Autor: Hugo Almanza

Las costumbres y el examen

costumbres

“Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos” (Proverbios 4:26)

Muchas personas en estas fechas, al final del año, según la tradición, comen uvas mientras escuchan las campanadas del término del año. Esta tradición comenzó a principios del siglo XX. Al parecer fue promovida por los comerciantes en un año con una cosecha muy abundante de uvas. Desde entonces, a esta costumbre se le llama «tomar las uvas de la suerte».

Asimismo, en otros lugares del mundo es costumbre tomar en nochevieja un plato de lentejas. En otros sitios se agrega la tradición de tirar los trastos viejos a la calle, lo que también traería suerte. Y en otros lugares llenan una maleta de ropa para viajar y dormir la noche vieja con ropa interior color rojo para amanecer con otra color amarillo, para tener muchos viajes durante el año y suerte en el amor y en el dinero.

Los cristianos no creemos en la suerte, sino en el Señor, y como tales, nuestra prioridad en este año ha sido el Señor, porque él ha dirigido nuestras vidas, él ha dirigido nuestras decisiones y situaciones; él se ha hecho cargo de nuestros problemas, angustias y enfermedades. Por lo tanto, la evaluación de esta noche para iniciar el año 2015 debería ser en cuanto a esa relación que tenemos con el Señor, y basarnos en las siguientes preguntas:

  • ¿Hubo falla en alguna área de tu vida que te afectó espiritualmente? ¿Qué hiciste para superarla?
  • ¿Tomaste en cuenta a Dios en tus decisiones durante este año?
  • ¿Crees que agradaste a Dios con tu forma de vivir durante este año?
  • ¿Leíste algún libro completo de la Biblia y te edificaste durante este año?
  • ¿Le hablaste a alguien de Cristo durante este año?
  • ¿Serviste a Dios y a tu prójimo como este lo merecía?
  • ¿Oraste y luchaste por la justicia y la verdad en este año?

Si no lo hiciste, que esas sean tus metas durante el 2016; y si lo hiciste, procura superarlas y centrarlas en el Señor. Si buscas amor, dinero o viajes, él te bendecirá; no busques en fetiches o en ideas raras, busca al Señor y él te concederá las peticiones de tu corazón.

CONTEXTO DEL TEXTO

David le enseñó a Salomón cuando era niño que buscar la sabiduría de Dios era lo más importante que podía hacer. Salomón aprendió bien la lección. Cuando Dios apareció ante el nuevo rey para concederle cualquier petición, Salomón eligió la sabiduría por encima de cualquier otra cosa. Nosotros también debemos hacer que Dios y su sabiduría sean nuestra primera opción. No tenemos que esperar a que El aparezca ante nosotros. Con valor podemos pedirle sabiduría hoy mediante la oración.

LO QUE ME ENSEÑA EL TEXTO BÍBLICO

  1. Realizar un examen de mi vida es necesario hoy, pero no sólo hoy, sino cada día.
  2. Al analizarme, veo que Dios ha sido el protagonista de mi historia, su amor me ha sostenido porque yo no he sido capaz de amar, perdonar, ni ser justo como él lo espera.
  3. Que al analizar mi actuar cotidiano, veo que lo que no hice lo haré en su nombre, y veré no sólo una vida nueva en mí, o un año nuevo en mí, sino una sociedad nueva.

ORACIÓN

Señor, gracias porque tú has sido el Hashtag de este año 2015, si no fuera por ti, yo hubiera caído, o hubiera sido destruido o muerto. Gracias por tu grande amor hacia mí, gracias porque a pesar de los problemas y conflictos, los tomaste y los transformaste para ser superados; gracias por mi familia y por los que me aman y también por los que no. Señor, a la vez confieso que no he hecho mucho por mis hermanos que sufren, los que han perdido a sus hijos desaparecidos, los que necesitan de ti. Señor, ven e inunda a este país de tu amor y de tu justicia en este 2016, para que vivamos en paz y en amor, en el nombre de tu Hijo, amén.

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Noticias del Instituto Laurens AC

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Monterrey, N. L.

Activando corazones para dar y compartir.

