En Chiapas, México
Queman campamento
de refugiados evangélicos
Allí vivían 27 familias evangélicas, a las que los mismos católicos tradicionalistas ya habían prendido fuego a sus viviendas el pasado junio.
FUENTES Milenio México 02 DE OCTUBRE DE 2014 00:30 h
El campamento de familias evangélicas en Mitzitón tras el incendio / Milenio Católicos tradicionalistas de la comunidad Mitzitón destruyeron en la mañana de este jueves un campamento de 27 familias evangélicas que habían sido previamente expulsadas de sus hogares, apresando a varios de ellos para trasladarlos a la Cárcel Rural de Mitzitón
Las familias evangélicas ya habían visto arder sus viviendas el pasado 29 de junio de este 2014, por lo que habían acampado en las carpas que de nuevo han sido destruidas por el fuego. La Secretaría de Gobierno de Chiapas, cuyo titular es Eduardo Ramírez Aguilar, se había comprometido a reubicar a las familias evangélicas expulsadas, sin embargo, no se cumplió el acuerdo. Los católicos tradicionalistas y presuntos simpatizantes del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) de esa localidad pretenden erradicar a la comunidad cristiana protestante definitivamente.
EL ASALTO
Los hechos se registraron alrededor de las 07:15 horas cuando un grupo de católicos tradicionalistas, presuntos miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, irrumpió en el refugio improvisado quemando las dos carpas que formaban todo su techo. Según versiones de testigos, las cinco personas que fueron apresadas son cuatro mujeres y un periodista que se encontraba en el lugar.
En España
Unamuno contra la intolerancia religiosa
El caso del pastor Atilano Coco fue el detonante para que Miguel de Unamuno actuara de manera diferente.
AUTOR Jacqueline Alencar
05 DE OCTUBRE DE 2014 18:40 h
Unamuno sale del Paraninfo de la Universidad salmantina, tras enfrentarse al Gral. Millán Astray
En estos días que en diversos medios de comunicación de la ciudad se publican noticias alusivas a Unamuno, con motivo de la celebración de los 150 años de su nacimiento, busco entre mis libros y publicaciones, que guardo como un tesoro, un pequeño librito titulado Atilano Coco. Mártir del siglo XX, que contiene el discurso de Patrocinio Ríos, profesor de Literatura Española en un instituto madrileño, y que tiene varios trabajos sobre Unamuno, entre ellos su libro El reformador Unamuno y los protestantes españoles (Clie 1993), con motivo de la inauguración oficial de una casa, en el año 2005, «que ostenta públicamente el nombre de Atilano Coco».
Dice, en ese mismo opúsculo, P. Ríos: «Y me complace porque participar en la inauguración oficial de una institución como ésta, levantada en honor y en memoria del presbítero Atilano Coco, es ponerse de lado de los inocentes y de los limpios de corazón». Gracias a esa pequeña publicación, tuve conocimiento de la relación entre Unamuno y Atilano Coco, pastor de la Iglesia Española Reformada.
Y al adentrarme en la historia que se relata en la misma, pude constatar el cambio radical que se produjo en Unamuno, que si bien en los inicios del levantamiento nacional lo apoyó, dada la situación caótica en que se encontraba España, en octubre del 36 ya había comprobado los desmanes de dicho movimiento.
El pastor anglicano (IERE) Atilano Coco El caso de Atilano Coco fue el detonante para que actuara de manera diferente. Además, la fe religiosa de Unamuno había experimentado un cambio debido a sus profundas lecturas de las Escrituras y de los teólogos protestantes centroeuropeos, Kierkegaard, entre ellos.
Coco nació en Guarrate (Zamora), el año de 1902. Desde el año 1929 era el responsable de la congregación existente en Salamanca. Con el levantamiento del general Franco fue encarcelado el 1 de agosto de 1936. Por ser protestante y masón.
