Un Llamado a la Fraternidad por la Paz

UN LLAMADO A LA COMUNIÓN Y FRATERNIDAD POR LA PAZ Y LA JUSTICIA EN MÉXICO DESDE LAS ASOCIACIONES RELIGIOSAS

Participación con motivo de la entrega de registros a nuevas Asociaciones Religiosas por parte del Gobierno Federal de los Estados Unidos Mexicanos en la Secretaria de Gobernación.

Ciudad de México a 14 de agosto de 2019.

Rev. Samuel Efraín Murillo Torres

INTRODUCCIÓN

Hans Küng escibe: “No puede haber paz en el mundo sin haber paz entre las religiones, sin diálogo entre las religiones y sin una cultura reciproca que permita conocer el origen histórico de las religiones” [1]. Es paradójico estar aquí reunidos para celebrar, conmemorar y admirarnos de la diversidad religiosa en México al ser testigos de la entrega de más de 100 registros a diversas asociaciones religiosas de distintas religiones, espiritualidades y comunidades de fe, como parte de [múltiples] Asociaciones religiosas existentes en la oficina Asuntos Religiosos, las cuales conforman de nuestra riqueza y diversidad como parte del fenómeno religioso en México.

Lo anterior, primordialmente debe celebrarse, pero al mismo tiempo puede lamentarse, ya que muchas veces esta es la única vez en la que podemos encontrarnos. Todos hemos venido aquí con un mismo fin: celebrar internamente en nuestras comunidades haber concluido el tramite requisitorio al ejercer nuestro derecho para conformarnos como Asociación Religiosa en México. Sin embargo, la riqueza que nos conforma y nos distingue a veces terminamos atesorándola sin dimensionar y discernir el impacto benéfico para con el resto de la sociedad. ¿Cuándo y cómo podremos compartir de nuestra riqueza y diversidad en dones y talentos entre nosotros?

Mi nombre es Samuel Murillo, soy clérigo de la Iglesia Metodista de México, oficial para la Juventud en el Concilio Mundial Metodista y doctorando en el tema de construcción de paz: El desarrollo de una teología Pública desde México y América Latina.

Me motiva al estar con ustedes la búsqueda de una comprensión mutua desde una misma humanidad, nuestra conformación ontológica como seres espirituales y reconocer el derecho que todos tenemos a una identidad religiosa, desde donde juntos valoremos la pluralidad desde nuestras divergencias y convergencias, no absolutizando nuestras diferencias mediante juicios erróneos hacia el otro, sino más bien a partir del desarrollo de relaciones sinceras sorprendernos en caridad y amor genuino que nos permita reconocer y reafirmar nuestra identidad.

A pesar de que mis principios y mi discurso es de origen cristiano metodista, sería bueno permitirnos reflexionar desde aquel evangelio común entre nosotros que trasciende lo circunstancial y momentáneo entre nosotros, es decir, las buenas nuevas que anunciamos desde nuestra diversidad, desde nuestras comunidades, desde nuestros espacios de paz, desde nuestro sentido de trascendencia, cualquiera que éste sea, desde la buena fe, la comunión, la fraternidad y el servicio que como Asociaciones Religiosas en México llevamos a cabo por el bien de nuestra sociedad y país.

NUESTRO COMÚN EVANGELIO

A estas alturas algunos ya deben estar preguntándose: ¿Y para que nos trajeron a un “predicador” metodista? ¿Qué hay de la laicidad del Estado? Es importante aclarar que no estoy aquí en nombre de ningún partido, color o gobierno y sin ninguna intención proselitista. No me interesa la narrativa que se interese por un gobierno de afiliación cristiana, ni mucho menos metodista, sino un gobierno y sociedad que trabaje de la mano por espacios de paz, de justicia y tranquilidad para el pueblo mexicano, en donde juntos velemos por los derechos nuestros y los del prójimo, y así cada día aprendamos juntos a volvernos hacia aquellos que hoy padecen la cultura estructural del descarte, la discriminación y exclusión entre nosotros.

Habiendo aclarado lo anterior, este espacio es entonces para reflexionar y articular entre nosotros. Tenemos un gran privilegio al venir de distintas Asociaciones Religiosas en México, y podemos preguntarnos ¿Cuáles son nuestras responsabilidades y deberes compartidos? No por obligación o imposición sino en fidelidad a nuestros distintos credos y propuestas en el ejercicio de nuestra espiritualidad y fe.

Ante el triste espectáculo de divisiones, miedos, guerras y desigualdades que impregna nuestro mundo, ante la depresión y desesperación de tantos jóvenes y familias es necesario preguntarnos: ¿Será posible caminar juntos hacia la unidad, hacia la comunidad y el compañerismo, hacia la paz? [2].