Los alumnos del Instituto Laurens, Campus Insurgentes, como parte de su formación integral y viendo por los más necesitados realizaron diferentes campañas para ver por los menos favorecidos. Esta actividad fue de enorme bendición y quien más recibimos fuimos nosotros, con los rostros de satisfacción y gozo de nuestros alumnos; al ver recompensado sus esfuerzos con un “gracias” acompañado de una enorme sonrisa o con un abrazo sincero de parte de todos y cada uno de los que recibieron una atención de parte de nuestros alumnos.

Se realizaron campañas de colecta de juguetes para dos escuelas con gran necesidad en la localidad. Los alumnos recaudado fondos para cumplir un sueño de un joven con cáncer, quien les compartió su testimonio y su historia de vida, invitándolos a cuidar y valorar lo más importante que es la salud. A su vez realizaron colecta de bufandas, guantes, gorros, calcetones y juguetes, para armar regalos personalizados para los niños que viven en la Comunidad Alianza Real. Se visitó UNNICAN (Unidos por un niño sin cáncer) en donde se entregaron donativos en especie. Las alumnas de Licenciatura en Educación Bilingüe realizaron una vista de alegría, color, sorpresas y enseñanzas a los niños de oncología de ISSSTE.

Trabajo en equipo, pero principalmente de corazón por parte de los alumnos y equipo docente del Instituto Laurens, Campus Insurgentes.

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Formado Emprendedores Educativos en el Instituto Laurens

Basados en el compromiso que tenemos como Institución Educativa, se llevó a cabo el Simposio de “Gestión Empresarial en la Educación” para los alumnos de la Licenciatura en Educación Bilingüe, siendo el principal objetivo que los futuros líderes educativos adquieran el espíritu emprendedor y por ende transformen su entorno mediante soluciones innovadoras y auténticas; partiendo de la esencia del mismo alumno, brindando calidad y calidez educativa.

El Simposio se basó en los siguientes temas: “Procesos para iniciar mi propio CENDI”, “Haz lo que te apasiona, construye valor y vuélvete rico” y “Ocho claves para emprender un negocio exitoso”. Temas que permitieron a nuestros alumnos ampliar su visión educativa empresarial.

¿Y tú estás listo para desarrollar tu espíritu emprendedor?… si es así, la Licenciatura en Educación Bilingüe, del Instituto Laurens, A.C. es para ti.

LIC. ELIZABETH GARCÍA ZAPATA
DIRECCIÓN GENERAL / UNIDAD INSURGENTES

Venid Pastorcillos

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Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre” (Lucas 2:16)           

Se atribuye la autoría del himno con este título a Francisco Martínez de la Rosa. Político y escritor español (Granada, 1787 – Madrid, 1862). Este catedrático de Filosofía Moral de la Universidad de Granada (1808) se sumó a las filas de los revolucionarios liberales durante la Guerra de la Independencia (1808-14) y fue diputado en las Cortes de Cádiz que aprobaron la Constitución de 1812. Por ello, fue encarcelado tras el regreso de Fernando VII y el restablecimiento del absolutismo.

En lo que respecta a su trabajo de escritor, cabe mencionar que colaboró con importantes periódicos de la época, como lo eran «El Español» y «El Diario de Granada». Además, escribió obras de teatro y poesía. Algunos títulos de su autoría son «Aben Humeya o la rebelión de los moriscos«, «La boda y el duelo» y «La viuda de Padilla«.

Además, fue creador de dos novelas históricas que se intitulan «Isabel de Solís» y «Hernán Pérez del Pulgar, el de las hazañas» y de numerosas poesías, algunas de las cuales aparecen en una antología llamada «Poesías«. En esta web podrás encontrar tres de ellas: «La niña descolorida», «La tormenta» y «Reloj de arena«. “Historia de Himnos Cristianos”.

HIMNO

Venid, pastorcillos, venid a adorar,
Al Rey de los cielos que nace en Judá.
Sin ricas ofrendas podemos llegar,

Que el niño prefiere la fe y la bondad.


 Un rústico techo abrigo le da;

Por cuna un pesebre, por templo un portal;

En lecho de pajas incógnito está,

Quien quiso a los astros su gloria prestar.


 Hermoso lucero le vino a anunciar,

Y magos de Oriente buscándole van;

Delante se postran del Rey de Judá,

De incienso, oro y mirra tributo le dan.


