Categoría: Estudios y tratados

El Precio de la Gracia (parte 5)

 

art.mlutherk.dietrichDietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.
Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.

(Seguimos publicando, parte por parte, el libro de Bonhoeffer, “El Precio de la Gracia”).

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Capítulo 4

El Seguimiento y la Cruz

Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escri­bas, ser condenado a muerte y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Entonces Pedro, tomándole aparte, se puso a re­prenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, repren­dió a Pedro, diciéndole: « ¡Quítate de mi vista, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!». Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si algu­no quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sí­game. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su alma? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y peca­dora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles» (Mc 8, 31-38).

La llamada al seguimiento se encuentra aquí en relación con el anuncio de la pasión de Jesús. Jesucristo debe sufrir y ser rechaza­do. Es el imperativo de la promesa de Dios, para que se cumpla la Escritura. Sufrir y ser rechazado no es lo mismo. Jesús podía ser el Cristo glorificado en el sufrimiento. El dolor podría provocar toda la piedad y toda la admiración del mundo. Su carácter trágico po­dría conservar su propio valor, su propia honra, su propia dignidad.

Pero Jesús es el Cristo rechazado en el dolor. El hecho de ser re­chazado quita al sufrimiento toda dignidad y todo honor. Debe ser un sufrimiento sin honor. Sufrir y ser rechazado constituyen la ex­presión que sintetiza la cruz de Jesús. La muerte de cruz significa sufrir y morir rechazado, despreciado. Jesús debe sufrir y ser rechazado por necesidad divina. Todo intento de obstaculizar esta ne­cesidad es satánico. Incluso, y sobre todo, si proviene de los dis­cípulos; porque esto quiere decir que no se deja a Cristo ser el Cris­to. El hecho de que sea Pedro, piedra de la Iglesia, quien resulte culpable inmediatamente después de su confesión de Jesucristo y de ser investido por él, prueba que desde el principio la Iglesia se ha escandalizado del Cristo sufriente. No quiere a tal Señor y, co­mo Iglesia de Cristo, no quiere que su Señor le imponga la ley del sufrimiento. La protesta de Pedro muestra su poco deseo de sumer­girse en el dolor. Con esto Satanás penetra en la Iglesia. Quiere apartarla de la cruz de su Señor.

Jesús se ve obligado a poner en contacto a sus discípulos, de forma clara e inequívoca, con el imperativo del sufrimiento. Igual que Cristo no es el Cristo más que sufriendo y siendo rechazado, del mismo modo el discípulo no es discípulo más que sufriendo, siendo rechazado y crucificado con él. El seguimiento, en cuanto vinculación a la persona de Cristo, sitúa al seguidor bajo la ley de Cristo, es decir, bajo la cruz.

Sin embargo, la comunicación a los discípulos de esta verdad inalienable comienza, de forma curiosa, con el hecho de que Jesús vuelve a dejar a sus discípulos en plena libertad. «Si alguno quiere seguirme», dice Jesús. No se trata de algo natural, ni siquiera entre los discípulos. No se puede forzar a nadie, no se puede esperar es­to de nadie. Por eso dice: «Si alguno» quiere seguirme, desprecian­do todas las otras propuestas que se le hagan. Una vez más, todo depende de la decisión; en medio del seguimiento en que viven los discípulos todo vuelve a quedar en blanco, en vilo, como al princi­pio; nada se espera, nada se impone. Tan radical es lo que ahora va a decirse. Así, una vez más, antes de que sea anunciada la ley del seguimiento, los discípulos deben sentirse completamente libres.

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo». Lo que Pedro dijo al negar a Cristo -«No conozco a ese hombre»- es lo que debe decir de sí mismo el que le sigue. La negación de sí mismo no consiste en una multitud, por grande que sea, de actos aislados de mortificación o de ejercicios ascéticos; tampoco signi­fica el suicidio, porque también en él puede imponerse la propia voluntad del hombre. Negarse a sí mismo es conocer sólo a Cristo, no a uno mismo; significa fijarnos sólo en aquel que nos precede, no en el camino que nos resulta tan difícil. De nuevo la negación de sí mismo se expresa con las palabras: él va delante, mantente fir­memente unido a él.

«Tome su cruz». Jesús, por su gracia, ha preparado a los dis­cípulos a escuchar estas palabras habiéndoles primero de la nega­ción de sí mismo. Si nos hemos olvidado realmente de nosotros mismos, si no nos conocemos ya, podemos estar dispuestos a llevar la cruz por amor a él. Si sólo le conocemos a él, no conocemos ya los dolores de nuestra cruz, sólo le vemos a él. Si Jesús no nos hu­biese preparado con tanta amabilidad para escuchar esta palabra, no podríamos soportarla. Pero nos ha puesto en situación de perci­bir como una gracia incluso estas duras palabras, que llegan a nos­otros en la alegría del seguimiento y nos consolidan en él.

La cruz no es el mal y el destino penoso, sino el sufrimiento que resulta para nosotros únicamente del hecho de estar vinculados a Jesús. La cruz no es un sufrimiento fortuito, sino necesario. La cruz es un sufrimiento vinculado no a la existencia natural, sino al hecho de ser cristianos. La cruz no es sólo y esencialmente sufrimiento, sino sufrir y ser rechazado; y estrictamente se trata de ser rechaza­do por amor a Jesucristo, y no a causa de cualquier otra conducta o de cualquier otra confesión de fe. Un cristianismo que no toma en serio el seguimiento, que ha hecho del Evangelio sólo un consuelo barato de la fe, y para el que la existencia natural y la cristiana se entremezclan indistintamente, entiende la cruz como un mal coti­diano, como la miseria y el miedo de nuestra vida natural.