¿Cuál es entonces nuestro común evangelio? Evangelion como expresión del griego quiere decir: buenas nuevas. Era usado cuando en la guerra o en la política había alguna buena noticia para la ciudad y/o sociedad. Desde las religiones Abrahámicas las buenas nuevas asumen principios de paz, justicia y comunión liberadora. ´Salam alaikum´, ´Shalom´ ó ´la paz sea contigo´ como símbolo de encuentro desde la buena noticia para musulmanes, judíos o cristianos.

Sin embargo, muchas veces hemos hecho de la buena noticia una cuestión tan teórica y filosófica que nos olvidamos de las cuestiones prácticas / vivenciales y sus implicaciones. ¿Cuáles son las buenas noticias entre nosotros? ¿Qué buena noticia compartimos y tenemos en común?

¿Será que nos hemos permitido olvidar que hay buenas noticias desde nuestras comunidades de fe? ¿Será que la desesperanza ha permeado nuestra capacidad del asombro? Cuán importante es desarrollar comunidades entre nosotros que permitan a cada persona discernir sus dones y talentos, su luz y su oscuridad, sus riquezas y sus pobrezas, sus fuerzas y sus debilidades, encontrar juntos un camino para crecer en el amor, mucho más allá de toda afiliación eclesiástica o denominacional, una práctica y vivencia espiritual llena de frescura, sincerad y congruencia que resulte en plenitud.

A mis alumnos de teología les insisto como un principio para el dialogo, la cooperación y el mutuo reconocimiento: podemos juntos dar testimonio de donde Dios esta, pero nunca podremos decir dónde Dios no está.

Dichas buenas noticias pueden ser acompañadas con principios y valores fundamentales para la educación ética desde la interculturalidad e interreligiosidad. El Parlamento de las Religiones del Mundo propone un documento consensado llamado: Hacia una Ética Mundial [3]. La Red Global de las Religiones por la Niñez propone a partir de ahí cuatro valores éticos fundamentales como una propuesta de encuentro por el bien de las generaciones futuras: Respeto y comprensión mutua, la empatía, responsabilidad individual y colectiva y la reconciliación con un enfoque hacia la construcción de puentes y lazos de colaboración [4].

Lideres religiosos, tenemos tantas buenas noticias que compartir entre nosotros, buenas noticias desde nuestra diversidad: de reconciliación, paz, benignidad y amor.

LA COMUNIÓN Y FRATERNIDAD

Podríamos preguntarnos, ¿Cómo hacerlo si somos tan diferentes? ¿Cómo hablar de un mensaje en común? En 1920 desde Estambul el cristianismo Ortodoxo cuestionaba al mundo entero sobre el llamado al amor entrañable con un corazón puro [5] por medio de una encíclica que cuestionaba a las comunidades de fe con respecto a la respuesta religiosa ante la creciente violencia estructural en Europa [6]. Cuestionaba como hablar de buenas noticias y encontrar su compatibilidad con la realidad violenta que llevó a la humanidad a presenciar la catástrofe de la 1ª y 2ª guerra mundial en donde cristianos mataban cristianos en nombre de sus gobiernos. Dicho escrito llamaba primordialmente a remover todo sentimiento de desconfianza y amargura entre las comunidades de fe, para así restablecer la sinceridad y confianza entre las mismas. Dejar de considerarse extraños o extranjeros para que el amor fuese reavivado y reestablecido al reconocerse como hermanos y hermanas, un exhorto a humanizarse. El llamado a dejar el proselitismo a un lado para dimensionar aquella comunión y fraternidad humana en común que conlleva un bien mayor.

Ha pasado casi un siglo y la reflexión sigue teniendo su vigencia y validez en un sentido global y contextual. En México la inseguridad, muertes y desapariciones forzadas como parte de una cultura y estructura violenta nos atañe y afecta a todos por igual. El llamado a participar ´ad intra´ y ´ad extra´ de nuestras comunidades de fe para la construcción de narrativas y acciones que nos permitan visualizar con mayor claridad que es posible como individuos y comunidades ser constructores de paz. ¿No es la paz parte de las buenas noticias que compartimos?

En el ámbito religioso, cuán importante es dialogar y cooperar para que siendo intencionalmente vulnerables, honestos y abiertos entre nosotros, podamos identificar de que forma podemos fomentar una cultura y estructura religiosa que sea congruente con el ethos y razón de ser de nuestras eclesiologías, creencias, teologías y doctrinas. Sin duda nos sorprenderíamos al permitirnos el encuentro y escucharnos, al ver riquezas y pobrezas en común. Al reconocer en fondo y formas nuestras adversidades, ¿Cómo nuestro discurso y narrativa es violento, excluyente y discriminatorio? ¿Cómo la sociedad mexicana puede encontrar esos espacios de frescura, congruencia y paz en nuestros espacios de fe?

