Causas de la Violencia de Género

Un análisis de las causas de la violencia de género: familia, sociedad e iglesia

Fernanda Casar Marfil

De acuerdo con Evangelina García Prince, todas las sociedades construyen una estructura simbólica, una manera de percibir y vivir la vida, de acuerdo con el género. Organizan sus funciones y actividades de acuerdo con lo que consideran que cada género debe hacer, y esto a su vez se relaciona con el sexo de cada ser humano. La asignación de roles se hace en función del género y permea toda la organización de la sociedad [1].

De esta manera, ha sido muy sencillo relegar a la mujer al ámbito privado, principalmente por su rol reproductivo, que incluye el cuidado y la crianza de los hijos, así como las actividades propias del cuidado del hogar. Por su parte, al hombre le fue asignado el ámbito público en su rol de proveedor, lo que le dio autonomía, poder y la exclusividad para la toma de decisiones.

Elsa Beatriz Aguera nos dice que todos los pueblos a través de todas las eras han dejado registro de las formas en las que se dan las relaciones humanas, pero particularmente las relaciones de pareja. Ella afirma que:

“Estas vivencias se inscribieron en los libros sagrados, en iconografías, en la filosofía, la antropología, en poemas, en leyendas, e novelas u otros géneros literarios, incluso se transmitieron en las tradiciones orales. Cualquiera haya sido la forma de acuñarlas, estas han ejercido su influencia en la cultura. Las creencias y valores de la cultura occidental han tenido profundas raíces en el lenguaje religioso o en mitos que, en la actualidad, son parte del imaginario social” [2].

Podemos decir que hay un factor de organización social que está presente en toda civilización y agrupación humana, el factor sexual. Este ha venido a definir los roles y actividades de hombres y mujeres de acuerdo con la concepción sobre lo “natural”, cuya base es biológica. Esto nos da un esbozo para poder analizar la principal causa de la violencia contra las mujeres, la cuestión de la diferencia, y la subjetividad en la percepción de dichas diferencias. Esto es parte de lo que se considera como factor fundamental en el Protocolo:

“Por su parte, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer parte del reconocimiento de que la violencia contra las mujeres es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres, constituye una violación a los derechos humanos y, por tanto, una ofensa a la dignidad humana” [3].

Las diferencias físicas y biológicas dieron lugar a que las personas con el poder y la influencia suficientes determinaran cuál de los dos géneros era el más fuerte, inteligente, racional, en resumen, el mejor candidato para tomar el control sobre el otro. Ahora bien, si a estos argumentos le agregamos la legitimización a través de las Sagradas Escrituras, tenemos el combo perfecto para la formación de sociedades patriarcales que tengan los elementos necesarios para constituirse en sociedades que violenten y opriman a las mujeres y que tengan un aparato estatal, social, económico, político y religioso de respaldo.

La Iglesia, por ejemplo, tiene una serie de pasajes bíblicos que (dependiendo de la interpretación) justifican que la mujer esté en un nivel inferior por cuestión de “orden divino”, y que como consecuencia de esto, se establezca que la mujer debe vivir sujeta a una autoridad masculina. Algunos de los pasajes que más se utilizan para fundamentar esta creencia son:

