Cápsulas de Discipulado

Ministerio de edificación, transformación y discipulado bíblico

LA PERSONALIDAD DEL DISCÍPULO: EL CRISTIANO ESPIRITUAL

C.P. Cuaúhtemoc Meneses Stama

Estamos compartiendo “el cómo del discipulado bíblico”, como fruto de mi experiencia con Dios en el “Ministerio de Formación de Discípulos Espirituales, Discípulos Reproductores y Discípulos Colaboradores de mi Dios y Señor”.

La Biblia, en Gálatas 2: 20 declara: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó así mismo por mí.” Y en 1 Tesalonicenses 5:23 y 24 declara: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.” La Biblia nos habla del cristiano espiritual.

Dios nos ama aun cuando hayamos pecado; Él envió a su Hijo Unigénito para morir por nuestros pecados, para que no perezcamos, sino que tengamos vida eterna (Juan 3:16). Jesús murió en la cruz para salvarnos del pecado y la muerte y hacernos volver a Dios. Después de su resurrección, envió al Espíritu Santo a la tierra para guiarnos en nuestro regreso a Dios.

La persona puede oír al Espíritu Santo aunque la puerta del espíritu esté cerrada y su mismo espíritu esté muerto. Cuando abre la puerta de su espíritu, el Espíritu de Dios entra a formar parte de su personalidad y renace su espíritu humano (2 Corintios 5:17): “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Ahora vemos el contraste entre el hombre natural y el cristiano espiritual. El cristiano espiritual anda en el Espíritu y así no cede a la codicia de la carne (Gálatas 5:16): “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”.

Como discípulo de Cristo, se le promete la victoria sobre el mundo, la carne y el diablo (1 Juan 5:4): “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”. En 1 Juan 2:15-17 dice “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. Esta es la explicación: notaremos que la voluntad está directamente entre la puerta del espíritu y la puerta de la carne. Cuando usted está dispuesto a permitir que Cristo tenga el control sobre su vida, su muerte en la cruz y su resurrección dan una vida de victoria. Así podrá declarar junto con el apóstol Pablo “con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó así mismo por mí” (Gálatas 2:20). El camino a la victoria es saber que su carne está crucificada, debido a que se trata de un acto constante de su voluntad. Gálatas 5:24 dice que “los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. El Cristo que habita interiormente colabora para mantener abierta la puerta del espíritu humano y mantener cerrada la de la carne. Al hacer morir al “viejo hombre”, el Espíritu de Dios le resucita diariamente para vivir en victoria. Al hacer esto, se llena del Espíritu de Dios. Se siente capacitado para vivir en el Espíritu (Gálatas 5:16): “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”. Dios entonces, domina su mente, voluntad y emociones; y por lo tanto, su alma y cuerpo.

FE EN ACCIÓN
Querido hermano, como discípulo de Jesús se le promete victoria sobre nuestros tres enemigos: el mundo sin salvación, la carne y el diablo, pero esto se logra al integrar a su personalidad los principios bíblicos del cristiano espiritual. La manera de lograr dicha victoria es crucificar diariamente la carne con sus tentaciones y pasiones. Considere que cuando Cristo tiene el control de su vida, Él le ayudará a mantener abierta la puerta del espíritu y cerrada la puerta de la carne y al dar muerte a su vieja naturaleza, el Espíritu de Dios le da una vida de victoria cada día. ¿Lo cree? Recuerde las palabras de Jesús (Marcos 9:23): “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. Haga suyas las siguientes declaraciones:

  • “Seré un discípulo que le rinde todo a Cristo”.
  • “Señor, quiero tener un corazón perfecto para contigo”.
  • “Señor, quiero tener un corazón entendido, dispuesto, obediente y puro para contigo”.
  • “Tu promesa de victoria cada día, será mi posesión”.

La palabra de Dios transforma vidas y da una vida con propósito, vida abundante, vida victoriosa y vida eterna.

Que Dios “te bendiga y te guarde, que Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré”. Y recuerden hacer del día del Señor: un día santo, un día saludable y un día feliz.

Hno. Cuau.

Tomado y adaptado del libro ”El Plan Maestro para el Discipulado Cristiano” y de compartir mi experiencia con Dios.