Tradición y Ecumenismo Protestante

Tradición y Ecumenismo Protestante

Tradición y ecumenismo protestante.
La brújula encontrada

Artículo publicado en la revista Religiones Latinoamericanas Nueva Época en la edición enero-junio 2020.

Héctor García Escorza *

 […] la historia (es) para fortalecer y ampliar la conciencia colectiva; para hacer de la recuperación y el olvido selectivo del pasado un instrumento de identidad crítica
-Carlos Monsiváis, La Pasión por la Historia, 168

El cristianismo no desarrolla una arquitectura cristiana; nunca ha existido como tal, toma los elementos (…) que la cultura le ofrece y la utiliza en función de sus necesidades.
-Juan Anaya Duarte, El templo en la teología y la arquitectura, 114

Las instituciones educativas protestantes en México

El establecimiento de instituciones educativas por parte de las sociedades misioneras protestantes en México en las postrimerías decimonónicas fue un instrumento fundamental para establecerse en el territorio mexicano. Sin embargo, su irrestricto apego a las leyes mexicanas desde entonces y hasta hoy (1), les obligó a omitir la inclusión de espacios destinados al culto en sus instalaciones. Esto significó que ni siquiera para la formación de sus cuadros religiosos levantarán capillas en ellas. De hecho, cada una de las primeras sociedades misioneras formaba a sus clérigos en sus templos independientemente de las demás, y no es sino hasta entrado el siglo XX que se reúnen para tal fin. Esa unión institucional cambiará de nombre y de sede, sin una propia, hasta mediados del siglo pasado, en un territorio en el sur de la Ciudad de México.

Tardarán medio siglo más para conjuntar un recinto de formación teológica, la suma de cinco seminarios denominacionales unidos en una Comunidad Teológica donde, como se anota adelante, unirán esfuerzos y sumarán voluntades en el respeto de sus diferencias históricas, doctrinales y organizacionales. Es así que esta comunidad teológica de nivel universitario, por primera vez en este país, incluye un espacio-forma arquitectónico para el culto. Si bien fue edificado por la Iglesia anglicana, su intención de origen fue su aportación al conjunto ecuménico. Como se verá adelante, responde en primera instancia a lo común de los recintos de culto protestante, más que a lo específico de lo anglicano. Y así es tratado.

Para ubicarnos

Desde su llegada formal a México en el finisecular decimonónico, los heterodoxos cristianos identificados peyorativamente como protestantes, no se preocuparon en levantar instituciones educativas para formar a sus clérigos, menos, edificar capillas exclusivas para la preparación teológico-pastoral de sus líderes religiosos. Iniciaron la propagación de su expresión de fe en hogares para posteriormente edificar expresiones de servicio cristiano como escuelas, clínicas y centros de servicio social. Diríase, que primero buscaron organizar grupos de adeptos, congregaciones, para posteriormente levantar templos. Así surgieron las primeras iglesias de estos grupos en nuestro país.

En su inicio, las congregaciones estuvieron a cargo de misioneros extranjeros. Sin embargo, pronto surgieron los líderes nacionales, quienes becados en el vecino país del norte paulatinamente fueron desplazando a los extranjeros. No fue sino hasta bien iniciado el siglo XX, ante la demanda de pastores dado el crecimiento de esta nueva fe, que surgió la necesidad de organizar centros educativos para preparar ministros nacionales.

En el 2001, motivado por el centenario del templo “El Divino Salvador” de la Iglesia metodista en Pachuca, Hidalgo, surgió la reflexión sobre esa particular expresión de fe cristiana para fundamentar su devenir histórico edilicio. De hecho, fue el motivo para iniciar un proceso sobre el significado de la arquitectura de las instituciones protestantes (2) en México, que iniciaron su presencia en nuestro país en el último cuarto del siglo XIX (Bastian, 1989). Porque resulta que, hasta entonces, la reflexión e historiografía arquitectónica en nuestra patria, particularmente la religiosa, se había venido elaborando desde un paradigma reducido y limitado desde la consideración única de lo edificado por la religión hegemónica, omitiendo los testimonios edificados por otros grupos minoritarios (3). En México, apenas a partir de la obra de Israel Katzman (1973), Iván San Martín (2009) y Héctor García Escorza (2013), empiezan a aparecer y son reconocidas estas arquitecturas.

