Pablo Negrete Solís
La historia de la libertad religiosa en México está profundamente entrelazada con los procesos políticos, sociales y espirituales que dieron forma a nuestra nación. Desde el monopolio religioso colonial hasta la consolidación del Estado laico, el camino hacia una auténtica libertad de conciencia fue largo y complejo. En ese recorrido, la Iglesia Metodista de México desempeñó un papel relevante como promotora del pluralismo religioso, la educación y la participación social inspirada en los valores del Evangelio.
Durante los tres siglos de dominio español (1521–1821), la Iglesia católica fue la única institución religiosa permitida en el territorio novohispano. El catolicismo estaba estrechamente ligado al poder político y a la identidad nacional, y cualquier disidencia religiosa era vista como una amenaza tanto espiritual como social. En ese contexto, la libertad religiosa no existía ni como concepto jurídico ni como práctica social: la religión y el Estado eran una sola entidad.
Con consumación de la independencia de México en 1821 surgieron nuevas ideas inspiradas en el liberalismo europeo y norteamericano. Aunque la primera Constitución de 1824 mantuvo el catolicismo como religión oficial, el debate sobre la libertad de conciencia comenzó a abrirse paso.
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