Mes: septiembre 2015

Apología al Bautismo Infantil

BAUTISMO

Exordio

Existe hoy en día en el mundo evangélico una evasión hacia todo lo que parezca venir de la tradición católico romana. Y no los culpo, pero, en aquellas iglesias cristianas donde se permite y practica el bautismo de infantes la mayoría de las personas, ya sean miembros en plena conexión o visitantes, simpatizantes o fieles, fruncen el ceño cuando se menciona el bautismo infantil como una posibilidad de ser una práctica útil y auténtica en el templo local en beneficio de las familias congregantes.

Soslayar el tema no es del todo benéfico pues evitamos tener la discusión que deberíamos tener, si bien no es un tema central o medular de la fe, sí lo es para el desarrollo armónico de la vida familiar de todos los congregantes con hijos infantes o bebés. Por eso lo pongo en la mesa en este momento. Aquí discuto, exploro, analizo y defiendo mi posición a favor del bautismo infantil en la Iglesia Metodista contemporánea.

Decir bautismo infantil equivale, en la opinión de algunos, a traicionar los cánones del cristianismo. Nada puede ser más absurdo. La Iglesia tiene razones para mantener activa esta práctica, que con todo su significado y ceremonia no deja de ser un Sacramento que cuenta con su ritual específico en la sección apropiada de la Disciplina de la Iglesia. Por lo tanto, analizaremos todo lo relacionado con este Sacramento, y las razones del por qué debería ser una práctica predominante, aun por encima de otras afines pero no equivalentes, las cuales lamentablemente le han sustituido con el paso del tiempo.

El Artículo XVI de la Iglesia Metodista, denominado De Los Sacramentos indica: Los Sacramentos instituidos por Cristo no sólo son señales o signos de la profesión de los cristianos, sino que más bien son testimonios seguros de la gracia y la buena voluntad de Dios para con nosotros, por medio de los cuales él obra en nosotros invisiblemente, y no sólo despierta nuestra fe en él, sino que también la fortalece y confirma. Son dos los Sacramentos instituidos en el Evangelio por Cristo nuestro Señor, a saber: el Bautismo y la Cena del Señor… los Sacramentos no fueron instituidos por Cristo para que sirvieran de espectáculo ni para que fueran llevados en procesión, sino para que usáramos de ellos debidamente. Y sólo en aquellos que los reciben dignamente, producen efecto saludable; mientras que aquellos que los reciben indignamente, adquieren para sí condenación, como dice San Pablo en 1ª Corintios 11:29.[1]

Acerca del bautismo infantil, el Artículo XVII de la Iglesia Metodista denominado Del Bautismo expone: El Bautismo no es solamente una señal de profesión y una marca de diferencia por medio de la cual se distinguen los cristianos de otros que no han sido bautizados, sino que es también una señal de la regeneración o nuevo nacimiento. El bautismo de los niños debe ser retenido en la Iglesia. Ver. Art. 170.[2]

Por lo tanto, investiguemos cómo es que esta práctica se extendió desde el más recóndito rincón del Imperio de los Césares hasta el mundo postmoderno.

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Etimología

¿Cómo se dice bautismo en griego?

Según los resultados de mi investigación, la palabra que significa agua en griego antiguo es: ὕδωρ.

Pero eso no es lo más relevante. Lo relevante es que el bautismo con agua es una práctica precristiana, si tomamos en cuenta que es Juan el Bautista el primer individuo que el Nuevo Testamento registra efectuando esta actividad.

La base etimológica de la palabra bautismo es la palabra española bautismo que viene del latín, baptismum que a su vez deriva del griego koiné báptisma, y ésta a su vez del griego clásico: baptízo/ βαπτιζειν o βαπτειν, que significa: «sumergir«, «zambullir«, «hundir» (en el agua).

Surgimiento

Religiosidad práctica

El bautismo consiste en una ceremonia en la que una persona -que ha de unirse a la comunidad cristiana- entra en contacto con el agua de cualquiera de estas tres maneras: inmersión, ablución (derramamiento), o aspersión.

La inmersión era la forma primitiva generalizada, y pervive en la etimología de la propia palabra «bautismo», de ello dan testimonio arqueológico las grandes fuentes bautismales del arte paleocristiano en numerosos templos cristianos en oriente y occidente, tanto los que siguen activos, como los que yacen en estado de ruina. La inmersión sigue siendo la forma obligatoria en la Iglesia Ortodoxa y en todas las Iglesias Orientales (aún las que están unidas a Roma), así como en la Reforma Radical y en el Cristianismo Fundamentalista.

La ablución o derramamiento, es la forma generalizada en el catolicismo romano, el anglicanismo y el protestantismo clásico; sin embargo, en estas mismas comuniones eclesiales la inmersión ha sido revalorada como un signo más expresivo del significado del bautismo, y se practica ampliamente en numerosas diócesis y parroquias. Es un hecho que tanto el Misal Católico Romano como el Libro de Oración Común (anglicano), recomiendan la inmersión como la forma más apropiada para el bautismo.

La aspersión consiste en salpicar con agua; se trata de una forma autorizada sólo para casos de emergencia extrema (y nunca como forma regular), por las iglesias que reconocen la ablución como administración válida del bautismo.

A partir del Concilio de Nicea (325, d. C.), la ceremonia (acto) de la inmersión o ablución es obligatoriamente triple, y el rito (palabras) del bautismo -propiamente dicho- se centra en la invocación de la Trinidad sobre la persona que ha de ser bautizada (candidato o bautizando), con variantes según el rito de cada Iglesia: «Es bautizado(a) el (la) siervo(a) de Dios (Nombre…), en el Nombre del Padre, Amén; y del Hijo, Amén; y del Espíritu Santo, Amén«, como ejemplo del rito bizantino de la Iglesia Ortodoxa y otras orientales.

«(Nombre…), Yo te bautizo en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.», es el ejemplo básico del cristianismo occidental.

Algunas Iglesias Fundamentalistas acuden exclusivamente a los datos del Nuevo Testamento, y aplican el bautismo únicamente con la fórmula «En el Nombre de Jesús«. Este es un punto de discusión teológica que tiene qué ver con el concepto de Dios Padre, de Cristo y del Espíritu Santo, que se tenga en cada denominación.[3]

Su historia en el Metodismo

Congruencia teológica

En el capítulo tercero de la Legislación General de la Disciplina de la Iglesia Metodista de México se trata el asunto del Bautismo Infantil. El artículo 170 del Bautismo de Infantes dice: Todos los niños y niñas en virtud de los beneficios incondicionales de la expiación hecha por Cristo Jesús son miembros del Reino de Dios por la gracia divina. Por consiguiente, tienen derecho a recibir el Sacramento del bautismo, no como testimonio de arrepentimiento, confesión y perdón de pecados, sino como señal del pacto que Dios ha hecho con su pueblo redimido.

El pastor deberá exhortar a los padres o tutores, miembros de su cargo pastoral, a que tan pronto como sea posible consagren sus hijos o hijas a Dios por medio del bautismo. Antes de administrar el bautismo a los niños o niñas el pastor deberá instruir a los padres acerca del significado de las solemnes promesas que tendrán que hacer, deberá amonestarlos y aconsejarlos a fin de que cumplan con el sagrado deber de conducirlos a Cristo Jesús y guiarlos en el crecimiento de la vida cristiana, y deberá de cerciorarse de que hayan cumplido con la ley del Registro Civil.