El llamado a la comunión y fraternidad nos concierne también como Asociaciones Religiosas y gobernantes en conjunto, desde la legislación y aplicación de la ley. Es importante continuar enriqueciendo y actualizando la actual Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, en especial aquello que refiere a normas, libertades y límites con respecto a porciones del fenómeno religioso en México que ejerce la discriminación, exclusión y violencia desde diversas realidades.

En la búsqueda de cambios estructurales, buscar legislar y proteger a aquellos que por justificaciones o principios religiosos son violentados desde realidades de fragilidad y vulnerabilidad por condición, origen o ideología como son: migrantes, mujeres, personas con discapacidad (es), niños y niñas, etc. Todo lo anterior siendo reforzado por La Declaración Universal de Los Derechos Humanos [7] y los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 [8] por una sociedad que se reconozca reconciliada con su entorno y afirme que la paz es un derecho desde la fe y la práctica religiosa.

Al final considero que, la comunión y fraternidad, han de prevalecer a pesar de nosotros, continuar confrontándonos desde nuestra experiencia de fe y llamándonos desde nuestra común dignidad en amor al prójimo por encima de toda tentación que divida, excluya o discrimine. La polarización de las ideas y el miedo que nos lleva a catalogar a ´la otredad´ como alguien ajeno o enemigo han de verse diluidas ante la realidad de que la compasión y la bondad humana no tienen límites, ni fin, sino que es un signo y don de gracia aun cuando muchos a veces caemos en la desesperación y creemos que no hay esperanza.

EL SERVICIO

Cuando nos reconocemos, podemos hermanarnos. Ya no podemos vernos como ajenos sino como portadores de buenas noticias que nos unen más de lo que creemos o esperamos. Al crear lazos de comunión y fraternidad, podemos asumir retos de cooperación, dialogo y compromiso que se traduzcan en servicio al prójimo, por un bien común. Al cambiar la narrativa entre nosotros, surgen cambios transformadores que impactan de forma directa la experiencia orgánica y local de nuestras comunidades.

Aunque sea difícil de creer, las instituciones religiosas seguimos teniendo gran credibilidad en la sociedad mexicana. Poner en práctica los acuerdos y valores en común es una encomienda compleja, debido a la enorme diversidad de religiones, culturas, formas de vida en el mundo, etc. Estamos aquí reunidos representantes de dicha diversidad intercultural e interreligiosa. Desde la cristiandad, católicos romanos, evangélicos, protestantes, etc., tenemos grandes frutos que cosechar a partir de la teoría (dialogo ecuménico / teológico) [9] y la práctica (cooperación ecuménica). No podemos ignorar el llamado en común que Católicos Romanos, Ortodoxos del Este y de Oriente, Iglesias históricas que han surgido en occidente por los movimientos de Reforma, Pentecostales y Evangélicos han hecho desde el Foro Cristiano Mundial para que el amor mutuo permanezca [10] ante las realidades de discriminación, persecución y martirio [11] juntos fomentar y construir comunidades que se caractericen por la acogida, la empatía, y la solidaridad. Desde la riqueza interreligiosa podemos compartir la riqueza de una hospitalidad divina [12] que puede proponer, construir y desarrollar una educación ética interreligiosa basada en la no violencia [13] que fomente la propuesta de valores comunes: respeto, empatía, reconciliación y responsabilidad, para así, a pesar de las tensiones interculturales pueda vislumbrarse la paz entre nosotros como testimonio a la sociedad que nos rodea y observa con detenimiento. Desde donde nuestros niños y niñas sean enseñados y educados no para vivir con temor al ser humano que es distinto a ellos, sino que se enriquezca a partir de la pluralidad y diversidad en una era globalizada llena de información.

La cooperación mutua conjugada con las grandes ideas, puede traer cambios trascendentales a una comunidad, población o sociedad entera. Como memoria histórica puede hablarse del esfuerzo comunitario por la abolición de la esclavitud, los derechos de las mujeres y los niños o incluso la inclusión con respecto a cuestiones raciales, dichos alcances tuvieron en común la articulación de un mismo mensaje de paz, reconciliación, amor y esperanza desde la fe. En América Latina puede hablarse del testimonio interreligioso y ecuménico en tiempos de violencia estructural y cultural contextual, como lo fueron las dictaduras en Chile, Argentina, Uruguay y Brasil. En otras latitudes como Sudáfrica o Irlanda, han sido las comunidades de fe las que han buscado la congruencia desde lo que se cree, lo que se predica y sus implicaciones prácticas que conllevan dimensiones de servicio y bienestar común.

