Confrontando las Paredes que nos Dividen

Los Revs. Joel Hortiales (centro, de azul) y David Farley (a la derecha de Hortiales) junto a feligreses de la iglesia fronteriza en Tijuana, México, mientras levantan sus brazos hacia el cielo debajo de la cerca que marca la frontera con los Estados Unidos. Foto: UMNS/Mike DuBose.

Confrontando las paredes que nos dividen

Con la tensión racial que ha estado creciendo a través de los Estados Unidos de América y el mundo, el Rev. Brittney Stephan dice que es tiempo para la gente de fe de confrontar los muros de odio, injusticia, y temor.

Brittney Stephan
Director Asociado de la comisión “Multicultural Vibrancy”, Conferencia de Michigan de la Iglesia Metodista Unida de los EUA

Traducción: Pedro Manrique Bustos Dávalos
Pastor en la Conferencia Anual Oriental de la Iglesia Metodista de México, A.R.

Hay una frase popular que dice, “Cuando tienes más de lo que necesitas, construye una mesa más larga, no un muro más alto”. Similarmente, en el himno Walls Mark Our Bound’ries (Los Muros Marcan Nuestras Fronteras), la Dr. Ruth C. Duke exclama, “Las mesas están haciendo lugar para uno más, dándoles la bienvenida a amigos que no hemos conocido aún. Así que, ¡constrúyenos una mesa y derrumba el muro! ¡Cristo es quien recibe, hay espacio para todos nosotros!”

Hay multitud de maneras en las que la Iglesia debería liderar el movimiento del espíritu de hospitalidad y de recibimiento al que es diferente. Tristemente, encontramos que lo opuesto es real para muchos de nosotros. Debemos entender que ser el Cuerpo de Cristo en una verdadera comunidad Cristiana es fundamentalmente contradictorio al miedo a aquellos que son diferentes a nosotros.

Si usted ha visto, leído o escuchado las noticias en estos días recientes, seguramente sabrá que la ICE (Immigration and Customs Enforcement), que es el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos, han comenzado a hacer operativos de deportación en varias ciudades del país. La gente sigue siendo separada de sus familias y mantenidos en jaulas en la frontera, y los líderes gubernamentales están empeñados en una retórica llena de odio repitiendo comúnmente frases como “regresa al lugar de dónde vienes”. Hay una descarada crisis humanitaria sucediendo ahora mismo en el corazón de nuestra nación.

Nosotros como iglesia no podemos seguir ofreciendo nuestros “buenos deseos y oraciones” a aquellos individuos y orar por paz cuando nosotros seguimos invirtiendo en la opresión y violencia. Martin Luther King Jr. dijo: “Nuestras vidas empiezan a terminar el día en que hacemos silencio de las cosas que importan”, y es exactamente lo que estamos viviendo en el mundo hoy. La falta de acción y el silencio siempre ayudan al opresor, nunca al oprimido.

Según la Liga de Antidifamación, el número de reportes de crímenes por odio en los Estados Unidos de América tuvo un punto del 57% en el 2017, la cifra más alta en un solo año desde 1979. Esto es algo que no podemos ignorar, así como un artículo que leí en el USA Today que explica cómo había siete fronteras con muros o bardas en el mundo después de la Segunda Guerra Mundial. En 1989, después de la caída del muro de Berlín, ya había quince muros. Hoy, mientras nuestra actual administración desea construir un muro a lo largo de nuestra frontera sur, hay al menos setenta y siete muros o bardas alrededor del mundo. Muchas de ellas fueron erigidas después del 11 de septiembre del 2001.

Lo que significa que no solo se tiene el miedo de cómo los Estados Unidos afectaron en la manera de vivir y crearon aún más sistemas de opresión en nuestra sociedad, sino que hemos proyectado ese miedo a docenas de países alrededor del mundo. Los muros fronterizos son usados para perpetuar el racismo, la segregación y la discriminación. Este miedo a la gente que no actúa, habla ni se mira como nosotros nos cambia y saca lo peor de nosotros como nadie más puede hacerlo. Una de las frases más repetidas en las escrituras es: “No temas”, y aun así es solamente a través del temor que estos terribles actos se justifican y se siguen llevando a cabo.

Efesios 2:14-22 dice:

“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación y aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos,innatos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino ciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”.

La definición más común de paz es “la ausencia de guerra o conflicto,” pero yo creo que es todavía aún más profundo que eso. La definición bíblica de la palabra “paz” denota un sentido de unidad y bienestar que describe la relación vertical entre la humanidad y Dios y la relación horizontal entre nosotros como seres humanos. Hay muros que nos separan de Dios, de la misma manera como los muros que nos separan el uno del otro. A veces, estos dos se representan en uno mismo.

Con todo lo que está sucediendo en nuestra denominación y en nuestro mundo hoy, estamos en una necesidad desesperada de que el Espíritu Santo nos recuerde la belleza que se encuentra en el Pentecostés. La belleza que es que todos los hijos de Dios estén juntos para alabar o, en otras palabras, hacer “la obra del pueblo”. Cuando actuamos inhumanamente contra nuestros hermanos y defraudamos el gran mandamiento, estamos negando una parte significativa de Dios que se nos reveló cuando decidimos ignorar a quien nos incomoda.

¿Cómo sería si nosotros fuésemos más allá de lo que nos es familiar? Si lo hiciéramos más seguido de lo que no lo hacemos, ahí sería cuando la verdadera transformación tomaría lugar. Hacer lo que sabemos hacer es fácil, pero hacer algo nuevo es necesario. ¿Qué pasaría si derribáramos los muros que hemos construido dentro de nosotros y dentro de nuestras iglesias? Quizá nos sentiríamos menos la necesidad de muros fronterizos que solamente ofrecen un sentimiento falso de seguridad. Nosotros como Iglesia estamos llamados a vivir más allá de los límites que la humanidad continúa delimitando debido a que todas estas cosas comprometen el mandamiento que ha sido puesto en nuestras vidas por Jesucristo, un refugiado de Nazareth.

REFERENCIA
Stephan, Brittney. (2019). Confronting The Wall That Divide Us. Julio 22, 2019, de Michigan Conference, The United Methodist Church Sitio web: https://michiganumc.org/faith-ministry/2019/07/22/addressing-racism-and-the-border-crisis/

Un comentario sobre “Confrontando las Paredes que nos Dividen

  1. Buenísimo, palabras que no podemos ignorar .
    El mensaje es claro, la visión de muchos es muy limitada.
    Bendiciones

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