Cronista: Pastor Eliú Sabino Palomares
El pasado sábado 6 de septiembre fuimos convocados a participar en el LXXX Periodo de Sesiones de la Conferencia de Distrito Centro, celebrada en la iglesia El Creador en Iztacalco. Desde muy temprano, los hermanos y hermanas de aquella comunidad nos recibieron con un espíritu fraterno y hospitalario, ofreciéndonos café caliente y distintos aperitivos que acompañaban la espera. Entre ellos, aquel pan dulce en forma de concha que con sencillez, gran sabor y cariño, nos permitió compartir los primeros momentos de comunión mientras llegaban los delegados y representantes de las iglesias. Fue un inicio sencillo, pero profundamente significativo, que marcó el tono de todo lo que viviríamos en esta jornada de culto, reflexión y servicio al Señor.
Al dar inicio con el tiempo devocional, mientras los hermanos y hermanas de las diferentes iglesias continuaban llegando. Nos unimos en un mismo sentir para compartir un espacio de alabanza y adoración. Fue un momento en el que, con gratitud, preparamos nuestro espíritu para lo que vendría, elevando nuestras voces y corazones al Señor. En ese ambiente de comunión, recibimos el mensaje de nuestro obispo Agustín Altamirano Ramos, inspirado en el Evangelio según Mateo 19:13-15, bajo el tema: “¡Cuidado con los niños!”.
En su sermón, el obispo subrayó que la vida cristiana comienza desde el nacimiento y que la iglesia está llamada a integrar activamente a niñas y niños como discípulos plenos, no a relegarlos. A la luz del mandato de Jesús —“dejad que los niños vengan”— exhortó a crear espacios inclusivos, tanto materiales como espirituales, donde ellos puedan crecer en la fe: salones preparados, tiempos dedicados y una escucha atenta a sus preguntas con creatividad y paciencia. Asimismo, animó a acompañar a las familias en la formación de la fe de los más pequeños, reconociendo que en ellos también se manifiesta la gracia de Dios. El mensaje concluyó con una oración ferviente, pidiendo al Espíritu Santo que guíe este compromiso comunitario y renueve en nosotros el llamado a cuidar y bendecir a las nuevas generaciones.
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