Se olvidaba que la cruz siempre significa, simultáneamente, ser rechazado, que el oprobio del sufrimiento forma parte de la cruz. Ser rechazado, despreciado, abandonado por los hombres en el su­frimiento, como dice la queja incesante del salmista, es un signo esencial del sufrimiento de la cruz, imposible de comprender para un cristianismo que no sabe distinguir entre la existencia civil y la existencia cristiana. La cruz es con-sufrir con Cristo, es el sufri­miento de Cristo. Sólo la vinculación a Cristo, tal como se da en el seguimiento, se encuentra seriamente bajo la cruz.

«Tome su cruz»; está preparada desde el principio, sólo falta llevarla. Pero nadie piense que debe buscarse una cruz cualquiera, que debe buscar voluntariamente un sufrimiento, dice Jesús; cada uno tiene preparada su cruz, que Dios le destina y prepara a su medida. Debe llevar la parte de sufrimiento y de repulsa que le ha sido prescrita. La medida es diferente para cada uno. Dios honra a este con un gran sufrimiento, le concede la gracia del martirio, a otro no le permite que sea tentado por encima de sus fuerzas. Sin embargo, es la misma cruz.

Es impuesta a todo cristiano. El primer sufrimiento de Cristo que todos debemos experimentar es la llamada que nos invita a li­berarnos de las ataduras de este mundo. Es la muerte del hombre viejo en su encuentro con Jesucristo. Quien entra en el camino del seguimiento se sitúa en la muerte de Jesús, transforma su vida en muerte; así sucede desde el principio. La cruz no es la meta terrible de una vida piadosa y feliz, sino que se encuentra al comienzo de la comunión con Jesús.

Toda llamada de Cristo conduce a la muerte. Bien sea porque debamos, como los primeros discípulos, dejar nuestra casa y nues­tra profesión para seguirle, bien sea porque, como Lutero, debamos abandonar el claustro para volver al mundo, en ambos casos nos espera la misma muerte, la muerte en Jesucristo, la muerte de nuestro hombre viejo a la llamada de Jesucristo. Puesto que la lla­mada que Jesús dirige al joven rico le trae la muerte, puesto que no le es posible seguir más que en la medida en que ha muerto a su propia voluntad, puesto que todo mandamiento de Jesús nos orde­na morir a todos nuestros deseos y apetitos, y puesto que no pode­mos querer nuestra propia muerte, es preciso que Jesús, en su pa­labra, sea nuestra vida y nuestra muerte.

La llamada al seguimiento de Jesús, el bautismo en nombre de Jesucristo, son muerte y vida. La llamada de Cristo, el bautismo, sitúan al cristiano en el combate diario contra el pecado y el demo­nio. Cada día, con sus tentaciones de la carne y del mundo, vuelca sobre el cristiano nuevos sufrimientos de Jesucristo. Las heridas que nos son infligidas en esta lucha, las cicatrices que el cristiano conserva de ella, son signos vivos de la comunidad con Cristo en la cruz. Pero hay otro sufrimiento, otra deshonra, que no es ahorrada a ningún cristiano. Es verdad que sólo el sufrimiento de Cristo es un sufrimiento reconciliador; pero como Cristo ha sufrido por cau­sa del pecado del mundo, como todo el peso de la culpa ha caído sobre él, y como Jesús ha imputado el fruto de su sufrimiento a los que le siguen, la tentación y el pecado recaen también sobre el discípulo, le recubren de oprobio y le expulsan, igual que al macho cabrío expiatorio, fuera de las puertas de la ciudad.

De este modo, el cristiano se convierte en portador del pecado y de la culpa en favor de otros hombres. Quedaría aplastado bajo este peso si él mismo no fuese sostenido por el que ha llevado to­dos los pecados. Pero en la fuerza del sufrimiento de Cristo le es posible triunfar de los pecados que recaen sobre él, en la medida en que los perdona. El cristiano se transforma en portador de cargas: «Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo» (Gal 6, 2).

Igual que Cristo lleva nuestra carga, nosotros debemos llevar las de nuestros hermanos; la ley de Cristo que debemos cumplir consiste en llevar la cruz. El peso de mi hermano, que debo llevar, no es solamente su suerte externa, su forma de ser y sus cualida­des, sino, en el más estricto sentido, su pecado. Y no puedo cargar con él más que perdonándole en la fuerza de la cruz de Cristo, de la que he sido hecho partícipe. De este modo, la llamada de Jesús a llevar la cruz sitúa a todo el que le sigue en la comunión del perdón de los pecados. El perdón de los pecados es el sufrimiento de Cris­to ordenado a los discípulos. Es impuesto a todos los cristianos.

Pero ¿cómo sabrá el discípulo cuál es su cruz? La recibirá cuan­do siga a su Señor sufriente, reconocerá su cruz en la comunión con Jesús.

El sufrimiento se convierte así en signo distintivo de los segui­dores de Cristo. El discípulo no es mayor que su maestro. El se­guimiento es una passio passiva, una obligación de sufrir. Por eso pudo Lutero contar el sufrimiento entre los signos de la verdadera Iglesia. También por eso, un trabajo preliminar a la Confesión de Augsburgo definió a la Iglesia como la comunidad de los que «son perseguidos y martirizados a causa del Evangelio». Quien no quie­re cargar su cruz, quien no quiere entregar su vida al dolor y al desprecio de los hombres, pierde la comunión con Cristo, no le si­gue. Pero quien pierde su vida en el seguimiento, llevando la cruz, la volverá a encontrar en este mismo seguimiento, en la comunión de la cruz con Cristo. Lo contrario del seguimiento es avergonzar­se de Cristo, avergonzarse de la cruz, escandalizarse de ella.

Seguir a Jesús es estar vinculado al Cristo sufriente. Por eso el sufrimiento de los cristianos no tiene nada de desconcertante. Es, más bien, gracia y alegría. Las actas de los primeros mártires dan testimonio de que Cristo transfigura, para los suyos, el instante de mayor sufrimiento con la certeza indescriptible de su proximidad y de su comunión. De suerte que, en medio de los más atroces tor­mentos soportados por su Señor, participan de la alegría suprema y de la felicidad de la comunión con él. Llevar la cruz se les revelaba como la única manera de triunfar del sufrimiento. Y esto es válido para todos los que siguen a Cristo, puesto que fue válido para Cris­to mismo.

Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Pa­dre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú…». Y alejándose de nuevo, por se­gunda vez oró así: «Padre mío, si esto no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad» (Mt 26, 39.42).

Jesús pide al Padre que pase de él este cáliz, y el Padre escucha la oración del Hijo. El cáliz del sufrimiento pasará de él, pero única­mente bebiéndolo. Cuando Jesús se arrodilla por segunda vez en Getsemaní, sabe que el sufrimiento pasará en la medida en que lo su­fra. Sólo cargando con él vencerá al sufrimiento, triunfará de él. Su cruz es su triunfo.

El sufrimiento es lejanía de Dios. Por eso, quien se encuentra en comunión con Dios no puede sufrir. Jesús ha afirmado esta frase del Antiguo Testamento. Precisamente por esto toma sobre sí el su­frimiento del mundo entero y, al hacerlo, triunfa de él. Carga con toda la lejanía de Dios. El cáliz pasa porque él lo bebe. Jesús quie­re vencer al sufrimiento del mundo; para ello necesita saborearlo por completo. Así, ciertamente, el sufrimiento sigue siendo lejanía de Dios, pero en la comunión con el sufrimiento de Jesucristo el su­frimiento triunfa del sufrimiento y se otorga la comunión con Dios precisamente en el dolor.

Es preciso llevar el sufrimiento para que este pase. O es el mun­do quien lo lleva, y se hunde, o recae sobre Cristo, y es vencido por él. Así, pues, Cristo sufre en representación del mundo. Sólo su su­frimiento es un sufrimiento redentor. Pero también la Iglesia sabe ahora que el sufrimiento del mundo busca a alguno que lo lleve. De forma que, en el seguimiento de Cristo, el sufrimiento recae sobre la Iglesia y ella lo lleva, siendo llevada al mismo tiempo por Cristo. La Iglesia de Jesucristo representa al mundo ante Dios en la me­dida en que sigue a su Señor cargando con la cruz.

Dios es un Dios que lleva. El Hijo de Dios llevó nuestra carne, llevó la cruz, llevó todos nuestros pecados y, con esto, nos trajo la reconciliación. El que le sigue es llamado igualmente a llevar. Ser cristiano consiste en llevar. Lo mismo que Cristo, al llevar la cruz, conservó su comunión con el Padre, para el que le sigue cargar la cruz significa la comunión con Cristo.

El hombre puede desembarazarse de esta carga que le es im­puesta. Pero con esto no se libera de toda carga; al contrario, lleva un peso mucho más insoportable y pesado. Lleva el yugo de su pro­pio yo, que se ha escogido libremente. A los que están agobiados con toda clase de penas y fatigas, Jesús los ha llamado a desemba­razarse del propio yugo para coger el suyo, que es suave, para coger su peso, que es ligero. Su yugo y su peso es la cruz. Ir bajo ella no significa miseria ni desesperación, sino recreo y paz de las almas, es la alegría suprema. No marchamos ya bajo las leyes y las cargas que nos habíamos fabricado a nosotros mismos, sino bajo el yugo de aquel que nos conoce y comparte ese mismo yugo con nosotros.

Bajo su yugo tenemos la certeza de su proximidad y de su comu­nión. A él es a quien encuentra el seguidor cuando carga con su cruz.

Las cosas no deben suceder según tu razón, sino por encima de tu ra­zón; sumérgete en la sinrazón y yo te daré mi razón. La sinrazón es la razón verdadera; no saber adónde vas es, realmente, saber adónde vas. Mi razón te volverá perfectamente irrazonable. Así fue como abandonó Abraham su patria, sin saber a dónde iba. Se entregó a mi saber, abandonando su propio saber, siguió el verdadero camino pa­ra llegar al fin verdadero. Mira, este es el camino de la cruz; tú no puedes encontrarlo, es preciso que yo te guíe como a un ciego; por eso, no eres tú, ni un hombre, ni una criatura, quien te enseñará el camino que debes seguir; seré yo, yo mismo, con mi Espíritu y mi palabra. Este camino no es el de las obras que te has escogido, ni el sufrimiento que te has imaginado; es el sufrimiento que yo te indico contra tu elección, contra tus pensamientos y deseos. Marcha por él, yo te llamo. Sé discípulo, porque ha llegado el tiempo y tu maestro se acerca (Lutero).

Intolerancia religiosa

donato0002Esta Sección sobre Intolerancia Religiosa está a cargo del Hno. Donato Rodríguez Romero.Él es un periodista cristiano quien dirigió este periódico de 2010 a 2014.Vive con su esposa Margarita Velasco en la Ciudad de Puebla, y asisten a la IMMAR El Buen Pastor.Pertenecen a la CASE.

 La intolerable tolerancia

¿Qué podemos decir acerca de eliminar

la tolerancia religiosa para acabar

con la violencia?

int rel.

Antonio Cruz 18 DE OCTUBRE DE 2014 23:14 h

Según los defensores del Nuevo ateísmo, la idea de Dios debe ser desarraigada por completo de nuestra conciencia porque constituye el peor cáncer que padece actualmente la humanidad. La fe continúa produciendo terror, violencia y muerte en las sociedades avanzadas del siglo XXI. De ahí la necesidad de que los gobiernos se posicionen oficialmente contra cualquier forma de religiosidad. Pero no sólo la fe, también la tolerancia hacia las religiones moderadas, que aparentemente no generan conflictos, debe ser revisada y eliminada porque dicha tolerancia conforma el ambiente propicio para que proliferen las creencias radicales.