 

Con fe y con gozo vayamos a él,

Que el Niño es humilde y nos ama muy fiel.

Los brazos nos tiende con grato ademán:

«Venid», nos repite su voz celestial.

CONTEXTO DEL TEXTO

Dios continúa revelando a su Hijo, pero no a los que esperaríamos. Lucas narra que el nacimiento de Jesús se les anunció a los pastores de la región. Estos quizás eran los abastecedores de ovejas para los sacrificios en el templo, ofrecidos para el perdón de los pecados. Los ángeles invitaron a estos pastores a recibir al Cordero de Dios (Juan 1:36) que quitaría los pecados de todo el mundo para siempre.

ENSEÑANZA

  1. El nacimiento de Jesús, de acuerdo a la Biblia, causó muchas sorpresas entre los pastores, entre los magos, incluso en Herodes; desde su nacimiento fue extraordinario.
  2. Dios mostró a los más sencillos su plan y les reveló su esplendor.
  3. Los pastores, al ver el nacimiento de Jesús, fueron y lo publicaron. No sabemos si les creyeron, pero cumplieron su misión.

ORACIÓN

Señor Jesús, gracias porque no te quedaste aferrado a tu trono, a tu silla de poder y esplendor, sino que te despojaste de él y viniste a esta tierra para hacerte hombre, y además humilde y extraordinariamente, y diste tu vida por amor para conquistar a la humanidad, no por violencia, sino por amor. Gracias porque nos has conquistado, sigue, Señor, conquistando a este mundo, a esta sociedad, y danos el gozo y la alegría de seguir colaborando en la extensión de tu Reino. Perdona porque no lo hemos hecho como debiéramos. Sigue inspirándonos y exigiéndonos para hacerlo. En el nombre de tu Hijo, Amén.

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Homologación Metodismo Antiguo y Moderno

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Esta es una idea original y espontánea lograda en una sesión de trabajo del Obispo Fernando Fuentes Amador y colaboradores. Fue compartida aún sin afinar detalladamente a los pastores y discípulos de la Conferencia Anual Oriental (CAO). Al encontrarla, nos pareció una buena propuesta para contextualizar la organización metodista original con la organización local de la IMMAR, y por eso la publicamos aquí.

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Dos pequeñas observaciones nos atrevemos a hacer: Primero, examinar la conveniencia del uso del sustantivo “solitud”, que es anticuado y ya inusual, para actualizarlo con la frase “Solitarios con Dios”, “En soledad con Dios” o “A solas con Dios”, o de alguna otra forma. Y segundo, reconsiderar si la palabra “superficial” describe con justicia los niveles de relación vertical y horizontal que ofrece una reunión de celebración o culto congregacional, para recurrir probablemente a un término con una connotación menos severa.

Por lo demás, como ya dijimos, es una ingeniosa adaptación de lo histórico con el presente que podría servirnos como referencia para un programa de Desarrollo Cristiano.

Pronunciamiento y Actas de ALAIME

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Reunidos en la ciudad de Puebla, México, entre los días 8 y 10 de octubre de 2015, en las Jornadas Pedagógicas 2015, los representantes de las instituciones educativas afiliadas a la Asociación Latinoamericana de Instituciones Metodistas de Educación (ALAIME) reflexionamos acerca del tema “Educación metodista: formación ciudadana global y dignidad de vida”. Asimismo, los delegados representantes de los países asistentes se reunieron en la VII Asamblea General de ALAIME para considerar la marcha de la asociación y renovar los miembros de su Consejo Directivo.

Las Jornadas Pedagógicas contaron con la participación de educadoras y educadores provenientes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Honduras, México, Panamá, Perú y Uruguay, e invitados fraternales de Estados Unidos, en representación del General Board of Higher Education and Ministries (GBHEM) y del General Board of Global Ministries (GBGM), ambos de la United Methodist Church.