El ministro deberá entregar a los padres o tutores de los niños bautizados un certificado de bautismo firmado por el pastor que ofició el Sacramento. De este modo los niños bautizados quedan en relación de pacto visible con Dios en virtud del significado espiritual del bautismo. De este modo han entrado en una relación formal con la Iglesia tomándolos en cuenta como Miembros a Prueba, colocándolos bajo su cuidado.

Una vez que lleguen a la edad de doce años y estén en capacidad de tomar decisiones responsables y además muestren evidencia de tener fe viva en Cristo Jesús y de haber sido debidamente instruidos, el pastor los presentará ante la congregación para que hagan una pública profesión de Fe Cristiana, y ratifiquen su consagración personal a Jesucristo y sean recibidos como miembros en Plena Comunión.

El artículo 175 de la instrucción indica: Será deber de los padres o tutores, con el apoyo del pastor y las demás personas encargadas de la Educación Cristiana del Cargo Pastoral, instruir a los niños y niñas en el significado de la fe cristiana, criarlos en la disciplina y amonestación del Señor y guiarlos a que se consagren en amor y confianza a Cristo Jesús como su Señor y Salvador. Además, investigarán cual sea el estado de su experiencia religiosa y los conducirán en la práctica devota y frecuente de los Medios de Gracia, tales como la oración, el Culto Divino en la Iglesia y en la familia, el estudio reverente de las Sagradas Escrituras y la participación en la Santa Comunión.

Práctica contemporánea

En la actualidad, normalmente todas las iglesias evangélicas llevan a cabo un acto que denominan Dedicación de Infantes, que es solamente la presentación pública de los infantes a Dios, para rogar su bendición sobre ellos. Es un acto de gratitud de los padres para con Dios. Pero debo apuntar que en la realidad esta ceremonia implica muchas fallas en comparación a la ceremonia del bautismo. Después de un cuidadoso análisis, mi aseveración es que las personas que realizan esta ceremonia lo hacen para evitar compromiso alguno con la iglesia.

Lo que hacen es transferir la responsabilidad de educar al infante a la congregación, dado que piensan que la iglesia podría hacerlo mejor que ellos. Pero ésta no es la misión de la iglesia, ni tampoco la del Sistema Educativo Nacional. Educar al infante es la responsabilidad primordial de la familia. La misión de la escuela es de proveer de conocimiento científico útil para la vida, y el de la iglesia de proveer de principios morales para la vida práctica. Asistir a la congregación no es garantía alguna para que la persona goce de una vida mejor. Eso sucederá únicamente si la persona vive su fe, es decir, si está comprometida con los valores que le son enseñados.

Muchas veces al celebrar el acto de la Dedicación de Infantes, cuando generalmente sólo uno de los padres del infante es cristiano, el cónyuge no redimido ni siquiera acude a la ceremonia. Pero si acaso acudiere, lo más seguro es que esa sea la única ocasión en que se vea a tal cónyuge en el templo, lo cual es muy triste. Por todo esto la ceremonia de la Dedicación de Infantes realmente no representa mayores beneficios.

Muchas otras personas le confieren cualidades mágicas o sobrenaturales a este acto por razones que desconozco. Aparentemente creen que al hacerlo obtienen un tipo de garantía celestial en relación con el infante absolviéndoles de su responsabilidad como padres. Una premisa falsa más.

Por el contrario, la ceremonia del bautismo confiere a los padres la responsabilidad directa e ineludible de ser quienes eduquen al infante en el camino, tal como lo exige la Biblia. También posiciona a los padres como los directos responsables en el desarrollo del niño. Lo hace de tal modo que le proporciona un documento certificado por la iglesia, además de que le da la calidad de miembro a prueba, convirtiéndolo en parte de la iglesia, lo cual seria un punto a favor para que los padres se esfuercen en hacer su labor debidamente.

Apuntes finales

In necessaris unitas, in dublis libertas, in ómnibus charitas. El bautismo es un Sacramento instituido por Jesucristo, y el bautismo infantil una práctica que la Iglesia tiene que resucitar y ser recomendada diligentemente por los ministros para tener familias fuertes, cristianamente responsables, que amen y cuiden de sus familias y tomen todas las medidas necesarias para hacerlo.

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[1] Disciplina de la Iglesia Metodista de México, A. R.

[2] Disciplina de la Iglesia Metodista de México, A. R.

[3] Wikipedia. Bautismo.

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El Precio de la Gracia (Parte 19)

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Dietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.

Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.

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Continuamos con la publicación de su obra más difundida, El Precio de la Gracia. Vamos en la Segunda Parte de la obra, La Iglesia de Jesucristo y el Seguimiento, de donde entregamos ahora la primera fracción del Capítulo 4, La Iglesia Visible).

  1. La Iglesia Visible (primera fracción)

El cuerpo de Jesucristo ocupa un lugar en la tierra. Con la encarnación, Cristo exige un puesto entre los hombres. Ha venido a los suyos. Pero, al nacer, le dieron un establo «porque no había lugar para ellos en la posada», en su muerte lo rechazaron lejos y su cuerpo quedó suspendido del madero entre el cielo y la tierra. Sin embargo, la encarnación implica la exigencia de un lugar propio en la tierra. Lo que ocupa un lugar es visible. Así, el cuerpo de Jesucristo tiene que ser visible, o no es un cuerpo. Se ve al hombre Jesús; se cree en él en cuanto Hijo de Dios. Se ve el cuerpo de Jesús; se cree en él en cuanto cuerpo de Dios encarnado. Se ve que Jesús ha vivido en la carne; se cree que él llevó nuestra carne. «Debes mostrar a este hombre y decir: este es Dios» (Lutero).

Una verdad, una doctrina, una religión, no necesitan espacio propio. Son incorpóreas. Son oídas, aprendidas, conceptualizadas. Eso es todo. Pero lo que necesita el Hijo encarnado de Dios no es solamente oídos ni siquiera corazones; necesita hombres que le sigan. Por eso llamó a sus discípulos a seguirle corporalmente, y su comunión con ellos era visible a todo el mundo. Estaba fundada y mantenida por Jesucristo mismo, el encarnado; la palabra hecha carne había lanzado una llamada, había creado la comunidad corporal, visible.

Los que habían sido llamados no podían permanecer ocultos; eran la luz que debe brillar, la ciudad sobre el monte que debe ser vista. Sobre su comunidad se erigían de forma visible la cruz y el sufrimiento de Jesucristo. A causa de la comunión con él, los discípulos debieron abandonarlo todo, sufrir y ser perseguidos; sin embargo, precisamente en estas persecuciones, en la comunión con él, recibieron de nuevo visiblemente lo que habían perdido: herma nos y hermanas, campos y casas. La comunidad de los seguidores era patente al mundo. Había en ella unos cuerpos que actuaban, trabajaban y sufrían en comunión con Jesús.

También el cuerpo del Señor glorificado es un cuerpo visible bajo la forma de la Iglesia. ¿Cómo es visible este cuerpo? Ante todo, en la predicación de la palabra. «Permanecían en la enseñanza de los apóstoles» (Hch 2, 42). En esta frase cada palabra es significativa. La enseñanza (didajé) designa la predicación, por oposición a toda otra clase de discurso religioso. Se trata aquí de la comunicación de los hechos sucedidos.

