LIC. JESÚS JAVIER PRADA
- Marco teórico
- Teologías tecnófobas
Quizá el más prominente análisis estructurado, filosófico y universalista del asunto, ha sido la del sociólogo y teólogo reformado francés Jackes Ellul (1912-1994). Ellul fue catalogado por Mitchan, junto a L. Munford, J. Ortega y Gaset y M. Heidegger, como uno de los representantes más influyentes de la filosofía de la tecnología hermenéutica (Mitchan, 1989, p. 51). Ellul consideró que analizar la técnica era muy necesario puesto que es un tema desconocido y “ningún hecho social, humano o espiritual, tiene tanta importancia en el mundo moderno como el hecho técnico” (2003, p. 7). En sus obras (13), muestra las preocupaciones por los conflictos éticos y sociales que ha traído consigo el desarrollo tecnológico. Las reflexiones de Ellul sobre la técnica son muy amplias y profundas, de modo que aquí solamente se ofrece una síntesis de los aspectos más esenciales de su pensamiento teológico al respecto.
Ellul arguye que, aunque la técnica se desarrolló en el contexto occidental de tradición cristiana, no fue por el mero concepto, cultura e influencia del cristianismo tradicional que tuvo su auge, sino debido a otros factores que irrumpieron en ese contexto. Argumenta que el cristianismo occidental, que dominó fuertemente entre los siglos IV y XIV, no originó interés real por lo técnico en ninguna de las áreas de la vida humana. Incluso, en los siglos siguientes, cuando Europa se fragmentó desde la Reforma Protestante, los avances técnicos fueron pocos. De modo que la Reforma, aunque rompió barreras, tampoco dio un impulso decisivo a la técnica. Aún más, el desarrollo técnico moderno, tal como lo conocemos, comenzó en una época donde el cristianismo perdía mucha influencia; el impulso provino de la aparición y esparcimiento del movimiento renacentista, el humanismo y el Estado autoritario unido al influjo de Oriente. (Ellul, 2003, pp. 37-41, 44).
Con esto, según Ellul, el cristianismo no tiene una idea intrínseca de que el ser humano deba desarrollar la técnica. De hecho, hasta cierto punto, el cristianismo se opone a la técnica por su desprecio a las riquezas mundanas en favor de las riquezas celestiales, por el contraste entre esta vida pasajera y la eterna venidera, por su idea de un mundo caído que desaparecerá pronto por lo que no vale desarrollar el presente y su preocupación por lo espiritual y lo escatológico. Aunado a esto, la creencia en un juicio final que implica la pregunta constante por lo justo o no de cada posible cambio en los medios de producción o de organización de grupos sociales. (Ellul, 2003, pp. 42, 43).
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