Mujeres Metodistas Abriendo Camino en el Ministerio Femenino

Mujeres metodistas, abriendo camino en el ministerio femenino

Daniel Bruno
Adaptación

Ciertamente el movimiento metodista estuvo sostenido por mujeres prácticamente desde sus comienzos: así lo anota Wesley en la entrada de su diario del 4 de abril de 1739 en Bristol: “Al caer la tarde, tres mujeres arreglaron encontrarse una vez por semana con las mismas intenciones que las de las otras personas de Londres, para confesar sus faltas y orar unas con otras y así poder ser sanadas…”

Las mujeres de las diversas clases sociales que componían el movimiento, comenzaron a abrirse espacio, no sólo en las sociedades metodistas, si no también, en ámbitos públicos. El trabajo misionero, se desarrollaba en gran medida en sectores empobrecidos.

Casi un sesenta por ciento de las participantes del movimiento fueron mujeres y muchas de sus líderes de clases y bandas y misioneras han sido mujeres. Ni hablar del rol central que las mujeres metodistas han jugado en la tarea educativa, con su activa participación en la predicación laica y el activismo en las campañas de templanza, la lucha por el sufragio femenino, en la tarea de servicio social, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos.
Las actividades que desarrollaron las mujeres en los inicios del metodismo, tal como afirma Inés Simeone, se pueden clasificar en tres grupos básicos:

Las “Predicadoras”
En realidad Wesley se resistía a hablar de “predicación” en el caso de las mujeres, prefería hacer una distinción y decir que su tarea era “hablar sobre el evangelio”, aunque esta sutil y por qué no prejuiciosa distinción, no era percibida por la mayoría de la gente que efectivamente las escuchaba “predicar”.

Ellas, desarrollaron el trabajo en pequeños y grandes grupos, orando, exhortando, predicando y viviendo una vida de piedad. Este grupo, estaba mayormente compuesto por grupos pobres de la sociedad británica. Juan Wesley, no concebía el hecho de incluir a las mujeres dentro del ministerio pastoral itinerante, aún más, sin considerarlas como predicadoras oficiales. Si bien tuvo dudas sobre si era apropiado adoptar el ministerio de la mujer, lo cual significaba habilitarlas para la predicación, cosa que Wesley, concebía que era sólo para los ministros ordenados hombres; sin embargo, a partir de 1787 comenzó a reconocer la eficacia y el talento de Sarah Crosby, Mary Bosanquet, Hannah Harrison, y Elisa Bennis, entre otras, a quienes Wesley reconoció y aprobó oficialmente como predicadoras de enseñanzas doctrinales y disciplinarias.

Las Misioneras
Éstas estuvieron directamente ligadas al abrir nuevas misiones, iniciando grupos nuevos, orando y guiando en los grupos de clases y de bandas. Pertenecían en su mayoría a los grupos pobres de la sociedad inglesa. En este grupo podemos incluir a quienes visitaban enfermos, las que realizaban trabajo pastoral en las prisiones, quienes asistían a las personas necesitadas; eran las directoras y las maestras de las nacientes Escuelas Dominicales.

Las Sostenedoras
Eran las que cedían sus casas para las reuniones, incluso daban altas sumas de dinero para apoyar los trabajos evangelísticos y sociales. Éstas pertenecían a los grupos más ricos de la sociedad. Quienes comprometían sus vidas y sus recursos al servicio de la misión.

Sin embargo, a pesar del lugar preponderante que tuvieron las mujeres en el movimiento metodista, para encontrar mujeres en niveles de decisión dentro de las instituciones, el metodismo debió esperar hasta la mitad del siglo veinte. El núcleo fuerte organizador del metodismo británico antes y después de la muerte de Juan Wesley fue exclusivamente masculino. En los Estados Unidos hasta muy entrado el siglo veinte las mujeres estuvieron fuera de los organismos deliberativos y ejecutivos de la iglesia metodista episcopal. No podían ser miembros de las conferencias generales ni las anuales. En caso que sus aspiraciones fuera el ser ordenadas presbíteras, su suerte no fue distinta. Podían predicar y ser en algunos casos pastoras laicas, pero la ordenación femenina fue un derecho que les estuvo vedado hasta 1956 en los Estados Unidos y hasta 1970 en Argentina y otros países de América Latina, como México. El reconocimiento de este derecho no fue dado sin resistencia y las primeras en acceder a ello debieron abrir un camino difícil.


Tomado de Facebook de Centro Metodista de Estudios Wesleyanos

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