En forma simultánea se desarrolló también el III Encuentro latinoamericano de estudiantes secundarios de ALAIME, con representantes de las instituciones educativas metodistas de Argentina, Brasil, México, Panamá y Uruguay. Ellos compartieron un temario propio y otras actividades integradas a las Jornadas. Transcribimos un párrafo de la reflexión final de este encuentro:

“Los estudiantes secundarios reunidos en su III Encuentro, tomaron conciencia del reto que representa aceptar la búsqueda de la igualdad, priorizar la neutralidad climática en las escuelas y usar productos locales. Sin embargo, se comprometieron a esa responsabilidad, con disposición y anhelo de bienestar entre los jóvenes, buscando siempre el progreso como fin y cooperación.»

Todos los comprometidos en estas jornadas, asamblea y encuentro continuamos con la larga tradición de compromiso con la vida de nuestros pueblos en todos sus aspectos, que se expresa en el accionar y en la reflexión de nuestras instituciones educativas.

Manifestamos nuestra preocupación por los fenómenos sociales y, entre ellos, por el más desgarrador de esta época: las olas migratorias, empujadas por las guerras, por la discriminación y el hambre, que hacen que las familias se lancen al mar a riesgo de sus vidas para intentar un destino mejor en tierras más prósperas y tranquilas. Es evidente que no estamos preparados para recibir a tantos hermanos en desgracia, no tanto por carecer de los medios materiales para esta empresa, sino por la dificultad de que ellos encuentren cabida en nuestros corazones y en medio de nuestras sociedades. Ante esta tragedia, que produce tanta exclusión y muerte, la reflexión bíblica teológica que compartimos nos recuerda que el fundador del metodismo, John Wesley, decía que no le temía a los tiempos difíciles, que debíamos ser amigos de todos y enemigos de nadie, con mentes, corazones y brazos abiertos, inspirados en la ética del amor y de la hospitalidad para el extranjero o el extraño. Si la amistad es la forma de relacionarse con el otro hoy, podríamos proponer que esta mirada sea el sustento de una ciudadanía global, dado que la Teología de la Cruz desafía toda actitud discriminadora.

Esta ciudadanía global nos muestra que estamos interconectados o intercomunicados como nunca, pero gobernados por los intereses económicos, y con un profundo descuido por el presente y el futuro de nuestro planeta que se extiende a la falta de preocupación por la dignidad del ser humano. Esto hace que se nos diga que nuestro mundo globalizado se encuentra también en un vacío ético global.

En el escenario actual de los cambios científicos y tecnológicos se está modificando nuestra vida, lo que crea tal incertidumbre que en algunos de nosotros aparece la nostalgia y la idealización por el pasado. Frente a la cultura digital sentimos, a veces, a la relación docente- alumno como una relación casi imposible. La escuela, a partir de su función tradicional de trasmisión y reproducción del saber, se interroga cómo cumplir su función en esta época y con estos nuevos sujetos. Quizás necesitamos un cambio en nuestra forma de ver a la escuela, y nuestro desafío sea ayudar a los docentes a descubrirse y relacionarse con los alumnos.

La Educación Metodista, que fue pionera en múltiples innovaciones educativas cuando se insertó en nuestro continente, tiene que plantearse qué es relevante enseñar y cómo lo hacemos, salir del lugar del maestro que revela verdades absolutas e indiscutibles para ir hacia un lugar de producción y de duda; revisar nuestras prácticas docentes y encontrar un discurso esperanzador que nos lleve a aportar a la solución de los problemas que enunciamos en esta reflexión. Esta propuesta debe garantizar una educación de calidad, equitativa e inclusiva y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos.

Los metodistas no le tememos a los tiempos difíciles, somos amigos de todos y enemigos de nadie, y buscamos en nuestras instituciones educativas mentes, brazos y corazones abiertos para este desafiante siglo XXI.

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Adjuntamos dos documentos para descarga con información adicional:

Folleto Evangelístico Navideño

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El precio de la gracia (Parte 24)

 

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Dietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.

Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.

Continuamos con la publicación de su obra más difundida, El Precio de la Gracia. Vamos en la Segunda Parte de la obra, La Iglesia de Jesucristo y el Seguimiento, de donde entregamos ahora la segunda fracción del Capítulo 5, Los Santos.