El contenido de lo que hay que decir es establecido objetivamente; sólo falta transmitirlo por medio de la «enseñanza». Pero, por su misma esencia, la comunicación de los hechos se limita a lo desconocido. Desde que lo desconocido se vuelve conocido, resulta absurdo seguir comunicándolo. Así, es inherente a la noción de «enseñanza» el volverse superflua. Ahora bien, en una singular contradicción se dice aquí que la Iglesia primitiva «perseveraba» en esta doctrina; por consiguiente, tal enseñanza no se vuelve superflua, sino que exige precisamente perseverancia. «Doctrina» y «perseverancia» se vinculan de forma necesaria y objetiva. Así lo expresa el hecho de que se hable aquí de la «doctrina de los apóstoles». ¿Qué significa «doctrina de los apóstoles»? Los apóstoles son hombres escogidos por Dios para ser testigos de los hechos revelados en Jesucristo. Han vivido en la comunión corporal de Jesús, han visto al encarnado, al crucificado, al resucitado, y han tocado su cuerpo con sus manos (1 Jn 1, 1). Son los testigos que el Espíritu santo, Dios, utiliza como instrumentos destinados a transmitir la palabra. La predicación apostólica es testimonio del acontecimiento corporal de la revelación de Dios en Jesucristo. La Iglesia, cuya piedra angular es Jesucristo (Ef 2, 20), es edificada sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas.

Toda predicación ulterior debe ser una predicación apostólica edificada sobre este fundamento. La unidad entre nosotros y la Iglesia primitiva es establecida mediante la palabra de los apóstoles. ¿Hasta qué punto hace necesaria esta doctrina apostólica la perseverancia en la actitud de escuchar? La palabra apostólica, bajo la forma de palabra humana, es verdaderamente palabra de Dios (1 Tes 2, 13). Es una palabra que quiere adoptar a los hombres y posee el poder de hacerlo. La palabra de Dios busca una Iglesia para poder adoptarla. La palabra se encuentra esencialmente en la Iglesia. Entra por sí misma en la Iglesia. Posee un movimiento propio que la conduce hacia la Iglesia. No es que exista por un lado una palabra, una verdad, y por otro una asamblea, teniendo el predicador que agarrar esta palabra, manejarla y ponerla en movimiento para hacerla penetrar en la asamblea, para aplicársela.

Más bien la palabra recorre por sí misma este camino, y el predicador no debe ni puede hacer más que ponerse al servicio de este movimiento propio de la palabra, evitándole todo obstáculo. La palabra sale en busca de los hombres; los apóstoles lo sabían, y esto es lo que constituía su predicación. Porque ellos habían visto la palabra de Dios en persona, la habían visto venir, tomar carne, y en esta carne asumir a toda la humanidad. Ahora sólo debían testimoniar que la palabra de Dios se había encarnado, había venido para acoger a los pecadores, para perdonar y santificar.

Es la palabra quien penetra ahora en la Iglesia; la palabra encarnada, que lleva a toda la humanidad, que no puede existir ya sin la humanidad que ha recibido, viene a la Iglesia. Pero en esta palabra es el Espíritu santo mismo quien se acerca, quien muestra al individuo y a la Iglesia el don que, hace ya mucho tiempo, nos ha sido concedido en Cristo. Suscita en los oyentes la fe para creer que en la palabra de la predicación Jesucristo mismo ha venido a nosotros con el poder de su cuerpo, y que viene a decirme que me ha acogido y que quiere volver a acogerme.

La palabra de la predicación apostólica es la palabra que ha llevado corporalmente todos los pecados del mundo, es Cristo presente en el Espíritu santo. Cristo, en su Iglesia, es la «doctrina de los apóstoles», la predicación apostólica. Esta doctrina nunca se vuelve superflua, crea a la Iglesia que persevera en ella porque ha sido adoptada por la palabra y se afirma diariamente en ella. Esta doctrina crea una Iglesia visible. Al carácter visible del cuerpo de Cristo en la predicación de la palabra se añade su carácter visible en el bautismo y la cena. Ambos provienen de la verdadera humanidad de nuestro Señor Jesucristo.

En estos dos sacramentos nos sale al encuentro corporalmente y nos hace partícipes de la comunión de su cuerpo. El anuncio del Evangelio forma parte de estos dos hechos. Tanto en el bautismo como en la cena se anuncia la muerte de Cristo por nosotros (Rom 6, 3s; 1 Cor 11, 26). En los dos casos, el don es el cuerpo de Cristo. En el bautismo se nos concede ser miembros del cuerpo, en la cena la comunión (koinonía) corporal con el cuerpo del Señor que recibimos y, por lo mismo, la comunión corporal con los miembros de este cuerpo.

Por los dones de su cuerpo, nos convertimos en un solo cuerpo con él. Cuando lo definimos con el término de perdón de los pecados, no abarcamos enteramente ni el don del bautismo ni el de la cena. El don del cuerpo, distribuido en los sacramentos, nos otorga al Señor vivo en su Iglesia. Pero el perdón de los pecados está incluido en el don del cuerpo de Cristo en cuanto Iglesia. A partir de aquí podemos comprender que la administración del bautismo y la distribución de la eucaristía, contrariamente a nuestro uso actual, no estaban ligados originariamente al ministerio de la predicación apostólica, sino que los realizaba la Iglesia misma (1 Cor 1, 14s; 11, 17s). El bautismo y la cena sólo pertenecen a la Iglesia del cuerpo de Cristo. La palabra se dirige a creyentes e incrédulos. Los sacramentos sólo pertenecen a la Iglesia. Así, la Iglesia cristiana, en sentido estricto, es una Iglesia del bautismo y de la cena, y sólo a partir de aquí Iglesia de la predicación.

Ha quedado claro que la Iglesia de Jesucristo pretende en el mundo un espacio para predicar el Evangelio. El cuerpo de Cristo es visible en la Iglesia reunida alrededor de la palabra y del sacramento.

Esta Iglesia constituye un todo articulado. El cuerpo de Cristo, en cuanto Iglesia, implica una articulación y un orden. Así lo exige la idea de cuerpo. Un cuerpo inarticulado se halla en estado de descomposición. La configuración del cuerpo vivo de Cristo es, según la doctrina de Pablo, una configuración articulada (Rom 12,5; 1 Cor 12, 12s). Es imposible la distinción entre contenido y forma, entre esencia y manifestación. Significaría la negación del cuerpo de Cristo, es decir, del Cristo encarnado (1 Jn 4,3). El cuerpo de Cristo pretende al mismo tiempo que un espacio para anunciar el Evangelio, un espacio de orden en la Iglesia.

El orden de la Iglesia es de origen y esencia divinos. Evidentemente, su misión es servir, no dominar. Los ministerios de la Iglesia son «servicios» (diakoníai); 1 Cor 12,4). Son establecidos por Dios (1 Cor 12, 28), por Cristo (Ef 4, 11), por el Espíritu santo (Hch 20, 28), en la Iglesia, es decir, no por ella. Incluso cuando es la Iglesia quien reparte los ministerios, lo hace bajo la dirección plena del Espíritu santo (Hch 13,2). El ministerio de la Iglesia tiene su origen en el Dios trino.

