Categoría: Estudios y tratados

El Precio de la Gracia (parte 17)

art.mlutherk.dietrichDietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.

Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.

(Seguimos publicando, parte por parte, el libro de Bonhoeffer, “El Precio de la Gracia”).

De click en los enlaces para ir a la ←  parte 15, o puede ir al inicio de la serie.

II  LA IGLESIA DE JESUCRISTO Y EL SEGUIMIENTO

1 Cuestiones preliminares

Jesús estaba corporalmente presente, con su palabra, ante sus primeros discípulos. Pero este Jesús murió y resucitó. ¿Cómo llega hoy a nosotros su llamada al seguimiento? Jesús no pasa ya corporal mente ante nosotros, como pasó ante Leví, el publicano, para decirnos: «¡Sígueme!». Aunque en mi corazón esté dispuesto a oír, a abandonarlo todo y seguirle, ¿qué me da derecho a ello? Lo que para aquellos hombres resultaba tan inequívoco constituye para mí una decisión sumamente dudosa e incontrolable.

Por ejemplo, ¿cómo podría aplicarme la llamada dirigida al publicano? ¿No habló Jesús de forma completamente diferente a otros hombres en otras ocasiones? ¿Amó menos que a sus discípulos al paralítico al que perdonó los pecados y sanó, o a Lázaro, al que resucitó? Sin embargo, no les llamó a abandonar su profesión para seguirle; los dejó en su lugar, en su familia, en su trabajo. ¿Quién soy yo para ofrecerme a realizar algo desacostumbrado, extraordinario? ¿Quién me dice, y quién dice a los otros, que no actúo por propia autoridad, por propio fanatismo? Y esto no sería precisamente seguimiento.

Todas estas preguntas son falsas; al proponerlas, lo único que hacemos es situarnos fuera de la presencia viva de Cristo. Estas preguntas no cuentan con el hecho de que Jesucristo no está muerto, sino que vive hoy y continúa hablándonos por el testimonio de la Escritura. Él sigue presente hoy entre nosotros, corporalmente y con su palabra.

Si queremos escuchar su llamada al seguimiento debemos oírlo allí mismo donde él se encuentra. La llamada de Jesucristo resuena en la Iglesia por su palabra y los sacramentos. La predicación y el sacramento de la Iglesia son el lugar de la presencia de Jesucristo. Si quieres oír la llamada de Jesús al seguimiento no necesitas para ello una revelación especial. Escucha la predicación y recibe los sacramentos. Escucha el Evangelio del Señor crucificado y resucitado. En él se encuentra todo entero aquel que trató con los discípulos. Sí, se halla aquí como el transfigurado, el vencedor, el viviente. Nadie más que él puede llamar al seguimiento. Ahora bien, dado que en el seguimiento nunca se trata esencialmente de decidirse en favor o en contra de tal o cual acción, sino siempre y exclusivamente de decidirse en favor o en contra de Jesucristo, la situación no era más sencilla para el discípulo o el publicano, a los que él llamaba, que para nosotros hoy día.

La obediencia de estos primeros llamados era seguimiento porque ellos reconocían a Cristo en aquel que les llamaba. Pero tanto allí como aquí es el Cristo oculto quien llama. La llamada, en sí, es equívoca. Todo depende del que llama. Pero Cristo sólo es reconocido en la fe. Y esto es válido para los hombres de aquel tiempo igual que para nosotros. Ellos veían al rabino, al obrador de milagros y creían en Cristo. Nosotros oímos la palabra y creemos en Cristo.

Pero la ventaja de estos primeros discípulos ¿no consistía en que, una vez reconocido Cristo, recibían su mandamiento de forma inequívoca y aprendían de su boca lo que debían hacer, mientras nosotros estamos abandonados en este punto decisivo de la obediencia cristiana? ¿No nos habla el mismo Cristo de forma diferente a la que hablaba a aquellos hombres? Si esto fuera cierto, nos encontraríamos indudablemente en una situación desesperada. Pero no es verdad. Cristo no nos habla de forma diferente a la que habló en aquel tiempo. Las cosas no sucedieron a los primeros discípulos de Jesús de tal modo que primero reconocieron en él al Cristo y después recibieron sus mandamientos. Más bien, sólo le reconocieron por su palabra y su precepto. Creyeron en su palabra y en su mandamiento y reconocieron en él al Cristo. Para los discípulos no hubo conocimiento de Cristo fuera de su clara palabra.

A la inversa, había que mantener que el verdadero reconocimiento de Jesús como el Cristo englobaba simultáneamente el reconocimiento de su voluntad. El conocimiento de la persona de Jesucristo no quitaba al discípulo la certeza de su acción, sino que se la daba. No existe ninguna otra manera de conocer a Cristo.

Si Cristo es el Señor que reina sobre mi vida, al encontrarme con él conozco la palabra que me dirige, y esto es tan cierto como el hecho de que no puedo conocerlo realmente más que por su clara palabra y sus mandamientos. La objeción de que nuestra desgracia consiste en que ciertamente querríamos conocer a Cristo y creer en él, pero no podemos conocer su voluntad, se basa en un conocimiento vago y erróneo de Cristo. Conocer a Cristo significa reconocerle, a través de su palabra, como Señor y salvador de mi vida. Y esto implica el conocimiento de la palabra viva que me dirige.

Si decimos, por último, que el mandamiento era claro para los discípulos, mientras que nosotros debemos decidir cuál de sus palabras se nos dirige, nos equivocamos una vez más sobre la situación de los discípulos y sobre la nuestra. El mandamiento de Jesús siempre tiene por fin exigir la fe que proviene de un corazón indiviso, exigir el amor a Dios y al prójimo con todo el corazón y toda el alma. Sólo en esto era claro el mandamiento. Todo intento de poner en práctica el mandamiento de Jesús sin entenderlo de este modo constituiría de nuevo una falsa interpretación y un acto de desobediencia a la palabra de Jesús.

Mas, por otra parte, no se nos niega el conocimiento del precepto concreto. Al contrario, en toda palabra predicada, por medio de la cual escuchamos a Cristo, se nos dice claramente: Sabes que sólo puedes cumplirla mediante la fe en Jesucristo. Así pues, se nos ha conservado íntegramente el don de Jesús a sus discípulos; incluso podemos decir que ahora está más cerca de nosotros, por el hecho de la marcha de Jesús, porque conocemos su transfiguración y se nos ha enviado el Espíritu santo.

Con esto queda claro que no podemos utilizar la historia de la vocación de los discípulos en contra de otras narraciones. Nunca se pretende que nosotros nos identifiquemos con los discípulos o con otros personajes del Nuevo Testamento; se trata únicamente de identificarnos con Jesucristo y su llamada, entonces y ahora. Y su palabra es la misma, bien haya resonado en su vida terrenal o en nuestros días, bien se haya dirigido a los discípulos o al paralítico. Tanto aquí como allí se trata de la llamada de su gracia a entrar en su Reino, a situarnos bajo su soberanía. La pregunta de si debo compararme al discípulo o al paralítico está planteada de una forma peligrosamente falsa. No tengo que compararme en nada con ninguno de los dos. Lo que debo hacer es escuchar y cumplir la palabra y la voluntad de Cristo tal como las recibo en estos dos testimonios.

La Escritura no nos presenta una serie de tipos cristianos a los que habríamos de asimilarnos según nuestra propia elección, sino que en cada línea nos predica al único Jesucristo. Sólo debo escucharle a él. Él es en todas partes el mismo y el único.

A la pregunta sobre dónde podemos oír nosotros, los hombres de hoy, la llamada de Jesús al seguimiento, sólo puede respondérsele: ¡escucha la predicación, recibe los sacramentos, escúchale en ellos y oirás su llamada!

2 El bautismo

La noción de seguimiento, que en los sinópticos podía expresar casi todo el contenido y extensión de las relaciones del discípulo con Jesucristo, pasa claramente en Pablo a segundo plano. Pablo no nos anuncia ante todo la historia del Señor durante los días de su vida terrestre, sino la presencia del resucitado y glorificado, y su obra en nosotros. Para esto necesita una serie nueva y peculiar de conceptos, que brotan de lo que el objeto tiene de particular y tiende hacia lo que hay de común en la predicación del único Señor, que vivió, murió y resucitó. Al testimonio completo sobre Cristo corresponde un conjunto múltiple de conceptos. Y es necesario que la terminología de Pablo confirme la de los sinópticos, y viceversa. Ninguna de ellas tiene ventaja sobre la otra, porque no somos «ni de Pablo, ni de Apolo, ni de Cefas, ni de otro cristiano», sino que ponemos nuestra fe en la unidad del testimonio que la Escritura da sobre Cristo. Destruiríamos la unidad de la Escritura si dijéramos que Pablo anuncia al Cristo que aún está presente en nosotros, mientras que el testimonio de los sinópticos nos habla de una presencia de Cristo que ya no conocemos.

Tal modo de hablar aparece en amplios ambientes como expresión de un pensamiento histórico-reformado, pero en realidad es lo contrario: un ensueño extremadamente peligroso. ¿Quién nos dice que aún tenemos la presencia de Cristo tal como nos la anuncia Pablo? ¿Quién nos lo afirma sino la Escritura? ¿O deberíamos hablar aquí de una experiencia libre de la presencia y de la realidad de Cristo, experiencia que no estaría vinculada a la Escritura? Pero si la Escritura es la única que nos da testimonio de la presencia de Cristo, lo hace precisamente como un todo y, al mismo tiempo, como la misma Escritura que nos testimonia la presencia del Jesucristo sinóptico.

 

El Cristo de los sinópticos no está más cerca ni más lejos de nosotros que el Cristo paulino. El Cristo que está presente a nosotros es aquel del que da testimonio toda la Escritura. Es el encarnado, crucificado, resucitado y glorificado; sale a nuestro encuentro en su palabra. La terminología diferente con la que los sinópticos y Pablo transmiten este testimonio no perjudica en nada a la unidad del testimonio escriturario1.

En Pablo, la llamada al seguimiento y su puesta en práctica tienen su correspondencia en el bautismo.

El bautismo no es una oferta del hombre, sino un ofrecimiento de Jesucristo. Sólo se funda en la voluntad llena de gracia de Jesucristo, que nos llama. El bautismo consiste en ser bautizados, en recibir la llamada de Cristo. Por él, el hombre se convierte en propiedad de Cristo. El nombre de Jesucristo es pronunciado sobre el que se bautiza y, con ello, es hecho partícipe de este nombre, es bautizado «en Jesucristo» (έλε: Rom 6, 3; Gal 3, 27; Mt 28, 19).

Desde entonces pertenece a Jesucristo. Es arrancado de la soberanía del mundo y se convierte en propiedad del Señor.

De este modo, el bautismo significa una ruptura. Cristo penetra en el interior del poderío satánico y pone su mano sobre los suyos, crea su comunidad. Así, pasado y futuro quedan separados uno del otro. Lo antiguo ha pasado, todo se ha hecho nuevo. La ruptura no se produce porque un hombre haga saltar sus cadenas en un deseo inextinguible de encontrar un orden nuevo y libre para su vida y para las cosas. Es el mismo Cristo, mucho antes de esto, quien ha realizado la ruptura. Por el bautismo, esta ruptura se realiza igualmente en mi vida. El carácter inmediato de mis relaciones con las realidades de este mundo queda anulado porque Cristo, el mediador y Señor, se ha interpuesto entre ellas y yo. Quien ha sido bautizado no pertenece ya al mundo, no le sirve, no le está sometido. Únicamente pertenece a Cristo y su comportamiento frente al mundo sólo está determinado por el Señor. Seguir leyendo «El Precio de la Gracia (parte 17)» →

Intolerancia religiosa

donato0002La sección sobre intolerncia religiosa está a cargo del Hno. Donato Rodríguez Romero. Él es un periodista cristiano quien dirigió este periódico de 2010 a 2014. Vive con su esposa Margarita Velasco en la Ciudad de Puebla, y asisten a la IMMAR El Buen Pastor. Pertenece a la CASE.

México

Chamula, nuevamente en el escaparate.

Detienen a Chamulas Evangélicos.

int rel.chamulaMuy a pesar que muchos líderes y funcionarios se enseñorean que Chamula se ha convertido en un terreno en donde la libertad de credo es algo común, y más aún, que ellos fueron los que «hicieron» que la vida de los Evangélicos fuera sin problemas, el día de ayer 7 de julio de 2015 aproximadamente a las 3 de la tarde, fueron detenidas cinco personas (cuatro mujeres y un hombre) por el delito de convertirse al Evangelio.

Lo anterior se realizó en la Comunidad de Tzetelton, Mpio de San Juan Chamula, después que las autoridades manifestaron a los Evangélicos que en ese lugar hay un acuerdo firmado por los habitantes en los que cada persona que se convierta al Evangelio, deberá pagar una multa de Cinco Mil Pesos y, en caso de que no pueda o no quiera pagarla, deberá realizar trabajos forzados y deberá dejar la Comunidad.

Andrés López, Virginia López, son los dos adultos que actualmente siguen detenidos y trasladados a la cabecera Municipal en espera que las autoridades del Ejido Tzetelton y las de la cabecera de San Juan Chamula, definan cual será el resolutivo final mismo que se pretende realizar mañana jueves porque en el Ejido estarán ocupados con las clausuras escolares y los detenidos tendrán que esperar a pesar que la cárcel se encuentra a orilla de la calle sin protección alguna por el frio e inclemencias del tiempo.

Dentro de los cinco detenidos estaban tres mujeres menores de edad quienes, con el permiso de sus propios padres, fueron detenidas y trasladadas a la cárcel, por lo que posteriormente fueron dejadas en libertad en cuanto se dieron cuenta que son menores de edad y abandonadas por sus familiares.

A los evangélicos detenidos les están cobrando un importe de 9,500 pesos, 5,000 de multa al hombre por convertirse al Evangelio, 2,500 de multa a la mujer por la misma causa pero menor cantidad por ser viuda y 2,000 pesos de gastos por el traslado que tuvieron que hacer las autoridades del Ejido a la Cabecera Municipal en San Juan Chamula.

Los Evangélicos que pertenecen a la Iglesia Jesús es el Camino, esperan la intervención y atención de parte del Secretario General de Gobierno ya que los funcionarios locales manifiestan que ellos no pueden hacer nada al respecto, que esperan solo que la autoridad de San Juan Chamula defina qué hacer con los detenidos porque ellos toman las decisiones en ese Municipio.

Esto incrementa la cantidad de casos de persecución religiosa en la Entidad ya que en ese mismo Municipio se han reportado otros casos como el de Lindavista, en el que a los niños hijos de los Evangélicos, se les impide continuar con sus estudios escolares por motivos religiosos y se les ha pedido que busquen otra escuela, evangélicos que no han recibido la atención que merece esta violación de los derechos fundamentales. Se espera pronta atención como en los últimos días se está otorgando en los casos difíciles pendientes de resolver, a través de la Comisión recientemente establecida por el Secretario General de Gobierno para avanzar en este tema rezagado. -CoC.-

El Precio de la Gracia (parte 16)

art.mlutherk.dietrichDietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.

Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.

(Seguimos publicando, parte por parte, el libro de Bonhoeffer, “El Precio de la Gracia”).

De click en los enlaces para ir a la ←  parte 15, o puede ir al inicio de la serie.

II  LA IGLESIA DE JESUCRISTO Y EL SEGUIMIENTO

1 Cuestiones preliminares

Jesús estaba corporalmente presente, con su palabra, ante sus primeros discípulos. Pero este Jesús murió y resucitó. ¿Cómo llega hoy a nosotros su llamada al seguimiento? Jesús no pasa ya corporal mente ante nosotros, como pasó ante Leví, el publicano, para decirnos: «¡Sígueme!». Aunque en mi corazón esté dispuesto a oír, a abandonarlo todo y seguirle, ¿qué me da derecho a ello? Lo que para aquellos hombres resultaba tan inequívoco constituye para mí una decisión sumamente dudosa e incontrolable.

Por ejemplo, ¿cómo podría aplicarme la llamada dirigida al publicano? ¿No habló Jesús de forma completamente diferente a otros hombres en otras ocasiones? ¿Amó menos que a sus discípulos al paralítico al que perdonó los pecados y sanó, o a Lázaro, al que resucitó? Sin embargo, no les llamó a abandonar su profesión para seguirle; los dejó en su lugar, en su familia, en su trabajo. ¿Quién soy yo para ofrecerme a realizar algo desacostumbrado, extraordinario? ¿Quién me dice, y quién dice a los otros, que no actúo por propia autoridad, por propio fanatismo? Y esto no sería precisamente seguimiento.