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  1. Los Santos (segunda fracción)

El anuncio de la muerte de Cristo constituye para nosotros la predicación de la justificación. La incorporación al cuerpo de Cristo, es decir, a su muerte y resurrección, es el bautismo. Cristo murió una vez, y el bautismo y la justificación nos son dados también de una vez para siempre. En el sentido más estricto, son irrepetibles. Lo que se puede repetir es solamente el recuerdo de esta acción de la que hemos sido objeto de una vez por todas; y no sólo se lo puede repetir, sino que se lo debe repetir diariamente. Sin embargo, el recuerdo es distinto de la cosa misma. Para quien pierde la cosa, ya no existe el recuerdo. La Carta a los hebreos tiene razón en esto (Heb 6, 5; 10, 26s). Si la sal pierde su sabor, ¿con qué se le devolverá? A los bautizados se les dice: «¿No sabéis…?» (Rom 6, 3; 1 Cor 3, 16; 6, 19) y: «Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Jesucristo» (Rom 6, 11). Todos estos acontecimientos se han desarrollado no sólo en la cruz de Jesús, sino también en vosotros. Estáis separados del pecado, habéis muerto, estáis justificados.

Con esto, Dios ha realizado su obra. Ha establecido su santuario en la tierra por medio de la justicia. Este santuario es Cristo, el cuerpo de Cristo. La separación del pecado se efectúa por la muerte del pecador en Jesucristo. Dios tiene una Iglesia purificada del pecado. Es la Iglesia de los discípulos de Jesús, la comunidad de los santos. Estos son recibidos en su santuario, ellos mismos son el santuario, su templo. Han sido sacados del mundo y viven en un espacio nuevo, propio, en medio del mundo.

Desde ahora, en el Nuevo Testamento los cristianos sólo se llamarán los «santos». El otro término que podría concebirse, los justos, no se admite porque no puede describir de la misma forma toda la magnitud del don recibido. Se refiere al acontecimiento único del bautismo y de la justificación. Hay que renovar cada día la memoria de este acontecimiento. Los santos siguen siendo los pecadores justificados. Pero con el don único del bautismo y de la justificación y su recuerdo cotidiano se nos garantiza, por la muerte de Cristo, el don de la conservación de la vida de los justificados hasta el último día.

Ahora bien, la vida conservada de esta forma es la santificación. Ambos dones tienen el mismo fundamento: Jesucristo crucificado (1 Cor 1, 2; 6, 11). Ambos dones tienen el mismo contenido: la comunión con Cristo. Ambos son inseparables entre sí. Pero, precisamente por eso, no son lo mismo. Mientras que la justificación atribuye al cristiano el acto realizado por Dios, la santificación le promete la acción presente y futura de Dios. Mientras que en la justificación el creyente es situado, por la muerte única, en la comunión con Jesucristo, la santificación le mantiene en el espacio en que ha sido colocado, en Cristo, en la Iglesia.

Mientras en la justificación se halla en primer plano la situación del hombre con respecto a la ley, lo decisivo en la santificación es la separación del mundo hasta la vuelta de Cristo. La justificación incorpora al individuo a la Iglesia, la santificación mantiene la comunidad entre todos los individuos. La justificación arranca al creyente de su pasado pecador, la santificación le hace vivir en Cristo, permanecer firme en su fe y crecer en la caridad. Justificación y santificación pueden ser concebidas con unas relaciones semejantes a las que existen entre creación y conservación. La justificación es la nueva creación del hombre nuevo; la santificación, su mantenimiento, su conservación hasta el día de Jesucristo.

En la santificación se cumple la voluntad de Dios: «Sed santos porque yo soy santo», y: «Santo soy yo, Yahvé, que os santifico». Este cumplimiento es obra del Espíritu santo, Dios. En él se perfecciona la obra de Dios en el hombre. Es el «sello» con que son sellados los creyentes para convertirlos en propiedad de Dios hasta el día de la redención. Igual que antes se hallaban prisioneros de la ley, como en una prisión cerrada (GaI3, 23), los creyentes se encuentran ahora encerrados «en Cristo», sellados con el sello de Dios, el Espíritu santo.

Nadie tiene derecho a romper este sello. Dios mismo ha cerrado, guardando la llave en su mano. Dios se ha apoderado plenamente de aquellos a los que ha adquirido en Cristo. El círculo está cerrado. En el Espíritu santo, el hombre se ha convertido en propiedad de Dios. Aislada del mundo por un sello inviolable, la Iglesia de los santos espera la salvación definitiva. La Iglesia atraviesa el mundo igual que un tren sellado recorre un territorio extranjero. El arca de Noé debió ser «calafateada por dentro y por fuera con betún» (Gn 6, 14) para poder salvarse del diluvio; también el camino de la Iglesia sellada se asemeja al viaje del arca sobre las aguas del mar.

