PRONUNCIAMIENTO DEL DISTRITO CHIHUAHUA DE LA IMMAR ANTE LAS AUTORIDADES Y LA NACIÓN MEXICANA
La Conferencia del Distrito Chihuahua de la Iglesia Metodista de México, A. R. (IMMAR) se reunió los días 28 al 30 de noviembre de 2014, en Cd. Juárez, Chih. Este Distrito Chihuahua está integrado por todas las iglesias metodistas que se encuentran en el Estado de Chihuahua, y a su Conferencia acudieron a sesionar los pastores y líderes laicos representantes de cada una de las congregaciones. En la estructura de la IMMAR, un Distrito es presidido por un Superintendente de Distrito, que en nuestro caso es el Pbro. Carlos Samuel Flores Chávez; un Distrito pertenece a la vez a un territorio más grande, que denominamos Área Episcopal y es presidida por un Obispo, que en nuestro caso es el Pbro. David Ibarra Álvarez
Uno de los acuerdos que tomamos en esta Conferencia es notificar a las autoridades federales de la nación, como lo son el Presidente de la República, el Procurador General de la República, la Comisión Especial de la Cámara de Diputados para la Investigación del Caso Ayotzinapa, y otras instancias responsables de llevar la investigación sobre los 43 normalistas desaparecidos en Iguala, Guerrero; y al público en general, lo siguiente:
1. Que lamentamos que México esté sufriendo hoy un clima de tristeza y rabia por los sucesos registrados en Iguala, Guerrero, el pasado 26 de septiembre de 2014.
2. Que entendemos que dicha tragedia ha despertado la indignación nacional e internacional por lo que representa, a saber, que algunos a quienes el voto popular colocó en un puesto público para que ejerzan su autoridad en pro de la justicia, en realidad estén aliándose con fuerzas oscuras para brindarse apoyo entre sí, con el fin de enriquecerse aunque, si lo necesitaren, destruyan tantas vidas humanas como se requiera para conseguirlo.
El caso Ayotzinapa es sólo una parte de un mal muy extendido y escalofriante, porque resulta en que algunos de los actores de la clase política representan un peligro en lugar de una protección para sus comunidades. Esto lleva a un pueblo a un angustioso sentido de impotencia y orfandad.
Dentro de este marco de inseguridad y corrupción, transcurre la vida en nuestro Estado de Chihuahua, ubicado como la entidad federativa donde las personas tienen en promedio el menor pronóstico de vida entre las otras entidades, y que en este momento está clasificado en el tercer lugar como terreno peligroso dentro del país (datos del INEGI citados por la encuestadora Mitofsky).
3. Que debe insistirse con firmeza que los 43 desaparecidos no son víctimas del crimen organizado nada más, sino que se trata, como lo ha señalado repetidas veces el Presidente de la Comisión Nacional de los Derecho Humanos en una “desaparición forzada”, figura jurídica que señala a ciudadanos siendo secuestrados por gente de las esferas poderosas del gobierno. Esto se llama corrupción, y si las instancias federales no llegan al esclarecimiento total del caso, entonces le sumaríamos la impunidad.
4. Que comprendemos que lo anterior es lo que ha puesto a la gente en las calles, a veces con episodios de desorden, pero debido a su desesperación por no sentirse considerada en serio de otro modo.
5. Que no podrá llegar a nuestro pueblo alguna esperanza de que eventos como el del 26 de septiembre no se repetirán, por la vía de discursos y promesas, porque son cada vez menos creíbles, ni a través de leyes antiguas o nuevas, puesto que podrían quedarse en el papel, sino sólo a través de un esclarecimiento completo de lo que sucedió, hasta llegar a quienes sean responsables sin importar quiénes ni cuántos sean, y se les lleve a juicio. Y después habría que ir por todos los demás, aquellos que estén en circunstancias semejantes de corrupción e impunidad.
6. Que no se les puede pedir a los familiares de los desparecidos, ni a la nación, que se guarden en paz así nada más porque sí. Pues Dios ha señalado el camino hacia la paz en Isaías 32:17, al decir: “El efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre”. Por eso, por un lado rechazamos toda anarquía, todo desorden, especialmente si daña a terceros, y toda forma de violencia; pero por otro lado afirmamos que Dios no está de acuerdo en que se trate de imponer la paz sin imponer antes la justicia, ya que una es la que trae a la otra, y la negación de una impedirá a la otra.
7. Que hemos orado por las facetas de este problema multiforme, así como los seis obispos mexicanos de la IMMAR nos lo han pedido. Hemos llorado literalmente ante Dios por el dolor de los familiares de los 43 normalistas desparecidos; hemos clamado porque la clase gobernante se arrepienta de sus pecados y abandonen su alianza con la cultura de la mentira y la muerte; hemos suplicado porque el Presidente de México, el Procurador General de la República, la Comisión Especial de la Cámara de Diputados para la investigación de las desapariciones, y las demás instancias federales encargadas de la investigación, encuentren a los desaparecidos, y a la vez persigan de manera inexorable a toda la red implicada; hemos suplicado porque no se pierda el orden social.
8. En conclusión, sin faltar a lo determinado por el Art. 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y por el Art.14 de la Ley de Asociaciones Religiosa y Culto Público, que estamos solidarizados con el sufrimiento de las familias de los normalistas desaparecidos forzadamente, que reclamamos junto con la sociedad mexicana la impartición de justicia, que juntos evitaremos que cualquier atentado contra nuestra población se eche al olvido, y que continuaremos orando a Dios por la vida de los 43 normalistas para que esta insoportable incertidumbre se acabe, así como porque lleguemos a tener una clase política que se desenvuelva con mayor integridad y servicio hacia sus semejantes.
Obispo David Ibarra Álvarez
Pbro. Carlos Samuel Flores Chávez
Pastores y Líderes Laicos representantes del Distrito Chihuahua de la IMMAR