Los ministerios están al servicio de la Iglesia: sólo en este servicio encuentran su justificación espiritual. Por eso, en las diversas comunidades debe haber ministerios, «diaconías» diferentes; por ejemplo, serán diferentes en Jerusalén y en las comunidades fundadas por la misión paulina. La articulación está establecida por Dios, pero su forma es variable y está sometida solamente al juicio espiritual de la Iglesia que ordena a sus miembros para el servicio. Incluso los carismas concedidos por el Espíritu santo a algunos individuos se hallan estrictamente sometidos a la disciplina de la diaconía a la Iglesia, porque Dios no es un Dios de desorden, sino de paz (1 Cor 14, 32s). El Espíritu santo se hace visible (1 Cor 12, 6) precisamente en que todo concurre al bien de la Iglesia.

Los apóstoles, los profetas, los doctores, los guardianes (obispos), los diáconos, los ancianos, los que presiden y dirigen la asamblea (1 Cor 12, 28s; Ef 2, 20 Y4, 11) son servidores de la Iglesia, del cuerpo de Cristo. Están ordenados para el servicio en la Iglesia, de forma que su ministerio es de origen y esencia divinos. Sólo la Iglesia puede desligarlos de este servicio. La Iglesia es completamente libre para configurar sus órdenes según sus necesidades; pero si se atenta desde el exterior contra ese orden, se atenta contra la configuración visible del cuerpo de Cristo.

Entre los ministerios de la Iglesia, en todas las épocas, merece especial atención la preocupación por administrar sinceramente la palabra y los sacramentos. A este propósito conviene reflexionar en lo siguiente: la predicación del Evangelio, según la misión y los dones del predicador, será siempre variada y diversa. Pero sea de Pablo, de Pedro, de Apolo o de cualquier cristiano, debe reconocerse siempre en ella al Cristo único, indiviso (1 Cor 1, 11). Cada uno debe trabajar siguiendo las huellas del otro (1 Cor 3,6).

La formación de escuelas implica querellas de escuelas en las que cada uno busca su propio provecho (1 Tim 6, 5.20; 2 Tim 2,10; 3, 8; Tit 1, 10). La «devoción» se transforma muy fácilmente en provecho temporal, bien consista en honor, en poder o en dinero. También la tendencia a problematizar por problematizar corre el riesgo de suscitar la ira y de alejar a los hombres de la verdad clara y simple (2 Tim 3, 7). Nos llevará a la obstinación y a la desobediencia con respecto al mandamiento de Dios. Frente a esto, la doctrina sana y saludable sigue siendo el fin de la predicación (2 Tim 4,3; 1 Tim 1,10; 4,16,6.1; Tit 1,9.13; 2, 1; 3,8) Yla garantía del orden y de la unidad legítimas.

No siempre es fácil reconocer el límite entre una opinión autorizada de escuela y una herejía. Así, en muchas comunidades una doctrina ya descartada como herética por otra comunidad sigue siendo permitida como opinión de escuela (Ap 2, 6.15s). Pero si la herejía se hace manifiesta, es preciso realizar una separación completa.

El hereje será rechazado de la Iglesia cristiana y de la comunión personal (Gal 1, 8; 1 Cor 16,22; Tit 3, 10; 2 Jn l0 s). La palabra de la predicación pura debe ligar y separar de forma visible. El espacio de la predicación del evangelio y del orden en la Iglesia aparece claramente en su necesidad impuesta por Dios.

El problema consiste ahora en saber si con esto está ya delimitada la configuración visible de la Iglesia del cuerpo de Cristo, o si implica todavía otras pretensiones para obtener más espacio en el mundo. La respuesta del Nuevo Testamento, totalmente inequívoca, es que la Iglesia reivindica un espacio sobre la tierra no sólo para su culto y su orden, sino también para la vida cotidiana de sus miembros. Por eso, deberemos hablar ahora del espacio vital de la iglesia visible.

La comunión de Jesús con sus discípulos era una comunión de vida total, que englobaba todos los dominios de la existencia. Toda la vida del individuo se desarrollaba en la comunidad de los discípulos. Esta comunión constituye un testimonio vivo de la humanidad corporal del Hijo de Dios. La presencia corporal del Hijo de Dios exige la intervención corporal por él y con él en la vida cotidiana.

El hombre, con toda su vida corporal, pertenece a aquel que, por su causa, tomó un cuerpo humano. En el seguimiento, el discípulo está indisolublemente unido al cuerpo de Jesús. También da testimonio de esto la primera narración de los Hechos de los apóstoles sobre la joven Iglesia (Hch 2, 42s; 4, 32s). Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan, y en las oraciones. La multitud de los creyentes no tenían sino un solo corazón y una sola alma… y lo tenían todo en común. Es muy revelador el hecho de que la comunión (koinonía) se introduzca aquí entre la palabra y la eucaristía. No es por una determinación arbitraria de su esencia por lo que se origina incesantemente en la palabra y alcanza su fin y su cumplimiento, también incesantemente, en la santa cena.

Toda comunión cristiana vive entre la palabra y el sacramento, encuentra su origen y su fin en el culto. Espera el último banquete con el Señor en el reino de Dios. Una comunión que tiene tal origen y tal fin es una comunión plena, a la que se adaptan incluso las cosas y los bienes de esta vida. En la libertad, la alegría y el poder del Espíritu Santo, se establece aquí una comunión plena en la que «no había ningún pobre» y en la que «se distribuía a cada uno según sus necesidades»; también en esta comunidad «nadie llamaba suyos a sus bienes». El carácter cotidiano de este hecho manifiesta la plena libertad evangélica que no necesita coacción, porque los cristianos «no tenían sino un solo corazón y una sola alma».

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Los Carroñeros

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En una cadena trófica (del griego throphe, alimentación), también llamada cadena alimenticia, o alimentaria, cada eslabón (nivel trófico) obtiene la energía necesaria para su vida, del nivel inmediatamente anterior; y el productor primario, la obtiene utilizando materia orgánica absorbida por sus raíces, o a través del proceso de fotosíntesis mediante el cual transforma la energía solar, en energía química. De este modo, la energía fluye a través de las especies (consumidores secundarios, terciarios o cuaternarios), miembros de la cadena, en forma lineal (que cada uno se alimenta del precedente y es alimento del siguiente), hasta terminar el ciclo en los carroñeros y descomponedores.

Los carroñeros (o necrófagos: que se comen a los muertos), son animales que atraídos por el olor de un animal en descomposición, a veces a kilómetros de distancia, localiza y consume cadáveres de animales, a veces robándoselos al cazador y legítimo dueño de la presa; y ya sea en forma individual o colectiva; luchando ferozmente por el derecho al cadáver, o esperando pacientemente su turno. Los carroñeros son útiles para el ecosistema al eliminar restos orgánicos y contribuir a su reciclaje. Los restos dejados por los carroñeros son después desintegrados hasta su mínima expresión, por los descomponedores.

Algunos carroñeros bien conocidos son los buitres(el buitre leonado, el buitre negro, el alimoche, el cóndor andino, y el quebrantahuesos: Único que quiebra y consume huesos), que nunca cazan una presa viva, y se especializan en consumir cadáveres de animales más o menos grandes (desde ratones y conejos, hasta elefantes).Hay otras aves que regularmente incluyen carroña en su dieta, como las gaviotas, los cuervos, urracas, y especialmente, el marabú.

