“La Iglesia Metodista de México inició su vida autónoma contando
- con una considerable herencia consistente en un extenso campo de congregaciones,
- numerosos templos,
- casas Pastorales,
- dependencias de las instituciones.
- El tesoro más grande, sin embargo, fue el tener la conciencia de ser una Iglesia autónoma, estar constituida por un gran número de Metodistas y contar con un cuerpo bien definido de Pastores y de obreros laicos.
La Iglesia se organizó en dos conferencias: la Conferencia Anual Fronteriza y la Conferencia Anual del Centro. Aquélla con dos distritos y ésta con tres. Los colegios, centros sociales, hospitales y hogares estudiantiles constituyeron un valioso instrumento de la Iglesia para la expansión de su testimonio. Toda esta obra era sostenida y dirigida en su mayor parte con fondos y personal misionero.
Debe observarse, sin embargo, que para continuar su funcionamiento se necesitaba de recursos humanos y económicos que sobrepasaban la capacidad de la Iglesia nacional. La situación se había agravado desde la depresión económica de 1929; esto obligó a la Junta de Misiones de los Estados Unidos a disminuir considerablemente los fondos misioneros y a retirar a un buen número del personal. La prueba fue difícil para la Iglesia Metodista de México en esos primeros años de vida autónoma, pero gracias a Dios que fue un desafío al valor, a la fe en el Señor y al amor a su santa causa, pues la obra no sólo se sostuvo, sino que progresó”.
Pero hablemos un poco acerca de “autonomía”, en un archivo que hemos preparado.
De un clic en el siguiente enlace:
Un Fan Ganteano