Todas estas preguntas son falsas; al proponerlas, lo único que hacemos es situarnos fuera de la presencia viva de Cristo. Estas preguntas no cuentan con el hecho de que Jesucristo no está muerto, sino que vive hoy y continúa hablándonos por el testimonio de la Escritura. Él sigue presente hoy entre nosotros, corporalmente y con su palabra.

Si queremos escuchar su llamada al seguimiento debemos oírlo allí mismo donde él se encuentra. La llamada de Jesucristo resuena en la Iglesia por su palabra y los sacramentos. La predicación y el sacramento de la Iglesia son el lugar de la presencia de Jesucristo. Si quieres oír la llamada de Jesús al seguimiento no necesitas para ello una revelación especial. Escucha la predicación y recibe los sacramentos. Escucha el Evangelio del Señor crucificado y resucitado. En él se encuentra todo entero aquel que trató con los discípulos. Sí, se halla aquí como el transfigurado, el vencedor, el viviente. Nadie más que él puede llamar al seguimiento. Ahora bien, dado que en el seguimiento nunca se trata esencialmente de decidirse en favor o en contra de tal o cual acción, sino siempre y exclusivamente de decidirse en favor o en contra de Jesucristo, la situación no era más sencilla para el discípulo o el publicano, a los que él llamaba, que para nosotros hoy día.

La obediencia de estos primeros llamados era seguimiento porque ellos reconocían a Cristo en aquel que les llamaba. Pero tanto allí como aquí es el Cristo oculto quien llama. La llamada, en sí, es equívoca. Todo depende del que llama. Pero Cristo sólo es reconocido en la fe. Y esto es válido para los hombres de aquel tiempo igual que para nosotros. Ellos veían al rabino, al obrador de milagros y creían en Cristo. Nosotros oímos la palabra y creemos en Cristo.

Pero la ventaja de estos primeros discípulos ¿no consistía en que, una vez reconocido Cristo, recibían su mandamiento de forma inequívoca y aprendían de su boca lo que debían hacer, mientras nosotros estamos abandonados en este punto decisivo de la obediencia cristiana? ¿No nos habla el mismo Cristo de forma diferente a la que hablaba a aquellos hombres? Si esto fuera cierto, nos encontraríamos indudablemente en una situación desesperada. Pero no es verdad. Cristo no nos habla de forma diferente a la que habló en aquel tiempo. Las cosas no sucedieron a los primeros discípulos de Jesús de tal modo que primero reconocieron en él al Cristo y después recibieron sus mandamientos. Más bien, sólo le reconocieron por su palabra y su precepto. Creyeron en su palabra y en su mandamiento y reconocieron en él al Cristo. Para los discípulos no hubo conocimiento de Cristo fuera de su clara palabra.

A la inversa, había que mantener que el verdadero reconocimiento de Jesús como el Cristo englobaba simultáneamente el reconocimiento de su voluntad. El conocimiento de la persona de Jesucristo no quitaba al discípulo la certeza de su acción, sino que se la daba. No existe ninguna otra manera de conocer a Cristo.

Si Cristo es el Señor que reina sobre mi vida, al encontrarme con él conozco la palabra que me dirige, y esto es tan cierto como el hecho de que no puedo conocerlo realmente más que por su clara palabra y sus mandamientos. La objeción de que nuestra desgracia consiste en que ciertamente querríamos conocer a Cristo y creer en él, pero no podemos conocer su voluntad, se basa en un conocimiento vago y erróneo de Cristo. Conocer a Cristo significa reconocerle, a través de su palabra, como Señor y salvador de mi vida. Y esto implica el conocimiento de la palabra viva que me dirige.

Si decimos, por último, que el mandamiento era claro para los discípulos, mientras que nosotros debemos decidir cuál de sus palabras se nos dirige, nos equivocamos una vez más sobre la situación de los discípulos y sobre la nuestra. El mandamiento de Jesús siempre tiene por fin exigir la fe que proviene de un corazón indiviso, exigir el amor a Dios y al prójimo con todo el corazón y toda el alma. Sólo en esto era claro el mandamiento. Todo intento de poner en práctica el mandamiento de Jesús sin entenderlo de este modo constituiría de nuevo una falsa interpretación y un acto de desobediencia a la palabra de Jesús.

Mas, por otra parte, no se nos niega el conocimiento del precepto concreto. Al contrario, en toda palabra predicada, por medio de la cual escuchamos a Cristo, se nos dice claramente: Sabes que sólo puedes cumplirla mediante la fe en Jesucristo. Así pues, se nos ha conservado íntegramente el don de Jesús a sus discípulos; incluso podemos decir que ahora está más cerca de nosotros, por el hecho de la marcha de Jesús, porque conocemos su transfiguración y se nos ha enviado el Espíritu santo.

Con esto queda claro que no podemos utilizar la historia de la vocación de los discípulos en contra de otras narraciones. Nunca se pretende que nosotros nos identifiquemos con los discípulos o con otros personajes del Nuevo Testamento; se trata únicamente de identificarnos con Jesucristo y su llamada, entonces y ahora. Y su palabra es la misma, bien haya resonado en su vida terrenal o en nuestros días, bien se haya dirigido a los discípulos o al paralítico. Tanto aquí como allí se trata de la llamada de su gracia a entrar en su Reino, a situarnos bajo su soberanía. La pregunta de si debo compararme al discípulo o al paralítico está planteada de una forma peligrosamente falsa. No tengo que compararme en nada con ninguno de los dos. Lo que debo hacer es escuchar y cumplir la palabra y la voluntad de Cristo tal como las recibo en estos dos testimonios.

La Escritura no nos presenta una serie de tipos cristianos a los que habríamos de asimilarnos según nuestra propia elección, sino que en cada línea nos predica al único Jesucristo. Sólo debo escucharle a él. Él es en todas partes el mismo y el único.

A la pregunta sobre dónde podemos oír nosotros, los hombres de hoy, la llamada de Jesús al seguimiento, sólo puede respondérsele: ¡escucha la predicación, recibe los sacramentos, escúchale en ellos y oirás su llamada!

2 El bautismo

La noción de seguimiento, que en los sinópticos podía expresar casi todo el contenido y extensión de las relaciones del discípulo con Jesucristo, pasa claramente en Pablo a segundo plano. Pablo no nos anuncia ante todo la historia del Señor durante los días de su vida terrestre, sino la presencia del resucitado y glorificado, y su obra en nosotros. Para esto necesita una serie nueva y peculiar de conceptos, que brotan de lo que el objeto tiene de particular y tiende hacia lo que hay de común en la predicación del único Señor, que vivió, murió y resucitó. Al testimonio completo sobre Cristo corresponde un conjunto múltiple de conceptos. Y es necesario que la terminología de Pablo confirme la de los sinópticos, y viceversa. Ninguna de ellas tiene ventaja sobre la otra, porque no somos «ni de Pablo, ni de Apolo, ni de Cefas, ni de otro cristiano», sino que ponemos nuestra fe en la unidad del testimonio que la Escritura da sobre Cristo. Destruiríamos la unidad de la Escritura si dijéramos que Pablo anuncia al Cristo que aún está presente en nosotros, mientras que el testimonio de los sinópticos nos habla de una presencia de Cristo que ya no conocemos.

Tal modo de hablar aparece en amplios ambientes como expresión de un pensamiento histórico-reformado, pero en realidad es lo contrario: un ensueño extremadamente peligroso. ¿Quién nos dice que aún tenemos la presencia de Cristo tal como nos la anuncia Pablo? ¿Quién nos lo afirma sino la Escritura? ¿O deberíamos hablar aquí de una experiencia libre de la presencia y de la realidad de Cristo, experiencia que no estaría vinculada a la Escritura? Pero si la Escritura es la única que nos da testimonio de la presencia de Cristo, lo hace precisamente como un todo y, al mismo tiempo, como la misma Escritura que nos testimonia la presencia del Jesucristo sinóptico.

 

El Cristo de los sinópticos no está más cerca ni más lejos de nosotros que el Cristo paulino. El Cristo que está presente a nosotros es aquel del que da testimonio toda la Escritura. Es el encarnado, crucificado, resucitado y glorificado; sale a nuestro encuentro en su palabra. La terminología diferente con la que los sinópticos y Pablo transmiten este testimonio no perjudica en nada a la unidad del testimonio escriturario1.

En Pablo, la llamada al seguimiento y su puesta en práctica tienen su correspondencia en el bautismo.

El bautismo no es una oferta del hombre, sino un ofrecimiento de Jesucristo. Sólo se funda en la voluntad llena de gracia de Jesucristo, que nos llama. El bautismo consiste en ser bautizados, en recibir la llamada de Cristo. Por él, el hombre se convierte en propiedad de Cristo. El nombre de Jesucristo es pronunciado sobre el que se bautiza y, con ello, es hecho partícipe de este nombre, es bautizado «en Jesucristo» (έλε: Rom 6, 3; Gal 3, 27; Mt 28, 19).

Desde entonces pertenece a Jesucristo. Es arrancado de la soberanía del mundo y se convierte en propiedad del Señor.

De este modo, el bautismo significa una ruptura. Cristo penetra en el interior del poderío satánico y pone su mano sobre los suyos, crea su comunidad. Así, pasado y futuro quedan separados uno del otro. Lo antiguo ha pasado, todo se ha hecho nuevo. La ruptura no se produce porque un hombre haga saltar sus cadenas en un deseo inextinguible de encontrar un orden nuevo y libre para su vida y para las cosas. Es el mismo Cristo, mucho antes de esto, quien ha realizado la ruptura. Por el bautismo, esta ruptura se realiza igualmente en mi vida. El carácter inmediato de mis relaciones con las realidades de este mundo queda anulado porque Cristo, el mediador y Señor, se ha interpuesto entre ellas y yo. Quien ha sido bautizado no pertenece ya al mundo, no le sirve, no le está sometido. Únicamente pertenece a Cristo y su comportamiento frente al mundo sólo está determinado por el Señor. Seguir leyendo «El Precio de la Gracia (parte 16)» →

Intolerancia religiosa

donato0002Esta Sección sobre Intolerancia Religiosa está a cargo del Hno. Donato Rodríguez Romero. Él es un periodista cristiano quien dirigió este periódico de 2010 a 2014. Vive con su esposa Margarita Velasco en la Ciudad de Puebla, y asisten a la IMMAR El Buen Pastor. Pertenece a la CASE.

MEXICO  

Evangélicos denuncian ataques a la libertad religiosa en Chiapas

Unas 30 familias evangélicas se han quedado sin servicio de abastecimiento de agua, tras serles retirado por los líderes ejidales.

FUENTES Prensa Libre, CSW AUTOR Redacción P+D

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS 16 DE JUNIO DE 2015 12:57 h

int rel.méxico

Un grupo de hombres cortan el agua en los hogares de los evangélicos. / Prensa Libre Chiapas

Los líderes del pueblo de Mariano Matamoros, en Chiapas, cortaron los servicios de agua potable y drenaje este domingo a varias familias evangélicas. A través de un comunicado, los denunciantes señalan que esta situación la vienen sufriendo desde el año 2012, solo por el hecho de ser evangélicos; por profesar una fe diferente a la mayoría de los habitantes del Ejido Mariano Matamoros.

“Un grupo aproximado de 400 personas entre hombres y mujeres, comenzaron los cortes de agua y drenaje aproximadamente a las 11.30 de la mañana del domingo en la casa de Inocente García, siendo hasta la tarde de ayer un total de ocho viviendas afectadas con el corte de estos servicios”, aseveran. Mencionan que a pesar de haber solicitado las medidas precautorias ante las autoridades un día antes, las familias evangélicas no recibieron el apoyo como corresponde ya que ninguna autoridad pudo hacer algo para evitar estos atropellos.

Narran que las autoridades bloquearon las entradas y las salidas de la comunidad con piedras y palos para llevar a cabo los cortes. Finalmente manifiestan su preocupación ante estos actos de persecución religiosa y discriminación sin solución a pesar de tener años denunciándolo.  

UNA SITUACIÓN QUE SE REPITE

Luis Herrera, director de la Coordinación de Organizaciones cristianas en el estado de Chiapas, explicó a Christian Solidarity Worldwide (CSW) que los líderes de la aldea han indicado que el próximo paso será la confiscación de tierras, e hizo una convocatoria pública de su derecho a ser protegidos.

Los evangélicos en el pueblo pertenecen a tres denominaciones diferentes. Las hostilidades contra ellos se iniciaron en mayo de 2012 e incluyen ataques físicos, la confiscación ilegal de sus propiedades e intentos de convertirlos al catolicismo.

En enero el gobierno del estado negoció y firmó un acuerdo con las víctimas que incluían garantías de libertad religiosa y una promesa de que todas las tierras confiscadas arbitrariamente serían devueltas a sus legítimos propietarios.

Sin embargo, el gobierno del estado no tomó ninguna medida para cumplir con sus compromisos y en marzo las autoridades del pueblo emitieron un nuevo decreto que prohibía a todos los evangélicos comprar o vender en el pueblo. A pesar de las promesas gubernamentales sólo una comunidad de desplazados, del pueblo de Buenavista Bahuitz, ha podido regresar a sus hogares. Otra comunidad, un grupo de familias desplazadas de la localidad de Los Llanos en 2011, inició una sentada la semana pasada en la plaza central de San Cristóbal de las Casas para protestar por la inacción y el fracaso del gobierno del estado para cumplir con su promesa de reubicarlos antes de junio.

Leer más: http://protestantedigital.com/internacional/36503/evangelicos_denuncian_violaciones_a_la_libertad_religiosa_en_chiapas

Defensa de evangélicos perseguidos en Chiapas:

entrevista con L. A. Herrera

int rel.chiapas1

Acompañamiento de DDHH para un posible retorno de Buena Vista Bahuitz.

Estamos ante una violación no solo de las leyes mexicanas, sino también,

de tratados internacionales, lo que ninguna autoridad u organismos de derechos humanos han hecho público formalmente.

KAIRóS Y CRONOS AUTOR Carlos Martínez García 16 DE MAYO DE 2015 23:05 h

Pregunta: ¿Cómo y por qué te interesaste en el tema de la intolerancia y persecución contra los evangélicos?

Respuesta: La necesidad estuvo presente desde los hechos más conocidos, que fueron en diversas comunidades de Chamula en los años 80’s. En esos años como parte de la Alianza Juvenil fundada en los Altos de Chiapas en el año 1985, colaboramos dando asistencia a los desplazados y afectados que pasaron a refugiarse en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. La necesidad de alimentos, ropa, vivienda entre otros, estábamos organizados los jóvenes para ayudar en lo que estuviera a nuestro alcance. Desde esa fecha pudimos convivir con el dolor, la frustración de la falta de atención de las autoridades, la necesidad espiritual y la incertidumbre de lo que pudiera pasar con los afectados en el futuro. Esa necesidad no es diferente en estos tiempos actuales, han cambiado las regiones en Chiapas, las formas de persecución religiosa, pero las necesidades de alimentos, ropa, vivienda así como de la atención espiritual, sigue siendo la misma. Fue de esa manera que iniciamos, y continuamos, con el caminar cercano a los perseguidos y buscando la forma de apoyarles.  

P ¿En la actualidad con cuál organización estás trabajando?

R. La organización en la cual trabajo es la Coordinación de Organizaciones Cristianas y La Voz de Los Mártires; la primera en el tema de la gestión y acompañamiento en la búsqueda de la solución o atención en el conflicto por la persecución religiosa. La segunda en los temas de atención inmediata en el momento del conflicto, espirituales, sociales y proyectos que permitan “rehacer” la vida y continuar independientemente del grado de afectación que hayan sufrido.

P ¿Cuántos casos de intolerancia/persecución hay contra los evangélicos en Chiapas?

R Actualmente podemos contar 19 casos documentados (Chilil, Yashtinin, Los Llanos, San Gregorio, La Florecilla, Rosario Bahuitz, La Piedad, Boquerón, Cuauhtémoc Cárdenas, Mariano Matamoros, Unión Juárez, Jose Ma Morelos, Guadalupe Victoria, La Esperanza, San Miguel Chiptic, Altamirano, el Arenal, La Libertad, Linda Vista), aunque los reportes han sido más, acerca de los cuales estamos en proceso de investigación. Hay Varias familias desplazadas y un número mayor a 1,000 evangélicos afectados incluyendo a los niños. Entrega de despensas en Mariano Matamoros.