Muchos carnívoros grandes que cazan regularmente se vuelven carroñeros cuando tienen oportunidad. Estos incluyen las hienas, coyotes, chacales, zorros, tejones, mapaches, osos, diablos de Tasmania, y los leones o incluso biológicamente el hombre. Así, no hay mamíferos exclusivamente carroñeros; pero sí hay mamíferos que son carroñeros oportunistas.

Algunas especies de reptiles, como los cocodrilos, las tortugas de agua dulce, el dragón de Komodo, y el lagarto ocelado, consumen regularmente carroña. Los tiburones también pueden ser carroñeros, ayudando así, junto con los camarones, langostas y demás crustáceos del fondo del mar, a eliminar de los mares, lagos y ríos, a los animales muertos, impidiendo su acumulación, y la propagación de enfermedades.Los cangrejos, que también son crustáceos y generalmente se alimentan del musco pegado en las rocas, son también excelentes carroñeros.

Las moscas, generalmente, son saprofitas (que comen materiales desechados por los animales, como el excremento), pero también carroñeras, al igual que algunas avispas. Las moscas también contribuyen en proceso, al poner millones de huevos que en pocas horas se transforman en larvas o “gusanos” que consumen indiscriminadamente, los tejidos de los cadáveres. Hay varios invertebrados que son especialistas carroñeros, como los escarabajos enterradores, (que vierten sobre el cadáver sustancias que digieren o desbaratan parcialmente sus tejidos, antes de alimentarse de ellos).

Otra forma de reciclar la materia orgánica proporcionada por los cadáveres y el excremento, es que hay infinidad de aves y animales, que se alimentan de los insectos (ácaros), gusanos (lombrices), y ciempiés carroñeros, así como de las larvas de las moscas, que de no ser consumidas oportunamente, llenarían en pocos días, toda la faz de la Tierra.

Es verdaderamente asombroso, reconocer que en forma por demás eficiente, al final de toda cadena alimentaria siempre hay microorganismos (hongos y bacterias) descomponedores (o detritívoros: que comen detritus o restos de organismos), que transforman la materia orgánica sólida de los cadáveres dejados por los carroñeros, por medio de digestión externa (a base de verter enzimas que digieren la materia orgánica fuera de sus cuerpos), en materia inorgánica y sales minerales que aparte de ser absorbidos por ellos en parte, para su nutrición, son aprovechadas por los organismos autótrofos (las plantas), que eventualmente son ingeridos por los consumidores secundarios (heterótrofos), haciendo así que la materia se recicle en el ecosistema, en vez de acumularse indefinidamente, hasta cubrir todo el planeta.

Otras enzimas de microorganismos como el moho y las levaduras, provocan fermentación, que es otra forma de descomposición de la materia orgánica en inorgánica.

Debemos mencionar que principalmente las larvas de las moscas, contribuyen a elevar la temperatura del cadáver, en forma significativa, y que esto es importante, porque a mayor temperatura, mayor descomposición.

Por último, a pesar de que la mayoría de los detritívoros tienen dimensiones microscópicas, la importancia de ellos en los ecosistemas es vital, pues si desaparecieran, peligraría toda la vida de la Tierra.

Por todo lo anterior, podemos afirmar que en la naturaleza sí existe vida después de la muerte y mucha vida.

Nuevamente, decir que los carroñeros y los detritívoros (descomponedores), aparecieron por casualidad, en forma gradual y a lo largo de millones de años, contradice todo el concepto de lo que es la cadena alimentaria, pues de no haber estado capacitados desde el principio, para hacer su función, ni presentes desde la aparición de la primera vida, y en el momento mismo en que murió el primer organismo, jamás hubieran sobrevivido las demás especies, empezando por las plantas; y además, al no eliminarse los cadáveres en forma rápida (en días), la proliferación de microrganismos patógenos (que causan enfermedades), que proliferan geométricamente (de 2, a 4,8,16, etc.), en los cadáveres, hubieran causado pandemias (epidemias generalizadas a todo el planeta), que habrían terminado en poco tiempo, con todo tipo de vida.

Es obvio que desde el orden de aparición de todos los elementos necesarios para la vida (el agua, la luz, la atmósfera, la hierba verde, los animales acuáticos, aves, reptiles, mamíferos, y el humano), y todos y cada uno de los eslabones de cada una de las cadenas alimentarias, demuestran elocuentemente, que la Tierra y todo lo que en ella hay, es producto de un diseño inteligente y una creación masiva, simultánea y bien organizada, hecha por un Ser omnisciente, omnipotente y sabio al que la Biblia llama Dios. Creer que la materia, nuestro planeta, y los millones de especies de plantas y animales que existen, son producto de la casualidad y la evolución, o sea, de puros sucesos al azar, tras millones de años, sin control, dirección, propósito, simetría, belleza, y capacidad de cumplir una función específica en la cadena alimentaria, es inverosímil, y no tiene ningún fundamento científico.

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Enlaces de interés

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Transcribimos la información que nos envía el Dr. Ernesto Contreras Pulido, sobre sitios diseñados por él mismo con la finalidad de difundir el mensaje bíblico. Recomendamos estos enlaces a nuestros lectores por tratarse de fuentes de enseñanza y edificación.

“Ya está funcionando mi estación de radio por internet, las 24 horas al día, los 365 días del año, con música, cantos de mis familiares y amigos, meditaciones bíblicas y un culto que se repite tres veces al día, que me gustaría saber si se puede incluir como noticia en El Evangelista Mexicano”.

Ver: [http://ivcradio.com] “Tiene como uno de los propósitos (junto con mi boletín diario) ser parte del programa de educación ministerial continua”.

Biografías

EN MEMORIA: ALBERTO REMBAO SOLIS

1895 – 1962

Compilación de José Donato Rodríguez.

05201104CXX Aniversario del nacimiento -26 de septiembre de 1895- de uno de los grandes personajes evangélicos mexicanos. Nacido en la tierra de sus amores, Chihuahua, donde vivió una intensa vida juvenil que hasta a la Revolución Mexicana lo llevó no pudiendo hacerse a un lado ante el drama que su Patria vivía, y en donde a raíz de una herida, pierde una pierna. Situación dura para un joven, que lo lleva a otra revolución espiritual, y a la verdadera conversión y definición de su vida.

Bachiller y Master en Artes. Bachiller en Teología, Doctor en Divinidades. Director del Colegio Internacional, en Guadalajara, donde en la Universidad impartió las cátedras de Literatura y Lenguas Españolas, y con esa vocación pedagógica se dedica a enseñar durante toda su vida. Universidades, Seminarios, Encuentros internacionales, le oyeron siempre con atención e interés.

Desde su adolescencia comenzó a escribir. En “Chihuahua de mis amores” relata con fino humor y referencias históricas, su iniciación periodística; misma que lo llevó años adelante a asumir al dirección de la revista Nueva Democracia, que no nació con él, pero murió con él en 1962, después de haberle dedicado, en cuerpo y alma, 27 años, los más fecundos de su vida.