Lo que se pretende con estos sellos es la redención, la liberación, la salvación (Ef 4,30; 1, 14; 1 Tes 5, 23; 1 Pe 1,5 y passim) a la vuelta de Cristo. Pero quien garantiza el fin de su viaje a los que han sido sellados es precisamente el Espíritu santo.

Para ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo. En él también vosotros, tras haber oído la palabra de la verdad, la buena nueva de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu santo de la promesa, que es prenda de nuestra herencia, para redención del pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria (Ef 1, 12-14).

La santificación de la Iglesia consiste en que es apartada por Dios de lo impío, del pecado. Consiste en que, al ser sellada de esta forma por Dios, se convierte en propiedad suya, en morada de Dios sobre la tierra, en el lugar de donde parte hacia todo el mundo el juicio y la reconciliación. La santificación consiste en que los cristianos estén completamente orientados y mantenidos en dirección a la venida de Cristo, y salgan a su encuentro.

Para la comunidad de los santos, esto significa tres cosas: su santificación se verificará en una nítida separación del mundo. Su santificación se verificará en una forma de vida digna del santuario de Dios. Su santificación estará oculta en la espera del día de Jesucristo.

Por consiguiente, este es el primer punto, sólo hay santificación en la Iglesia visible. El carácter visible de la Iglesia es un signo decisivo de la santificación. La Iglesia, al reivindicar un lugar en el mundo y limitar el espacio reservado a este, da testimonio de que se halla en estado de santificación. Porque el sello del Espíritu santo sella a la Iglesia frente al mundo. Con el poder de este sello, la Iglesia de Dios debe hacer valer su derecho sobre el mundo entero y, al mismo tiempo, reclamar para sí un espacio determinado en el mundo, trazando netamente los límites entre ella y este.

Puesto que la Iglesia es la ciudad sobre la montaña, polis (Mt 5, 14), fundada en la tierra por Dios; puesto que, en cuanto tal, constituye la propiedad sellada de Dios, su carácter «político» forma parte indisoluble de su santificación. Su «ética política» se basa únicamente sobre su santificación, según la cual el mundo debe ser mundo y la Iglesia, Iglesia; no obstante, la palabra de Dios debe dirigirse a partir de la Iglesia a todo el mundo, como el mensaje de que la tierra, con todo lo que posee, es del Señor; tal es el carácter «político» de la Iglesia.

Una santificación personal que quisiera prescindir de esta delimitación pública y visible de la Iglesia con relación al mundo, confundiría los deseos piadosos de la carne religiosa con la santificación de la Iglesia por el sello de Dios, obtenida en la muerte de Cristo. Una característica del orgullo ilusorio y de la falsa ambición espiritual del hombre viejo consiste en querer ser santo fuera de la comunidad visible de los hermanos.

Tras la humildad de esta interioridad se oculta el desprecio por el cuerpo de Cristo, en cuanto comunión visible de los pecadores justificados. Desprecio del cuerpo de Cristo, porque Cristo quiso tomar mi carne de forma visible y llevarla a la cruz; desprecio de la comunión, porque quiero ser santo por mí mismo, sin los hermanos; desprecio de los pecadores, porque me retiro de la forma pecadora de mi Iglesia para refugiarme en una santidad que me elijo a mí mismo. La santificación fuera de la Iglesia visible es una autocanonización. La santificación por el sello del Espíritu santo pone siempre a la Iglesia en una situación de combate. En definitiva, se trata de defender este sello para que no sea roto ni por dentro ni por fuera, para que el mundo no intente convertirse en Iglesia, ni la Iglesia en mundo. La lucha de la Iglesia por el espacio concedido en la tierra al cuerpo de Cristo es lo que constituye su santificación. La guerra santa de la Iglesia en favor del santuario de Dios sobre la tierra pretende separar al mundo de la Iglesia, y a la Iglesia del mundo.