P ¿Cuáles son los señalamientos contra los evangélicos por parte de sus hostigadores/perseguidores?

R El principal señalamiento es que son “rebeldes” debido a que, según señalan las autoridades ejidales, no acatan las decisiones de la Asamblea. Sin embargo las asambleas lo que hacen es imponer cargas económicas y en algunos casos, participación en las celebraciones religiosas católicas-tradicionales, que algunos las han convertido como “eventos cívico culturales” para dar justificación a las multas o sanciones a los evangélicos por oponerse a las “decisiones de la Asamblea”. Sin embargo, las autoridades ejidales han contado con el apoyo de autoridades gubernamentales para “asesorarlos” y justificar las sanciones en base a desobediencia de la Asamblea, intentando quitarle el motivo religioso que a todas luces vemos escudados en los llamados “usos y costumbres”.

P ¿Qué casos consideras los más trágicos y por qué?

R El más trágico es el caso de Mariano Matamoros, municipio de Venustiano Carranza. A las 31 familias que han sido afectadas inicialmente les quitaron todas sus tierras de cultivo en 2012, les robaron los alambrados, los postes y los pocos animales que tenían en esos terrenos. Después de varios intentos de solución, cortaron el agua a tres familias por “rebeldía” y supuestamente por no haber pagado los servicios, situación que se ha comprobado que no ha sido como esos acusadores señalan. Actualmente cuando el tema es abordado por autoridades superiores buscando un arreglo, los ejidatarios escudados en decisiones de la Asamblea, emiten un documento en el que todas las tiendas de la comunidad y los vendedores que llegan de comunidades vecinas, no tienen permitido venderles ni comprarles a los evangélicos, de los contrario serán multados con 5 mil pesos [aproximadamente 330 dólares], esto incluye el uso de transporte público. Los evangélicos siguen viviendo en la comunidad, sin embargo no tienen derechos y están amenazados actualmente de que a finales de mayo serán expulsados y destruidas sus viviendas. Ellos batallan con tener acceso a la educación, a la salud y los beneficios gubernamentales (Programa Procampo, canasta básica, entre otros) están suspendidos para ellos.

P ¿Cómo evalúas el accionar de las autoridades municipales, estatales y federales en los casos de intolerancia en los que has sido defensor?

R El Estado laico no ha sido una realidad, los funcionarios manifiestan tres motivos para decidir sobre hacer justicia o promover la impunidad por los delitos cometidos:

1) Siempre orientan sus decisiones y buscan convencer a los afectados, que la mayoría tiene el derecho de decidir y que se debe respetar lo que esa mayoría diga y decida. La cuestión es que los derechos humanos no son cuestión de mayorías, sino derechos que deben ser reconocidos y respetados por todos.

2) Que no son imparciales, siempre se evidencia su creencia católica lo que orienta sus decisiones que muy poco o nada abonará a la atención justa de los afectados, y

3) Que la aplicación de la justicia está sujeta a decisiones políticas, si los funcionarios deciden que se culmine un proceso legal se hace, o de lo contrario, se detiene.  

int rel.chiapas3Niños de Zitim, recibiendo una caja de regalos.

  1. ¿Qué debe suceder para que ya no existan casos de persecución en Chiapas?
  2. Estado laico, independencia del sistema de aplicación de justicia y la promoción de la tolerancia entre los funcionarios que son responsables de atender estos casos con la intención de evitar que la impunidad siga avanzando. Cuando un caso no es atendido de manera adecuada y justa, los casos de intolerancia seguirán surgiendo tanto en el mismo lugar como en otros lugares cercanos, por la idea de que las actitudes injustas no son castigadas.

 

 

P Algo más que quieras agregar.

R Si bien es cierto que cuando pensamos en persecución religiosa en México volteamos a ver a Chiapas, existen 14 estados de la República mexicana en la que encontramos condiciones similares. Persecución de diversos tipos y muestras que el Estado laico no es una realidad todavía, funcionarios con altares religiosos en sus oficinas que intimidan a los que buscan justicia bajo un esquema religioso diferente. Tenemos que tomar conciencia. En la medida que la Iglesia evangélica de México y del mundo tome en serio este tipo de problemática, tendremos mayor respaldo para los afectados y se promoverán los cambios necesarios para garantizar la justicia, equidad, respeto y sana convivencia en nuestro país, para tener una vida en paz. A los perseguidos en algunos casos se les ha privado del agua, luz, drenaje, vivienda, beneficios de programas sociales, educación, salud, gestión, etc. Estamos ante una violación no solo de las leyes mexicanas, sino también, de tratados internacionales, lo que ninguna autoridad u organismos de derechos humanos han hecho público formalmente.

Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/36214/la_defensa_de_los_evangelicos_perseguidos_en_chiapas_entrevista_luis_antonio_herrera

 

El Precio de la Gracia (parte 15)

art.mlutherk.dietrichDietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.

Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.

(Seguimos publicando, parte por parte, el libro de Bonhoeffer, “El Precio de la Gracia”).

De click en los enlaces para ir a la ← decimocuarta parte, o puede ir al inicio de la serie.

4. Mt 9, 35-10, 42: Los mensajeros

a) La mies

Y Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la buena nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver la muchedumbre, sintió com­pasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a los discípulos: La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies (Mt 9, 35-38).

La mirada del salvador se posa compasivamente sobre su pue­blo, sobre el pueblo de Dios. No podía bastarle el que unos pocos hubiesen oído su llamada y le hubiesen seguido. No podía pensar en apartarse aristocráticamente con sus discípulos y, a la manera de los grandes fundadores de religiones, transmitirles la doctrina del conocimiento supremo y de la vida perfecta. Jesús vino, trabajó y sufrió por todo su pueblo. Y los discípulos, que quieren poseerlo en exclusiva, que desean evitarle todas las molestias provocadas por los niños que le presentan y por los pobres suplicantes que encuen­tran a lo largo del camino (Mc 10, 48), deben reconocer que Jesús no se deja limitar por ellos en su actitud de servicio. Su Evangelio del reino de Dios y su poder curativo pertenecían a los pobres y en­fermos, en cualquier parte donde se encontrasen.

La vista de la multitud, que en los discípulos quizás provocaba repugnancia, ira o desprecio, llenó el corazón de Jesús de profunda misericordia y compasión. Ningún reproche, ninguna acusación. El amado pueblo de Dios yace maltratado, y la culpa de esto la tienen los que debían preocuparse del servicio divino. No han sido los ro­manos los causantes de esta situación, sino el abuso de la palabra de Dios cometido por los ministros de dicha palabra. Ya no había pastores. Jesús encontró a su pueblo como un rebaño que no es conducido a frescas aguas, cuya sed sigue insatisfecha, como ove­jas que no son protegidas del lobo por ningún pastor, sino que se arrastran por el suelo, vejadas y heridas, llenas de temor y de an­gustia bajo el duro bastón de sus pastores.

Había muchas preguntas, pero ninguna respuesta; necesidad, pero ninguna ayuda; angustia de conciencia, pero ninguna libera­ción; lágrimas, y ningún consuelo; pecados, y ninguna remisión. ¿Dónde estaba el buen pastor que necesitaba este pueblo? ¿De qué le servía el que hubiese escribas que obligaban duramente al pue­blo a asistir a las escuelas, que los celosos de la ley condenasen con energía a los pecadores sin ayudarles, que existiesen predicadores e intérpretes de la palabra de Dios, si no estaban llenos de miseri­cordia y compasión por este pueblo vejado y abatido? ¿Qué son los escribas, los piadosos de la ley, los predicadores, cuando a la co­munidad le faltan pastores? El rebaño necesita pastores, buenos pastores. «Apacienta mis corderos», es el último encargo de Jesús a Pedro. El buen pastor lucha por su rebaño contra el lobo; no hu­ye, sino que da su vida por las ovejas. Las conoce a todas por su nombre y las ama. Sabe sus necesidades, su debilidad. Cura a la que está herida, da de beber a la sedienta, levanta a la que cae. Las apacienta amablemente, no con dureza. Las dirige por el buen ca­mino. Busca a la oveja perdida y la devuelve al rebaño. Los malos pastores, por el contrario, abusan de su poder, olvidan al rebaño y buscan sus propios intereses. Jesús busca buenos pastores, y he aquí que no los encuentra.

Esto le llega al corazón. Su divina misericordia se extiende a to­do el rebaño olvidado, a la multitud del pueblo que le rodea. Desde un punto de vista humano constituye un cuadro desprovisto de espe­ranza. Más no para Jesús. En el pueblo maltratado, miserable y su­friente, descubre la mies madura de Dios. «La mies es mucha». Es­tá madura para ser llevada a los graneros. Ha llegado la hora de que los pobres y miserables sean introducidos en el reino de Dios. Jesús ve que la promesa de Dios irrumpe sobre la masa del pueblo. Los escribas y los celosos de la ley sólo ven en ellos un terreno árido, calcinado, destrozado. Jesús ve el campo maduro y ondulante del reino de Dios. La mies es mucha. Sólo su misericordia lo observa.

No hay que perder tiempo. El trabajo de la siega no admite di­laciones. «Pero los obreros son pocos». ¿No resulta admirable que sean tan pocos los que poseen esta mirada misericordiosa de Jesús? ¿Quién puede dedicarse a esta labor, sino el que participa de los sentimientos del corazón de Jesús, el que ha recibido la capacidad de contemplar las cosas como él las ve?

Jesús busca ayuda. No puede realizar solo la tarea. ¿Quiénes son los colaboradores que le ayudarán? Sólo Dios los conoce, y él se los entregará a su Hijo. ¿Quién podría ofrecerse por sí mismo para ayudar a Jesús? Ni siquiera los discípulos pueden hacerlo. Ellos deben pedir al Señor de la mies que envíe obreros en el mo­mento oportuno; porque ha llegado la hora.

b) Los apóstoles

Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce apóstoles son: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó (Mt 10, 1-4).

La oración ha sido escuchada. El Padre ha revelado al Hijo su voluntad. Jesucristo llama a sus doce discípulos y los envía a la mies. Los convierte en «apóstoles», en sus mensajeros y colabora­dores. «Y les dio poder». En la práctica, lo importante es el poder. Los apóstoles no reciben sólo una palabra, una doctrina, sino un poder activo. ¿Cómo podrían realizar su trabajo sin este poder? De­be tratarse de un poder que supere al que domina en la tierra, el de­monio. Los discípulos saben que el demonio es poderoso, aunque su mayor deseo es negar su fuerza y sugerir a los hombres que no existe. Lo que hay que tener más en cuenta es precisamente este peligrosísimo ejercicio de su poder. El demonio debe ser puesto en evidencia y ha de ser vencido con la fuerza de Cristo. Por eso los discípulos se acercan al Señor. Deben ayudarle en su obra, y Jesús no les niega para esta tarea el mayor de sus dones; la participación en su poder sobre los espíritus inmundos, sobre el demonio que se ha apoderado de los hombres. En esta misión los apóstoles son ase­mejados a Cristo. Realizan su obra.

Los nombres de estos primeros mensajeros se conservarán en el mundo hasta el último día. Doce tribus contaba el pueblo de Dios. Doce mensajeros son los que realizarán la obra de Cristo. Doce tro­nos les estarán preparados en el reino de Dios para que juzguen a Israel (Mt 19, 28). Doce puertas tendrá la Jerusalén celestial en la que entrará el pueblo santo, y sobre las cuales podrán leerse los nombres de las tribus. Sobre doce piedras se asentará la muralla de la ciudad, y en ellas estarán escritos los nombres de los apóstoles (Ap 21, 12.14).

Sólo el llamamiento de Jesús ha reunido a los doce. Simón, la roca; Mateo, el publicano; Simón el zelote, el defensor del derecho y de la ley contra la opresión de los paganos; Juan, al que amaba Jesús y se apoyó en su pecho, y los otros, de los que sólo conser-‘ vamos los nombres. Finalmente, Judas Iscariote, el que le traicio­nó. Nada en el mundo podría haber reunido a estos hombres para la misma obra sino el llamamiento de Jesús; toda la anterior desunión quedó superada, formándose una comunidad nueva y firme en Cristo. El que también Judas marchase a realizar la obra de Jesús sigue siendo un oscuro enigma y una advertencia terrible.

c) El trabajo

A estos doce envió Jesús después de haberles dado estas instruccio­nes: No toméis el camino de los gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigios más bien a las ovejas perdidas de la casa de Is­rael (Mt 10, 5.6).

Los discípulos, como colaboradores de Jesús, dependen en su actividad de las claras órdenes del Señor. No se les deja libres pa­ra concebir y realizar su tarea. La obra de Cristo, que han de poner en práctica, obliga totalmente a los mensajeros a seguir la voluntad de Jesús. Sobre todo a ellos, que tienen por misión este mandato y están libres de propios cálculos y pareceres.

Ya la primera palabra impone a los mensajeros una limitación en su trabajo, que debió resultarles extraña y dura. No pueden ele­gir por sí mismos el campo de operaciones. Lo importante no es el sitio adonde les impulsa su corazón, sino el lugar adonde son en­viados. Con esto queda totalmente claro que la obra que han de realizar no es la suya propia, sino la de Dios. ¿No resultaría más se­ductor acercarse a los paganos y a los samaritanos, ya que estaban especialmente necesitados de la buena nueva? Aunque fuese cierto, no es ésta la misión. Y la obra de Dios no puede realizarse sin una misión; de lo contrario, la harían sin promesa. Pero ¿no es válida en todas partes la promesa y la misión para predicar el Evangelio? Ambas cosas sólo tienen valor allí donde Dios ha encargado que se haga. ¿No es el amor de Cristo el que nos impulsa a proclamar ili­mitadamente el mensaje? Sí, pero el amor de Cristo se distingue de la pasión y del celo del propio corazón en que se somete a la tarea impuesta.

No es por amor a nuestros hermanos o a los paganos de países extranjeros por lo que les llevamos la salvación del Evangelio, sino por amor a la misión que el Señor nos ha impuesto. Sólo la misión nos muestra el lugar en que se encuentra la promesa. Si Cristo no quiere que yo predique aquí o allá el Evangelio, debo abandonarlo todo y aferrarme a la voluntad y a la palabra del Señor. De este mo­do, los apóstoles quedan ligados a la palabra, a la misión. Única­mente deben encontrarse allí donde les indica la palabra y la mi­sión de Cristo. «No toméis el camino de los gentiles ni entréis en ciudades de samaritanos; más bien dirigíos a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Seguir leyendo «El Precio de la Gracia (parte 15)» →

Intolerancia religiosa

donato0002Esta Sección sobre Intolerancia Religiosa está a cargo del Hno. Donato Rodríguez Romero. Él es un periodista cristiano quien dirigió este periódico de 2010 a 2014. Vive con su esposa Margarita Velasco en la Ciudad de Puebla, y asisten a la IMMAR El Buen Pastor. Pertenece a la CASE.


Intolerancia en Puebla

La Magdalena Tlatlauquitepec.

 

¿Quién creen ustedes que puso este "aviso"?
¿Quién creen ustedes que puso este «aviso»?

Por: Oscar Moha

3-junio-2015

El más pequeño de los 216 municipios de la Entidad, donde unos 400 habitantes están sumidos en la pobreza, el ex alcalde Pascual Jiménez Torres y el actual, Teódulo Castillo Solís, han comenzado una campaña de hostigamiento en contra de cristianos de la Iglesia del Evangelio Cuádruple, amenazándolos de muerte y de quitarles los servicios básicos.

Hace 2 años, estos personajes solicitaron el voto corporativo a los más de 60 integrantes de esta congregación prometiéndoles que habría libertad de culto pleno en este poblado de raíces católicas, sin embargo, al llegar al poder, hoy los amenazan con expulsarlos y despojarlos de sus bienes.

Los integrantes de la Iglesia Evangélica temen por sus vidas, ya que las autoridades, incluyendo al ex Síndico Municipal, Luis Miranda Román, en contubernio con los representantes comunales, intentan despojarlos de los terrenos que ellos poseen en la localidad.

El pastor Fernando Santos Miranda mencionó que están temerosos por la actitud violenta que cada día se manifiesta por parte de autoridades y algunos pobladores, ya que 8 familias han sido amenazadas de muerte.

“Tenemos miedo porque los niños y jóvenes de nuestra congregación no tienen la culpa de estas arbitrariedades y nos han dicho que nos van a quemar por el simple hecho de no ser católicos. Nos piden cuotas de más de 2 mil pesos para hacer sus fiestas patronales, y como nos negamos a cooperar, ahora amenazan con cortarnos los servicios básicos, por eso exigimos la intervención del Gobernador Rafael Moreno Valle y del Secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong”, dijo el ministro de culto.

