Pastoral para la Vejez (4)

Pastoral para la Vejez (4)

Los retos de una pastoral para la vejez
(Parte 4)

Abner Alaniz Rangel

  1. Reforzar el capital social. El capital social puede definirse muy esquemáticamente como el conjunto de las relaciones sociales de las que dispone un individuo.
  2. Promover el intercambio intergeneracional. Las experiencias que se han presentado abundan en la idea de desarrollar lo más posible proyectos globales y no destinados únicamente a los mayores, como si estos no pudiesen tener acceso a los mismos tipos de conocimientos que el resto de la población.
  3. Conservar el acceso a un sistema educativo. En el campo educativo, todo acontece como si con la edad de la jubilación, el acceso a la educación, presente a lo largo de toda la vida, se interrumpiera “naturalmente”. Este vínculo de la educación con el periodo llamado “activo”, lleva a la creación de redes de intercambio de conocimientos específicos, tales como la “Universidad de Mayores”. Un claro ejemplo de esto, lo constituye la Doctora Concepción Torres, quien a sus 88 años aprobó su examen en la UNAM de doctora en ciencias con la tesis “Enseñanza de la Biología en la Educación Media Superior”. Otro ejemplo, lo constituye Josefina Sánchez Quintanar quien, con 78 años de edad, ha publicado 13 libros y estuvo casi 30 años en televisión, mejor conocida como Chepina Peralta, y ampliamente reconocida como experta en cocina.

No podemos soslayar el hecho, de que otro de los RETOS DE UNA PASTORAL PARA LA VEJEZ, es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en donde se señalan abiertamente los Derechos Humanos de los ancianos, siendo estos indivisibles, interdependientes e interrelacionados.

  1. El derecho a un estándar de vida adecuado, incluyendo alimentación, vivienda y vestimenta.
  2. El derecho a un seguro social, asistencia y protección.
  3. El derecho a la no discriminación por cuestiones de edad u otros status, en todos los aspectos de la vida, incluyendo el empleo, acceso a vivienda, cuidado de la salud y servicios sociales.
  4. El derecho a los más altos estándares de salud.
  5. El derecho a ser tratado con dignidad.
  6. El derecho de protección ante cualquier rechazo o cualquier tipo de abuso mental.
  7. El derecho a una amplia y activa participación en todos los aspectos: sociales, económicos, políticos y culturales de la sociedad.
  8. El derecho a participar enteramente en la toma de decisiones concernientes a su bienestar.

Concluyo, con la exhortación con cariño a nuestros ancianos.

APRENDIENDO A ENVEJECER

Cuidarás tu presentación todos los días. Vístete bien, arréglate como si fueras a una fiesta. ¡Qué más fiesta que la vida!

No te encerrarás en tu casa, ni en tu habitación: Nada de jugar al enclaustrado o al preso voluntario. Saldrás a la calle y al campo de paseo. El agua estancada se pudre y la máquina se enmohece.

Amarás al ejercicio físico como a ti mismo. Un rato de gimnasia, una caminata razonable dentro o fuera de la casa. Contra inercia, diligencia.

Evitarás actitudes y gestos de viejo derrotado: la cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrándose. ¡No! ¡Que la gente diga un piropo cuando pasas!

No hablarás de tu vejez, ni te quejarás de tus achaques: acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que en realidad estás; y te harán el vacío. Nadie quiere estar oyendo historias de hospital, deja de auto llamarte viejo y considerarte enfermo.

Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas: Al mal tiempo buena cara, sé positivo en tus juicios, de buen humor en las palabras, alegre y de rostro amable en los ademanes. Se tiene la edad que se ejerce, la vejez no es una cuestión de años, sino de estado de ánimo.

Tratarás de ser útil a ti mismo y a los demás: No eres un parásito, ni una rama desgajada voluntariamente del árbol de la vida, bástate donde te sea posible y ayuda, ayuda con una sonrisa, con consejos con un servicio.

Trabajarás con tus manos y tu mente: El trabajo es la terapia infalible. Cualquier actitud, intelectual y artística, es medicina para todos los males, la bendición del trabajo.

Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas: desde luego las que se anudan dentro del hogar, integrando a todos los miembros de la familia. Ahí tienes la oportunidad de convivir con todas las edades, niños, jóvenes y adultos, el perfecto muestrario de la vida. Luego ensancharás tu corazón a los amigos, con tal que los amigos no sean exclusivamente como tú. Huye del bazar de antigüedades.

No pensarás que todo tiempo pasado fue mejor: Deja de estar condenando a tu mundo y maldiciendo tu momento. Alégrate de que entre las espinas florecen las rosas. Sé positivo siempre; negativo jamás. EL ANCIANO DEBERÁ SER COMO LA LUNA, UN CUERPO OPACO DESTINADO A DAR LUZ.

La madurez de la experiencia nos dice que las barreras que surgen a lo largo de la vida no pueden impedir nuestro desarrollo; al contrario, representan una invitación a replantearnos los límites de nuestra creatividad o como diría Paulo Freire, a darnos cuenta de que somos seres en transformación y no en adaptación. A ser conscientes de lo devastador de los enfados y de las actitudes negativas y pesimistas.

Con la esperanza de no haber defraudado a mi anfitrión, y agradezco la deferencia de vuestra atención, deseando: RESPETO, ATENCIÓN, CARIÑO E INTEGRACIÓN PARA LA VIDA DE CADA DÍA DE NUESTROS ANCIANOS. SALUD Y PROSPERIDAD A TODOS.

Con mi afecto y respeto, su servidor y amigo.


Tercera Parte:

https://elevangelistamexicano.org/2020/09/30/pastoral-para-la-vejez-03/

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