Sus obras:

  • Lupita, un relato del México epiléptico de la revolución; (del cual insertamos la introducción de un estudio que Amira Plascencia Vela, de la Universidad de Houston, presentó el otoño de 2006 como resultado de una investigación con el tema El Protestantismo a través de la novela).
  • Meditaciones neoyorquinas, una colección de sus aportaciones mensuales a La Nueva Democracia, cuando era mensual;
  • Democracia Trascendente, con un valor profético indudable;
  • Mensaje, Movimiento y Masa, hablando del Concilio Internacional Misionero, al cual asistió y en donde visitó a Gandhi, el santo laico de la India;
  • Flor de Translaciones, artículos leídos y vertidos al español por él, en su lenguaje “rembaista”;
  • Pneuma, Fundamentos Teológicos de la Cultura, con el ciclo de conferencias presentadas en el Seminario Evangélico Unido, en México, con motivo de sus 40 años de vida (1917-1957);
  • Lecciones de Filosofía de la Religión, otro ciclo de conferencias dictadas en el Seminario Evangélico de Matanzas, Cuba.
  • Dos libros traducidos y más de cinco mil artículos escritos y publicados por periódicos de la América

Mención especial requiere la revista La Nueva Democracia. Revista que maduró con el director en expresión de adultez literaria. Llegó a ser una de las más codiciadas peñas literarias y filosóficas de América Latina. Don Cecilio Arrastia decía, escribiendo los apuntes biográficos de don Alberto: “dedicó 27 años a hacer realidad el propósito de la revista, ofreciendo al religioso, no mensaje acariciador para una fe glandular, sino alimento para una razón iluminada por el Espíritu de Dios. Al hombre de ciencia y al filósofo les brindó artículos de profundidad oceánica. Y al hombre estético le brindó artículos interpretativos del arte mundial. Y en esto, como en todo, fue exigente; no brindó arte barato, sino que ofreció apuntes y ensayos para una filosofía del arte a través de muchos y muy buenos artículos calzados con las mejores firmas”.

Don Gonzalo Báez Camargo, gran amigo, relata: “la imagen de Alberto Rembao en el recuerdo es múltiple y variada. Se destaca en diversos tiempos y situaciones. Pero la que más persiste es la del Alberto Rembao de su cuarto de trabajo, tras del escritorio siempre apilado de libros, periódicos y papeles; sentado a su máquina, produciendo cuartillas¸ o lápiz en ristre, revisándolas y corrigiéndolas. Imagen de Alberto Rembao el escritor.

Don Juan Díaz Galindo, rector del Seminario Evangélico Unido en 1962, fecha de su partida, escribió a su esposa: “Todo el personal docente de este Seminario envía a usted por mi conducto nuestra sincera simpatía y profunda condolencia por la final partida de su esposo. Consideramos que no solamente ha dejado un gran vacío en su hogar sino en toda la comunidad evangélica de México, y demás países latinoamericanos. Terminó su gloriosa carrera un príncipe de Dios. En este Seminario conservaremos un especial recuerdo para el Dr. Rembao, que en varias ocasiones vino a edificarnos e iluminarnos con su sabia experiencia y su espíritu noble y fraternal”.

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(Alberto Rembao, 2o de derecha a izq.- Gonzalo Báez Camargo, 2o de izq a derecha).

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ALBERTO REMBAO: UNA VISIÓN DEL PROTESTANTISMO A TRAVÉS DE LA NOVELA

LUPITA: UN RELATO DE LA REVOLUCIÓN EN MÉXICO

Amira Plascencia Vela
(Amira.Plascencia-Vela@hotmail.uh.edu)

UNIVERSIDAD DE HOUSTON

El artículo hace un esbozo de la vida de Alberto Rembao, así como un breve análisis de su obra escrita no ficcional. Al hacer énfasis especial en la novela, Lupita. Un relato de la revolución en México, el trabajo establecerá los criterios de Rembao al momento de escribir sus textos, estudiará el contexto socio histórico que refleja la novela y hará una relación entre la literatura y la historia del protestantismo en el México de principios del siglo XX.

(Protestantismo, Revolución mexicana, inmigración, Estados Unidos)

INTRODUCCIÓN

La obra del chihuahuense Alberto Rembao es muy vasta; sin embargo, no se le ha prestado la atención adecuada dentro del área de las letras mexicanas.

Se podría hacer una lista de las razones por las cuales los escritos de Rembao han quedado en el olvido. No obstante, aquí se establecerán tres argumentos que enmarcan el problema de manera singular. El primero es que sus escritos no filosóficos son muy pocos; sólo tiene una novela, Lupita. Un relato de la revolución en México1. (1935) y tres libros cortos de crónicas: Meditaciones neoyorkinas (1939); Outolook in México (1942); y Chihuahua de mis amores y otros despachos de mexicanidad neoyorquina (1949).

Si bien las crónicas conforman un corpus de análisis más extenso, habría que tomar en cuenta otros aspectos en cuanto a la concepción de este género. Por ejemplo, dentro del área de la literatura, se considera un estilo de índole menor y hereditaria del periodismo.2

Por ello, su reconocimiento implica reflexionar sobre el criterio de selección de los textos para conformar las antologías y la relación de la prensa con las casas editoriales al momento en que se publicaron las crónicas. La práctica anteriormente dicha va más allá de los límites impuestos para este trabajo, por lo que aquí se recurrirá a la novela como punto de partida para el Análisis discursivo.

Ahora bien, el segundo motivo que ha impedido la propagación de los textos de Rembao es la inmigración del autor a los Estados Unidos. Casi toda la obra de Rembao fue escrita y editada en Nueva York, donde vivió más de la mitad de su vida.

De igual forma, lo que llegó a publicarse en América Latina fue escrito originalmente en Estados Unidos y después fue traducido y editado en algunos países latinoamericanos. Para Jorge Pixley, estudioso argentino, la editorial La Aurora de Buenos Aires fue una de las pocas casas editoriales que aceptó propagar ideas no pertenecientes a la ideología católica;3 Cuba también aprobó la publicación de los ensayos y cátedras especiales llevadas a cabo en el mismo país.4

En México se publicaron al menos tres de sus libros, Chihuahua de mis amores y otros despachos de mexicanidad neoyorquina (1949); Discurso a la nación evangélica (1949); y Pneuma. Los fundamentos teológicos de la cultura (1957), pero la idea de romper el orden establecido por el catolicismo y hacer una reforma religiosa no fue bien recibida por los mexicanos conservadores.

De modo que el teólogo fue clasificado como un propagandista evangélico.5 Por lo tanto, es la religión lo que aparta al autor de las casas editoriales mexicanas; y es ésta la tercera razón a tomar en cuenta al momento de buscar análisis textuales sobre la obra de Rembao.

Si observamos que Rembao, de denominación protestante congregacional, murió en 1962 y que no fue sino hasta la década de 1990 en que su figura comenzó a ser rescatada abiertamente por los académicos latinoamericanos, se concluye que el hecho de ser protestante afectó el análisis de su discurso durante más de tres décadas.

Ahora bien, no es que el trabajo del teólogo no fuera conocido o apreciado por otros intelectuales latinoamericanos de su época, ya que escritores como José Carlos Mariátegui y Alfonso Reyes conocieron su obra. Aun así, los estudios socio históricos sobre el protestantismo en América Latina comenzaron a despuntar en la segunda mitad del siglo XX, y esto también aplica al discurso literario.6

Al observar el panorama, se comprende por qué el único texto narrativo de Rembao llegó al siglo XXI sin el debido conocimiento de la crítica. Si a eso se le suma que la novela maneja una temática en la cual la práctica del protestantismo está de fondo en la trama, no es sorprendente que el texto se haya perdido en los anaqueles de las bibliotecas.