Richard Dawkins se expresa en los siguientes términos: “Mientras sigamos aceptando el principio de que esa fe religiosa debe ser aceptada simplemente porque es fe religiosa, será difícil negar el respeto a la fe de Osama Bin Laden y de los terroristas suicidas. La alternativa, tan transparente que no necesita preconizarse, es abandonar el principio del respeto automático por la fe religiosa. Esta es una razón por la que yo hago todo lo que está en mi mano para advertir a la gente contra la fe en sí misma, no sólo contra la llamada fe “extremista”.

Las enseñanzas de la religión “moderada”, aunque no son extremistas en sí mismas, son una invitación abierta para el extremismo.”1 De manera que, desde esta perspectiva, la tradicional tolerancia posmoderna hacia todas las creencias debería transformarse hoy en una intolerancia casi inquisitorial, por el bien de la humanidad. ¿Tienen razón estos nuevos ateos? ¿Se les debería hacer caso? Su propuesta de erradicar la fe, ¿sería la mejor solución para acabar con el terrorismo de matriz religiosa?

A primera vista, resulta razonable que los paladines del ateísmo contemporáneo quieran terminar con la violencia religiosa que prolifera hoy en el mundo. La mayoría de las personas se opone a la imagen de aviones repletos de pasajeros inocentes estrellándose contra las antiguas torres gemelas del World Trade Center en Nueva York. Casi nadie simpatiza con esos matarifes encapuchados del Frente Islámico que portan un cuchillo en las manos, dispuestos a degollar ante la cámara sin ningún remordimiento a algún desdichado ciudadano europeo o norteamericano.

Pero tampoco gustan las declaraciones de ciertos judíos fundamentalistas de Israel convencidos de que Jehová desea matar palestinos o la actitud de algunos protestantes estadounidenses que creen realizar la voluntad de Dios cuando colocan bombas en clínicas abortistas. Por desgracia, el ser humano es muy dado a creer que tales actos de violencia son aprobados por Dios.

Es lógico, pues, que muchos se pregunten cómo construir un mundo en el que tales horrores no tengan cabida. No obstante, el problema es la solución que propone el Nuevo ateísmo: erradicar por completo la fe, quemar los libros sagrados de todas las religiones y clausurar las facultades de teología prohibiendo así su enseñanza porque únicamente el fin de la fe salvaría al mundo. Si la fe se ha vuelto intolerable, ¿se debería decretar una intolerancia radical contra la tolerancia? Esto es precisamente lo que proponen Dawkins y sus correligionarios.

Tal propuesta constituye quizás el único rasgo verdaderamente novedoso de su pensamiento materialista.2 Casi todo lo demás que afirman en sus escritos ya había sido dicho por otros autores ateos con anterioridad pero la propuesta reaccionaria de volver a la intransigencia religiosa e ideológica de otros tiempos no había sido reivindicada seriamente hasta ahora.

¿Qué podemos decir acerca de eliminar la tolerancia religiosa para acabar con la violencia? No sé si nuestros pensadores se ha percatado de que están tirándose piedras sobre sus propios tejados. Si los gobiernos decretaran de forma unánime acabar con todas las ideologías religiosas, ¿no deberían también prohibir el cientificismo y el naturalismo materialista que profesan Dawkins, Harris, Hitchens, Dennett y otros? 

Precisamente, la tolerancia de todos los credos que se disfruta en los países avanzados ha hecho posible, no solo que proliferen las religiones monoteístas y las demás sino también el naturalismo científico y el ateísmo. Estas últimas creencias que rechazan lo trascendente, afirmando que la naturaleza se ha creado a sí misma, únicamente pudieron desarrollarse en un ambiente de tolerancia como el que se gestó en el mundo moderno, gracias a la influencia de la fe cristiana.

Sólo ahí pudo florecer la ciencia y desarrollarse el respeto hacia las particularidades de cada cultura. Si hoy existen librepensadores en el mundo es porque las culturas religiosas, superando los errores inquisitoriales de otras épocas, asumieron finalmente la libertad de credos y la tolerancia ideológica que se desprende del auténtico mensaje evangélico. Los nuevos ateos afirman que su propuesta de intransigencia hacia la religión es legítima porque se basa sobre todo en la razón y no en la fe. ¿Es esto así? Yo pienso que no.

El cientificismo, o la creencia de que los métodos de la ciencia son la única fuente de obtener conocimiento auténtico, constituyen la médula espinal del naturalismo científico. Sin embargo, el cientificismo en sí mismo no es “ciencia” sino “creencia”. No hay manera de ponerlo a prueba. No existen demostraciones científicas suficientes que lo corroboren sin lugar a dudas. Es imposible realizar un experimento que sea capaz de demostrarnos que cualquier proposición verdadera deba estar basada en pruebas empíricas antes que en la fe.

Por tanto, la intolerancia hacia cualquier forma de fe debería aplicarse también al cientificismo de Dawkins y sus colegas. Sabemos que la fe de los científicos en que el universo es inteligible, es decir, que es comprensible y puede ser estudiado, resulta fundamental para que exista la propia ciencia. Sin fe no hay ciencia. Pero es que, además, resulta que la afirmación del Nuevo ateísmo de que “la verdad sólo puede alcanzarse por medio de la razón científica” al margen de la fe, es en sí misma un acto de fe.

cientificismoDe manera que, si hubiera que acabar con todos los tipos de fe, se debería prohibir también el naturalismo y el cientificismo. Algo de lo que los nuevos ateos no quieren ni oír hablar. Por otro lado, cuando se afirma que las creencias religiosas son malas o que el Dios de las religiones monoteístas no es bueno, ¿desde qué fundamentación moral se hace? ¿Quién decide aquello que es moralmente correcto o incorrecto? ¿Dónde han encontrado los nuevos ateos su elevada moralidad? ¿Cómo surgieron esas tablas de piedra con sus diez nuevos mandamientos?