A partir de que estos grupos arribaron al suelo nacional, la edificación de sus templos ha pasado por cinco etapas distintivas, desde la apropiación y modificación de edificios originalmente erigidos para la fe católico romana, hasta el periodo contemporáneo con manifestaciones formales variadas según la denominación y la región geográfica donde se ubiquen. Para llevar a cabo esta tarea evangelizadora recurrieron, en primera instancia, a levantar templos a la usanza historicista, propia del cambio de los siglos XIX y XX, principalmente en el vecino país del norte. Pronto empezaron a formar clérigos nacionales, becados en los Estados Unidos y después formados en México. Buttler (1916) y Martínez (2015), entre otros, dan cuenta de ello ampliamente. Pero aún no hay edificios-capillas en sus seminarios.

Las primeras instituciones encargadas de formar pastores surgen en las instituciones educativas establecidas por estas mismas sociedades misioneras, como es el caso del seminario metodista (después denominado “Gonzalo Báez Camargo”) en el Instituto Metodista en Puebla, Puebla. Sin embargo, y por el celo de los cristianos heterodoxos mexicanos por el cumplimiento constitucional (4), no levantan capillas per se en estas instituciones. Habrán de transcurrir más de cuatro decenios para que los esfuerzos aislados de cada sociedad misionera que establecieran las diferentes iglesias se unan en un esfuerzo común.

Del esfuerzo por un seminario unido

Por decisión de las iglesias protestantes-evangélicas que trabajaban en la República Mexicana hacia el inicio del siglo XX, se llegó al acuerdo de cooperación inter denominacional (5) para fundar el Seminario Evangélico Unido (SEU) en la Ciudad de México. Fue 1917 el año en el que se fundó el SEU, con la colaboración de metodistas, presbiterianos, bautistas, congregacionales y discípulos de Cristo. Su primera sede fue en las instalaciones de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA, por sus siglas en inglés) ubicada en las calles de Morelos y Humboldt en la Ciudad de México. Hacia fines de los años cuarenta, cambiaron el nombre y se establecen como el Centro Evangélico Unido (CEU), con sede anexa al templo metodista “El Divino Redentor”, en las calles de República de Costa Rica y Av. Aztecas, colonia Morelos, en la Ciudad de México. Más tarde, desde fines de los años cincuenta, se mudaron a su tercera sede en la calle Lago Mask, en Polanco, la cual fue demolida lustros después por la construcción de la vialidad rápida Río San Joaquín. Este edificio fue construido exprofeso para el CEU y, aun así, aunque tuvo un espacio para actividades litúrgicas y culto, no contó con una edificación levantada como capilla.

No fue sino hasta la sexta década del siglo pasado que el CEU se convirtió en la Comunidad Teológica de México, y encuentra su actual sede al sur de la capital del país, en la zona académica inmediata al norponiente de la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) (6).

De su expresión moderna en su contexto

El contexto de lo edificado ahí tiene su origen en la lava petrificada (piedra braza) cuyos orígenes se remontan a 300 años antes de nuestra era, arrojada por el volcán Xitle al sur de la actual ciudad. Este material da una cualidad importante a toda esta micro región. La mayoría de las edificaciones en la zona son de la década de los cincuenta y sesenta del siglo XX, cuando la expansión urbana llega a esta zona. Destacan por la particular admiración y tratamiento de la piedra braza (lava) y la vegetación endémica que se convirtió en excusa para edificar arquitectura moderna de manera armónica con el lugar. Este material natural contrasta con materiales y procesos industrializados como el concreto armado, el acero y el tabique industrializado en singular armonía.

El conjunto se ubica a lo largo de la Av. San Jerónimo que desciende ligeramente de los lomeríos del sur-poniente de la ciudad en un predio irregular, donde las cinco denominaciones protestantes de origen histórico conjuntaron sus esfuerzos para generar un compacto campus teológico.

