Por Steve Cordle, Director Ejecutivo, The River Network International (trni.org)
Jesús fue un maestro. Durante su ministerio terrenal, sus discípulos le llamaban “Maestro”. Predicó el mejor sermón de la historia: el Sermón de la Montaña. Y encargó a sus seguidores que “enseñen a estos nuevos discípulos a obedecer todos los mandamientos que les he dado”. – Mateo 28:20 (NLT)
Por lo tanto, es apropiado que la predicación y la enseñanza tengan un papel central en la vida de la iglesia.
Aunque la enseñanza es insuficiente para hacer discípulos, es un componente crítico. No podemos simplemente predicar a la gente y esperar que se conviertan en discípulos que amen y obedezcan a Jesús. El grupo celular juega un papel esencial en formarnos a la imagen de Jesús.
Una predicación sólida es vital para nuestro desarrollo espiritual porque moldea la comprensión de las personas sobre Dios, la vida y la fe. Junto con un grupo celular, desempeña un papel importante en nuestro discipulado.
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