El fervor que ponen al denunciar los males sociales del oscurantismo religioso sólo puede provenir de la conciencia de estar en posesión de la verdad moral. ¿Cuál es el origen de dicha conciencia? ¿Es su moralidad el producto de un consenso social? ¿Cómo podemos saber que tal consenso es de fiar? Otros movimientos sociales, como el nazismo o el antisemitismo, también pretendían basarse en el consenso social. ¿Será quizás la selección natural darwinista quien les haya dotado con sus absolutos morales? ¿Cómo es posible que un mecanismo natural amoral pueda generar la conciencia de lo que es bueno o malo? Y, en cualquier caso, muchas acciones que se podrían considerar moralmente negativas, como mentir, robar, violar o matar, ¿no pueden usarse como óptimos mecanismos evolutivos de carácter adaptativo? ¿Sería sabio seguir los criterios morales propios de la evolución? El darwinismo social intentó hacerlo en el pasado favoreciendo la supervivencia de los más aptos.

Sin embargo, ¿quién defendería hoy semejantes estrategias sociales? Al rechazar la existencia de Dios, los nuevos ateos fundamentan sus valores éticos en la sola razón. Pero las dudas subsisten. ¿Por qué se debería confiar en la razón humana? Si nuestra mente es el producto de la selección natural darwinista, un mecanismo natural ciego y sin propósito tal como ellos lo entienden, ¿podemos confiar en su objetividad moral? Desde este punto de vista evolutivo, quizás se podría argumentar que la mente humana debe tener la capacidad de adaptarse al medio ambiente pero, aparte de esto, el darwinismo es incapaz de explicar por qué nuestra mente es razonable.

Luego entonces, ¿deberíamos hacer caso a nuestras capacidades cognitivas para determinar lo moralmente correcto? ¿Dónde y cómo consiguió el hombre esa elevada estatura moral con la que pretende juzgarlo todo? ¿Acaso no hay que hacer también un salto de fe para aceptar que la sola razón sea el fundamento último de la ética? Sin embargo, cuando la realidad se interpreta desde la perspectiva de la existencia de Dios las cosas cambian. Si el creador nos hizo a su imagen y semejanza, como afirma la Escritura, entonces podemos confiar en nuestra mente humana.

La capacidad que tenemos para entender y descubrir la realidad del mundo está inmersa en la propia inteligibilidad que lo empapa todo. Podemos hacer ciencia, no porque nos apropiemos de la verdad del mundo sino, más bien, porque esa verdad nos posee a nosotros también. La conciencia moral con la que se nos dotó, aunque en ocasiones pueda deformarse, en general será capaz de determinar certeramente entre las acciones buenas y las malas. Al ser Dios es el fundamento último de dicha conciencia moral humana, podemos confiar plenamente en ella.

La indignación que nos produce, por ejemplo, la injusticia o las malas acciones no es obra de nuestro genes ni de la selección natural darwinista, como piensa Dawkins, sino de haber sido conformados con arreglo a ese patrón de bondad hacia el que siempre aspiramos inconscientemente. El anhelo por la verdad y por todo lo moralmente correcto reside en los entresijos del alma humana desde que nos fue implantado por el Sumo Hacedor. Siendo esto así, la fe cristiana no es un salto a ciegas sobre el vacío de la nada, ni tampoco una serie de creencias irracionales carentes de pruebas.

Se trata más bien de la certeza capaz de enfocar nuestro raciocinio sobre una región de la realidad a la que la ciencia no tiene acceso. Una dimensión profunda de la espiritualidad humana. Un área de inagotable sentido trascendente. Una zona donde la existencia del hombre puede aspirar a la verdad y la bondad con mayúsculas. Desde semejante perspectiva es posible constatar que la fe no es enemiga de la razón sino su aliada prematura.

La fe crea el camino para que transite el razonamiento y le ofrece aire puro para que no se ahogue. Los diversos racionalismos, así como el cientificismo, llegan a asfixiar la razón pero la fe le permite respirar en libertad y orientarse con sabiduría. Sólo la fe cristiana puede proporcionarle sentido a la razón y sustento a la moralidad humana.

No, no podemos erradicar la fe. No debemos hacerlo porque sin ella todo se torna relativo y empezamos a caminar sobre las arenas movedizas de la arbitrariedad humana, sin rumbo ni destino eterno

Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/34216/la_intolerable_tolerancia

El precio de la Gracia (parte 5)

Dietrich Bonhoeffer
Dietrich Bonhoeffer

Dietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.

Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.
(Seguimos publicando, parte por parte, el libro de Bonhoeffer, “El Precio de la Gracia”).

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Capítulo 3

La Obediencia Sencilla

Cuando Jesús exigió al joven rico la pobreza voluntaria, este sabía que sólo era posible obedecer o desobedecer. Cuando Leví fue llamado a dejar su oficina de contribuciones, cuando Pedro fue llamado a abandonar sus redes, no cabía duda de que Jesús tomaba en serio esta llamada. Debían abandonarlo todo y seguirle. Cuando Pedro es llamado a la mar insegura, debe levantarse y arriesgarse a dar este paso. En todo esto sólo se requería una cosa: confiar en la palabra de Jesús, considerarla como un terreno mucho más firme que todas las seguridades del mundo.

En aquella época, los poderes que querían situarse entre la palabra de Jesús y la obediencia eran tan grandes como ahora. La razón discutía; la conciencia, la responsabilidad, la piedad, la ley misma y la autoridad de la Escritura intervenían para prevenir este extremo, este fanatismo anárquico. Pero la llamada de Jesús se abrió paso a través de todo esto e impuso la obediencia. Era la palabra misma de Dios. Lo que se exigía era la obediencia sencilla.