Sólo hay santuario en la Iglesia visible. Pero, este es el segundo punto, precisamente en la separación del mundo, la Iglesia vive en el santuario de Dios y, en ella, existe un fragmento del mundo que vive en este santuario. Por eso, los santos deben actuar en todo de forma digna de su vocación y del Evangelio (Ef 4, 1; Flp 1,27; Col 1, 10; 1 Tes 2, 12); ahora bien, sólo serán dignos recordando cada día el Evangelio del que viven. «Habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados» (1 Cor 6, 11). Su santificación consiste en vivir diariamente de este recuerdo. El mensaje del que deben ser dignos afirma que el mundo y la carne han muerto, que los cristianos están crucificados y muertos con Cristo en la cruz y por el bautismo, que el pecado no puede seguir dominando sobre ellos porque su soberanía ha sido destrozada; consiguientemente, es imposible por completo que el cristiano peque.

«Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado» (l Jn 3, 9). Se ha realizado la ruptura. La vida «pasada» (Ef 4,22) ha terminado. «En otro tiempo fuisteis tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor> (Ef 5, 8). En otro tiempo practicaban «las obras infructuosas de la carne», ahora el Espíritu produce las obras de la santificación. Por consiguiente, ya no se puede llamar «pecadores» a los cristianos, puesto que este término se aplica a hombres que viven bajo el poder del pecado; cf. la única excepción que, por lo demás, es una afirmación concerniente al que pronuncia el término: 1Tim 1, 15); más bien, eran en otro tiempo pecadores, impíos, enemigos (Rom 5,8.19; Ga12, 15.17), pero ahora son santos a causa de

Cristo. En su calidad de santos se les recuerda que deben ser lo que son, y se les exhorta a ello. No se exige algo imposible: que los pecadores sean santos, esto sería recaer en la justificación por las obras y blasfemar de Cristo; los que deben ser santos lo son ya, porque han sido santificados en Cristo Jesús por el Espíritu santo.

La vida de los santos brota de un trasfondo terriblemente negro. Las sombrías obras de la carne son totalmente desveladas por la clara luz de la vida en el Espíritu:

Fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes (GaI 5, 19).

Todo esto no tiene ya cabida en la Iglesia de Jesús. Ha sido abolido, juzgado en la cruz, exterminado. Desde el principio se dice a los cristianos que «quienes hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios» (Gal 5, 21; Ef 5, 5; 1 Cor 6, 9; Rom 1,32). Estos pecados separan de la salvación eterna. Sin embargo, si uno de estos vicios llega a manifestarse en la Iglesia, debe provocar la exclusión de la comunidad (l Cor 5, s). En los llamados «catálogos de vicios» es frecuente encontrar una semejanza profunda entre las enumeraciones de los pecados. Casi sin excepción se halla en primer lugar la fornicación incompatible con la nueva vida del cristiano. Sigue, la mayoría de las veces, la codicia (1 Cor 5, 10; 6, 10; Ef 4, 19; 5,3-5; Col 3, 5; 1Tes 4, 4 ss), que puede ser resumida, con la precedente, bajo el término de «impureza», de «idolatría» (l Cor 5, 10; 6, 9; Gal 5, 3.19; Col 3, 5.8). Vienen a continuación los pecados contra el amor fraterno y, por último, los de gula. No es casual que la lista de pecados esté encabezada por la fornicación. No hay que buscar la causa de esto en circunstancias particulares de la época, sino en el género especial de este pecado. En él revive el pecado de Adán, que consistió en querer ser como Dios, en querer ser creador de la vida, en querer reinar y no servir. En él, el hombre traspasa los límites que le han sido impuestos por Dios y atenta contra sus criaturas.

Fue el pecado de Israel, que negó incesantemente la fidelidad de su Señor y se «prostituyó con los ídolos» (l Cor 10, 7), uniéndose a ellos. La fornicación es, ante todo, un pecado contra Dios creador. Mas para el cristiano es especialmente un pecado contra el cuerpo de Cristo, porque el cuerpo del cristiano es miembro de Cristo. Sólo pertenece a Cristo. Ahora bien, la unión física con una prostituta suprime la comunión con Cristo.

(En la siguiente edición continuaremos con la tercera fracción de este Capítulo 5 sobre Los Santos).

