fin el afirmar que estamos con ustedes y que caminamos juntos por el valle sombrío que ahora toca atravesar. Estamos juntos en la empatía, pues su dolor también se siente en nuestro corazón, y también vamos unidos en la esperanza. Esta violencia no ha de ser para siempre, pues el Señor ha de intervenir a favor de su pueblo y de su creación, ha de erradicar las armas y reprender a los violentos. En el Evangelio hay una promesa: las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia (Mt. 16.18). La iglesia no es la institución: son ustedes, somos todos, las y los discípulos de Cristo. Son ustedes a quienes se hace esa promesa: podrá parecer que el mal reina y reinará para siempre, pero no es así. El pecado está ahí y sus consecuencias están en la violencia, pero el mal no ha de vencer sobre el pueblo de Dios, la iglesia, quien puede descansar en la paz de Dios.

En medio del temor y de la violencia, nuestra misión como iglesia es ser instrumento de paz. “Bienaventurados los pacificadores”, dice el Señor, pues en ellos y ellas se reconoce a sus hijos. Seamos mujeres y hombres de paz en los espacios en donde nos ha puesto el Señor. Construyamos nuevas formas de relacionarnos, desde las parejas y las familias hasta en nuestros trabajos, en especial en nuestras congregaciones. La paz se siembra como semilla: algo pequeño que es echado en buena tierra y que crece para dar fruto.

El Señor camina con ustedes y sus hermanas y hermanos metodistas también. No teman, ovejas del Señor, pues nuestro Dios ha de salir en su defensa.

En la esperanza… ¡Gloria por siempre a Cristo!,

Obispo Moisés Morales Granados

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