
¿Por qué es importante la sanidad de nuestros malos recuerdos?
(Primera Parte)
1.- San Pablo, en su Primera Carta a los Corintios capítulo 13, versículo 11, dice a pie juntillas: «Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, DEJE LO QUE ERA DE NIÑO.» La palabra griega utilizada en este pasaje para expresar «dejar lo que era de niño» es la palabra Kartageo, que significa dejar atrás, cortar, olvidar. Aquí cabría de manera apropiada preguntarnos: ¿Realmente hemos dejado lo que era de niño? ¿Hemos crecido, madurado y dejado atrás todos nuestros infantilismos? Se habla de infantilismos cuando una persona tiene recurrentemente recuerdos del ayer, y cae en trasferencias continuas; cuando hay personas que nos incomodan (sabiendo el porqué o incluso ignorándolo), lugares que detestamos, olores que rechazamos, actividades o situaciones que nos dan o inspiran temor. Los defectos adictivos del carácter son un aspecto que proyecta nuestros infantilismos, el tener una carácter explosivo, una actitud de desconfianza hacia los demás, los celos recurrentes, una baja autoestima, una crítica repetitiva, hábitos alimenticios compulsivos, actos dañinos para nosotros y los que nos rodean, las adicciones en general y la falta de perdón, etc.
2.- La Biblia habla de dos términos en el griego original para referirse a la niñez: nephios y paidos. El primer término se utiliza y nos describe una mala niñez, rodeada y matizada de abandono, abuso y rechazo; una niñez sin orden, sin disciplina, sin límites, con una falta de orientación y dirección en la vida. Una niñez que no recibió palabras de estímulo, toques o caricias afectivas, tiempos de calidad y cantidad para jugar, pasear o simplemente escuchar; en la que no hubo regalos, obsequios, actos de servicio para el niño. El segundo término, paidos, se utiliza para describir una buena niñez, rodada de compañía, de aceptación y amor; hubo un deseo por tenerlo, y unos padres listos para criarlo, amarlo, dirigirlo, disciplinarlo, instruirlo; hubo un hogar cálido, y una provisión suficiente; en suma, hubo enseñanza de Dios y sus mandamientos.
3.- No se puede vivir la vida viendo siempre el pasado. Nadie en su sano juicio puede manejar un carro viendo el retrovisor, éste es sólo un punto de referencia de lo que nos rodean; tenemos que poner los ojos al frente y mirar hacia adelante. Pero es necesario, sólo por integridad y sanidad del alma, cerciorarnos echando un vistazo al pasado, de que no hay nada que nos esté estorbando para ir hacia adelante.
4.-El psicólogo David A. Seamands, en sus libros «La sanidad de la memoria» y «Curación de los recuerdos»; el Dr. Andy Comiskey en sus libros, «Contracorriente», «Aguas vivas, Sanidad Integral Relacional y Sexual»; al igual que Steven R. Tracy en su libro «Cómo comprender y sanar el abuso», y muchos más, nos instan y creen pertinente sanar nuestro pasado para vivir un presente y un futuro placentero, llenos -como la misma Palabra lo dice- de paz (yo añadiría amor, perdón, aceptación). Así que veamos algunas cosas, estableciendo desde el principio que no es nuestro deseo, ni nuestra práctica, tener ejercicios freudianos; y cuando me refiero a ello, claramente expreso que no creo en el psicoanálisis ni en las regresiones psíquicas, cuya práctica es tan común en estos tiempos entre algunos grupos de corte cristiano. A continuación explicaré lo que para mí es la sanidad interior, o sanidad del alma.
5.- En Mateo 18:5 Jesús tiene una conversación con sus discípulos, el meollo del asunto es: ¿Quién es mayor o más importante en el Reino de los cielos? Y establece… «Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe”. Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar.» Les invito a seguirme en el razonamiento: Jesús tenía como referente «La ley de Moisés»; en esta ley, el castigo era PROPORCIONAL AL DAÑO, lo que se llama la ley del Talión, «ojo por ojo y diente por diente». Cuando Jesús establece que el que «hace tropezar» o «hace daño» a uno de los pequeños, mejor le fuera colgarse una piedra de molino de las que mueven los asnos, (esta piedra pesaba aproximadamente 2 toneladas), y que se echase al mar; mi pregunta es, ¿Que siente una persona que se le cuelgan 2 toneladas en el cuello y se le echa en lo profundo del mar?;
Primero que nada, hay un peso que JALA inevitablemente; no es si quieres o no, simplemente por las leyes de la física, te sobrepasa y te sobreviene. En segundo lugar, hay un trayecto lógico hacia abajo, una trayectoria que tú no puedes controlar, hay desesperación, ansiedad, frustración, un pensamiento inminente de muerte y un ahogamiento final. Bueno…esto es exactamente lo que siente quien recibe el CASTIGO, pero si el castigo es proporcional al daño, esto significa, que quien es DAÑADO, lacerado, herido, traumatizado; castigado con el abandono, el abuso y el rechazo sienten en su alma la marca de un camino que no eligieron, guiados por el peso de un veneno que les fue inyectado, una cicuta que indigesta y contamina que ellos no eligieron, que alguien, probablemente también dañado, infligió en ellos, experimentan inseguridad, ansiedad, desesperación, distorsión de su propia persona, pero también, una distorsión de las relaciones que establece. Desconfía, tiene baja autoestima, lleno de celos, critica; usa paliativos para llenar sus vacíos y su desesperación, paliativos que se convierten en adicciones, compulsiones, defectos mil de carácter, finalmente siempre hay un sentimiento de inadecuación y sentimiento inminente de muerte.
Por eso es URGENTE Y NECESARIA nuestra sanidad, romper con todo aquello que no esté ayudando a ser la imagen y semejanza que Dios nos ha dado, a cumplir cabalmente con el plan y propósito que él tiene para nosotros a través de Cristo. Volviendo al pasaje del principio, TÚ ERES IMPORTANTE EN EL REINO, tú eres mayor… por eso debes anhelar y buscar tu sanidad, para estar listo para él, listo para ti, listo para los que te rodean. Tienes que volver a los brazos restauradores de Dios. (Continuará…)