Tal como soy

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Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25)

Fue en 1836 que una joven británica hacía preparativos para asistir a un baile a celebrarse en su pueblo. Se llamaba Carlota Elliot, y era de buena preparación y presentación. Salió muy entusiasmada para encomendar a su costurera hacerle el traje de gala para esa ocasión especial.

En el camino la joven se encontró con un señor cristiano, amigo de la familia, y hombre fiel y sincero. Carlota le saludó y le manifestó el propósito de su diligencia. El varón le comentó que tuviera cuidado con la vanidad de la vida.

La joven, muy enojada, le contestó, “esto no es asunto tuyo” y siguió. El baile se realizó. La dinámica Carlota fue una de las jóvenes más alegres y elogiadas. Pero al acostarse, sintió decepción; no estaba cansada, se encontraba vacía. Una espina se hincaba en su mente. Su conciencia le perturbaba.

Ese señor siempre se había mostrado cariñoso, y la manera ruda en que ella le había tratado llenó su pecho de pesar. Ella no quería reconocerlo, pero estaba viendo que él tenía razón. El brillo de este mundo es engañoso y es vanidad.

Al cabo de tres días de reflexión dolorosa. Carlota visitó al amigo. Le dijo “por días he sido la joven más decepcionada, ahora anhelo encontrar la verdad que usted tiene, ¿qué debo hacer?”

Por supuesto, el hombre no perdió el tiempo en perdonar la conducta tan contraria con la que la joven lo había ofendido. Con toda sencillez y cariño, ese señor le dirigió a la fuente de paz. Simplemente entrégate, hija, a Cristo Jesús, el que murió por ti en la cruz, tal como eres. Eso le pareció extraño, ella nunca había entendido que la salvación fuera tan accesible. ¿Tal como soy? Pero soy mala, indigna, ¿cómo puede Dios aceptarme?

Esto es precisamente lo que tú has tenido que reconocer, fue la respuesta del varón, puedes venir a Cristo “tal como eres”. La joven se sintió abrumada al asimilar la verdad sencilla de esas palabras, fue a su habitación, dobló sus rodillas y ofreció a Dios su corazón indigno. Pidió el perdón de su pecado y puso su fe en Jesús. La dama vivió más y más el gozo de la salvación. Pensando en su experiencia, empleó su talento de escritora, y así nació el himno TAL COMO SOY.

CONTEXTO DEL TEXTO

Como nuestro Sumo Sacerdote, Cristo es nuestro abogado, el mediador entre nosotros y Dios. El cuida de nuestros intereses e intercede por nosotros ante Dios. El sumo sacerdote del Antiguo Testamento se presentaba delante de Dios una sola vez al año para interceder por el perdón de los pecados de la nación; Cristo intercede por nosotros, delante de Dios, de modo permanente. La presencia de Cristo en el cielo con el Padre nos asegura que nuestros pecados han sido pagados y perdonados (véase Ro. 8:33,34; He. 2:17,18; 4:15,16; 9:24). Esa maravillosa seguridad nos libra de condenación y del temor a fracasar.

LO QUE ME DICE EL TEXTO

  1. Que Cristo Jesús es nuestro sacerdote quien intercede por nosotros
  2. Que sólo debeos acercarnos y pedirle perdón, y hará la obra maravillosa
  3. Al mismo tiempo que nos ha perdonado, continúa intercediendo por nosotros ya que no basta darnos la salvación, sino que busca que la ejerzamos.

ORACIÓN

Señor, gracias porque sin merecerlo, quienes nos hemos acercado a ti para pedirte perdón de todas las faltas y fallas, nos has perdonado; pero al mismo tiempo, gracias por interceder por nosotros para continuar en el mismo camino. Gracias por aceptarnos tal como somos. Te ruego, Señor, que sigas trabajando con vidas alejadas de ti, vidas decepcionadas, quebradas y casi destruidas, e igualmente por corazones duros y necios, orgullosos y soberbios, muchos de ellos son los que tienen el poder y el dinero y manipulan a la gente, la engañan y destruyen vidas. Ven, Señor Jesús, y manifiesta tu amor y poder en todos nosotros, en el nombre de tu Hijo, Amén.

juan_pluma