Reforma Protestante y la Biblia

Reforma protestante y la Biblia: una mirada metodista

Luiz Carlos Ramos *

Han pasado más de 2,000 años desde el nacimiento de Jesucristo y más de 500 años desde la Reforma Protestante, y podemos afirmar categóricamente que la gente en general aún no ha podido distinguir la Ley del Evangelio, el Mérito de la Gracia, el intento de apropiación de la vida eterna por el esfuerzo de la salvación por la fe, el Dios despiadado del Dios misericordioso, la religión del odio de la religión del amor…

Ahora Jesucristo, sus discípulos más leales, así como muchos reformadores, dieron sus vidas para que la gente pudiera experimentar el Evangelio, la Gracia, la Misericordia y el Amor de Dios.

En 2017, se celebró el 500 aniversario de la Reforma Protestante en todo el mundo, y muchas denominaciones religiosas abogaron por la designación de “evangélicos” y “protestantes”, y se consideraron herederos de este movimiento.

Estrictamente, sin embargo, “evangélico” solo se aplicaría a lo que se ajusta al Evangelio, y “protestante”, que está de acuerdo con los principios fundamentales de la Reforma. Lo que al principio parece una obviedad infantil, en la práctica está en absoluta contradicción.

Vayamos en partes: ¿es la ley bíblica? ¿Al igual que las obras y el enojado Dios-Juez? Si Pero aquí es donde entra la hermenéutica de Jesucristo, cuando dice en el Sermón del Monte: “Has oído lo que se dijo… pero yo te digo…” (Mt. 5).

Conclusión hermenéutica: No todo en la Biblia es “Evangelio”. El Evangelio es la “nueva” forma de leer la Biblia y la Vida a través de los ojos mansos de Jesús.

La Reforma y la Pregunta Bíblica

Por supuesto, hubo innumerables factores sociales, económicos y políticos que dieron lugar a la Reforma Protestante para tomar la dimensión que tomó. Pero para nosotros aquí, estamos particularmente interesados ​​en los elementos bíblico-teológicos que subyacen a esta gran transformación que ha sufrido la Iglesia.

Así, el tema hermenéutico es crucial para entender la Reforma Protestante desde el punto de vista teológico. Tenemos que recordar que la gente en general no tenía acceso a la Biblia como literatura. Su conocimiento de los Evangelios provino más de las representaciones artísticas que se exhiben en iglesias y catedrales (verdaderos museos sagrados) que de la predicación del domingo y no de la lectura directa de los textos sagrados.

Lutero, al afirmar que “la Biblia es la única autoridad en la iglesia” (Dreher, 2013, p. 248), puso en jaque la jerarquía prevaleciente que determinó que el Magisterio era esa autoridad. El Magisterio se encargó de dar las coordenadas que condicionaron la interpretación de las Escrituras.

“El evangelio es una palabra viva, dirigida al ser humano, y quiere provocar la fe” (Dreher, 2013, p. 248). Para Lutero, el centro de las Escrituras es Jesús, y Jesús es la Palabra Divina Encarnada, el único contenido de las Escrituras como la Palabra de Dios.

La iglesia solo puede señalar y someterse a las Escrituras. Pero no debemos perder de vista el hecho de que la Escritura misma se somete a Jesucristo, la Palabra divina.

Finalmente, esta pregunta hermenéutica ha provisto la clave para separar de las páginas de las Escrituras el “Evangelio”, es decir, discernir lo que se somete a Cristo de lo que se opone a él.

Dicho esto, uno puede entender por qué el esfuerzo de hacer que la Biblia esté disponible para la lectura directa de la gente. Por supuesto, para eso, ella necesitaba estar en un lenguaje accesible. Recordemos que hasta entonces, las pocas copias de la Biblia estaban disponibles solo en los idiomas originales (hebreo, arameo y griego) y en su famosa versión latina (la Vulgata). Aun así, estas copias rara vez se encontraban y, cuando se encontraban, eran muy caras. Solo las iglesias o individuos muy ricos tenían estos textos.

Lutero, un erudito bíblico competente, se dedicó a traducir la Biblia al idioma de su pueblo, el alemán. Después de él, se prepararon otras versiones para inglés, francés, español, portugués, etc.

Poseída por las Sagradas Escrituras, la única autoridad reconocida en la iglesia, muchos individuos y grupos, que se desviaban de la directiva hermenéutica de Lutero, arriesgaban sus propias interpretaciones más dispares.

El divisionismo resultante fue asombroso. Hoy somos el fruto de esta hermenéutica fragmentada y fragmentante. Los movimientos auténticos de reforma siempre han sido un intento de volver a la esencia del Evangelio, mientras que el divisionismo siempre ha sido el resultado de intentos de “innovaciones” que recibieron apodos piadosos como “avivamiento” y “renovación”.

Por otro lado, como un fruto maravilloso de la Reforma Protestante del siglo XVI, podemos ver la Biblia al alcance de cualquier persona alfabetizada que tenga acceso a una librería o Internet.

Sin embargo, la clave que permite una lectura cristiana de esta literatura sagrada no está tan fácilmente disponible. De esta innumerable multitud que lee la Biblia a diario o casi a diario, pocos parecen conocer la Palabra de Dios. Leen las palabras, pero no saben nada de la Palabra. Porque no envían su lectura al tamiz, el filtro, que es Jesús.

Es por eso que muchos continúan citando la Biblia para defender prácticas que son absolutamente contrarias a los principios del reino de Cristo: sectarismo, racismo, discriminación contra las mujeres, los niños, los discapacitados, los pobres, los diferentes…

Si leemos la Biblia con los ojos de Jesús, nuestras conclusiones serían muy diferentes de las que vemos en nuestros días, no solo por las nuevas iglesias sino también dentro de nuestra familia metodista.

* Doctor en Ciencias Religiosas, Pastor de la Iglesia Metodista en Pirassununga, Brasil. Profesor de la Universidad de São Francisco.

REFERENCIA
Ramos, Luiz Carlos. (2019). Reforma protestante y la Biblia: una mirada metodista. Septiembre 30, 2019, de Expositor Cristão Sitio web: https://www.expositorcristao.com.br/reforma-protestante-e-a-biblia-um-olhar-metodista