Desde el gobierno es necesaria la cooperación para la generación y aplicación de instrumentos e indicadores que nos permitan conocer, evaluar y accionar con respecto a la realidad violenta, discriminatoria o excluyente en el actual fenómeno religioso en nuestro país (violentometro religioso). Con dicho instrumento, gobierno y asociaciones religiosas podríamos cimentar bases para una educación ética integral desde la interculturalidad e interreligiosidad fundamentados en el respeto, la responsabilidad, la empatía y la reconciliación. Como clérigo metodista, pido al gobierno federal redoblar esfuerzos ante la realidad de desapariciones forzadas y trata de personas, la circulación de armas a lo largo del país, así como la protección de la población migrante y población infantil, ofreciendo articular desde las asociaciones religiosas para el acompañamiento ecuménico e interreligioso a las familias victimas de violencia, el llamado contundente al desarme de la población y hacer de nuestros lugares de reunión y culto público espacios seguros para el migrante y la niñez.

Como comunión metodista, desde el Concilio Mundial Metodista, en articulación con el Consejo Mundial de Iglesias, diversos gobiernos, la ONU (Consejo de Seguridad, ACNUR, UNICEF) y organizaciones civiles tenemos proyectos en común que trabajan arduamente por la paz y la justicia en diversas realidades, como lo son: Israel / Palestina, Siria, la Península Coreana y Estados Unidos de Norteamérica. La conjugación del principio teológico ora et labora [14], o el principio metodista que enuncia que no puede haber santidad personal sin santidad social [15].

La realidad de nuestro país y nuestra sociedad nos convoca a una acción común que nos permita actuar en conjunto sin hacer a un lado nuestros principios de fe o creencias. Desde donde podemos redescubrir y revalorar juntos que la dignidad humana es inalienable, así como el ejercicio comunitario por la construcción de paz como un llamado y un derecho para todos y todas por igual. Hasta que la paz y la justicia se besen y la dignidad se nos haga costumbre.

NOTAS

  1. Hans Küng, Christianity: Essence, History, Future. ( New York: Continuum, 1996).
  2. Jean Vanier, A Cry is Heard: My Path to Peace. (Great Britain: Darton, longman and Todd Ltd, 2018), p. 6.
  3. Consejo del Parlamento de las Religiones del Mundo, Hacia una Ética mundial: Una declaración inicial. Consulta en: https://www.weltethos.org/1-pdf/10-stiftung/declaration/declaration_spanish.pdf.
  4. Arigatou Internacional / GNRC, Aprender a Vivir Juntos: Un programa intercultural e interreligioso para la educación ética, (Ginebra: ATAR Roto Presse SA., 2008), p. 10.
  5. 1 Pedro 1:22.
  6. Encíclica del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, Unto the Churches of Christ Everywhere (Halki: Halki Theological Seminary, 1920). Se puede consultar en:https://incommunion.org/2004/10/24/unto- the-churches-of-christ-everywhere/
  7. Artículo 18: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
  8. Como lo son el 1º – Fin de la Pobreza, 10º – Reducción de las Desigualdades y el 16º – Paz, justicia e Instituciones Solidas. Consulta: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo- sostenible/
  9. Walter Kasper, Harvesting the Fruits: Basic Aspects of Christian Faith in Ecumenical Dialogue, (London: Continuum, 2009).
  10. Mensaje completo del Foro Cristiano Mundial, reunido en Bogotá en abril del 2018: https://www.oikoumene.org/es/press-centre/en/resources/documents/other-ecumenical- bodies/message-to-the-churches-from-the-third-global-gathering-of-global-christian-forum-bogota- colombia.
  11. Global Christian Forum, Discrimination, Persecution, Martyrdom: Following Christ Together, (Germany: VKW, 2018).
  12. Fadi Daou y Nayla Tabbara, Divine Hospitality: A Christian – Muslim Conversation, (Ginebra: WCC, 2017).
  13. Fernando Enns, The Peace Church and the Ecumenical Community: Ecclesiology and the Ethics of Nonviolence, (Ontario: Pandora Press, 2007) y Arigatou Internacional / GNRC, Aprender a Vivir Juntos: Un programa intercultural e interreligioso para la educación ética, (Ginebra: ATAR Roto Presse SA., 2008). Puede ser consultado en: https://ethicseducationforchildren.org/en/
  14. Orar y trabajar o servir.
  15. Frase de Juan Wesley, fundador del movimiento metodista en Inglaterra en el siglo XVIII.

Pbro. Samuel Efraín Murillo Torres
Clérigo metodista mexicano con Lic. En Teología del Seminario Metodista Juan Wesley; estudios de Posgrado en la Universidad de Ginebra en Suiza y el Centro Pro Unione en Roma con especialidad en dialogo ecuménico e interreligioso; Master en Teología Sistemática en la Comunidad Teológica de México y actualmente Profesor de Ecumenismo, Pluralidad y Diversidad Religiosa en la misma institución.