Si Jesús, por medio de la sagrada Escritura, hablase hoy de esta forma a uno de nosotros, es probable que argumentásemos del modo siguiente: Jesús manda una cosa muy concreta, es verdad. Pero cuando Jesús manda algo, debo saber que nunca exige una obediencia conforme a la ley; solo requiere de mi una única cosa: que yo crea. Y mi fe no esta ligada a la pobreza o a la riqueza, o a algo semejante; mas bien, en la fe tengo la posibilidad de ser ambas cosas al mismo tiempo, pobre y rico. Lo importante no es que yo carezca de bienes, sino que los tenga como si no los tuviese, que este libre interiormente de ellos, que no apegue mi corazón a mis riquezas. Por ejemplo, Jesús dice: vende tus bienes, pero quiere decir: Lo importante no es que hagas esto externamente, sino que conserves tranquilamente tus bienes, pero como si no los tuvieses. No apegues tu corazón a tus bienes.

Nuestra obediencia a la palabra de Jesús consistiría entonces en negarnos a la obediencia sencilla, por ser legalista, para ser obedientes «en la fe». Con esto nos diferenciamos del joven rico. En su tristeza, no pudo tranquilizarse diciendo: Es verdad que, a pesar de la palabra de Jesús, voy a seguir siendo rico; pero me liberare interiormente de mi riqueza y, sintiendo toda mi incapacidad pondré mi esperanza en el perdón de los pecados y estaré en comunión con Jesús por medio de la fe. Por el contrario, se alejó triste, perdiendo la fe al faltarle la obediencia. En esto, el joven se mostró totalmente honrado. Se separó de Jesús, y esta honradez se halla mas cerca de la promesa que una comunión aparente con Jesús basada en la desobediencia. Evidentemente, en opinión de Jesús, el joven se encontraba en una situación en la que no podía liberarse ante-reoriente de su riqueza. Es probable que lo hubiese intentado mil veces, como un hombre serio que busca.

Su fracaso lo revela el hecho de que, en el momento decisivo, no pueda obedecer a la palabra de Jesús. En esto se mostró honrado. Pero nosotros, con nuestra forma de argumentar, nos distinguí-

Nos completamente del oyente bíblico de la palabra de Jesús. Si Jesús dice a este: Abandona todo y sígueme, deja tu profesión, tu familia, tu pueblo y la casa de tu padre; este hombre sabe que solo puede responder a tal llamada con la obediencia sencilla, porque precisamente a ella se le ha concedido la comunión con Jesús. Pero nosotros diríamos: Sin duda, la llamada de Jesús debe «ser tomada totalmente en serio», pero la verdadera obediencia a ella consiste en que yo permanezca en mi profesión, en mi familia, y le sirva con libertad interior.

Jesús diría: ¡Sal! Pero nosotros sabemos que, en realidad, quiere decir: jQuédate dentro! Desde luego, como una persona que, en su interior, ha salido.

Jesús diría: No os preocupéis. Y nosotros entenderíamos: Naturalmente, debemos preocuparnos y trabajar por los nuestros y por nosotros mismos. Toda otra actitud sería irresponsable. Pero interiormente debemos sin duda estar libres de preocupaciones.

Jesús diría: Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Y nosotros entenderíamos: Precisamente en el combate, precisamente devolviendo los golpes es como crece el verdadero amor al hermano.

Jesús diría: Buscad primero el reino de Dios. Y nosotros entenderíamos: Naturalmente, debemos buscar primero todas las otras cosas. Si no, ¿cómo podríamos subsistir? Jesús se refiere a la disponibilidad última a comprometerlo todo por el reino de Dios.

Siempre encontramos lo mismo: la supresión consciente de la obediencia sencilla, de la obediencia literal. ¿Cómo es posible tal cambio? ¿Qué ha ocurrido para que la palabra de Jesús haya debido prestarse a este juego, para que haya sido entregada de este modo a la burla del mundo? En cualquier parte del mundo donde se dan órdenes las cosas quedan claras. Un padre dice a su hijo: j Vete a la carnal, y el niño sabe muy bien de que se trata. Pero un niño educado en esta pseudo teología debería argumentar: Papá me dice: vete a la cama. Quiere decir: estas cansado; no quiere que yo este cansado.

Pero también puedo descansar jugando. Por consiguiente, mi padre ha dicho: vete a la cama, pero, de hecho, quiere decir: vete a jugar. Si el niño utilizase un argumento semejante con su padre, o el ciudadano con la autoridad, se llegaría a un lenguaje completamente claro: el de la sanción. Las cosas solo cambian cuando se trata de las órdenes de Jesús. Por lo visto, aqui hay que convertir la obediencia sencilla en pura desobediencia. ¿C6mo es esto posible?

Es posible porque, en el fondo de esta falsa argumentación, se da una cosa verdadera. La orden dirigida por Jesús al joven rico, es decir, la llamada a colocarse en una situación en la que es posible creer, tiene efectivamente por único fin llamar al hombre a la fe en Jesús, llamarlo a la comunión con él.

En definitiva, nada depende de tal o cual acto del hombre, sino de la fe en Jesús, en cuanto Hijo de Dios y mediador. Nada depende de la pobreza o de la riqueza, del matrimonio o del celibato, de la vida profesional o de la ausencia de ella, sino que todo depende de la fe. En esto tenemos razón hasta cierto punto; es posible creer en Cristo siendo ricos y poseyendo bienes de este mundo, con tal de que se tengan como si no se tuviesen. Pero esta es una posibilidad ultima de la existencia cristiana en general, una posibilidad con vistas a la espera seria de la vuelta inminente de Cristo, y no precisamente la posibilidad primera ni la más sencilla. La comprensión paradójica de los mandamientos esta justificada desde un punto de vista cristiano, pero nunca puede conducir a la supresión de una interpretación sencilla de los mandamientos.

