No eres el dueño de ti mismo,
No te hiciste solo; otro te engendró, otra te concibió y te llevó en el vientre. Fueron otros los que te alimentaron, te cuidaron, te instruyeron, te educaron, te ayudaron en todo aquello que no podías hacer solo mientras crecías y aprendías a caminar, a hablar, a moverte solo, a vivir. Fueron otros los que te enseñaron a leer, escribir, contar; te enseñaron la historia y el civismo; reforzaron lo que en tu casa recibías todos los días mientras crecías. Han sido otros los que te han servido para que tengas alimento en la mesa, para que tengas atención de salud, para que vivas en sociedades organizadas suficientemente para la existencia y desarrollo de las personas y del entorno.
No estás autorizado para hacer lo que quieras de ti.
Por creación, diseño, ascendencia y futuro, no tienes autorización para hacer y deshacer a tu antojo. Se te dieron, facultades, recursos, leyes, libertades y límites. Te hicieron “poco menor que los ángeles”. Se te dio tu vida y se te dio el mundo para que lo administres, ordenes, adornes, disfrutes, ames, compartas. Cuando te desvías del propósito original y haces tu propia voluntad, sólo se te permite, mas no estás autorizado. Cuando realizas lo que se espera de ti, vives en libertad, fortaleces y nutres tu libertad; cuando vives a capricho, te haces esclavo de ti mismo, de tus instintos bajos, de tus inhabilidades. Tu libertad es condicional a tus acciones. La condición de la libertad es la fe y su obediencia.
Tus acciones provocan situaciones; tu desobediencia provoca destrucción.
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