Cada una aporta, de origen, un edificio con usos específicos: aulas, biblioteca, capilla, comedor, servicios generales, etc. Los edificios están dispersos sobre el predio sensiblemente plano, sin obedecer a un esquema específico, salvo el que cada uno tiene acceso directo desde la calle. La cromática dominante en los edificios es la del tabique rojo aparente sobre un base gris de la piedra de la región. Para el caso de la capilla, lo dominante es la piedra local aparente con una cubierta también aparente de concreto.

La capilla de la comunidad teológica, el templo “San Jorge”

En el extremo oriente del conjunto se ubica el templo que tiene acceso directo desde la calle y es utilizado tanto por el Seminario Anglicano de San Andrés y la Comunidad Teológica hacia 1964. El diseño se le atribuye al Arq. José F. Valladares (7), de hecho, San Jorge es el primer edificio que se edifica en el conjunto (8). La imagen muestra el conjunto del seminario de San Andrés, edificio educativo y capilla de San Jorge.

Vista aérea de la Comunidad Teológica de México, en las inmediaciones de la Ciudad Universitaria de la UNAM. Imagen original de Google, transformada por Héctor García Escorza (HGE), 2018.

La forma del edificio en planta es singular. Lo que aparentan ser dos medios círculos desfasados que enfatizan el acceso y salida y definen el espacio interior, en realidad son dos espirales áureas, dos nautilos, cubiertos por una losa de concreto armado que cae cónicamente, seccionada, partiendo de un zuncho elevado. La arquitectura de San Jorge viene a romper el paradigma de la arquitectura religiosa protestante, particularmente la historicista tan arraigada en México. Responde, en sus características formales, a una arquitectura moderna, coherente a la de la zona, vinculando armónicamente la piedra y el concreto armado, ambos aparentes. En lo formal, el santuario en sí, responde a las cualidades características de los templos reformados. Responde también a valores simbólicos asociados a los principios litúrgicos desprendidos del primer mandamiento bíblico (9) y a las distintas modalidades culticas.

Conjunto del Seminario de San Andrés (1063), al sur de la Ciudad de México: 1. Acceso, 2. Atrio y cruz, 3. Acceso al templo, 4. Templo de San Jorge, 5. Seminario San Andrés. Imagen de origen, Google 2014, transformada por HGE.

El lugar de la palabra constituye el eje de su composición arquitectónica. Este significativo espacio litúrgico lo integran la austeridad de su edificación y la claridad de los espacios donde se celebra el culto; la limpieza de sus muros al igual que sus fachadas, ausentes de ornamentación, junto con lo racional de sus estructuras, que así manifiesta su ascetismo y austeridad.

Acceso al templo con base de la cruz atrial al frente. Contraste armónico entre dos piedras: la natural (braza-gris) y la artificial (concreto-blanco). Archivo HGE, 2018.

La abundante luz natural de la linternilla cenital baña el espacio con el diáfano mensaje liberador, sin mayor maquillaje que sus sencillas ventanas laterales que perforan los muros pétreos, coloreadas en tinte amarillo quemado que simplemente acentúan el ambiente litúrgico del espacio. Así, esta primera expresión del protestantismo que en México rompe con los formalismos históricos, conserva: “el principio del “espacio sagrado vacío” reformista para generar el ambiente propicio a la adoración, sin recurrir a elementos adicionados o sobrepuestos a la edificación”, según Paul Tillich (1962:130).

Ambiente del espacio formal con la linternilla central desde donde pende el crucifijo sobre el presbiterio. Las trabes que soportan la losa y sostienen la linternilla son acusadas para enfatizar la forma y altura. Al fondo, el muro pétreo con ventanas-vitrales en vanos irregulares. Imagen, Archivo HGE, 2018.

De hecho, la calidad de San Jorge, su carácter esencial de espacio sagrado, es mucho más que la forma misma, que la planta arquitectónica que viene a romper el paradigma clásico de los templos ortodoxos protestantes; más que la zonificación, el acomodo del mobiliario- más que sencillo-austero, la iconografía y el apropiado equipo litúrgico, es crear un ambiente del espacio formal que propicia la comunión con Dios. Mucho tiene que ver el manejo de la luz, transparente, como lo es la verdad del evangelio, desde su penetración superior para bañar el espacio-forma todo. Es esta una expresión formal propia de los espacios vacíos sagrados protestantes. Así, constituye las características formales comunes y asequibles para su uso por las demás integrantes de esta comunidad teológica, menos rigurosas que la liturgia anglicana.