A pesar de estos factores, la obra atrae por el momento histórico en que se sitúan los personajes: el postrevolucionario. Asimismo, rescata una parte de la historia del protestantismo en México hasta la década de 1930, por lo que establece puntos de referencia importantes para el área de estudios de esta religión en el país. Además, el texto tiene un carácter autobiográfico, ya que Rembao se deja ver como uno de los personajes principales, Manuel Moreno, quien ha de participar en el texto como observador y, en ocasiones, partícipe de los hechos. Estos elementos, entre otros, incitan al análisis textual de la novela.

Por lo tanto, nos centraremos en Lupita. Un relato de la revolución en México para explicar algunos de los fenómenos presentados en el escrito, tales como la religión protestante como forma de vida, la inmigración de los personajes como motivo de cambio religioso, ideologías políticas de la época y el contexto histórico mexicano de los años treinta. De igual forma, y antes de analizar la obra, se hará un resumen de la vida de Rembao, así como de las ideas propuestas por él mismo en la mayoría de sus textos, ya que éstas nos conducirán a la tesis propuesta anteriormente.

LAS VERTIENTES Y LOS PUNTOS FUNDAMENTALES DE LA OBRA DE REMBAO

… Su novela y sus crónicas, están dirigidas al lector promedio que se acerca por primera vez a las temáticas que maneja Rembao. Siendo así, debemos pensar que la novela Lupita tiene como objetivo principal educar. La intención del autor no es simplemente contar un relato, sino enmarcar una época histórica concreta en la cual se observan diferentes etapas de la difusión del protestantismo en México.

Por medio de la novela, Rembao cambia de nivel en su discurso y conforma un espacio más abierto e inclusivo en el proceso de lectura. Así pues, las historias de Lupita Hurtado de Mendoza, Manuel Moreno, Samuel Morales y Mario Talavera, personajes principales de la novela, muestran la contraparte del catolicismo en un México que vislumbra otras opciones para vivir el cristianismo. Ahora, en medio de esas vertientes, existen parámetros básicos que delinean la ideología de Rembao. Los puntos se encuentran de forma precisa y breve en el ensayo “La Reforma en América Latina”,11 el cual fue publicado en la revista Religion in Life en el año de 1957.

Los temas a tratar en la disertación son cinco: 1) nacionalidad como sinónimo de religión; 2) definición del grupo minoritario protestante; 3) protestantismo como resultado de la imposición extranjera; 4) religión como acuerdo eclesiástico, y por lo tanto como monopolio; y 5) cambio de actitud por parte de la Iglesia católico romana hacia sus “hijos rebeldes”. El argumento está bien delimitado, en él se observa una descripción detallada del estado del protestantismo en Latinoamérica en la primera mitad del siglo XX…

Para una lectura completa del documento, acudir a internet: AmiraPlascenciaVela.pdf. Adobe Reader.

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Curiosidades de la Biblia

Unas quizás las conozcas, otras te sorprenderán.

algunas cosas que quiza no sepas

P Digital.- 13 DE JULIO DE 2011 –

  • El primer nombre de mujer que Dios puso no fue Eva, fue Sara (Génesis 17:15) porque el nombre de Eva lo puso Adán.
  • El nombre más largo de la Biblia es Maher-salal-hasbaz. Isaías 8:3 «Y me llegué a la profetisa, la cual concibió, y dio a luz un hijo. Y me dijo el Señor: Ponle por nombre Maher-salal-hasbaz.»
  • El libro de Esther no menciona en ninguna parte la palabra «Dios» literalmente. Además en este libro se encuentra el versículo más grande de toda la Biblia: Esther 8.9.
  • La Biblia fue escrita mucho tiempo antes de la invención del papel y los lápices. Fue escrita sobre extensas tiras de papiro o pergamino. 
  • Según estudios, algunos dicen que el libro de Isaías es la Biblia en miniatura, o el quinto Evangelio. Una curiosidad: Isaías tiene 66 capítulos, la Biblia 66 libros.
  • Goliat no murió de la pedrada que le diera el pastor David, sino por su propia espada (1º de Samuel 17:48-51).
  • En el libro de Jueces capítulo 8 versículo 30 dice que Gedeón tuvo 70 hijos.
  • El único personaje en la Biblia que se menciona que usó un reloj fue el Rey Acaz (2 Reyes 20:11).
  • El Antiguo Testamento prohíbe los tatuajes. En Levítico 19:28 se dice textualmente; «Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis señal alguna».
  • El último libro de la Biblia en escribirse no fue Apocalipsis, sino la 3ª carta de Juan.
  • Según el relato de la Biblia, Dios sólo escribió personalmente una vez, cuando escribió los 10 mandamientos en las tablas de la Ley. En el resto de ocasiones inspiró a otros para que escribiesen por él.
  • Todos sabemos que David -de la tribu de Judá- era experto en el uso de la honda (una tira generalmente hecha de cuero) para lanzar piedras a gran velocidad. Pero lo que muchos desconocen es que en la tribu de los benjamitas había muchos zurdos y ambidextros, y eran famosos en el uso de la honda. De toda esta tribu había setecientos hombres escogidos, que tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban. (Jue. 20:15-16).
  • Al contrario de lo que se cree, quien cortó el pelo a Sansón no fue Dalila sino un hombre. Ella sólo hizo que se durmiese en sus rodillas para que se lo cortasen (Jueces 16:19).
  • En Levíticos Capítulo 11 aparece el mayor número de animales mencionado en la Biblia.

Leer más: [protestantedigital.com]

 

Poética

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En el año 1968 Sociedades Bíblicas en América Latina editaron una obra como parte de la producción literaria y poética de don Luis D. Salem, cuyo nombre real fue Aristómeno Porras Maynes, con el tema de la Biblia, como guía de las más antiguas de la humanidad. Pequeñas obras de teatro y poesía con base en los libros de la Biblia.

Estamos publicando en nuestro periódico El Evangelista Mexicano, desde el número 19, una poesía de su autoría, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

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poética, jueces

Jueces

Como la tierra, cuando el sol declina,
de oscuridad y de dolor se viste,
muerto Josué hundióse Palestina
en negro caos, espantoso, triste…

Hubo luceros en la comba altura
que en esa noche sus fulgores dieron:
Eglón, Jefté, con singular bravura,
contra los fieros enemigos fueron.

Débora fue, al pie de una palmera,
como la luna que en la noche impera
lanzando al mundo dulce resplandor.

Ella es, sin duda, la mejor figura
que en esa noche tenebrosa, oscura,
brilló con lampos de vívido fulgor.

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poética.corintios

Corintios

Se marchó San Pablo, tras su larga ausencia
viéronse en la iglesia corrientes del mal:
divisiones hondas, incestos, violencias
roían la entraña de la cristiandad.

Y San Pablo escribe. Sus cartas condenan
tales divisiones con fiel claridad;
fuera el incestuoso y el mal que envenena
la iglesia de Cristo, fuera, sin tardar.

Las dudas aclara sobre algunos temas,
sencillos y claros que tornó en problema
para algunas almas, Satán tentador.

San Pablo nos dice que esas divisiones,
maldades y dudas en los corazones
crecen, si en ellos no mora el amor.

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Dos actas de declaración de independencia de México

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El Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional es el primer documento legal donde se proclama la separación de la Nueva España con respecto de la metrópoli española. Fue firmada el 6 de noviembre de 1813 por los diputados al Congreso de Anáhuac, convocado por José María Morelos y Pavón, en la ciudad de Oaxaca, Oaxaca, en junio de ese mismo año, e instalado en la ciudad de Chilpancingo, Guerrero el 13 de septiembre.

