Migrantes en Apaxco

APAXCO

María Teresa Martínez

barra

“Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros; y lo amarás como a ti mismo, porque extranjero fuiste en la tierra de Egipto” (Levítico 19:34)

La primera vez que vi la palabra Apaxco, fue en un negocio de materiales para construcción; en bultos grandes se leía Cementos Apaxco. La fábrica de Apaxco, si bien ha cambiado su nombre, se localiza en esta comunidad, del Estado de México; poblado donde la Iglesia Metodista tiene significativa presencia.

Nuestra iglesia es pequeña y hermosa, especialmente, cuando contemplamos los árboles a través de los grandes ventanales. El pastor Israel López Pérez dirige esta iglesia del Rey de reyes, llamada nada más y nada menos, que Santísima Trinidad, la iglesia que día con día permite pernoctar durante una noche a migrantes centroamericanos.

Jóvenes en búsqueda del Sueño Americano, viajan desde sus países, o bien, de nuestro país, y en Tabasco y Chiapas abordan el tren hacia las fronteras de Laredo y Reynosa. El tren que conocemos como “La Bestia” cruza Apaxco, y el amoroso corazón de esta iglesia les comparte alimentos, les permite refrescarse con un baño y, si es posible, les regala ropa.

Nuestra primera asociación con los migrantes, en el universo cristiano, son los relatos del libro de Éxodo. Nos conmueven sus vivencias, cuántos soñaron con la tierra prometida y fallecieron en el camino, y cuántas penalidades vivieron los que sí llegaron y encontraron pronta muerte por tanto padecer.

Ni el mismo Jesús pudo evitar la migración: La familia de José, esposo de María, tuvo que salir de Belén, Judea, para refugiarse en Egipto y así evitar la muerte; el mandato de Herodes, era asesinar a todos los pequeñitos desde los recién nacidos hasta los que tuvieran dos años.

Migrar es un verbo ligado al dolor como clara tendencia, salvo sus honrosas excepciones. Se migra por salvar la vida, ya sea que se trate de asilo político o bien, de pobreza. Los diarios contienen noticias de migrantes en todo el mundo; casi siempre se trasladan a Canadá, Estados Unidos o quizás a países europeos de economía fuerte; hacen caso omiso de los terribles riesgos, por su ríspida realidad.

México conjuga el verbo migrar y duele profundamente; el desempleo origina movimientos migratorios severos. También grupos de niños sin padres cruzan la frontera. ¡Nuestros niños de la calle, nuestra cruenta realidad!, adolorida en las fronteras, y por supuesto, en la Ciudad de México ¿y en cuántas ciudades más? El número de personas que vive en la calle en este México nuestro, realmente es alarmante.

La mayor parte de migrantes a Estados Unidos son mexicanos. Actualmente un candidato a la presidencia de EUA finca el eje de su campaña en agredir a los migrantes mexicanos. La simpática película “Un Día sin Mexicanos”, describe una arista de este fenómeno migratorio. Nuestros coterráneos corren riesgos de muerte y de ser utilizados en la más degradante forma, al migrar. Paralelamente, migrantes centroamericanos en México se exponen a muerte, secuestros y a ser utilizados para traslado de drogas.

La hermana Graciela Cedillo nos relata el nacimiento de este servicio que se hace en el nombre del Creador: Hace tres años, comenzó a llevar alimentos a las vías del tren, y si los migrantes acudían al templo, se les brindaba apoyo económico. La sensible Mari escucha atenta y contenta el sentido relato. Hoy, Graciela celebra que en el salón social del templo se cobije una noche a estos jóvenes que viajan en “La Bestia”. La edad de muchos es de 15 a 17 años; casi todos de origen hondureño.

Las tareas de la hermana Cedillo, son sorprendentes, ha sido un conducto del amoroso Creador para vincularse con asociaciones filantrópicas que, de manera continua, brindan apoyo a esta iglesia. No obstante, dicho servicio encara retos crecientes, día con día y de vez en vez, escasean los recursos.

El amable Pastor López Pérez con precisión expresa: “La iglesia debe estar preparada para abrazar este ministerio”. Abrazar, hermoso verbo. El pastor, contento, nos dice: “Este ministerio, es un regalo de Dios. Treinta metros nos separan de las vías de “La Bestia”, por lo que fácilmente los migrantes llegan al templo, y su presencia nos sensibiliza, y con gozo les compartimos el amor de Cristo Jesús”.

Acudí a la Conferencia Anual de México, organizada por la Iglesia Metodista de México, A. R., y fue encantador. Conocí maravillas de nuestra iglesia, fue grato escuchar a la hermana Graciela. Ella hoy nos platica mil y una cosas, y desde luego, nos habla de las donaciones de Las Legiones Blancas de Servicio Cristiano, y también nos cuenta de La Sociedad Misionera Femenil de la Iglesia Metodista de Satélite que les llevó medicamentos al iniciar 2015.

A propósito de medicamentos, el pastor, recién llegado a La Santísima Trinidad nos cuenta: “En este momento sólo tienen un poco de antibiótico y requieren más cantidad y más variedad de medicinas”; y entonces nos dice que el Señor les ha librado de la chinkongunya, mal que afecta con frecuencia el territorio tabasqueño, así como al chiapaneco. Sin embargo, considera importante estar preparados con antibiótico para detenerla, en caso de que la porten los viajeros de esta historia.

Somos un solo cuerpo en Cristo Jesús, y suena bien, pero considera la siguiente solicitud de apoyo que nos hacen nuestros hermanos de Apaxco: Playeras, calcetines, pantalón de mezclilla, tenis, gorras, agua embotellada, arroz, frijol, azúcar, café, atún, sardinas, sopa de pasta, galletas, medicamentos, antibióticos, analgésicos, antiinflamatorios y antigripales.

Quizá tu iglesia, o tú, de manera personal, quisieras acudir a brindar servicio, o comunicarte y llevar a Apaxco, alguna donación. Sus números son: (01 59) 9998- 0231 y (55) 2295-8073. Tenemos también la posibilidad de solicitar la mano amiga del Pbro.  Guillermo Niño, quien recibiría tu donación y se la haría llegar. Él es el Presidente Conferencial del Área de Testimonio Cristiano, y su número telefónico es el 5539-3674. Puedes depositar una ofrenda para este servicio, llamando después para identificar tu aportación, a la siguiente cuenta:

BANAMEX,
Cuenta No. 6380870, Sucursal 395, Universidad.
CLABE: 0021 8003 9563 8087 06.

barra