  • Génesis 2:21-23. La mujer como segunda creación. Puesto que regularmente se contempla más el primer relato de la creación, en donde Adán fue creado primero, se concluye que Eva literalmente fue sacada de la costilla de Adán, y que por lo mismo es inferior a él.
  • Génesis 3:6 y 3:16. Pasajes sobre la caída y las consecuencias del pecado. A partir de estos pasajes se argumenta que la mujer es culpable de todas las consecuencias de la caída, y por supuesto, se le ve como merecedora del castigo: “tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”. ¿Será eso lo que revela el pasaje? Por ahora basta enfatizar que para muchos pastores y líderes de las iglesias evangélicas, esta continúa siendo una creencia común que se cree y se fomenta.
  • 1 Timoteo 2:11-15: Esta porción de la Palabra se usa para justificar el rol de la mujer dentro de la iglesia y en el hogar. Pablo retoma el pasaje anterior del Génesis para justificar que las mujeres estén un lugar de subordinación (debido al pecado) y con ello se refuerza la idea de que las mujeres fueron las causantes de la caída, para entonces definir que las mujeres no deben ejercer el pastorado, ni el liderazgo frente a un hombre. Además de lo anterior, se refuerza la idea de que parte de ese diseño original de Dios es que las mujeres engendren hijos ya que esta es su verdadera vocación y su ministerio debe ser primero con sus hijos.
  • Efesios 5:22-24. La sujeción de la mujer a varón. Creo que el pasaje habla por sí mismo, para muchos cristianos (hombres y mujeres) este pasaje resulta casi dogmático a la hora de hablar del orden en el hogar. Se tiene la creencia de que el diseño original es que los hombres deben ser la cabeza de la mujer y del hogar, y que las mujeres deben vivir sujetas en todo a sus maridos. Este pasaje se toma como normativo y aplicable a todas las familias en todos los rincones de la tierra y en todas las edades, pero curiosamente se excluye “someteos unos a otros en el temor de Dios”.

Hasta aquí algunos ejemplos de cómo la Iglesia, consciente o inconscientemente, ha legitimado una de las causas más importantes de la violencia de género: la desigualdad entre hombre y mujer.

No podemos dejar del lado el contexto en el que la Biblia fue escrita, pero debemos ser conscientes de los tiempos en los que vivimos, reflexionar sobre cómo construimos esas interpretaciones y hacer una evaluación para ver si como iglesia estamos incurriendo en un tipo de violencia simbólica, en la que enseñamos a las futuras generaciones que los roles están definidos por diseño natural y que a pesar de que mucha de esa desigualdad fue consecuencia del pecado original, seguimos creyendo que por eso no vale la pena luchar.

¿Provocaría eso que muchos de los que hoy están en una posición de privilegio la pierdan? ¿A quién sirve o beneficia que al día de hoy sigamos pugnando en pro de ese tipo de interpretaciones? ¿Es coherente con el carácter de Dios y con la manera en la que vemos todo el texto bíblico, pensar que el lugar de las mujeres está en la sumisión? Es parte de lo que debemos pensar y reformular.

Continuará…

REFERENCIAS
[1] Evangelina García Prince. Guía 1. ¿Qué es género? Conceptos básicos. Material inédito del Diplomado Básico en Políticas Públicas y Género de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, México (2013). Pág. 6|
[2] Elsa Beatriz Agüero. En búsqueda de relaciones igualitarias. Puntos de Encuentro. Buenos Aires: Instituto Universitario ISEDET (2005). Pág. 171
[3] Protocolo para la atención de la violencia política contra las mujeres en razón de género. Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. México (2017).


Fernanda Casar Marfil
Teóloga, activista y editora, es Licenciada en Relaciones Internacionales de la Universidad de Monterrey. También Licenciada en Teología por el Seminario Metodista Juan Wesley, obtuvo una Maestría en Teología en Perkins School of Theology, Southern Methodist University, Dallas, TX, EUA, en este año 2019. Es profesora de Teología del SMJW. Participa en Youthfront México, A.C, asociación sin fines de lucro que trabaja con niños de escasos recursos y en situación de vulnerabilidad, a través de un programa de Apoyo Escolar y de Educación Integral. Fue voluntaria en el ministerio de la Comisión Nacional de Asuntos Migratorios de la IMMAR, ministerio que vela por el cuidado del migrante en su paso por México. Apasionada por el aprendizaje, las causas sociales y por descubrir nuevas maneras de ver el mundo y de interpretar la Biblia.

Un comentario sobre “Causas de la Violencia de Género

  1. Asignación de roles que se ha dado a través de la historia naturalizando y legitimándo ciertas actividades hasta convertirlas en obligación moral (cómo es la función del cuidado y crianza).

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