Por Rubén Pedro Rivera
Uno de los más graves problemas familiares que padecemos en nuestro tiempo es el machismo violento. Es ya cotidiano el hecho de enterarnos de uno o más feminicidios cada día. Pese al avance de la ciencia es de notar el retroceso de los valores éticos. El respeto a la vida humana ha disminuido con el paso del tiempo. La violencia intrafamiliar raya en lo irracional y despiadado. Los valores que embellecieron al matrimonio en tiempos pasados se consideran hoy caducos y obsoletos. Esto explica, en gran parte, la decadencia moral de la sociedad contemporánea.
Dentro del cuadro deprimente de una sociedad en declive moral, los cristianos no parecen estar influyendo lo suficiente como para detener, si no remediar, el desastre. Los casos de violencia intrafamiliar y la violación del pacto matrimonial también se dan dentro del territorio de quienes se dicen seguidores de Jesucristo. Esto es lo peor de todo, ya que la historia nos recuerda que la caída de las naciones poderosas del pasado se debió, no tanto a los ataques del exterior, como a la corrupción espiritual intramuros.
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