Ecumenismo

María Teresa Brachetta

PROYECTO: DICCIONARIO DEL PENSAMIENTO ALTERNATIVO II

 

Ecumenismo Latinoamericano

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El ecumenismo ha sido definido por Julio de Santa Ana como “el intenso empeño que algunos sectores sociales han manifestado por derribar las barreras que dividen a las naciones, las culturas, las razas, los sistemas político-ideológicos, a los hombres y a las mujeres, así como también a las iglesias”. A través de ese empecinamiento por la unidad de quienes coexisten en el mundo habitado fue tomando forma el “movimiento ecuménico” que –como señala el autor uruguayo- no es exclusivo de las comunidades eclesiales, aunque ha encontrado entre ellas sus mejores exponentes, sus militantes más activos y consagrados.

Desde una perspectiva un poco más restringida el ecumenismo puede ser entendido como el movimiento que, nacido del seno de las comunidades eclesiales, trabaja por la unidad y la reconciliación de las iglesias cristianas, como expresión de la universalidad del cristianismo y como signo visible para mantener la fe. No se trata sólo de una mayor tolerancia, o incluso de benevolencia y amistad entre cristianos (que también son presupuestos irrenunciables), sino de un movimiento encaminado hacia la reconciliación entre las diversas Iglesias cristianas, con el fin de que puedan dar un testimonio más creíble de reconciliación en el mundo. Como ha señalado recientemente uno de los fundadores del movimiento ecuménico latinoamericano el Obispo metodista Federico Pagura: “el movimiento ecuménico demostró ser la respuesta fiel al imperativo evangélico de que todos sean uno para que el mundo crea”. No obstante, se puede afirmar que el movimiento ecuménico ha trascendido el límite de la práctica eclesial y su larga experiencia dibuja, como señalara Oscar Bracelis, “su verdadero rostro: la respuesta de muchos al escándalo de la división entre los cristianos y más allá, entre todos los hombres”.

Surgido en principio como un movimiento de unificación entre protestantes, evoluciona a lo largo del siglo XX como una agrupación que reúne a los cristianos, luego incluye en sus relaciones a distintas religiones y finalmente se piensa como incorporando a todos los hombres comprometidos con generosidad en la superación de situaciones de desigualdad o injusticia social y discriminación social, racial, religiosa, sexual y en la defensa de los derechos humanos. En la agenda ecuménica de la actualidad entran no solamente las confesiones cristianas, sino también la familia abrahamámica, con el judaísmo y el islamismo. También abarca lo que Pedro Casaldáliga llama “macro-ecumenismo”, las religiones de los pueblos originarios de América y las grandes religiones universales, las orientales, y de modo especial las afro-americanas. Muchas y diversas resultan ser las fórmulas para la unidad, pero lo que hegemoniza la preocupación del movimiento ecuménico pasa esencialmente por lograr comunidad en el testimonio, en el servicio, y sobre todo, en la actividad pastoral.

Diversas investigaciones sitúan los orígenes del movimiento ecuménico a principios del siglo XIX, sin embargo su despliegue y desarrollo se dará durante el siglo XX, alcanzando su madurez en los años sesenta y setenta. Un movimiento que, desde la conferencia de Edimburgo de 1910, imbuido de la preocupación misionera de expandir el mensaje evangélico, centralmente protestante y occidental, se deja interpelar por el pluralismo cultural de la periferia europea y del Tercer Mundo. Recusando los nacionalismos y racismos imperantes durante las décadas del ’30 y ’40 en Europa, constituye el Consejo Mundial de Iglesias en 1948 en Amsterdam, fruto de un arduo trabajo de más de 20 años de comisiones de trabajo cooperativo. El CEI (Consejo Ecuménico de Iglesias) o CMI (Consejo Mundial de Iglesias) se define a sí mismo como “una comunidad de Iglesias”, no pretende ser una “supe iglesia”, sino un espacio eclesial que crea las condiciones para que las Iglesias estén en contacto vivo entre sí, una comunidad fraterna, una koinonía (comunión) de Iglesias.

El giro doctrinal y pastoral fundamental del Concilio Vaticano II significará la apertura ecuménica de la Iglesia Católica Romana. El pronunciamiento por un sentido más agudo de la misión en términos de servicio, una relación no ya de antagonismo, sino de solidaridad con el mundo en el que tiene que actuar, una relación de diálogo y de búsqueda activa de la unidad con las otras comunidades cristianas y una relación de diálogo y de colaboración también con las grandes tradiciones religiosas de la humanidad, que manifiestan los documentos conciliares, se concretarán con la sanción de decreto conciliar “Unitatis Redintegratio” (1964), considerado por la mayoría de los estudiosos como la manifestación clara del compromiso de la Iglesia católica con la causa ecuménica.

