EDITORIAL

Vidas consagradas al Señor

Suponga que usted compra un esclavo y lo lleva a casa. Al llegar a la puerta, el hombre, arrodillado, le dice: «Amo, tú me compraste. Desde hoy, con placer, atenderé tus palabras». Para usted, haberlo comprado es una cosa, pero el hecho de que él se arrodille a sus pies proclamando el deseo de servirlo, es algo completamente distinto. Porque usted lo compró, él reconoce su derecho; mas porque usted lo amó, aún siendo él quien es, él se declara enteramente suyo. Solamente eso es consagración. Consagración es más que el ver su amor y más que saber que él nos compró: es la acción que sigue al amor y a la compra.

Para el Señor no hay nada especial en tener siervos como nosotros, pero para nosotros lo más maravilloso es tener al Señor. La consagración consiste en que Dios nos concede el honor de servirle. Debemos postrarnos ante él y decir:
«Gracias, Señor, porque tengo parte en tu servicio. Gracias, porque entre tantas personas que hay en este mundo, me has escogido a mí como parte de este servicio.»

La consagración es un honor, no un sacrificio. Es cierto que necesitaremos sacrificar algo, pero no existe conciencia de eso. La consagración está llena de sentido de honra y no de conciencia de sacrificio.

¿Cómo motivar a nuevas generaciones a vivir una vida consagrada al Señor? Para maximizar el impacto de transformación en niños y jóvenes en el rango de 4 a 14 años debemos responder a los desafíos espirituales, mentales, físicos, relacionales, económicos, y sociales que enfrentan. Debemos también confrontar “el ministerio de pobreza” -de la escasez de oportunidades para el ejercicio de sus dones y para que alcancen su potencial en formas que honren a Dios y engrandezcan Su Reino. Es crucial que los esfuerzos de la misión sean priorizados nuevamente y redirigidos hacia el grupo de los 4 a los 14 años de edad en todo el mundo. Esto requiere que seamos ampliamente conscientes de lo que está ocurriendo en sus vidas. Debemos también esforzarnos para comprender su naturaleza y los medios esenciales para criarlos. Sólo con este tipo de conciencia informada seremos capaces de llegar a ellos, moldearlos, y levantarlos para que transformen el mundo.

Hoy necesitamos como cristianos metodistas alcanzar una pasión genuina por el evangelio, el cual nos ayudará a valorar más a las personas que a las cosas que nos rodean. Debemos entender la dirección que lleva el mundo con sus valores transitorios. Donde a su vez, cimenta un amor circunstancial, a causa de amar más las cosas que a las personas. Desde otra perspectiva, Jesús nos escogió para ser parte de su persona para que vivamos imitando su carácter y los principios de un reino diferente, perdurable, y relacionado a sus valores eternos.

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