Son conocidas las gestiones que realizó Unamuno en favor de su liberación, pues estaba seguro que su detención y encarcelamiento resultaba una absoluta injusticia. Solo quiero destacar que entre las tantas actitudes que ensalzan a Miguel de Unamuno, una de ellas es la de su valentía a la hora de defender las causas justas, aun en medio de peligrosas circunstancias. Podía haberse quedado quieto y callado para gozar de tranquilidad y disfrutar de su prestigio.
Es de todos conocido, cómo fueron los últimos tiempos del Rector en la Salamanca de la represión. Una actitud ejemplar, y eso que décadas atrás se le había abierto proceso de excomunión por parte del obispo de Salamanca, el padre Cámara. Resultaría raro que la lectura de los evangelios no haya sido fructífera. Sobre todo en alguien que realizó comentarios como éste: «Una vez más, y no será la última, tengo que repetir lo vergonzoso y degradante que resulta el que en un país que se dice cristiano no haya leído el Evangelio la inmensa mayoría de los hombres que por cultos se tienen y que en cambio se cuelguen al cuello de los niños, a modo de amuleto, trocitos del Evangelio en latín…». Aunque Atilano Coco no sobrevivió, pues fue fusilado el 9 de diciembre de 1936, D. Miguel no se quedó de brazos cruzados, arriesgándolo todo en busca de justicia para su prójimo.
Cabe recordar que Protestante Digital tiene un premio muy conocido, bajo el nombre Unamuno, amigo de los Protestantes.
Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/34085/Unamuno_contra_la_intolerancia_religiosa
Beguinas
(La intolerancia no es sólo contra evangélicos protestantes…
también los de casa)
Tuvieron dos siglos de expansión rápida pero las denuncias de herejía las frenaron cuando la Iglesia empezó a ver que atraían donaciones “que les pertenecían”.
TUS OJOS ABIERTOS
AUTOR Isabel Pavón
26 DE SEPTIEMBRE DE 2014 12:48 h
Les Béguines de la ville de Goes, Hollande, à l’office de Cecil Jay.
Las beguinas formaban grupos de mujeres cristianas que vivían con sencillez y se dedicaban a cuidar y defender a los más necesitados como ancianos, enfermos, mujeres o niños. Llegaron a contar con miles de integrantes. Cada grupo era autónomo y se regía por sus propias normas. Eran laicas y, aunque lo que deseaban era vivir el evangelio, su labor molestaba al clero. Rivalizaban con el poder eclesiástico y el patriarcado. Oraban y servían a los demás en la pobreza. Solían instalarse cerca de los hospitales.
También consagraban su vida al estudio intelectual. Se organizaban ellas mismas. Trabajaban para conseguir su sustento sin depender de los varones. Además, contaban con la libertad de poder dejar la asociación si querían casarse. La filosofía del grupo se extendió por Europa y llegaron a ser miles de integrantes, formándose grupos también masculinos, llamados begardos.
Tanto los varones como las mujeres fueron perseguidos, aunque ellas eran más numerosas. Las que sobrevivieron fueron obligadas a enclaustrarse como monjas. Según un artículo de El País escrito por Alba Tobella el 24 de abril de 2013, muere la última beguina. Este es el contenido de tan interesante escrito: Murió mientras dormía sin saber que cerraba la última puerta de la existencia de las beguinas. La hermana Marcella Pattyn, fallecida el 14 de abril a los 92 años, era la última representante de la una de las experiencias de vida femeninas más libres de la historia, según los expertos.
En la Edad Media, entre la rigidez de los estamentos religiosos, empezaron a aparecer comunas de estas mujeres que iban por libre, eran democráticas y trabajaban para obtener su propio alimento y hacer labores caritativas. Eran comunidades de mujeres espirituales y laicas, entregadas a Dios, pero independientes de la jerarquía eclesiástica y de los hombres. Surgieron en un momento de sobrepoblación femenina, cuando dos siglos de guerras habían acabado con una gran proporción de los hombres y los conventos estaban colmados como la alternativa al matrimonio o a la clausura. Corría el siglo XII y las comunidades de beguinas, mujeres de todas las clases sociales, empezaron a extenderse en Flandes, Brabante y Renania.