Esta acta recoge algunos de los principales pronunciamientos políticos contenidos en “Sentimientos de la Nación”, documento leído por Morelos el 14 de septiembre ante los diputados de las provincias liberadas del sur de Nueva España.

Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional

El Congreso de Anáhuac, legítimamente instalado en la ciudad de Chilpancingo, de la América Septentrional, por las provincias de ella, declara solemnemente, a presencia del Señor Dios, árbitro moderador de los imperios y autor de la sociedad, que los da y los quita según los designios inescrutables de su providencia, que por las presentes circunstancias de la Europa ha recobrado el ejercicio de su soberanía, usurpado; que, en tal concepto, queda rota para siempre jamás y disuelta la dependencia del trono español; que es árbitro para establecer las leyes que le convengan para el mejor arreglo y felicidad interior, para hacer la guerra y la paz y establecer alianzas con los monarcas y repúblicas del antiguo continente, no menos que para celebrar concordatos con el sumo pontífice romano para el régimen de la Iglesia católica, apostólica, romana, y mandar embajadores y cónsules; que no profesa ni reconoce otra religión más que la católica, ni permitirá ni tolerará el uso público ni secreto de otra alguna; que protegerá con todo su poder y velará sobre la pureza de la fe y de sus dogmas y conservación de los cuerpos regulares; declara por reo de alta traición a todo el que se oponga directa o indirectamente a su independencia, ya sea protegiendo a los europeos opresores, de obra, palabra o por escrito, ya negándose a contribuir con los gastos, subsidios y pensiones para continuar la guerra hasta que su independencia sea reconocida por las naciones extranjeras; reservándose al Congreso presentar a ellas por medio de una nota ministerial, que circulará por todos los gabinetes, el manifiesto de sus quejas y justicia de esta resolución, reconocida ya por la Europa misma.

Dado en el palacio nacional de Chilpancingo, a 6 días del mes de noviembre de 1813 años.

Licenciado Andrés Quintana, vicepresidente. Licenciado Ignacio Rayón. Licenciado José Manuel de Herrera. Licenciado Carlos María de Bustamante. Doctor José Sixto Berdusco, José María Liceaga. Licenciado Cornelio Ortiz de Zárate, secretario.

barraTras la derrota de Morelos, el movimiento se redujo a una guerra de guerrillas. Hacia 1820, sólo quedaban algunos núcleos rebeldes, sobre todo en la sierra Madre del Sur y en Veracruz.
La rehabilitación de la Constitución de Cádiz en 1820 alentó el cambio de postura de las élites novohispanas, que hasta ahí habían respaldado el dominio español. Al ver afectados sus intereses, los criollos monarquistas decidieron apoyar la independencia de Nueva España, para lo cual buscaron aliarse con la resistencia insurgente. Agustín de Iturbide dirigió el brazo militar de los conspiradores, y a principios de 1821 pudo encontrarse con Vicente Guerrero. Ambos proclamaron el Plan de Iguala, que convocó a la unión de todas las facciones insurgentes y contó con el apoyo de la aristocracia y el clero de Nueva España. Finalmente, la independencia de México se consumó el 27 de septiembre de 1821.

Tras esto, Nueva España se convirtió en el Imperio Mexicano, una efímera monarquía católica que dio paso a una República Federal en 1823, entre conflictos internos y la separación de Centro América. España reconoció la independencia de México en 1836, tras el fallecimiento del monarca Fernando VII.

El Acta de Independencia del Imperio Mexicano es el documento mediante el cual el Imperio Mexicano declaró su independencia del Imperio Español. El documento fundador del Estado Mexicano fue redactado en el Palacio Nacional de la Ciudad de México, el 28 de septiembre de 1821, por Juan José Espinosa de los Monteros, secretario de la Suprema Junta Provisional Gubernativa.

La única copia original existente de esta Acta fue vendida a un hombre de apellido Gavito, quien estipuló en su testamento que al morir se entregara el Acta al presidente Adolfo López Mateos. El 14 de noviembre del mismo año (1961) se entregó el resultado de dos dictámenes mediante los cuales se comprobó que el Acta era original, suscrita en 1821, y el 21 de noviembre Florencio Gavito Jáuregui, hijo del fallecido Gavito, entregó de mano propia el Acta al Presidente de la República. El documento se conserva actualmente en el Archivo General de la Nación.

La transcribimos enseguida conservando el estilo del lenguaje entonces empleado.

Acta de Independencia del Imperio Mexicano, pronunciada por su Junta Soberana
Congregada en la Capital de él en 28 de setiembre de 1821.

La Nacion Mexicana que, por trescientos años, ni ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresion en que ha vivido.

Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados y está consumada la empresa, enteramente memorable, que un genio, superior á toda admiración y elogio, amor y gloria de su Patria, principio en Iguala, prosiguió y llebo al cabo, arrollando obstáculos casi insuperables.

Restituida, pues, esta parte del Septentrion al exercicio de cuantos derechos le concedió el Autor de la Naturaleza, y reconocen por inenagenables y sagrados las naciones cultas de la tierra; en libertad de constituirse del modo que mas convenga á su felicidad; y con representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios; comienza á hacer uso de tan preciosos dones, y declara solemnemente, por medio de la Junta Suprema del Imperio, que es Nación Soberana, é independiente de la antigua España, con quien en lo succesivo, no mantendrá otra unión que la de una amistad estrecha, en los términos que prescribieren los tratados.

Que entablará relaciones amistosas con las demas potencias executando, respecto de ellas, cuantos actos pueden y estan en posesion de executar las otras naciones soberanas: que va á constituirse con arreglo á las bases que en el Plan de Iguala y tratado de Cordoba estableció, sabiamente, el primer Gefe del Exercito Imperial de las Tres Garantias; y en fin que sostendra, á todo trance, y con el sacrificio de los haberes y vidas de sus individuos, (si fuere necesario) esta solemne Declaracion, hecha en la Capital del Imperio á veinte y ocho de Setiembre del año de mil ochocientos veinte y uno, primero de la Independencia Mexicana.

Agustin de Iturbide Antonio
Obispo de la Puebla
Lugar de la firma del S. odonojú
Manuel de la Barcena
Matías Moteagudo
José Yañez
Juan Francisco Azcarate
Juan José Espinoza de los Monteros
José Maria Fagoaga
Jose Miguel Guridi y Alcocer
El Marqués de Salvatierra
El Conde de Casa de Heras Soto
Juan Bautista Lobo
Francisco Manuel Sanchez de Tagle
Antonio de Gama y Cordova
José Manuel Sartorio
Manuel Velazquez de Leon
Manuel Montes Argüelles
Manuel de la Sota Rivas
El Marqués de San Juan de Rayas
Jose Ignacio Garcia Illueca
José María de Bustamante
José María Cervantes y Velasco
Juan Cervantes y Padilla
José Manuel Velazquez de la Cadena
Juan de Horbegozo
Nicolás Campero
El Conde de Jala y de Regla
José María de Echevers y Valdivielso
Manuel Martínez Mansilla
Juan Bautista Raz y Guzman
José María de Jáuregui
Jose Rafael Suarez Pereda
Anastasio Bustamante
Isidro Ignacio de Icaza
Juan José Espinoza de los Monteros, Vocal Srio.