El mes pasado varios pobladores de esta comunidad destruyeron la cerca donde se iniciaría la construcción de un campamento para jóvenes, con la presencia y consentimiento de las autoridades locales y de representantes comunales, agregó el pastor.

Los dirigentes de esta congregación han interpuesto denuncias ante las autoridades correspondientes para evitar que, por usos y costumbres, sean despojados de sus tierras, pero algunos pobladores han impedido el acceso de servidores públicos que verificarían los linderos de los predios, por instrucciones de Pascual Jiménez y sus seguidores.

En Puebla, se han incrementado las denuncias por casos de intolerancia y discriminación religiosa en los últimos 5 años, en contra de congregaciones cristinas evangélicas, sin que hasta el momento las autoridades locales y federales hayan llevado a cabo acciones para garantizar el respeto a la libertad de culto. Hasta el momento LIBERTAD Y DIGNIDAD A.C. tiene registrados 6 asuntos de este tipo en Puebla, que no han sido resueltos.

INTOLERANCIA EN PAKISTÁN  

Destrozan iglesia y golpean cristianos por predicar el Evangelio

int rel.pakistan

Fundamentalistas islámicos armados destrozan una iglesia cristiana en Punjab, golpeando a su pastor y a los fieles, por hacer «proselitismo».

FUENTES Fides Punjab 29 DE MAYO DE 2015 23:00 h

Manifestación de cristianos en Pakistán Hombres armados, incitados por un imán, entraron en el templo protestante de la ciudad de Chakwa, donde agredieron al pastor, Suhail Masih, y a los cinco fieles que estaban en la iglesia. El grupo de hombres armados fueron incitados por un imán, dejaron destrozado el templo tras golpear a los cristianos.

El episodio ocurrió ayer en la ciudad de Chakwal en la provincia de Punjab, a unos 300 km al sur de Lahore. El pastor Suhail Masih y los cinco miembros de la iglesia estaban dentro del templo cuando los agresores entraron y cComenzaron a devastar todo y golpeando a los presentes, y escapando antes de que llegase la Policía.

Dos personas fueron detenidas y luego puestas en libertad. Los agredidos fueron llevados al hospital, sin que tuviesen heridas que hiciesn peligrar su vida.  Hace unos días, declaró el pastor Suhail Masih ante le Policía, tanto él como sus hermasnos en la fe fueron acusados por los musulmanes de la zona de estar cometiendo “proselitismo y conversiones de musulmanes”, según las acusaciones que divulgó Tariq Bhatti, un influyente musulmán de la ciudad. 

La comunidad cristiana en Chakwal ha realizado una manifestación de protesta exigiendo la detención de los culpables y el registro de una denuncia oficial. Además se invita al Gobierno a reforzar la seguridad de las iglesias y a castigar a aquellos que fomentan el odio y la violencia contra los cristianos en Pakistán.

El ataque se produce a pocos días de la violencia masiva registrada en el barrio de Sanda, en Lahore, donde una turba musulmana intentó quemar una iglesia y destruir las casas de los cristianos, después de una falsa acusación de blasfemia.

Leer más: http://protestantedigital.com/internacional/36341/Destrozan_iglesia_y_golpean_cristianos_por_predicar_el_Evangelio

 

El Precio de la Gracia (parte 14)

art.mlutherk.dietrichDietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.

Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.

(Seguimos publicando, parte por parte, el libro de Bonhoeffer, “El Precio de la Gracia”).

De click en los enlaces para ir a la ← decimotercera parte o puede ir al inicio de la serie.

b) La gran separación

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la vida!; y son pocos los que la encuentran. Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, mientras que el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conoceréis.

No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: ¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad! (Mt 7, 13-23).

La comunidad de Jesús no puede separarse caprichosamente de la comunión con los que no oyen la llamada de Jesús. Es llamada por su Señor al seguimiento mediante la promesa y el precepto. Esto debe bastarle. Todo juicio y toda separación los pone en manos del que la ha elegido según su designio no por el mérito de las obras, sino por su gracia. No es la comunidad la que realiza esta separación, sino la palabra que llama.

Un pequeño grupo, los seguidores, es separado de la multitud de los hombres. Los discípulos son poco numerosos y lo serán cada vez menos. Esta palabra de Jesús les quita toda falsa esperanza con respecto a su eficacia. El discípulo de Jesús nunca debe poner su confianza en el número. «Son pocos…»; los otros, por el contrario, son muchos, y serán cada vez más. Pero marchan a su perdición. Ante esta circunstancia, ¿qué puede consolar a los discípulos, sino sólo el hecho de que les está prometida la vida, la comunión eterna con Jesús?

El camino de los seguidores es angosto. Resulta fácil no advertirlo, resulta fácil falsearlo, resulta fácil perderlo, incluso cuando uno ya está en marcha por él. Es difícil encontrarlo. El camino es realmente estrecho y el abismo amenaza por ambas partes: ser llamado a lo extraordinario, hacerlo y, sin embargo, no ver ni saber que se hace…, es un camino estrecho. Dar testimonio de la verdad de Jesús, confesarla y, sin embargo, amar al enemigo de esta verdad, enemigo suyo y nuestro, con el amor incondicional de Jesucristo…, es un camino estrecho. Creer en la promesa de Jesucristo de que los seguidores poseerán la tierra y, sin embargo, salir indefensos al encuentro del enemigo, sufrir la injusticia antes que cometerla…, es un camino estrecho. Ver y reconocer al otro hombre en su debilidad, en su injusticia, y nunca juzgarlo; sentirse obligado a comunicarle el mensaje y, sin embargo, no echar las perlas a los puercos…, es un camino estrecho. Es un camino insoportable.

En cualquier instante podemos caer. Mientras reconozco este camino como el que se me ha ordenado seguir, y lo sigo con miedo a mí mismo, este camino me resulta efectivamente imposible. Pero si veo a Jesucristo precediéndome paso a paso, si sólo le miro a él y le sigo paso a paso, me siento protegido. Si me fijoe en lo peligroso de lo que hago, si miro al camino en vez de a aquel que me precede, mi pie comienza a vacilar. Porque él mismo es el camino. Es el camino angosto, la puerta estrecha. Sólo interesa encontrarle a él. Si sabemos esto, avanzamos por el camino angosto, atravesamos la puerta estrecha de la cruz de Jesucristo, en marcha hacia la vida, y precisamente la estrechez del camino se convierte para nosotros en certeza. ¿Cómo podría ser el camino del Hijo de Dios sobre la tierra -que debemos recorrer en calidad de ciudadanos de dos mundos, marchando por la frontera entre el mundo y el reino de los cielos-un camino espacioso? El camino estrecho debe ser el bueno.

 Versículos 15-20. La separación entre el mundo y la comunidad se ha realizado. Pero la palabra de Jesús penetra ahora en la comunidad misma, juzgando y separando. La separación debe realizarse, de forma incesantemente nueva, en medio de los discípulos de Jesús. Ellos no deben pensar que pueden huir del mundo y permanecer sin peligro alguno en el pequeño grupo que se halla en el camino angosto. Surgirán entre ellos falsos profetas, aumentando la confusión y la soledad.

Junto a nosotros se encuentra alguien que externamente es un miembro de la comunidad, un profeta, un predicador; su apariencia, su palabra, sus obras, son las de un cristiano, pero interiormente han sido motivos oscuros los que le han impulsado hacia nosotros; interiormente es un lobo rapaz, su palabra es mentira y su obra engaño. Sabe guardar muy bien su secreto, pero en la sombra sigue su obra tenebrosa. Se halla entre nosotros no impulsado por la fe en Jesucristo, sino porque el diablo le ha conducido hasta la comunidad. Busca quizás el poder, la influencia, el dinero, la gloria que saca de sus propias ideas y profecías. Busca al mundo, no al Señor Jesús. Disimula sus sombrías intenciones bajo un vestido de cristianismo, sabe que los cristianos forman un pueblo crédulo. Cuenta con no ser desenmascarado en su hábito inocente. Porque sabe que a los cristianos les está prohibido juzgar, cosa que está dispuesto a recordarles en cuanto sea necesario. Efectivamente, nadie puede ver en el corazón del otro. Así desvía a muchos del buen camino. Quizás él mismo no sabe nada de todo esto; quizás el demonio que le impulsa le impide ver con claridad su propia situación.

Ahora bien, tal declaración de Jesús podría inspirar a los suyos un gran terror. ¿Quién conoce al otro? ¿Quién sabe si detrás de la apariencia cristiana no se oculta la mentira, no acecha la seducción? Una desconfianza profunda, una vigilancia sospechosa, un espíritu angustiado de critica podrían introducirse en la Iglesia. Esta palabra de Jesús podría incitarlos a juzgar sin amor a todo hermano caído en el pecado. Pero Jesús libera a los suyos de esta desconfianza que destruiría a la comunidad. Dice: El árbol malo da frutos malos. A su tiempo se dará a conocer por sí mismo. No necesitamos ver en el corazón de nadie. Lo que debemos hacer es esperar hasta que el árbol dé sus frutos

Cuando llegue su tiempo, distinguiréis los árboles por sus frutos. Y estos no pueden hacerse esperar mucho. Lo que se trata aquí no es la diferencia entre la palabra y la obra, sino entre la apariencia y la realidad. Jesús nos dice que un hombre no puede vivir durante mucho tiempo de apariencias. Llega el momento de dar los frutos, llega el tiempo de la diferenciación. Tarde o temprano se revelará lo que realmente es. Poco importa que el árbol no quiera dar fruto. El fruto viene por sí mismo. Cuando llegue el momento de distinguir un árbol de otro, el tiempo de los frutos lo revelará todo. Cuando llegue el momento de la decisión entre el mundo y la Iglesia -cosa que puede ocurrir cualquier día, no sólo en las grandes decisiones, sino también en las ínfimas y vulgares, entonces se revelará lo que es malo y lo que es bueno. En aquel instante únicamente subsistirá la realidad, no la apariencia.

Jesús exige a sus discípulos que en tales momentos distingan claramente la apariencia de la realidad, que pongan una frontera entre ellos y los falsos cristianos. Esto les impide sondear por mera curiosidad al otro, les exige sinceridad y resolución para reconocer la decisión divina. En cualquier instante es posible que los falsos cristianos sean arrancados de en medio de nosotros, que nosotros mismos nos veamos desenmascarados como falsos cristianos. Por eso, los discípulos son llamados a reafirmar su comunión con Jesús, a seguirle más fielmente. El árbol malo es cortado y arrojado al fuego. Todo su esplendor no le servirá de nada.

Versículo 21. Pero la separación provocada por la llamada de Jesús al seguimiento es aún más profunda. Tras la separación del mundo y de la Iglesia, de los cristianos falsos y verdaderos, la se­paración se sitúa ahora en medio del grupo de los discípulos que confiesan su fe. Pablo afirma: «Nadie puede decir ‘Jesús es Señor’ sino por influjo del Espíritu santo» (1 Cor 12, 3). Con la propia ra­zón, con las propias fuerzas, con la propia decisión, nadie puede entregar su vida a Jesús ni llamarle su Señor. Pero aquí se tiene en cuenta la posibilidad de que alguno llame a Jesús su Señor sin el Espíritu santo, es decir, sin haber escuchado la llamada de Jesús.

Esto resulta tanto más incomprensible cuanto que en aquella época no significaba ninguna ventaja terrena llamar a Jesús su Se­ñor; al contrario, se trataba de una confesión que implicaba un gran peligro. «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’ entrará en el rei­no de los cielos…». Decir «Señor, Señor» es la confesión de fe de la comunidad. Pero no todo el que pronuncia esta confesión entra­rá en el reino de los cielos.

La separación se producirá en medio de la Iglesia que confiesa su fe. Esta confesión no confiere ningún derecho sobre Jesús. Na­die podrá apelar nunca a su confesión. El hecho de que seamos miembros de la Iglesia de la confesión verdadera no constituye un derecho ante Dios. No nos salvaremos por esta confesión. Si cree­mos esto cometemos el mismo pecado de Israel, que convirtió la gracia de la vocación en un derecho ante Dios. De esta forma pe­camos contra la gracia del que llama. Dios no nos preguntará aquel día si hemos sido protestantes, sino si hemos cumplido su volun­tad. Hará esta pregunta a todo el mundo, y a nosotros también. Los límites de la Iglesia no son los de un privilegio, son los de la elec­ción y vocación gratuitas de Dios, πας όλέγων y άλλα΄ό ποιων -«decir» y «hacer»- no expresan solamente la relación entre la pa­labra y la obra. Nos hablan, más bien, de dos clases de actitudes del hombre ante Dios: ό λέγων κύριε -«el que dice: Señor, Señor»- es el hombre que, basándose en el «sí» dado, manifiesta sus preten­siones; ό ποιων -«el que hace»- es el hombre humilde en el acto de obediencia.

El primero es el hombre que se justifica a sí mismo por su con­fesión; el segundo, el que hace, es el hombre obediente que edifica sobre la gracia de Dios. La palabra del hombre es el correlato de su propia justicia, mientras la acción es el correlato de la gracia, ante la cual el hombre lo único que puede hacer es obedecer y seguir humildemente. El que dice: «Señor, Señor» se ha llamado a sí mis­mo, sin el Espíritu santo, o ha transformado la llamada de Jesús en un derecho propio. El que hace la voluntad de Dios es llamado y bendecido, obedece y sigue a su Señor. No entiende la llamada que le es dirigida como un derecho, sino como un juicio y un acto de gracia, como la voluntad de Dios a la que quiere obedecer exclusi­vamente. La gracia de Jesús nos exige que actuemos; por eso, la acción es la verdadera humildad, la verdadera fe, la verdadera con­fesión de la gracia del que nos llama.

Versículo 22. El que confiesa y el que hace han sido separados. La separación llega ahora hasta lo último. Hablan aquí los que han pasado con éxito las pruebas anteriores. Forman parte de los que hacen, pero ahora invocan precisamente su acción en lugar de in­vocar su confesión. Han actuado en nombre de Jesús. Saben que la confesión no justifica; por eso han ido a glorificar con sus acciones el nombre de Jesús entre los hombres. Ahora se presentan ante él y hacen referencia a esta actividad.

Jesús revela aquí a sus discípulos la posibilidad de una fe de­moniaca que le invoca a él, que realiza hechos milagrosos idénticos a las obras de los verdaderos discípulos de Jesús hasta el punto de no poder distinguirlos, actos de amor, milagros, quizás incluso la propia santificación, una fe que, sin embargo, niega a Jesús y se niega a seguirle. Es lo mismo que dice Pablo en el capítulo 13 de la primera Carta a los corintios sobre la posibilidad de predicar, de profetizar, de conocerlo todo, de tener incluso una fe capaz de trasladar las montañas… pero sin amor, es decir, sin Cristo, sin el Espíritu santo.

Más aún: Pablo se ve obligado a considerar como posible que las mismas obras del amor cristiano, el abandono de los bienes, y hasta el martirio, puedan ser realizadas… sin amor, sin Cristo, sin el Espíritu santo. Sin amor: o sea, que a pesar de toda esta acción no se produce el acto de seguimiento, ese acto cuyo autor, en definitiva, no es otro que el que llama, Jesucristo mismo. Es la posibilidad más profunda, más inconcebible del poder satánico en la comunidad, la separación definitiva que, naturalmente, sólo tiene lugar el último día. Pero esta separación será irrevocable. Los que siguen a Jesús se preguntarán dónde se encuentra la norma que permita saber quién es aceptado por Jesús y quién no lo es, quién permanece junto a él y quién no. La respuesta de Jesús a los últi­mos condenados lo dice todo: «No os conocí nunca».

Este es, pues, el secreto que ha sido guardado desde el comien­zo del sermón de la montaña hasta ahora, hasta el final. La única pregunta es: ¿somos o no conocidos por Jesús?; ¿a qué debemos aferramos cuando advertimos el modo en que Jesús realiza la se­paración de la Iglesia y del mundo, y luego la separación dentro de la Iglesia hasta el último día, cuando no nos queda nada, ni nues­tra confesión de fe, ni nuestra obediencia? Lo único que nos que­da es su palabra: Te conocí. Es su palabra eterna, su llamada eter­na. Aquí, el final del sermón del monte se fusiona con las primeras palabras del mismo. Sus palabras en el juicio final llegan a nos­otros en su llamada al seguimiento. Pero desde el principio hasta el fin, sigue siendo exclusivamente su palabra, su llamada. Quien no se aferra en el seguimiento más que a esta palabra, prescindiendo de todo lo restante, será sostenido por ella en el día del juicio. Su palabra es su gracia.

c) La conclusión

Así, pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en prác­tica, será corno el hombre prudente que edificó su casa sobre roca; cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y embis­tieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimen­tada sobre roca. Y todo e] que oiga estas palabras mías y no las pon­ga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vien­tos, embistieron contra ella y cayó, y fue grande su ruina. Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedó asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas (Mt 7, 24-29).