Al contrario, solo está justificada y es posible para el que, en un punto cualquiera de su vida, ha intentado ya seriamente la experiencia de comprender las cosas con sencillez y, así, se halla en comunión con Jesús, le sigue y espera el fin. Comprender la llamada de Jesús paradójicamente es la posibilidad más difícil de todas, una posibilidad realmente imposible en el piano humano. Por eso corre el peligro continuo de transformarse en lo contrario, de convertirse en una escapatoria fácil, en una huida de la obediencia concreta.

Quien no sabe que le sería infinitamente más fácil comprender de forma sencilla el mandamiento de Jesús, obedecerlo a la letra -por ejemplo, abandonando realmente todos sus bienes en lugar de

Conservarlos no tiene derecho a interpretar paradójicamente la palabra de Jesús. Por tanto, esta interpretación paradójica del mandamiento de Jesús siempre debe incluir la comprensión literal.

La llamada concreta de Jesús y la obediencia sencilla tienen un sentido irrevocable. Jesús llama con ellas a una situación concreta en la que es posible creer en el; si llama tan concretamente y desea que se le comprenda de este modo es porque sabe que el hombre solo se vuelve libre para la fe en la obediencia concreta.

Donde la obediencia sencilla es eliminada fundamentalmente, la gratia cara del llamamiento de Jesús se transforma de nuevo en gratia barata de la auto justificación. Con esto se proclama también una ley falsa, que cierra los oídos a la llamada concreta de Cristo. Esta falsa ley es la ley del mundo, a la que corresponde y se opone la ley de la gratia. El mundo no es el que ha sido superado en Cristo y al que hay que vender de nuevo cada día en comunión con el, sino que se ha convertido en una ley rigurosa e intangible.

La gracia, por su parte, no es ya el don de Dios por el que somos arrancados del pecado y situados en la obediencia a Cristo, sino una ley divina general, un principio divino cuya aplicación solo depende del caso particular. El combate sistemático contra «el legalismo» de la obediencia sencilla resulta ser la más peligrosa de las leyes: la ley del mundo y la ley de la gracia. El combate sistemático contra el legalismo es el mayor legalismo de todos. No se puede triunfar del legalismo más que obedeciendo realmente a la llamada de Jesús al seguimiento, en el que Jesús mismo cumple y abroga la ley.

Donde la obediencia sencilla es eliminada fundamentalmente, se introduce un principio no evangélico de la Escritura. Entonces el presupuesto para comprender la Escritura consiste en disponer de una llave que sirva para esta comprensión. Pero esta llave no es ya el mismo Cristo vivo, que juzga y da la gracia, ni su uso depende solo del Espíritu santo vivificador, sino que la llave de la Escritura resulta ser una doctrina general de la gracia, de la que nosotros mismos podemos disponer.

El problema del seguimiento también aparece aquí como un problema hermenéutico. Toda hermenéutica evangélica debe saber claramente que no podemos identificarnos inmediatamente, sin más ni más, con los que han sido llamados por Jesús; más bien, los que han sido llamados en la Escritura toman parte en la palabra de Dios y, con ello, en la predicación del Evangelio. En la predicación no oímos solamente la respuesta de Jesús a la pregunta de un discípulo, pregunta que podría ser la nuestra, sino que pregunta y respuesta, ambas juntas, son objeto de la predicación en cuanto palabra de la Escritura. Por tanto, hermenéuticamente interpretaríamos mal la obediencia sencilla si quisiéramos actuar y seguir de forma directamente simultánea con el que ha sido llamado.

Pero el Cristo que nos es anunciado en la Escritura es, a través de toda su palabra, un Cristo que no da la fe más que al que le obedece. No tenemos el derecho ni la posibilidad de volver en busca de los acontecimientos reales tras la palabra de la Escritura, sino que, sometiéndonos a la palabra de la Escritura en su totalidad, es como somos llamados al seguimiento, precisamente porque no queremos violentar la Escritura en virtud de la ley, apoyándonos sobre el principio, aunque este principio sea el de una doctrina de la gracia.

Resulta, pues, que la interpretación paradójica del mandamiento de Jesús debe incluir la interpretación sencilla, precisamente porque no queremos proclamar una ley, sino predicar a Cristo. Con esto, parece ahora superfluo defenderse contra la sospecha de que, al hablar de la obediencia sencilla, lo hacemos de un carácter meritorio cualquiera del hombre, de un «facere quod in se est», de una condición preliminar indispensable de la fe. La obediencia a la llamada de Cristo no es nunca un acto arbitrario del hombre.

En sí, el abandono de sus bienes, por ejemplo, no constituye de ningún modo la obediencia exigida; muy bien podría suceder que semejante paso no significase la obediencia a Jesús, sino la fijación completamente libre de un estilo de vida personal, de un ideal cristiano, de un ideal de pobreza franciscana. Muy bien podría suceder que, al abandonar sus bienes, el hombre se aceptase a sí mismo y a un ideal, pero no al mandamiento de Gestas, quedando sin más prisionero de sí mismo en lugar de verse liberado. Porque este paso hacia la situación no es un ofrecimiento del hombre a Jesús, sino siempre la oferta graciosa de Gestas al hombre. El paso so- lo es legítimo cuando se da de esta forma, y entonces ya no es una posibilidad libre del hombre.

Dijo Jesús a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrara en el reino de los cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos». Al oír esto, los discípulos se asombraban mucho y decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándoles fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, más para Dios todo es posible» (Mt 19, 23-26).

Del asombro de los discípulos a propósito de estas palabras y de la pregunta que plantean para saber quién puede salvarse, se deduce que no consideraban el caso del joven rico como un caso especial, sino como el caso más corriente. En efecto, no preguntan: ¿Que rico?, sino, de forma general: ¿Quien» podrá salvarse?, precisamente porque todo el mundo, incluso los mismos discípulos, pertenecen a estos ricos para los que es tan difícil entrar en el reino de los cielos. La respuesta de Jesús confirma la interpretación que hacen los discípulos de sus palabras. Salvarse en el seguimiento es imposible a los hombres, más para Dios todo es posible.

