El trato hacia los futuros pastores
Es un reto profundo el llegar a un lugar nuevo donde no conoces a las personas con quienes vas a trabajar. Ahora, cuánto más lo es el llegar a una iglesia donde las personas son predecibles únicamente por la cultura que los rodea, y por todo lo demás hay que encargarnos de conocer. El primer paso es comenzar a identificar a cada persona, conocerla, y con ello rescatar aptitudes de cada uno de los miembros de la congregación; pero dentro del ir conociendo a los miembros, uno de los grandes riesgos es dar una primera mala impresión dificultando así cualquier proceso de socialización, y más aún si se trata de una mala imagen del pastor a la iglesia.
Ahora bien, para un pastor recién desempacado, el reto se complica de esta manera: un joven que es enviado a dirigir un grupo de personas ya muy establecidas en una iglesia, ha llegado en ocasiones a causar indignación por parte de la congregación hacia el joven o nuevo pastor. Pero también tenemos esta otra perspectiva de un pastor anciano de días, sabio, y de buen testimonio. Este pastor es en primera instancia mejor visto que el joven, y aún así también tiene un reto grande cuando es enviado a pastorear una iglesia nueva para él; porque puede no ser valorado como se debe sino hasta que la iglesia vea quién es y le conozcan; todavía con esto, también es una responsabilidad de este nuevo pastor por empoderarse y liderar con la autoridad que ha recibido de Cristo.
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