Hemos oído el sermón del monte; quizás lo hemos entendido. ¿Pero quién lo ha entendido rectamente? Jesús responde por último a esta pregunta. Jesús no deja que sus oyentes se marchen con toda tranquilidad; no quiere que hagan de sus palabras lo que les guste, no quiere que saquen de ellas lo que les parece válido para sus vidas, ni que examinen la forma en que esta doctrina se relaciona con la «realidad». Jesús no da su palabra con liberalidad para que sus oyentes la profanen con sus manos de mercachifles; sólo la da con la condición de que conserve un poder exclusivo sobre ellos. Desde un punto de vista humano, existen innumerables posibilida­des de entender e interpretar el sermón del monte. Pero Jesús úni­camente conoce una: ir y obedecer. No se trata de interpretar, de aplicar, sino de actuar, de obedecer. Sólo de esta forma se escucha la palabra de Jesús. Pero insistamos: no se trata de hablar sobre la acción como de una posibilidad ideal, sino de comenzar a actuar realmente.

Esta palabra, a la que doy derecho sobre mi persona, esta pala­bra que procede del «yo te conocí», que me sitúa inmediatamente en la acción, en la obediencia, es la roca sobre la que puedo cons­truir una casa. A esta palabra de Jesús, procedente de la eternidad, sólo corresponde el acto más sencillo. Jesús ha hablado; suya es la palabra, nuestra la obediencia. Sólo en la acción conserva la palabra de Jesús su honra, su fuerza y su poder entre nosotros. Ahora puede venir la tormenta sobre la casa; la unión con Jesús, creada por su palabra, no puede ser destruida.

Junto a la acción sólo existe la falta de acción. Pero no existe una voluntad de actuar que no haga nada. Quien entra en contac­to con la palabra de Jesús de cualquier forma menos con la ac­ción, no da la razón a Jesús, dice «no» al sermón del monte, no guarda su palabra. Preguntar, problematizar, interpretar, es igual que no hacer nada. Pensemos en el joven rico y en el doctor de la ley de Le 10.

Por mucho que afirmase mi fe, mi asentimiento fundamental a esta palabra, Jesús dice que esto es no hacer nada. La palabra que no quiero poner en práctica no es para mí una roca sobre la que puedo edificar una casa. No hay unión con Cristo. Nunca me co­noció. Por eso ahora, cuando llegue la tormenta, perderé rápida­mente la palabra, advertiré que, en realidad, nunca he creído. Yo no tenía la palabra de Cristo, sino una palabra que le había arrancado y que había hecho mía mientras reflexionaba sobre ella, aunque sin cumplirla. Mi casa está ahora en completa ruina porque no descan­sa sobre la palabra de Cristo.

«La gente quedó asombrada…». ¿Qué había pasado? El Hijo de Dios había hablado. Había tomado en sus manos el juicio del mundo. Y sus discípulos se encontraban a su lado.

Siguiente: Seccion 4. Mt 9, 35-10, 42: Los mensajeros

Intolerancia religiosa

Cincuenta cristianos son quemados vivos

en la casa de un pastor en Nigeria

int rel.

”Cincuenta de los miembros de nuestra iglesia fueron asesinados en el edificio de la iglesia dónde habían huido para refugiarse”,

Rev. Dachollom Datiri, vicepresidente de la Iglesia de Cristo en Nigeria.

 PERSECUCIONES     17 JUL 2012    21969  

Los ataques contra los cristianos siguen en pleno vigor en Nigeria en la región de Jos. Los informes indican que más de 100 personas la semana pasada han sido asesinadas por terroristas. Los responsables de los asesinatos son el grupo Islámico extremista Boko Haram.

Si bien es cierto las diferentes fuentes indican la cantidad de personas que perdieron la vida la semana pasada, la nota de Open Doors News, demuestra cuán grande es el riesgo de ser cristiano porque 50 miembros de la Iglesia de Cristo en Nigeria, del pueblo Maseh fueron quemados vivos después que estoy huían para refugiarse en la casa de su pastor el 7 de julio, la cual fue atacada por los terroristas.

“Cincuenta de los miembros de nuestra iglesia fueron asesinados en el edificio de la iglesia dónde habían huido para refugiarse. Fueron asesinados junto a la esposa del pastor y los niños”, dijo el Rev. Dachollom Datiri, vicepresidente de la Iglesia de Cristo en Nigeria, en una entrevista con Open Doors News, en la sede de la iglesia en Jos.

Los funcionarios de la iglesia dijeron que en total, unos 100 miembros de la Iglesia de Cristo han sido asesinados en 12 pueblos: Maseh, Ninchah, Kakkuruk, Kuzen, Negon, Pwabiduk, Kai, Ngyo, Cataratas Kura, Dogo, Kufang y Ruk.

“En un país donde los cristianos han sufrido la violencia desde hace más de una década, los asesinatos masivos, han dejado a la Iglesia de Cristo, y gran parte del país, en estado de shock”, dice”, dijo el Rev. Obed Dashan, secretario general de la Iglesia de Cristo en Nigeria.

“La mayoría de ellos son campesinos y los ataques no han permitido que se vayan debido a que tienen fincas. Sin embargo, los extremistas religiosos, les han quemado sus cultivos, destruyéndoles sus cosechas”.

De acuerdo a las noticias de Puertas Abiertas, líderes de la iglesia temen más violencia.

“Todo el asunto está llegando a un punto”, dijo Datiri. “Ha sido una cosa a largo plazo previsto por Boko Haram… Ellos están usando el terrorismo como arma. Esa es la razón por la que el objetivo de sus ataques son los cristianos y en nuestras iglesias”.

En Ginebra, World Council of Churches (WCC) y el Royal Aal Al-Bayt Institute for Islamic Thought (RABIIT) publicaron un informe la semana pasada sobre su compromiso conjunto para ayudar a resolver las tensiones en Nigeria. El informe refleja un nuevo modelo cristiano-musulmán de cooperación entre ambas religiones para abogar por la paz y el diálogo inter religioso.

“La religión nunca debe ser usado como un pretexto para el conflicto. Estamos comprometidos con la situación en Nigeria. Estamos preocupados y ansiosos por las vidas perdidas en nombre de la religión en Nigeria “, dijo el Rev. Dr. Olav Fykse Tveit, secretario general del WCC.

Traducido y adaptado por NoticiaCristiana.com de Open Doors News

Open Doors

Diez cristianos son asesinados al día a nivel mundial

Mayo 26 de 2015

La persecución no surge por casualidad, sino que es premeditada y organizada.

Tiene distintos niveles, que van desde la opresión hasta la violación de los derechos fundamentales, como negar el acceso a la educación y al trabajo.

int rel.open doors “Persecución es todo trato injusto sufrido por los cristianos como consecuencia de su fe. No se trata sólo de la violación del derecho a elegir su religión, sino de toda discriminación”, dijo la ONG cristiana Open Doors en un informe donde asegura que más de 150 millones de cristianos sufren persecución por su fe en todo el mundo.

Esta persecución a veces conduce a la muerte. Según Open Doors 332 cristianos son asesinados al mes por sus creencias religiosas, es decir diez al día.

La persecución no surge por casualidad, sino que es premeditada y organizada. Tiene distintos niveles, que van desde la opresión hasta la violación de los derechos fundamentales, como negar el acceso a la educación y al trabajo.

A largo plazo puede desembocar en una severa persecución, para terminar tratando a los cristianos como ciudadanos de segunda clase a quienes no se les respeta ni los derechos más básicos.

Ron Boyd-MacMillan, Director de Investigación y Estrategia de Open Doors afirma que “hay cuatro fuentes de persecución en el mundo: el extremismo islámico, la opresión comunista, el nacionalismo y la intolerancia religiosa y secular.

“El principal cambio observado en los últimos 30 años ha sido la sustitución de la opresión comunista por el extremismo islámico como el perseguidor principal de cristianos en todo el mundo”, dice Ron resaltando que otras fuerzas de opresión continúan.

“Corea del Norte, bajo su régimen estalinista, sigue siendo el país más peligroso para los cristianos, y la comunidad más numerosa que persigue a los cristianos es la China”.

En cuanto al Estado Islámico este lanzó una ofensiva contra el norte de Irak. La primera ciudad en caer fue Mosul, después cayeron otras más pequeñas. Decenas de miles de cristianos, entre ellos cristianos tuvieron que huir.

La situación de deterioró con rapidez. Hasta 1.000 de las 3.500 familias de cristianos que vivían en Mosul huyeron y el arzobispo de la Iglesia Católica Caldea anunció que por primera vez en 1.600 años no se celebraría misa.

Grandes cantidades cristianos se han marchado al extranjero o a la que había sido hasta ahora una zona más segura, a la región Kurda. Allí se encuentran sin perspectivas de empleo o de educación escolar adecuada, ni sistema sanitario o alojamiento apropiado.

Según esta ONG, la iglesia se enfrenta a muchas situaciones difíciles, como los asesinatos de miembros de la iglesia, los secuestros y la falta de líderes adecuados.

Fuente: Te Interesa en Español

MICHOACÁN   

Queman una iglesia evangélica en México

Continúa la violencia y persecución religiosa

contra los protestantes en pueblos rurales de México.

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FUENTES Milamex MÉXICO D.F. 17 DE MAYO DE 2015 22:00 h

Arde local evangélico en Sta. Fe de la Laguna, mientras destruyen el nuevo templo en construcción La Iglesia Apostólica en la fe en Cristo Jesús del pueblo de Santa Fe de la Laguna, Mpio Quiroga, Michoacán, fue completamente destruida el pasado 10 de mayo. Una multitud dirigida por Félix Pérez Gaspar y Aristeo Huacuz, interrumpieron el culto dominical, agrediendo física y verbalmente al pastor Ángel Gutiérrez.

A pesar de la petición de calma de los fieles evangélicos, incendiaron el local de culto (una simple choza) que utilizaban desde hace varios años para los servicios religiosos, y luego con un tractor y mazas destruyeron los cimientos y las paredes del nuevo templo que estaba en construcción.

Aunque no hubo heridos, la violencia fue enorme y originó el llanto asustado de mujeres y niños. Por si no fuera poco lo ocurrido, las autoridades de la comunidad amenazan con destruir el otro templo evangélico de la comunidad, sin base legal alguna y violando toda idea de libertad religiosa.

DENUNCIA DE LA COC

La Coordinación de Organizaciones Cristianas denuncia que aunque en México existen leyes que en teoría garantizan la Libertad Religiosa (Libertad de Creencia), las evidencias en Michoacán, Chiapas y otros 14 Estados del País no lo reflejan. La Libertad de creencia no es una prioridad para las autoridades de los diversos niveles de Gobierno, y frecuentemente los creyentes e iglesias evangélicos son agredidos.

Los cristianos evangélicos no responden como otros grupos sociales con los que el Gobierno ha batallado con cierres de carreteras, de edificios públicos, y quema de vehículos, lo que por una parte es un testimonio público de su carácter, pero por otro sólo hace que el Gobierno utilice esta buena actitud para despreocuparse de defender sus derechos y de defender la justicia y la Ley.

Leer más: http://protestantedigital.com/internacional/36218/Queman_una_iglesia_evangelica_en_Mexico

P. D. El compilador responsable de esta sección pregunta:

¿Alguien de los lectores ha visto u oído algún comunicado de la alta cúpula católica,

ordenando a sus sacerdotes y feligreses católicos cesen persecuciones a hermanos evangélicos?

El Precio de la Gracia (parte 13)

art.mlutherk.dietrichDietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.

Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.

(Seguimos publicando, parte por parte, el libro de Bonhoeffer, “El Precio de la Gracia”).

De click en los enlaces para ir a la ← duodécima parte o puede ir al inicio de la serie.

Mt 7: La segregación de la comunidad de los discípulos

a) Los discípulos y los infieles

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá a vosotros. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en el tuyo? O ¿cómo vas a decir a tu hermano: Deja que te saque esa brizna del ojo, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano. No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas y después, volviéndose, os despedacen.
Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. O ¿hay acaso alguno de entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pescado le da una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que las pidan!
Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros; porque esta es la ley y los profetas (Mt 7, 1-12).

Una conexión necesaria conduce de los capítulos 5 y 6 a estos versículos y hasta la gran conclusión del sermón de la montaña. En el capítulo 5 se habló del carácter extraordinario del seguimiento; en el 6, de la justicia oculta, sencilla, de los discípulos. Estos dos términos habían sacado a los discípulos de la comunidad a la que habían pertenecido hasta ahora, para vincularlos sólo a Jesús. La frontera quedaba claramente visible.

Esto implica el problema de las relaciones de los seguidores con los otros hombres que les rodean. Esta segregación de la que son objeto ¿les comunica privilegios particulares, les hace poseer una fuerza, una escala de valores, unas aptitudes que les permitan reivindicar una autoridad especial ante los otros? No habría resultado muy extraño que los seguidores de Jesús se hubiesen separado de su contorno con un juicio severo. Sí, podría haberse pensado que la voluntad de Jesús era que los discípulos pusieran en práctica, en sus relaciones cotidianas con los demás, tal juicio de ruptura y condenación. Por eso, Jesús debe dejar claro que tales errores ponen en serio peligro el seguimiento. Los discípulos no deben juzgar. Si lo hacen, caen ellos mismos en el juicio de Dios. La espada con la que juzgan al hermano les golpea también a ellos. La cesura con la que se separan de los otros, como los justos de los injustos, les separa a ellos de Jesús.
¿Por qué es esto así? El discípulo vive totalmente de su unión con Jesucristo. Tiene su justicia sólo en esta unión, y nunca fuera de ella. Por consiguiente, nunca puede servirle de escala de valores, de la que podría disponer a su agrado. Lo que le convierte en discípulo no es una nueva escala de valores aplicada a su vida, sino simplemente Jesucristo, el mediador e Hijo de Dios. Por esto, su propia justicia le es velada en la comunión con Jesús. Ya no puede verse, observarse, juzgarse; sólo ve a Jesús, no es juzgado, visto y perdonado más que por Jesús. Entre el discípulo y el otro no hay una escala de valores constituida por una vida justa, sino únicamente el mismo Cristo; el discípulo sólo ve al otro hombre como una persona hacia la que viene Jesús. Y si encuentra al otro, es sólo porque marcha hacia él con Jesús. Jesús le precede hacia el otro, él le sigue.

Por tanto, el encuentro del discípulo con el otro no es nunca el encuentro libre de dos personas que se aproximarían mutuamente en la inmediatez de sus ideas, de sus escalas de valores y de sus juicios. Al contrario, el discípulo no puede encontrar al otro más que como aquel hacia el que viene Jesús. Lo único que tiene aquí valor es la lucha en favor del otro, su llamada, su amor, su gracia, su juicio. El discípulo no ha ocupado, pues, una posición desde la que atacará al otro, sino que, en la verdad del amor de Jesucristo, avanza hacia el otro con una oferta incondicional de comunión.

Al juzgar, nos enfrentamos al otro, guardando la distancia de la observación, de la reflexión. El amor, por el contrario, no deja lugar ni tiempo para ello. Para el que ama, el otro nunca puede ser un objeto que se contempla como un espectáculo; es, en todo instante, una pretensión viva dirigida a mi amor y a mi servicio. Pero lo que hay de malo en el otro ¿no me obliga precisamente a condenarlo por causa de él mismo, a causa del amor que le tengo? Vemos que la frontera ha sido claramente delimitada. Un amor mal comprendido al pecador se halla increíblemente cerca del amor al pecado.

Pero el amor de Cristo al pecador es, en sí mismo, condenación del pecado, la expresión más enérgica del odio al pecado. Precisamente el amor incondicional, en el que los discípulos deben vivir siguiendo a Jesús, realiza lo que ellos nunca podrían conseguir con un amor fraccionado, otorgado según su propio juicio y sus condiciones personales: la condenación radical del mal.

