Myrna Isabel Muñoz Sáenz
Estos últimos años para mí han traído muchos cambios. En medio de todo, permití que el miedo y la ansiedad anidaran en mi cabeza y no dejaran espacio para que Dios se moviera libremente en mi vida. Así que tomé la decisión de permitir verdaderamente que Dios cambiara mis planes más allá de mi zona de confort y, en una serie de eventos muy afortunados, me llevó a Columbus, Ohio. Era algo que en verdad no estaba en mis planes, pero pude ser testigo de cómo Dios iba moviendo cada pieza en su lugar para que sucediera, así que decidí dejar ese miedo en sus manos y obedecerle. Recordar el Salmo 32:8 me ayudó a volver mi confianza en Dios: Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. Tiempo después Dios me permitió ver el panorama general y cómo es que todo tenía una razón de ser, lo cual fue un recordatorio de Su soberanía.
A través de la iglesia que me recibió, Global Community Church, Dios me abrió los ojos a nuevas formas de vivir la vida y fui contagiada de su amor por las naciones. Dios me retó de diferentes maneras y me gustaría compartirles algunas de mis reflexiones.
El primer shock que experimenté fue durante la oración. Toda mi vida he visto la oración como una actividad con sumo silencio, si acaso una música ambiental tranquila e inspiradora. Fue tal mi asombro escuchar a todos orar en voz alta al mismo tiempo; algunos incluso gritando, que debo admitir que esa vez no pude decir mas que “gracias Dios por…” y “amén”. De eso aprendí la importancia de desconectarme de las distracciones externas y enfocarme sólo en la presencia de Dios.
Durante el tiempo de alabanza nunca faltaban canciones en otros idiomas como hindi, mandarín, suajili y árabe. No conocía la mayoría; y aunque en la proyección ponían la traducción, era difícil tratar de pronunciar idiomas que nunca había escuchado, y aparte leer lo que significa. Entendí que era más importante ser consciente de dónde estaba mi corazón; esto me llevó a reflexionar sobre si realmente estaba adorando o sólo me dejaba llevar por las emociones que ya asociaba con ciertas canciones que me eran familiares. Me ayudó también a recordar a mis hermanos y hermanas en otros países y cómo somos todos un solo cuerpo en Cristo. Es hermoso ver también cómo Dios nos ha dado creatividad para adorarlo con diferentes ritmos y la libertad para adorarlo con todo nuestro cuerpo. Mientras escribía esto me acordé del corito que dice: Yo le alabo de corazón, yo le alabo con mi voz; y si me falta la voz yo le alabo las manos; y si me faltan las manos yo le alabo con los pies; y si me faltan los pies yo le alabo con el alma; y si me faltara el alma, es que ya me fui con Él.
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