Gracias a las labores que hacían para la comunidad, eran enfermeras para los enfermos y desvalidos y maestras para niñas sin recursos, e incluso fueron responsables de numerosas ceremonias litúrgicas, muchas familias adineradas les dejaban herencia y mujeres ricas se instalaban en beguinajes. La mayoría de hermanas practicaban algún arte, especialmente la música –Pattyn tocaba el banjo, el órgano y el acordeón-, pero también la pintura y la literatura. Los expertos consideran a poetas como Beatriz de Nazaret, Matilde de Madgeburgo y Margarita Porete precursoras de la poesía mística del siglo X VI, además de las primeras en utilizar las lenguas vulgares para sus versos en lugar del latín. Vivían en celdas, casas o grupos de viviendas, declaradas patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998, y podían abandonarlas en cualquier momento para casarse y formar una familia, pero a nivel espiritual no se casaban con nadie más que con Dios y los más desfavorecidos.
También formaban partes de estos grupos mujeres casadas que se identificaban con el deseo de llevar una vida de espiritualidad intensa en los beguinajes de sus ciudades. Elena Botinas y Julia Cabaleiro definen el movimiento en Las beguinas: libertad en relación como lugar espiritual y pragmático a la vez, que rompe con la diferenciación que la Iglesia imponía entre la oración y la acción: “Un espacio que no es doméstico, ni claustral, ni heterosexual. Es una espacio que las mujeres comparten al margen del sistema de parentesco patriarcal, en el que se ha superado la fragmentación espacial y comunicativa y que se mantiene abierto a la realidad social que las rodea, en la cual y sobre la cual actúan, diluyendo la división secular y jerarquizada entre público y privado y que, por tanto, se convierte en abierto y cerrado a la vez”, explican.
Beguinaje de Saint-Amandsberg (Gante, Bélgica) © OUR PLACE The World Heritage Collection UNESCO
Según la versión más extendida, un grupo de mujeres construyeron el primer beguinaje en 1180 en Lieja (Bélgica), cerca de la parroquia de San Cristóbal y adoptaron el nombre del padre Lambert Le Bège. Otras versiones apuntan a que “beguina” significa, simplemente, rezadora o pedidora (de beggen, en alemán antiguo, rezar o pedir) e incluso, en la versión menos compartida entre los historiadores, a que su existencia se remonta al año 692, cuando santa Begge habría fundado la comunidad.
Tuvieron dos siglos de expansión rápida pero las denuncias de herejía las frenaron cuando la Iglesia empezó a ver que atraían donaciones “que les pertenecían”. Se instalaron en todas las grandes ciudades francesas y alemanas, pero la persecución las hizo volver a recogerse en Bélgica, de donde venían. Pagaron por las libertades que habían adquirido, económica, social y religiosa incluso con la muerte. Marguerite Porete fue quemada viva en 1310. Las acusaban de aturdir a los monjes y de encandilarlos cuando acudían a confesarse a los monasterios vecinos y las trataron como a las únicas mujeres libres de la época: las brujas.
“El movimiento de las beguinas seduce porque propone a las mujeres existir sin ser ni esposa, ni monja, libre de toda dominación masculina”, explica Régine Pernoud en el libro La Virgen y sus santos en la Edad Media. Y así como sedujo a las mujeres, inquietó a los hombres. Con sus conquistas volvieron a casa. Regresaron a los Países Bajos y Bélgica, aunque resistieron algunos beguinajes alrededor de Europa. La mayor comunidad se recluyó en un gran beguinaje en Cortrique la población del sur belga donde murió Marcella Pattyn la semana pasada. Después de que su modo de vida sin reglas y sin amos hubiera enfurecido a los garantes del orden, renunciaron a cierto radicalismo y optaron por convivir con la Iglesia para asegurarse la subsistencia, durante siglos, hasta morir hoy en silencio.
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