Las trabes que soportan la cubierta enfatizan su trabajo estructural partiendo de una perforación central cenital que ilumina y domina el espacio todo. El edificio está edificado a base de muros de piedra braza gris en sillares irregulares, con una estructura de concreto armado aparente. Los muros curvos tienen perforaciones irregulares con vitrales coloridos no figurativos.

Los fundamentos espaciales de la arquitectura de San Jorge mantienen un lenguaje arquitectónico sencillo, innovador para su tiempo histórico, dándole nueva interpretación al “vacío sagrado” que le es característico, con los materiales propios de la región con la piedra artificial, el concreto, característico de la arquitectura de mediados del s. XX.

Pareciera incongruente y contradictorio que San Jorge (anglicano) sea, en la Comunidad Teológica de México ─la iglesia más cercana a la liturgia del catolicismo romano─ la primera en México en romper con el historicismo adoptado por los protestantes mexicanos en sus primeras etapas, y prácticamente durante un siglo. Por otro lado, guarda la lógica de la innovación paradigmática en un ambiente, un seminario, donde se preparan a los pastores del futuro, al que hay que entender desde una nueva óptica. Es el principal centro de adoración de singular comunidad teológica inter-denominacional, por no precisar ecuménica. Y más que responder a lo específico de la fe anglicana, responde a las necesidades ecuménicas de la comunidad teológica.

Elemento escultórico que simboliza una cruz atrial, ubicada al centro del conjunto del Seminario de San Andrés. Archivo HGE 2018.

El principal símbolo cristiano visible desde el exterior se levanta como un elemento escultórico de concreto armado que obvia una cruz, sin serlo. Se ubica en el centro del atrio y opuesto al acceso al templo, frente al acceso al conjunto. Está “cruz”, está resuelta a partir de dos volúmenes unidos en su base, una mitad en positivo y la otra mitad en negativo.

En síntesis

Según Tillich (1962:124), “servir de marco a la congregación reunida para escuchar la Buena Nueva del Nuevo Ser y para contestarle en oración y adoración es la consideración básica del templo protestante”, como en este caso San Jorge. En efecto, el lugar de la palabra (lectura, exposición y reflexión sobre pasajes bíblicos aplicados a situación específica), constituye el eje de la composición arquitectónica; sin más: “La palabra por sobre el sacramento”.

Como tal vez ningún otro grupo religioso, la arquitectura de los heterodoxos protestantes mexicanos de los últimos cincuenta años está más vinculada a la diversidad de los grupos sociales que la edifican, que, a la voluntad estética de sus diseñadores, que a una corriente arquitectónica particular o a cualquier elemento normativo que le guíe. Los fundamentos espaciales de su arquitectura se mantienen en lenguaje arquitectónico sencillo, contemporáneo, dándole nueva interpretación al “vacío sagrado” que les es característico. En este sentido, San Jorge es ejemplo claro que expresa tanto a su congregación específica, la anglicana, como a toda una comunidad de enseñanza y reflexión teológica inter denominacional que pugna por innovar su interpretación teológica, complementada por una expresión arquitectónica acorde a su tiempo histórico.