Si los discípulos juzgan, establecen una escala de valores relativa al bien y al mal. Pero Jesucristo no es una escala valorativa que yo podría aplicar a los otros. Él es quien me juzga a mí mismo y desvela mi bien como algo totalmente malo. Con esto, se me prohíbe aplicar a los otros lo que no es válido para mí. De hecho, al juzgar según los criterios de bien y de mal, no hago más que confirmar al otro precisamente en lo que tiene de malo; porque también él juzga según criterios de bien y de mal. Pero él no conoce la maldad de su bien, sino que se justifica con él. Si es juzgado por mí en su mal, será confirmado en su bien, que sin embargo no es de ningún modo el bien de Jesucristo; es sustraído al juicio de Cristo para ser sometido a un juicio humano. Y yo, por mi parte, atraigo sobre mí el juicio de Dios, porque no vivo ya de la gracia de Jesucristo, sino del conocimiento del bien y del mal, y caigo en el juicio al que me aferro. Dios es para cada uno el Dios a la medida de su fe.

Juzgar es la reflexión prohibida que se ejerce sobre el otro. Desintegra el amor sencillo. Es verdad que este amor sencillo no me prohíbe pensar en el otro, percibir su pecado, pero las dos cosas quedan libres de la reflexión si se convierten para mí en ocasión de perdonar, de amar incondicionalmente, igual que Cristo hace conmigo. El hecho de no juzgar al otro no pone en vigor la máxima «comprenderlo todo es perdonarlo todo», ni da la razón al otro en cada uno de los casos. Ni yo ni el otro tenemos aquí razón, sino sólo Dios; su gracia y su juicio son anunciados.

Juzgar vuelve ciego, el amor abre los ojos. Al juzgar, me vuelvo ciego con respecto a mi propio mal y con respecto a la gracia concedida al otro. Pero, en el amor de Cristo, el discípulo conoce toda falta y todo pecado imaginable, porque conoce el sufrimiento de Cristo; mas, al mismo tiempo, el amor reconoce al otro como aquel que es perdonado bajo la cruz. El amor ve al otro bajo la cruz, y precisamente por esto ve con claridad. Si al juzgar me interesase realmente aniquilar el mal, lo buscaría allí donde me amenaza efectivamente: en mí mismo. Pero si busco el mal en el otro, esto manifiesta que, en tal juicio, busco mi propio derecho y deseo quedar impune de mi mal juzgando al otro. El presupuesto de todo juicio es el más peligroso de los engaños que uno puede hacerse: creer que la palabra de Dios tiene un valor diferente para mí y para mi prójimo.

Establezco un privilegio al declarar: a mí se me dirige el perdón, y al otro el juicio condenatorio. Pero como los discípulos no reciben de Jesús ningún derecho propio que puedan hacer valer frente a cualquier otro; como sólo reciben la comunión con su Señor, les está totalmente prohibido el juicio, en cuanto pretensión de un falso derecho sobre el prójimo.

Pero no es solamente la palabra de condenación la que está prohibida al discípulo; también la palabra salvadora del perdón tiene sus límites. El discípulo de Jesús no tiene poder ni derecho para imponer esto a nadie ni nunca. Ejercer presiones, perseguir al otro, hacer prosélitos, todo intento de obtener algo del otro por la propia fuerza es vano y peligroso. Vano porque los puercos no reconocen las perlas que les echamos. Peligroso porque, con esto, no sólo es profanada la palabra de perdón, no sólo es llevado a pecar contra las cosas santas aquel a quien queríamos servir, sino que también los discípulos corren el peligro de sufrir el furor ciego de estos hombres endurecidos y llenos de tinieblas, sin necesidad ni provecho. El desperdicio de la gracia barata hastía al mundo, que acaba por volverse violentamente contra los que quieren imponerle algo que él no desea.

Esto significa para los discípulos una reducción considerable de su campo de operaciones; dicha reducción corresponde a la orden dada en Mt 10 de sacudir el polvo de sus pies allí donde la palabra de paz no sea escuchada. La inquietud agitada de los discípulos, que no quiere poner límites a su actividad, el celo que ignora la resistencia, les lleva a confundir la palabra del Evangelio con una idea victoriosa. La idea exige a los fanáticos que no conozcan ninguna oposición, que no la tengan en cuenta. La idea es fuerte. Pero la palabra de Dios es tan débil que se deja despreciar y rechazar por los hombres. Frente a la palabra existen corazones endurecidos, puertas cerradas; ella reconoce la resistencia que encuentra y la soporta. Es duro asumirlo: para la idea nada hay imposible, más para el Evangelio sí. La palabra es más débil que la idea. También los testigos de la palabra son, igual que ella, más débiles que los propagandistas de una idea. Aunque en esta debilidad se ven libres de la agitación enfermiza de los fanáticos, sufren con ella. Los discípulos también pueden retroceder, también pueden huir, pero con tal de que lo hagan con la palabra, con tal de que su debilidad sea la debilidad de la palabra y no la abandonen en su huida.
Porque ellos no son más que servidores y ministros de la palabra, y no quieren ser fuertes allí donde la palabra quiere ser débil. Si quisieran imponer al mundo la palabra en cualquier circunstancia y por cualquier medio, convertirían la palabra viva de Dios en una idea, y el mundo se defendería con razón contra una idea que no puede ayudarle en nada.

Pero precisamente en calidad de débiles testigos forman parte de los que no retroceden, sino que resisten, naturalmente sólo allí donde está la palabra. Los discípulos que no supiesen nada de esta debilidad de la palabra no habrían conocido el secreto del abajamiento de Dios. Esta débil palabra, que sufre la oposición de los pecadores, es en realidad la única palabra fuerte y misericordiosa, la que convierte a los pecadores en el fondo de su corazón. Su poder está oculto en la debilidad; si la palabra viniese en su poder manifiesto, sería el día del juicio. Es una gran tarea la que se confía a los discípulos: reconocer los límites de su misión. La palabra mal usada se volverá contra ellos.

¿Qué deben hacer los discípulos ante los corazones cerrados, allí donde es imposible llegar hasta el otro? Deben reconocer que no poseen de ninguna forma derecho ni poder sobre los demás, que no tienen ningún acceso inmediato a ellos, de suerte que sólo les queda el camino que conduce a aquel en cuyas manos se encuentran ellos mismos, así como los otros hombres. Lo que sigue, habla de esto. Los discípulos son conducidos a la oración. Se les dice que el único camino que lleva al prójimo es el de la oración a Dios.

El juicio y el perdón quedan en manos de Dios. Él es quien cierra y abre. Pero los discípulos deben suplicar, buscar, llamar; él les escuchará. Los discípulos deben saber que su preocupación y su inquietud por los otros han de llevarlos a la oración. La promesa hecha a su oración es el poder más grande que tienen.
Lo que distingue la búsqueda de los discípulos de la búsqueda de Dios por parte de los paganos es que los primeros saben lo que buscan. Sólo puede buscar a Dios quien ya le conoce. ¿Cómo podría buscarle quien no le conoce? ¿Cómo podría encontrarle quien no sabe lo que busca? Los discípulos buscan al Dios que han encontrado en la promesa dada por Jesucristo.

Resumiendo, aquí ha quedado claro que el discípulo, en sus relaciones con el otro, no dispone de ningún derecho personal ni de ningún poder. Vive enteramente de la fuerza de la comunión con Jesucristo. Jesús da al discípulo una regla muy sencilla, con la que incluso el más simple puede observar si sus relaciones con el otro son buenas o malas; basta con invertir las relaciones «yo» – «tú», basta con ponerse en lugar del otro y poner al otro en el propio lugar. «Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros».

En el mismo instante, el discípulo pierde todo privilegio con respecto al otro, no puede excusar en sí mismo lo que condena en el otro. Es tan duro con el propio mal como acostumbraba a serlo con el mal del otro, y tan benévolo con el mal del otro como lo es con el suyo. Porque nuestro mal no difiere del mal del otro. Hay un solo juicio, una sola ley, una sola gracia. El discípulo sólo considerará al otro como alguien a quien han sido perdonados los pecados y que, en adelante, sólo vive del amor de Dios. «Esta es la ley y los profetas», porque, en definitiva, sólo se trata del gran mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

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Intolerancia religiosa

donato0002Esta Sección sobre la Intolerancia Religiosa está a cargo del Hno. Donato Rodríguez Romero. Él es un periodista cristiano quien dirigió este periódico de 2010 a 2014. Vive con su esposa Margarita Velasco en la Ciudad de Puebla, y asisten a la IMMAR El Buen Pastor. Pertenece a la CASE.


 

Persecuciones contra evangélicos en México

en el siglo XIX (… en el XX y en el XXI…)

Hoy continúan produciéndose persecuciones

semejantes a las que sufrían los evangélicos en el XIX.

KAIRóS Y CRONOS AUTOR Carlos Martínez García 25 DE ABRIL DE 2015 22:50 h

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Evangélicos Tzotziles se manifiestan pidiendo justicia.

De los muchos casos de persecución contra protestantes en México, durante el siglo XIX, me he ocupado de trece sobre los que hallé más información en un libro que se encuentra en preparación editorial. Los hostigamientos siguen hoy, en la segunda década del siglo XXI continúan produciéndose persecuciones semejantes a las narradas en el volumen mencionado.

Solamente refiero a continuación tres casos, de los que me ocupé en su momento mediante artículos en La Jornada y Protestante Digital. Reproduzco los artículos, con pequeños cambios y correcciones.   Intolerancia en Chiapas y Oaxaca La Jornada, 4/IV/2012 No es nuevo el asunto, pero que resurja sí es preocupante. De nueva cuenta en los estados de mayor porcentaje de población indígena, Chiapas y Oaxaca, tienen lugar casos de intolerancia religiosa contra evangélicos.

Sus perseguidores son autoridades políticas y religiosas. Simbiosis peligrosa, porque no reconoce de hecho la libertad de creencia y cultos promulgada por el indígena Benito Juárez el 4 de diciembre de 1860. De acuerdo con el experimentado reportero Isaín Mandujano, alrededor de un centenar de familias del ejido Matamoros, en el municipio de Venustiano Carranza, fueron despojadas de sus tierras y sus animales, y no se les permite enterrar a sus muertos en el panteón de la comunidad, debido a que profesan una religión diferente a la católica; son protestantes.

Agrega que alrededor de mil familias han sido despojadas de sus tierras y los católicos les destruyeron sus parcelas, además de que dispersaron a su ganado.1 Los despojados son indígenas tzotziles. Acusan a Salomón Suárez Balcázar, presidente del comisariado ejidal, y al agente municipal Eduardo Velázquez Balcázar, de ser quienes encabezan las hostilidades en su contra. Una delegación de los perseguidos está en la capital chiapaneca, Tuxtla Gutiérrez, para demandar la intervención de la Subsecretaría de Asuntos Religiosos de la entidad, y que ésta cumpla con su obligación de garantizarles el libre ejercicio de sus creencias, así como sanciones contra quienes les coartan esa libertad. ¿Esta vez las autoridades cumplirán con las obligaciones que les marcan las leyes, o como en anteriores casos parecidos le van a dar largas al conflicto?

En lo que toca a Oaxaca, Elías Betanzos Luis, líder de al menos 400 congregaciones aglutinadas en el Consejo Oaxaqueño de Unidad Evangélica, dio a conocer que en 17 comunidades de los 415 municipios que se rigen por el sistema de usos y costumbres el organismo que preside tiene registro de casos graves de intolerancia religiosa.2 El dirigente protestante detalló que es en la Mixteca, la zona mixe, Sierra Norte y ahora la Costa donde tiene lugar la mayor incidencia de intolerancia en contra de sus correligionarios.

No es generalizada la persecución contra los indígenas protestantes en las comunidades regidas por usos y costumbres. En la mayor parte, como se desprende del testimonio dado por el líder del Consejo Oaxaqueño de Unidad Evangélica, los indígenas de distintos credos religiosos conviven sin agresiones y respetan la creciente pluralización que tiene lugar en sus poblados. Sin embargo, el número de casos existentes en los cuales los evangélicos son hostigados, desde amenazas hasta cortes de servicios, como agua, y expulsiones, es más que suficiente para movilizar a organismos de derechos humanos con el fin de que exijan el respeto a las garantías constitucionales de los agredidos. ¿O acaso los derechos de los indígenas evangélicos valen menos?

Ya es hora de abandonar la costumbre de culpabilizar a los perseguidos como principales causantes de las persecuciones que padecen. La muy conservadora idea que señala cómodamente a los indios e indias protestantes de ser los causantes de su desgracia, por andarse convirtiendo a creencias distintas a la religiosidad tradicional, es profundamente discriminatoria y negadora de derechos humanos hacia una parte importante de la población mexicana.

De la derecha conservadora no esperamos que mueva siquiera un dedo para defender el derecho a la libertad de creencias de los indios protestantes. Su espíritu y actitudes de sumisión absoluta a la pretensión del jefe de la Iglesia católica, Benedicto XVI, de invisibilizar a las minorías religiosas fue manifestado a plenitud y sin rubor alguno en la reciente visita realizada por el personaje a nuestro país.

En eso hay congruencia histórica: ayer se opusieron férreamente a que la Iglesia católica dejara de ser la fe oficial del Estado mexicano. Hoy, que ya no pueden revertir conquistas históricas en la descolonización de México, presionan para que el marco legal les devuelva algunos privilegios del pasado. Por el lado de la izquierda, bien harían en ese sector ideológico, cultural y político si rescataran a los liberales izquierdistas del siglo XIX. Ellos fueron decididos defensores de la libertad de cultos.

Nada más como ejemplo cito el caso del indígena (nacido en Tixtla, Guerrero) Ignacio Manuel Altamirano. En muchas ocasiones se manifestó en artículos periodísticos (comenzó a escribir del tema en 1869) contra casos de intolerancia sufridos por indígenas protestantes. Altamirano estuvo presente la ocasión cuando en la ciudad de México el templo de San José de Gracia (Mesones 139) se abrió por primera vez al culto protestante. El 23 de abril de 1871 predicó en ese lugar Manuel Aguas, ex dominico convertido al cristianismo evangélico. En su crónica narra que fueron insuficientes las mil quinientas sillas que se colocaron para dar lugar a la multitud que se congregó para participar del acto. Sobre la audiencia, dice que estuvo compuesta de todas clases, sexos y edades: señoritas, caballeros, artesanos, numerosos indígenas, todos estaban confundidos en un solo sentimiento de verdadera fraternidad, según el espíritu del Evangelio.3

Los indígenas han tenido históricamente un papel destacado en la endogenización del protestantismo en tierras mexicanas. ¿Por qué desde la izquierda siguen regateando a los indios e indias de México el derecho a ejercer su libertad de conciencia y se les estigmatiza cuando eligen otra opción religiosa distinta a la católica romana?  

Caso Los Llanos: carta al Gobernador de Chiapas Protestante Digital, 30/VI/2013 Manuel Velasco Coello Gobernador de Chiapas: Usted está enterado del reciente caso sucedió en el ejido Los Llanos, municipio de San Cristóbal de Las Casas. De todas maneras resumo el suceso al consignar que en días pasados 31 indígenas tzotziles evangélicos intentaron regresar a su hogares, los cuales debieron abandonar los primeros días de enero del 2010.

En ese entonces la salida de ellos y ellas se debió a los ataques en su contra perpetrados por autoridades católicas tradicionalistas, quienes les expulsaron por no compartir las particulares creencias religiosas en las que se imbrican los llamados usos y costumbres con elementos del catolicismo romano. El exilio al que se vieron forzados los evangélicos de los Llanos tuvo lugar para salvaguardar sus vidas. Sus pertenencias y viviendas fueron arrasadas por los intolerantes, éstos incendiaron las humildes viviendas de la pequeña comunidad protestante del poblado. Los perseguidos se refugiaron en San Cristóbal de Las Casas, donde les dieron alojamiento correligionarios en la fe.

Al paso del tiempo el gobierno de quien le antecedió a usted en el cargo, Juan Sabines Guerrero, alojó al grupo en una casa. Las condiciones del lugar eran denigrantes para la dignidad humana, así como la ayuda alimentaria que de forma inconstante se le hacía llegar a los desplazados. Un sector de la comunidad evangélica de San Cristóbal de Las Casas contribuyó a paliar las necesidades de las cuatro familias desplazadas.