En Latinoamérica el movimiento ecuménico también ha dado muestras a lo largo del siglo XX de progresar crecientemente desde la inicial vocación misionera, a la construcción y búsqueda de una unidad que comprometa a las comunidades eclesiales en la superación de las estructuras de injusticia, desigualdad y opresión que han caracterizado la realidad continental. Ha resultado central en este proceso la construcción de una conciencia y una identidad común de las iglesias latinoamericanas, que han tenido como protagonistas a las iglesias evangélicas, reunidas primero en el Comité de cooperación latinoamericana (CCLA) y luego en la constitución de distintas instituciones reconocidas por su compromiso en la renovación religiosa, como el ULAJE (Unión Latinoamericana de Juventudes Ecuménicas) en 1941, el UNELAM (Unión Ecuménica Latinoamericana ) en 1944, la CELADEC (Comisión Ecuménica de Educación Cristiana) o también la constitución de ISAL (Movimiento Iglesia y sociedad en América Latina en 1941. La década del ’60, que señaló el surgimiento en el cristianismo latinoamericano de una nueva visión y la necesidad de cambios estructurales frente a la situación general de subdesarrollo en la que se hallaba sumido el continente. Esta tendencia creció amparada sin duda en la nueva actitud que había asumido la Iglesia católica como resultado de las conclusiones del Concilio Vaticano II y de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrada en Medellín, Colombia (1968).

ecum.latinoamLas asambleas de Puebla (Iglesia Católica) y Oaxtepec (Iglesias protestantes) a fines de los ’70, y la formación del CLAI (Consejo Latinoamericano de Iglesias) refuerzan la vitalidad del movimiento ecuménico que deberá enfrentar el duro embate de las dictaduras que asolan a Latinoamérica en los ’70 y los ’80, cumpliendo un papel decisivo en la resistencia, la protección de los perseguidos, la reivindicación y defensa de los derechos humanos. La represión dictatorial y el asedio a los valores de la solidaridad y el compromiso que han supuesto la implantación de modelos neoliberales excluyentes han dejado su huella en el movimiento ecuménico en los ’90. Sin embargo el agravamiento de la situación de los países por la implantación del capitalismo salvaje está volviendo a sacudir a las comunidades eclesiales, como ha señalado Federico Pagura “sacándolas de su larga siesta, para asumir la responsabilidad que nos cabe en atender a las víctimas de este sistema. En alertar y denunciar todo el daño que el sistema produce, no sólo a la vida de la gente, sino por convertirse en un genocidio social”.

El ecumenismo, como todo movimiento rico y plural, suscita y contiene en su interior una serie de debates que han ido creciendo y alimentándose a lo largo de casi ya un siglo de historia; estos debates, que tienen como eje la dialéctica entre la dinámica del movimiento y su institucionalización. Entendido muchas veces como movimiento para eclesial, no obstante ha desarrollado un conjunto de estructuras institucionales que son hoy herramientas fundamentales en la consolidación del movimiento. En este proceso se han desplegado diferentes debates. Desde los que aportan para encontrar fórmulas de unidad en lo teológico y doctrinal, pasando por aquellos más preocupados en la construcción de prácticas pastorales y de culto que estimulen el encuentro, la cooperación y el diálogo. Estos sectores sienten como un desafío penetrar a las iglesias oficiales y sobre todo a las jerarquías, cual espíritu ecuménico. Desde una perspectiva más radical, el destino del ecumenismo no fluye principalmente por las superestructuras eclesiales y las curias sino, por las comunidades de base, pequeñas organizaciones y grupos de estudio, en los que cristianos y gentes de diferentes religiones o ideologías se encuentran entre sí, en torno a mensajes que redescubren y a compromisos concretos. Para estas visiones más críticas el peligro del ecumenismo oficial se halla en la burocratización de sus estructuras, en el énfasis que se pone en la unidad institucional y en el centramiento eclesial, que nunca debería estar por encima del compromiso y el servicio en la lucha por la justicia. Sin agotar la totalidad de perspectivas cabe agregar a quienes desde una mirada latinoamericana abogan por un ecumenismo “desde abajo”, que reúna las experiencias del ecumenismo interpretativo (unidad doctrinal) y del ecumenismo práctico (experiencia de servicio a la liberación) y que asumiendo la conflictividad que atraviesa tanto a las jerarquías de las iglesias como a la base, permita el despliegue del maravilloso fruto que surge de la experiencia de compromiso con los pobres. En este sentido piensan que la reflexión teológica latinoamericana -más concretamente la teología de la liberación- testimonia sobre una fe que se deja interpelar permanentemente por esa práctica de compromiso con los excluidos.

Fuentes: CEDEP (Centro de Documentación, Estudios y Publicaciones) Fundación Ecuménica de Cuyo, Oscar Bracelis (comp.), El ecumenismo. Serie Cuadernos de Pastoral I: El Ecumenismo y Serie Cuadernos II: El movimiento ecuménico y los grandes problemas del mundo, Mendoza, 1982; Julio de Santa Ana, Mauricio López, Homo Oecumenicus, en: Mauricio A. López, Los Cristianos y el cambio social en la Argentina, Mendoza, APE –FEC, 1989; AA. VV., Puebla y Oaxtepec. Una crítica protestante y católica, Buenos Aires, Tierra Nueva, 1980; Julio Barreiro, Oscar Bolioli y Jorge E. Monterroso, El futuro del ecumenismo en América Latina, Buenos Aires, Tierra Nueva, 1977; Zwinglio Dias, “Evaluación crítica de la práctica ecuménica latinoamericana”, Cristianismo y sociedad, nº 60; Carlos Arboleda Mora, El Ecumenismo en preguntas, http://www.seminariomies.org.co/; Manuel Lasanta Ruiz, El Ecumenismo, http://www.angelfire.com.co/; Luis E. Odell, “Setenta y cinco años de ecumenismo en América Latina 1913-1988”, Pasos, nº.25, Costa Rica, DEI (Departamento Ecuménico de Investigaciones), 2004.