BIBLIOGRAFÍA

  • ANAYA DUARTE, J. (1996). El templo en la teología y la arquitectura. México: Universidad Iberoamericana.
  • BASTIAN, J. P. (1989). Los Disidentes: Sociedades protestantes y revolución en México. México: FCE.
  • BUTTLER, J. W. (1918). History of the Methodist Episcopal Church in Mexico. New York: The Methodist Book of Concern.
  • GARCÍA ESCORZA, H. (2013). Para una historiografía incluyente. La Arquitectura de las Heterodoxias Protestantes Mexicanas, 1870-1930 (tesis inédita de doctorado). México: FA-BUAP.
  • —– (2005). Los templos de origen reformado en la prédica evangélica contemporánea. Ponencia presentada en el XV Congreso Latinoamericano sobre Religión y Etnicidad, Asociación latinoamericana para el Estudio de las Religiones. Puerto Rico.
  • KATZMAN, I. (1973). Arquitectura del Siglo XIX en México. México: UNAM.
  • MARTÍNEZ GARCÍA, C. (2015). Albores del Protestantismo Mexicano en el siglo XIX. México: CUPSA/ Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano.
  • MONSIVÁIS, C. (1989). La Pasión por la Historia en: PEREYRA, C. ¿Historia para qué? México: Siglo XX Editores.
  • SAN MARTÍN CÓRDOVA, I. (2009). Nuevos cultos, viejos espacios y el espectáculo de lo sagrado. En: KRIEGER P. /SAN MARTÍN I. (comp). Sacralización, culto y religiosidad en la arquitectura latinoamericana:1960-2010. México: UNAM.
  • —— (2012). Tradición, ornamento y sacralidad, La expresión historicista del s. XX en la Ciudad de México. México: UNAM.
  • SANTA BIBLIA, (1960). México: Sociedades Bíblicas en América Latina.
  • TILLICH, P. (1962). Contemporary Protestant Architecture. En: CHRIST- JANER A. / MIX FOLEY M. (ed.) Modern Church Architecture. Toronto: McGraw-Hill.

NOTAS

  1. Donde se prohíbe incluir referentes religiosos, ceremonias, educación o cualquier elemento alusivo, en la educación básica, media y media-superior. Constitución Mexicana, art. 3º, inciso I.
  2. Así fueron identificados los primeros grupos de cristianos no católicos romanos que llegaron a México tras el triunfo de la república y consolidación del movimiento liberal mexicano.Cinco fueron las primeras “denominaciones” protestantes que llegaron, incluidas dos ramas del metodismo, a partir de sus diferencias doctrinales, políticas, organizacionales, o variantes litúrgicas, conservando la unidad de la Biblia como base doctrinal, la fe gratuita y la salvación personal. Cincuenta años después prefirieron llamarse “evangélicos”. En su tesis doctoral, García Escorza, (2013), ha preferido distinguirlos como “heterodoxias cristianas” en respuesta del concepto de “hermanos separados” común en la iglesia hegemónica a partir del Concilio Vaticano II. 
  3. Puede asistir un razonamiento histórico en que los primeros ejemplos arquitectónicos fueron impuestos hace más de 500 años mientras que los últimos a partir del s. XIX.
  4. Véase la Constitución Mexicana.
  5. A través del Plan de Cincinnati, celebrado en la ciudad estadounidense del estado de Ohio, donde participaron las sociedades misioneras protestantes de herencia reformada con trabajo en México.
  6. Los seminarios que integran la Comunidad Teológica de México son; el Seminario “Dr. Gonzalo Báez Camargo” de la Iglesia Metodista de México, el Seminario Bautista, el Seminario de la Iglesia Reformada (Presbiteriano), el Seminario Luterano de Augsburgo y el Seminario Anglicano de San Andrés.
  7. De origen presbiteriano, quien más tarde diseñará también el templo presbiteriano, Puerta de Salvación, en el cercano Coyoacán con semejantes cualidades constructivas y formales.
  8. El templo fue construido por la Iglesia Anglicana de México para su Seminario de San Andrés, y la utiliza la congregación de San Jorge semanalmente.
  9. “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra”. Éxodo, 20, 3-4. (Revisión 1960 SBAL).

REFERENCIA

García-Escorza, Héctor. (enero-junio 2020). Tradición y ecumenismo protestante. La brújula encontrada. Religiones Latinoamericanas Nueva Época, N. 5, 77-92.


* Dr. Héctor García Escorza. Arquitecto y Maestro en Enseñanza Superior por la UNAM, doctor en Procesos Territoriales: Región, Ciudad, Arquitectura y Patrimonio por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Es profesor de carrera titular de tiempo completo en el Centro de Investigación Multidisciplinaria de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM, donde desarrolla la línea de investigación sobre la arquitectura de los grupos minoritarios en México-los religiosos, empezando por su tesis doctoral, Para una arquitectura incluyente: La Arquitectura de las Heterodoxias Protestantes Mexicana, 1870-1930, desarrollando la temática en diversos foros nacionales y extranjeros.

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