El caso de Los Llanos llegó, por propia denuncia de los afectados, a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). El organismo, tras analizar las evidencias, concluyó que se trataba de intolerancia religiosa por parte de los tradicionalistas contra los evangélicos. Este no es el lugar para glosar el documento de la CNDH, que consta de 15 páginas a renglón cerrado,4 pero sí es el espacio para recordar que dicha instancia del Estado mexicano emitió las siguientes recomendaciones al gobernador Sabines Guerrero:

PRIMERA. Se tomen las medidas necesarias, con objeto de garantizar el retorno de los desplazados al ejido Los Llanos, municipio de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, así como la pacífica convivencia, el respeto a su patrimonio y a profesar la religión que elijan, y se informe a esta Comisión Nacional sobre el resultado.

SEGUNDA. Se brinde asistencia humanitaria a los agraviados que continúan alojados en las instalaciones del templo evangélico “Alas de Águila”, ubicado en San Cristóbal de las Casas, en esa entidad federativa, y se remitan a esta Comisión Nacional las constancias con que se acredite su cumplimiento.

TERCERA. Se giren instrucciones, a quien corresponda, a efecto de que, en coordinación con la instancia municipal, se implementen las acciones tendentes a solucionar el conflicto religioso en el ejido Los Llanos, municipio de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y se informe a esta Comisión Nacional sobre el resultado.

CUARTA. Se instruya, a quien corresponda, a efecto de que se disponga lo necesario para llevar a cabo cursos de capacitación para los servidores públicos del gobierno de Chiapas, respecto de las funciones que tienen encomendadas en la legislación vigente, en materia de salvaguarda de los derechos a la libertad de creencia; y, realizado lo anterior, se dé cuenta a esta Comisión Nacional.

QUINTA. Se instruya, a quien corresponda, para que, en términos de lo dispuesto en el artículo 28 de la Ley de Derechos y Cultura Indígenas del estado de Chiapas, se implemente un programa para dar a conocer las leyes vigentes, el funcionamiento del sistema judicial, así como las instancias que lo integran, y la armonización de estos con los usos y costumbres de las poblaciones indígenas y, realizado lo anterior, se informe a esta Comisión Nacional. Del incumplimiento de las disposiciones de la CNDH da cuenta que a dos años y medio de que el organismo emitió sus recomendaciones (30 de noviembre de 2010), los expulsados de Los Llanos siguen refugiados en San Cristóbal de Las Casas, y que cuando creyendo que contaban con la protección del gobierno de Chiapas para retornar al ejido ellos y sus acompañantes solidarios fueron dejados en el desamparo y resultaron duramente golpeados, amarrados y amenazados de ser quemados por sus antiguos perseguidores. Funcionarios que laboran en el gobierno que usted preside, en lugar de ofrecer garantías a quienes continúan exiliados para que pudiesen regresar a Los Llanos, simplemente permanecieron inactivos y uno de ellos declaró al experimentado reportero de La Jornada, Elio Henríquez, que “se le avisó al pastor Esdras [Alonso], que no había condiciones para que se intentara el regreso de los evangélicos, pero no hizo caso”. ¿Y qué no es obligación de usted y los funcionarios gubernamentales de Chiapas hacer que esas condiciones existan? ¿Cuánto más tendrán que esperar los expulsados para que haya condiciones que hagan posible su regreso?

Llevan tres años y medio en un refugio lacerante, ¿será que por ser indígenas, y además protestantes, el destino de ellos y ellas carece de importancia para el gobierno de Chiapas? Las responsabilidades que evadió solventar el gobernador Juan Sabines Guerrero, le corresponde a usted cumplirlas y hacerlas cumplir. Usted, al tomar, posesión del cargo gubernamental que tiene hizo juramento de cumplir y hacer cumplir las leyes de la Constitución mexicana y la del estado de Chiapas.

Los evangélicos de Los Llanos tienen derechos reconocidos por los instrumentos legales citados, derechos que han sido flagrantemente violentados, y es su deber darle solución a tan indignante situación. La inacción de las autoridades abona el terreno para que los intolerantes sigan por el camino que niega a otros sus derechos.

Por desgracia conflictos como el de Los Llanos acontecen en otras partes de la geografía chiapaneca. La Coordinación de Organizaciones Cristianas ha dado a conocer que son al menos 21 comunidades las que presentan conflictos religiosos y en todos esos casos los agredidos son indígenas evangélicos.

Señor gobernador, termino con una pregunta: ¿va usted, o no, a solucionar el caso Los Llanos, y otros semejantes, en el marco de las leyes o van a seguir las componendas con los reiterados agresores en detrimento de los derechos de los agredidos?   Atentamente Carlos Martínez García

Al Gobernador de Oaxaca por el caso Ozolotepec Protestante Digital, 10/XI/2013 Gabino Cué Monteagudo Gobernador de Oaxaca gobernador@oaxaca.gob.mx

Por medio de los funcionarios de su administración usted ha de estar enterado de las atrocidades cometidas en San Juan Ozolotepec. El presidente municipal, Pedro Cruz González, en días pasados escaló su hostigamiento hacia los evangélicos de la localidad al ordenar demoler su templo. Ésta acción es un nuevo eslabón de una larga cadena de agresiones simbólicas y físicas en contra de quienes no se identifican con el catolicismo romano. En el reciente ataque, además, hubo heridos y encarcelados. Los principales afectados fueron los evangélicos que se opusieron a la destrucción de su lugar de reuniones.

Anteriormente, bajo el señalamiento en su contra de no cooperar para las festividades religiosas (todas ellas vinculadas al credo católico romano) de Ozolotepec, a los evangélicos se les cortó el suministro de agua potable y el derecho a recibir beneficios de programas sociales federales. Frente a las elecciones de nuevas autoridades municipales, señalan integrantes del grupo acosado, Pedro Cruz González y sus partidarios han intensificados las acciones intolerantes hacia quienes no concuerdan con la cerrazón de su administración municipal a la diversificación religiosa de Ozolotepec. Alfredo Alonso, uno de los agredidos por el contingente afín al edil, y quien junto con sus hermanos Raymundo y Aquiles logró escapar de San Juan Ozolotepec ha declarado que “el munícipe busca perpetuarse en el poder y para tapar sus actos de corrupción no permite que haya ninguna oposición en su contra, por ello ha arremetido contra los evangélicos, quienes han sido los únicos que lo delatan y a los que ahora señala de traidores y difamadores de Dios”.

Considero que los integrantes de su equipo que le hacen llegar tarjetas informativas sobre lo que acontece en Oaxaca ya le habrán entregado fotografías de cómo resultaron golpeados algunos evangélicos en Ozolotepec. Un medio informativo publicado en la entidad de la que usted es gobernador ha difundido una imagen en la que se ven claramente las huellas de los brutales ataques en dos de los agredidos.

El testimonio de Alfredo Alonso estremece: “Por obra de Dios estamos vivos, porque nos golpearon con toda saña utilizando hasta varillas y piedras; y amenazaban con quemarnos vivos tan solo por querer ayudar a nuestros familiares, que son víctimas de un abuso de autoridad por parte de una autoridad municipal intolerante […] el alcalde [ha] envenenado al pueblo, para generar un odio contra todo aquel que no es católico, violentando la ley y la propia Constitución que permite la libertad de creencia de todos los ciudadanos”.

En el extremo del mal gobierno, el munícipe, no satisfecho con haber prohijado la demolición del templo evangélico, encarceló al pastor Leopoldo Alonso y tres integrantes de la Iglesia cristiana independiente pentecostés de Ozolotepec: Manuel Martínez Silva, Miguel Silva Reyes y Plácido Aragón. Estuvieron encarcelados por tres días, sin haber razón jurídica alguna para ello. La congregación de Ozolotepec que ha sido agredida es una misión de la Iglesia cristiana independiente pentecostés de Miahuatlán de Porfirio Díaz. El pastor de ésta última, Sergio Aquino Domínguez, ha solicitado medidas de protección “para la familia del pastor Leopoldo Alonso, a quien la autoridad municipal lo ha despojado de sus terrenos, ha mandado a quemar su vivienda y reprime a sus hijos”.

Quien está cometiendo delitos en su afán de reprimir a los evangélicos es el presidente municipal de San Juan Ozolotepec. ¿El gobierno de Oaxaca a su cargo va a fincarle cargos al munícipe por las comprobadas transgresiones legales en que ha incurrido? La presente situación es resultado de la intolerancia violenta desatada contra la comunidad evangélica de Ozolotepec. Pero también es consecuencia de la inacción de funcionarios gubernamentales designados por usted. Ya en abril pasado el pastor Leopoldo Alonso Silva había denunciado las medidas represivas padecidas por él e integrantes de su congregación a manos de quienes les han negado la libertad de cultos.

Entonces Alonso Silva, ante lo que consideró permisividad y solapamiento de las autoridades gubernamentales de Oaxaca, particularmente de la Secretaría General de Gobierno y de la Dirección de Atención a Asuntos Religiosos, demandó la intervención de la Secretaría de Gobernación federal. El pastor Alonso Silva denunció el caso en la Defensoría de los Derechos Humanos de los Pueblos de Oaxaca. También hizo pública su insatisfacción con la “actitud del director de atención de asuntos religiosos de la Secretaría General de Gobierno, Francisco Zavaleta Rojas, quien ha hecho caso omiso a la queja presentada”. Sus palabras de hace ocho meses se

cumplieron en todos sus términos: “Nosotros estamos denunciando públicamente lo que sucede, porque pueden llegar a más y queremos que se nos haga justicia, no creemos que por profesar una religión distinta a la católica tengamos que abandonar nuestra comunidad”.

Sus perseguidores llegaron a más porque antes quedaron impunes. Un antecesor suyo en la gubernatura de Oaxaca, el indígena zapoteco Benito Juárez García, y después presidente de México, promulgó el 4 de diciembre de 1860 la Ley de Libertad de Cultos. Dicha Ley significó entonces no nada más una victoria política sobre los conservadores que combatieron ferozmente a Juárez, sino también fue, y es, un muy significativo triunfo cultural ante el inmovilismo que promueven los intolerantes que se esfuerzan por tratar de uniformizar las creencias de la ciudadanía.

El espíritu de la Ley decretada por Juárez fue recogido en la Constitución de 1917, y ha seguido vigente en las subsiguientes reformas constitucionales a los artículos relacionados con la libertad de creencias y su práctica. Al Estado mexicano le corresponde proteger ésa libertad. Usted, cuando juró como gobernador de Oaxaca se comprometió a cumplir y hacer cumplir las leyes mexicanas y de la entidad de cuyo gobierno está al frente.

El caso de Ozolotepec demanda de su parte que cumpla cabalmente con ese juramento. ¿Lo hará, o va dejar en el desamparo a los perseguidos y agredidos? Señor gobernador, he decidido hacer pública esta carta porque el asunto tratado no es privado, sino que se relaciona directamente con cuestiones de interés público. También he incluido en la misiva su dirección de correo electrónico, con la intención de que personas preocupadas por los acontecimientos de Ozolotepec, y consideren urgente la acción de su gobierno para proteger los derechos de los hostigados, le hagan llegar su opinión.

Me despido con la esperanza de que una ejemplar intervención del gobierno de Oaxaca haga valer, sin reticencias, la libertad de cultos y conciencia en San Juan Ozolotepec.   Notas 1www.proceso.com.mx/?p=303135 2nota de Sofía Valdivia, Oaxaca a Diario, 2/4/2012. 3 El Federalista, 24 de abril de 1871, p. 3.

Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/36001/persecuciones_mexico_xix_xxi

El Precio de la Gracia (parte 12)

art.mlutherk.dietrichDietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.
Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.

(Seguimos publicando, parte por parte, el libro de Bonhoeffer, “El Precio de la Gracia”).

De click en los enlaces para ir a la ← undécima parte o puede ir al inicio de la serie.

  1. c) El carácter oculto de la práctica de piedad

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran sus rostros para que los hombres noten que ayunan; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayu­no sea visto no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará públi­camente (Mt 6, 16-18).

Jesús presupone, como algo natural, que los discípulos obser­van la práctica piadosa del ayuno. La práctica estricta de la tempe­rancia forma parte de la vida del seguidor. Tales ejercicios tienen por único fin volver al discípulo más dispuesto, más alegre, para el camino y la obra que le son encomendados. La voluntad egoísta y perezosa, que no está dispuesta a servir, es educada, la carne es hu­millada y castigada.

En la práctica de la temperancia se revela el carácter extraño que tiene mi vida cristiana en relación con el mundo. Una vida des­provista de todo ejercicio ascético, que se concede todos los deseos de la carne, con tal de que estén «permitidos» por la justitia civilis, difícilmente estará preparada para servir a Cristo. La carne saciada no reza a gusto, no se somete a un servicio que implica numerosas renuncias.

La vida del discípulo necesita una severa disciplina externa. No se trata de que con ella podamos doblegar la voluntad de la carne, como si la muerte diaria del hombre viejo pudiese ser conseguida por algo distinto de la fe en Jesucristo. Pero precisamente el cre­yente, el seguidor, cuya voluntad está doblegada, el que ha muerto en Jesucristo al hombre viejo, es el que conoce la rebelión y el or­gullo cotidiano de su carne. Conoce su pereza y su desenfreno, sa­be que estos son la fuente del orgullo que debe abatir.

Esto lo consigue con un ejercicio de disciplina diaria y extraor­dinaria. La frase «el espíritu está pronto, pero la carne es débil», se aplica al discípulo. Por eso, «velad y orad». El espíritu reconoce el camino del seguimiento, está dispuesto a seguirlo; pero la carne es demasiado temerosa, el camino le resulta difícil, demasiado inse­guro, demasiado cansado. El espíritu es obligado a enmudecer. El espíritu aprueba el mandamiento de Jesús sobre el amor incondi­cional al enemigo, pero la carne y la sangre son demasiado fuertes, y nada se hace.

Es necesario que la carne experimente, en un ejercicio diario y extraordinario, que ella no tiene derechos propios. El ejercicio co­tidiano y ordenado de la oración representa aquí una gran ayuda, igual que la meditación de la palabra de Dios, e igual también que toda clase de disciplina corporal y de temperancia.

La resistencia de la carne a esta humillación diaria se produce al principio de frente; luego se oculta tras las palabras del espíritu, es decir, en nombre de la libertad evangélica. Allí donde la libertad evangélica con respecto a la coacción legalista, a la tortura de sí mismo y a la mortificación, es utilizada contra el verdadero uso evangélico de la disciplina, de la práctica y de la ascesis, allí donde la indisciplina y el desorden en la oración, en el contacto con la pa­labra divina, en la vida corporal, son justificados en nombre de la libertad cristiana, se revela la oposición a la palabra de Jesús. No se conoce ya el carácter extraño al mundo que reviste la vida cotidia­na en el seguimiento de Jesús, y tampoco se conocen la alegría y la verdadera libertad que confiere a la vida del discípulo la auténtica práctica piadosa.

Cuando el cristiano reconozca que decae en su servicio, que su disponibilidad disminuye, que es culpable de la vida o de la falta de otro, que no siente alegría por Dios, que no tiene fuerzas para rezar, atacará a su carne en estos puntos, para prepararse con la práctica, el ayuno y la oración (Le 2, 37; 4, 2; Mc 9, 29; 1 Cor 7, 5) a un servicio mejor. La objeción de que el cristiano debería buscar su salvación en la fe y la palabra más que en la ascética carece por completo de sentido. Es una afirmación inmisericorde e incapaz de ayudarnos. ¿Qué es una vida en la fe sino el combate incesante y diverso del espíritu contra la carne? ¿Cómo quiere vivir en la fe el que se muestra perezoso en la oración, el que no encuentra gusto en la palabra de la Escritura, aquel a quien el sueño, el alimento y el placer sexual roban incesantemente la alegría de Dios?

La ascesis es un sufrimiento que uno se elige a sí mismo, es una passio activa, no una passio passiva; precisamente por esto se ha­lla sometida a grandes peligros. La ascesis está siempre amenaza­da por el deseo piadoso e impío de asemejarse a Jesucristo por el sufrimiento. También siempre se oculta en ella la pretensión de co­locarse en lugar del sufrimiento de Cristo, de realizar por sí misma la obra del sufrimiento de Cristo, que consiste en matar al hombre viejo. La ascesis se arroga la seriedad última y amarga de la obra redentora del Señor. Con una dureza terrible se ofrece como es­pectáculo. El sufrimiento voluntario que, basándose en Cristo, só­lo debía conducir a un servicio mejor, a una humillación más pro­funda, se convierte en una desfiguración horrible del sufrimiento del Señor. Quiere ser vista; se vuelve reproche vivo, inmisericorde, para los demás; porque se ha convertido en camino de salvación. En tal «publicidad» se consigue realmente la recompensa, en la medida en que es buscada entre los hombres.

«Perfuma tu cabeza y lava tu rostro»; también esto podría ser ocasión de un gozo o de una gloria personal aún más sutiles. Sería falso, entonces, interpretarlo en el sentido de una disimulación. Pero Jesús dice a sus discípulos que permanezcan completamente humildes en las prácticas voluntarias de humildad, que no se las impongan a nadie como un reproche o como una ley; más bien, deben mostrarse agradecidos y alegres de que se les permita per­manecer al servicio de su Señor. Jesús no se refiere aquí al rostro alegre del discípulo como tipo de cristiano, sino al carácter verdaderamente oculto de la acción cristiana, de la humildad que no se conoce a sí misma, igual que el ojo no se ve a sí mismo, sino sólo al otro. Este carácter oculto será revelado un día, pero sólo por Dios, no por uno mismo

  1. d) La sencillez de la vida sin inquietud

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí esta­rá también tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo es­tá sano, todo tu cuerpo estará luminoso, pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá! Nadie puede servir a dos señores; porque abo­rrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y desprecia­rá al otro. No podéis servir a Dios y al dinero (Mt 6, 19-24).

La vida del discípulo se acredita en el hecho de que nada se in­terponga entre Cristo y él, ni la ley, ni la piedad personal, ni el mundo. El seguidor no mira más que a Cristo. No ve a Cristo y al mundo. No entra en este género de reflexiones, sino que sigue só­lo a Cristo en todo. Su ojo es sencillo. Descansa completamente en la luz que le viene de Cristo; en él no hay ni tinieblas ni equí­vocos. Igual que el ojo debe ser simple, claro y puro para que el cuerpo permanezca en la luz, igual que el pie y la mano sólo re­ciben la luz del ojo, igual que el pie vacila y la mano se equivoca cuando el ojo está enfermo, igual que el cuerpo entero se sumer­ge en las tinieblas cuando el ojo se apaga, lo mismo le ocurre al discípulo, que sólo se encuentra en la luz cuando mira simple­mente a Cristo, y no a esto o aquello; es preciso, pues, que el co­razón del discípulo sólo se dirija a Cristo. Si el ojo ve algo distin­to de lo real, se engaña todo el cuerpo. Si el corazón se apega a las apariencias del mundo, a la criatura más que al Creador, el discí­pulo está perdido.

Son los bienes de este mundo los que quieren apartar de Jesús el corazón del discípulo. ¿Hacia qué se inclina el corazón del discí­pulo?: esta es la pregunta. ¿Se inclina a los bienes de este mundo? ¿Se inclina a Cristo y a estos bienes? ¿Se inclina a Cristo solo? La lámpara del cuerpo es el ojo; la lámpara del seguidor es el corazón. Si el ojo es tiniebla, ¡qué grandes deben de ser las tinieblas en el cuerpo! Si el corazón es tinieblas, ¡qué grandes deben de ser las tinieblas en el discípulo! Ahora bien, el corazón se entenebrece cuando se apega a los bienes del mundo.

Por muy apremiante que sea la llamada de Jesús, rebota, no consigue entrar en el hombre porque el corazón está cerrado, per­tenece a otro. Igual que ninguna luz penetra en el cuerpo cuando el ojo está enfermo, la palabra de Jesús no llega hasta el discípulo cuando su corazón se cierra. La palabra es ahogada, como la semi­lla bajo las espinas, «bajo las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida» (Lc 8, 14).

 

La sencillez del ojo y del corazón corresponde a este carácter oculto que no conoce más que la palabra y la llamada de Cristo, que consiste en la comunión total con Cristo. ¿Cómo usa el discí­pulo los bienes de este mundo con sencillez?

Lo que Jesús les prohibe no es el uso de los bienes. Jesús fue hombre, comió y bebió como sus discípulos. Con ello, purificó el uso de los bienes terrenales. El seguidor debe usar con agradeci­miento los bienes que se consumen cotidianamente, que sirven a la necesidad y al alimento diario.

Hay que caminar como peregrinos, libres, despojados y realmente vacíos; acumular, retener, negociar, sólo sirven para entorpecer nuestra marcha. El que quiera, que se cargue lo más posible; nosotros viajamos, después de despedirnos, contentándonos con poco; sólo usamos lo necesario.

Tersteegen

Los bienes son dados para ser utilizados, pero no para ser acu­mulados. Igual que Israel recibía cada día en el desierto el maná de Dios y no tenía que preocuparse de lo que comería o bebería, e igual que el alimento que se conservaba de un día para otro se co­rrompía al punto, el discípulo de Jesús debe recibir de Dios, cada día, lo que le corresponde; pero si acumula para tener una posesión permanente, se corrompe él mismo y el don. El corazón se apega al tesoro acumulado. El bien amontonado se interpone entre Dios y yo. Donde está mi tesoro, está mi confianza, mi seguridad, mi con­suelo, mi Dios. El tesoro constituye una idolatría.

Y ¿dónde está la frontera entre los bienes que debo usar y el te­soro que no debo tener? Invirtamos la frase, y digamos: donde es­tá tu corazón, allí está tu tesoro. Ya tenemos la respuesta. Puede tra­tarse de un tesoro muy discreto; su magnitud no es lo que importa, sino sólo el corazón, tú. Pero si me pregunto cómo reconoceré a qué está apegado mi corazón, también la respuesta es aquí simple sobre todas las cosas, lo que se interpone entre ti y tu obediencia a Jesús, constituye el te­soro al que tu corazón está apegado.

Pero como el corazón humano se apega espontáneamente al te­soro, Jesús quiere que el hombre tenga un tesoro no en la tierra, donde se destruye, sino en el cielo, donde permanece. Los «tesoros» en el cielo de los que habla Jesús no son el tesoro único, Jesucristo mismo, sino realmente los tesoros que los seguidores se han ido acumulando. Esta frase contiene una gran promesa, según la cual el discípulo adquiere en el seguimiento de Jesús unos tesoros celestia­les que no pasan, que le esperan, con los que debe estar unificado. ¿Qué tesoros pueden ser estos, sino lo extraordinario, lo oculto de la vida del discípulo? ¿Qué tesoros pueden ser, sino los frutos del su­frimiento de Cristo, que sostienen la vida de los que le siguen?

Si el corazón del discípulo está totalmente puesto en Dios, le resulta claro que no puede servir a dos señores. No puede. Esto es imposible en el seguimiento. Podría sentirse tentado a probar su habilidad y experiencia cristiana mostrando que precisamente hay que servir a dos señores, al dinero y a Dios, concediendo a cada uno su derecho bien delimitado. Si somos hijos de Dios, ¿por qué no podemos ser también hijos alegres de este mundo, que se gozan con sus dones y reciben sus tesoros como bendiciones divinas? Dios y el mundo, Dios y los bienes se hallan opuestos porque el mundo y los bienes quieren apoderarse de nuestro corazón y sólo son lo que son después de haberse adueñado de él.

Sin nuestro corazón, los bienes y el mundo no son nada. Viven de él. Se oponen a Dios. Nosotros no podemos entregar nuestro co­razón, con todo su amor, más que a uno solo, no podemos estar plenamente vinculados más que a un solo señor. Lo que se opone a este amor está condenado al odio. Según la palabra de Jesús, frente a Dios sólo hay amor u odio. Si no amamos a Dios, le odia­mos. No hay término medio. Dios es Dios porque sólo se le puede amar u odiar. Sólo existe una alternativa: o amas a Dios, o amas los bienes de este mundo. Si amas al mundo, odias a Dios; si amas a Dios, odias al mundo. Poco importa el que lo quieras o no, el que

 

lo hagas consciente o inconscientemente. Seguramente no lo que­rrás, no serás consciente de lo que haces; más bien, no lo quieres, quieres servir a dos señores. Quieres amar a Dios y a los bienes, es decir, considerarás siempre falso el que tú odies a Dios. Porque lo amas, según piensas.

Pero precisamente porque amamos a Dios y también los bienes de este mundo, dicho amor a Dios es odio, el ojo no es ya sencillo, el corazón no se encuentra en comunión con Jesús. Querámoslo o no, no puede ser de otra forma. No podéis servir a dos señores, vosotros, los que marcháis detrás de Jesús.

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué co­meréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo que no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Aprended de los lirios del campo, cómo cre­cen; no se fatigan ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se pudo vestir como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana va a ser echada al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué va­mos a beber?, ¿con qué nos vamos a vestir? Que por todas esas co­sas se afanan los gentiles; y ya sabe vuestro Padre celestial que te­néis necesidad de todo eso. Buscad primero el Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocu­péis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su inquietud (Mt 6, 25-34).

¡No os preocupéis! Los bienes engañan al corazón humano, ofre­ciéndole seguridad y quietud, pero en realidad son causa de preocu­paciones. El corazón que se apega a los bienes recibe con ellos el pe­so agobiante de la preocupación. La inquietud se crea tesoros; los tesoros, a su vez, crean preocupaciones. Queremos asegurar nuestra vida por medio de los bienes, queremos desembarazarnos de preo­cupaciones por medio de preocupaciones; pero en realidad se produ­ce lo contrario. Los lazos que nos vinculan a los bienes, que retienen los bienes, son ellos mismos… preocupaciones.

Abusar de los bienes consiste en utilizarlos como una seguridad para el día siguiente. La preocupación se dirige siempre al mañana. Pero los bienes, en sentido estricto, están destinados únicamente al día de hoy. Precisamente el hecho de asegurarme el mañana es lo que me vuelve tan inquieto para hoy. Cada día tiene bastante con su inquietud. Sólo el que pone el mañana sin reservas en las manos de Dios y recibe hoy sin reservas lo que necesita para vivir, está real­mente asegurado. El hecho de recibir cada día me hace libre para el mañana. Pensar en el mañana me ocasiona una inquietud incesan­te. «No os preocupéis por el día de mañana». Esta frase, o bien contiene una ironía terrible con respecto a los pobres y miserables a los que Jesús se dirige precisamente, los cuales, humanamente hablando, pasarán hambre mañana si no se preocupan hoy… insis­tamos, o bien esta frase constituye una ley insoportable que el hombre rechazará con repulsión, o bien es el anuncio único del Evangelio, del evangelio de la libertad de los hijos de Dios, que tie­nen un Padre en los cielos, un Padre que les ha dado a su amado Hijo. ¿Cómo no nos dará con él todo lo demás?

«No os preocupéis por el día de mañana». No hay que entender esta frase como una sentencia sabia ni como una ley. Sólo hay que comprenderla como el Evangelio de Jesucristo. Sólo el que le si­gue, el que ha reconocido a Jesús, recibe de esta palabra la seguri­dad del amor del Padre de Jesucristo y la libertad de todas las co­sas. No es la inquietud la que lleva al discípulo a no preocuparse por nada, sino la fe en Jesucristo. Sabe que no podemos inquietar­nos en absoluto (v. 27). Se nos arrebata por completo el mañana, la próxima hora. Resulta insensato actuar como si tuviéramos una po­sibilidad cualquiera de inquietarnos. No podemos cambiar en na­da las condiciones de este mundo. Sólo Dios puede preocuparse, porque él es quien gobierna el mundo. Puesto que nosotros no po­demos inquietarnos, puesto que somos tan totalmente impotentes, no debemos inquietarnos. Si lo hiciéramos nos arrogaríamos el go­bierno de Dios.

Pero el seguidor de Cristo sabe que no sólo no tiene el derecho ni la posibilidad de inquietarse, sino también que no tiene necesidad de hacerlo. No es la inquietud ni el trabajo el que crea el pan coti­diano, es Dios Padre. Los pájaros y los lirios no trabajan ni hilan; sin embargo, son alimentados y vestidos, reciben diariamente, sin preocupación, lo que necesitan. Sólo necesitan los bienes de este mundo para su vida cotidiana, no los amontonan; al actuar así glo­rifican al Creador no con su celo, su trabajo, su inquietud, sino reci­biendo cada día, con sencillez, los dones que su Padre les hace. Los pájaros y los lirios se convierten en ejemplos para el seguidor. Jesús destruye la relación necesaria establecida, sin Dios, entre el trabajo y el alimento. Alaba el pan cotidiano no como recompensa del tra­bajo, sino que, al contrario, habla de la sencillez sin inquietud del que marcha por el camino de Jesús, recibiendo todo de Dios.

Ningún animal trabaja para alimentarse, pero cada uno tiene una obra que realizar, con la que busca y encuentra su alimento. El pá­jaro vuela y canta, construye su nido y procrea sus pequeñuelos; es­te es su trabajo, pero no se alimenta de él. Los bueyes labran, los caballos transportan pesos y combaten, las ovejas dan lana, leche y queso; esta es su obra, pero no se alimentan de ella; es la tierra, por el contrario, quien produce la hierba y los alimenta con la bendi­ción de Dios. Del mismo modo, es bueno y necesario que el hom­bre trabaje y haga algo, pero también debe saber que no es su traba­jo el que le alimenta, sino la abundante bendición de Dios, aunque parezca que es su trabajo quien le alimenta, porque Dios no le da nada sin su trabajo. Aunque el pájaro no siembre ni recoja, moriría de hambre si no volase en busca de su alimento. Pero el que descu­bra este alimento no proviene de su trabajo, sino de la bondad de Dios. Porque ¿quién ha puesto el alimento en tal lugar para que él lo encuentre? En efecto, donde Dios no ha puesto nada, nadie en­cuentra nada, y todo el mundo se mataría trabajando y buscando (Lutero).

Y si los pájaros y los lirios son conservados por el Creador, ¿no alimentará también a sus hijos que se lo piden, no les dará lo que necesitan diariamente para conservar su vida, él, a quien pertene­cen todos los bienes de la tierra y que los distribuye según su be­neplácito?

Concédame Dios cada día lo que necesito para vivir; se lo da a los pájaros de los tejados, ¿cómo no me lo dará a mí? (Claudius).

La inquietud es cosa de los paganos, que no creen, que confían en su fuerza y su trabajo, y no en Dios. Todo el que se preocupa es pagano, porque no sabe que el Padre conoce todo lo que necesita. Por eso quiere hacer por sí mismo lo que no espera de Dios. Más, para el que sigue a Jesús, la frase válida es: «Buscad primero el Reino y su justicia, que todo lo demás se os dará por añadidura». Con esto queda claro que la inquietud por el alimento y el vestido está lejos de ser inquietud por el reino de Dios, tal como nos gus­taría pensar, como si el cumplimiento de nuestro trabajo por noso­tros y nuestra familia, como si nuestra inquietud por el pan y la vi­vienda constituyesen la búsqueda del reino de Dios, como si esta búsqueda sólo se realizase en medio de tales inquietudes.

El reino de Dios y su justicia son algo fundamentalmente dis­tinto de los bienes de este mundo que se nos deben dar. Es sólo la justicia de la que hablaban Mt 5 y 6, la justicia de la cruz de Cris­to y del seguimiento bajo la cruz. La comunión con Jesús y la obe­diencia a su mandamiento vienen primero, lo demás le sigue. No es una mezcla, sino una sucesión. Antes de la preocupación por nuestra vida, por nuestro alimento, por nuestro vestido, por nuestra profesión y nuestra familia, se encuentra la justicia de Cristo. Aquí sólo se da el resumen perfecto de lo que ya ha sido dicho. También esta palabra de Jesús es o una carga insoportable, un aniquilamien­to imposible de la existencia humana de los pobres y los misera­bles, o el Evangelio mismo, que nos vuelve plenamente alegres y libres. Jesús no habla de lo que el hombre debería hacer y no pue­de; habla de lo que Dios nos ha dado y de lo que aún nos promete. Si se nos ha dado a Cristo, si hemos sido llamados a seguirle, en él se nos ha dado todo, absolutamente todo. Lo restante se nos dará por añadidura.

Quien, siguiendo a Jesús, sólo se fija en su justicia, se encuen­tra bajo la mano y la protección de Jesucristo y de su Padre; y al que se encuentra así en la comunión del Padre no puede sucederle nada, le resulta imposible dudar de que el Padre alimentará a sus hijos y no los dejará morir de hambre. Dios enviará su ayuda en el momento oportuno. Sabe lo que necesitamos.

El seguidor de Jesús, después de una larga vida de discípulo, responderá a la pregunta «¿Os ha faltado algo alguna vez?» dicien­do: «Nunca, Señor». ¿Cómo podría faltarle algo a quien, en el hambre y la desnudez, la persecución y el peligro, está seguro de la comunión con Jesucristo?

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