Intolerancia religiosa

En Chiapas, México

Queman campamento

de refugiados evangélicos 

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Allí vivían 27 familias evangélicas, a las que los mismos católicos tradicionalistas ya habían prendido fuego a sus viviendas el pasado junio.

FUENTES Milenio México 02 DE OCTUBRE DE 2014 00:30 h

El campamento de familias evangélicas en Mitzitón tras el incendio / Milenio Católicos tradicionalistas de la comunidad Mitzitón destruyeron en la mañana de este jueves un campamento de 27 familias evangélicas que habían sido previamente expulsadas de sus hogares, apresando a varios de ellos para trasladarlos a la Cárcel Rural de Mitzitón

Las familias evangélicas ya habían visto arder sus viviendas el pasado 29 de junio de este 2014, por lo que habían acampado en las carpas que de nuevo han sido destruidas por el fuego. La Secretaría de Gobierno de Chiapas, cuyo titular es Eduardo Ramírez Aguilar, se había comprometido a reubicar a las familias evangélicas expulsadas, sin embargo, no se cumplió el acuerdo. Los católicos tradicionalistas y presuntos simpatizantes del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) de esa localidad pretenden erradicar a la comunidad cristiana protestante definitivamente.

EL ASALTO

Los hechos se registraron alrededor de las 07:15 horas cuando un grupo de católicos tradicionalistas, presuntos miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, irrumpió en el refugio improvisado quemando las dos carpas que formaban todo su techo. Según versiones de testigos, las cinco personas que fueron apresadas son cuatro mujeres y un periodista que se encontraba en el lugar.

Leer más: http://protestantedigital.com/internacional/34071/Queman_campamento_de_refugiados_evangelicos_en_Chiapas

 

En España

Unamuno contra la intolerancia religiosa

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El caso del pastor Atilano Coco fue el detonante para que Miguel de Unamuno actuara de manera diferente. 

AUTOR Jacqueline Alencar

05 DE OCTUBRE DE 2014 18:40 h

Unamuno sale del Paraninfo de la Universidad salmantina, tras enfrentarse al Gral. Millán Astray

En estos días que en diversos medios de comunicación de la ciudad se publican noticias alusivas a Unamuno, con motivo de la celebración de los 150 años de su nacimiento, busco entre mis libros y publicaciones, que guardo como un tesoro, un pequeño librito titulado Atilano Coco. Mártir del siglo XX, que contiene el discurso de Patrocinio Ríos, profesor de Literatura Española en un instituto madrileño, y que tiene varios trabajos sobre Unamuno, entre ellos su libro El reformador Unamuno y los protestantes españoles (Clie 1993), con motivo de la inauguración oficial de una casa, en el año 2005, «que ostenta públicamente el nombre de Atilano Coco».

Dice, en ese mismo opúsculo, P. Ríos: «Y me complace porque participar en la inauguración oficial de una institución como ésta, levantada en honor y en memoria del presbítero Atilano Coco, es ponerse de lado de los inocentes y de los limpios de corazón». Gracias a esa pequeña publicación, tuve conocimiento de la relación entre Unamuno y Atilano Coco, pastor de la Iglesia Española Reformada.

Y al adentrarme en la historia que se relata en la misma, pude constatar el cambio radical que se produjo en Unamuno, que si bien en los inicios del levantamiento nacional lo apoyó, dada la situación caótica en que se encontraba España, en octubre del 36 ya había comprobado los desmanes de dicho movimiento.  

El pastor anglicano (IERE) Atilano Coco El caso de Atilano Coco fue el detonante para que actuara de manera diferente.  Además, la fe religiosa de Unamuno había experimentado un cambio debido a sus profundas lecturas de las Escrituras y de los teólogos protestantes centroeuropeos, Kierkegaard, entre ellos.

Coco nació en Guarrate (Zamora), el año de 1902. Desde el año 1929 era el responsable de la congregación existente en Salamanca. Con el levantamiento del general Franco fue encarcelado el 1 de agosto de 1936. Por ser protestante y masón.

Son conocidas las gestiones que realizó Unamuno en favor de su liberación, pues estaba seguro que su detención y encarcelamiento resultaba una absoluta injusticia. Solo quiero destacar que entre las tantas actitudes que ensalzan a Miguel de Unamuno, una de ellas es la de su valentía a la hora de defender las causas justas, aun en medio de peligrosas circunstancias. Podía haberse quedado quieto y callado para gozar de tranquilidad y disfrutar de su prestigio.

Es de todos conocido, cómo fueron los últimos tiempos del Rector en la Salamanca de la represión. Una actitud ejemplar, y eso que décadas atrás se le había abierto proceso de excomunión por parte del obispo de Salamanca, el padre Cámara. Resultaría raro que la lectura de los evangelios no haya sido fructífera. Sobre todo en alguien que realizó comentarios como éste: «Una vez más, y no será la última, tengo que repetir lo vergonzoso y degradante que resulta el que en un país que se dice cristiano no haya leído el Evangelio la inmensa mayoría de los hombres que por cultos se tienen y que en cambio se cuelguen al cuello de los niños, a modo de amuleto, trocitos del Evangelio en latín…». Aunque Atilano Coco no sobrevivió, pues fue fusilado el 9 de diciembre de 1936, D. Miguel no se quedó de brazos cruzados, arriesgándolo todo en busca de justicia para su prójimo.

Cabe recordar que Protestante Digital tiene un premio muy conocido, bajo el nombre Unamuno, amigo de los Protestantes.

Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/34085/Unamuno_contra_la_intolerancia_religiosa

Beguinas

(La intolerancia no es sólo contra evangélicos protestantes…

también los de casa)

Tuvieron dos siglos de expansión rápida pero las denuncias de herejía las frenaron cuando la Iglesia empezó a ver que atraían donaciones “que les pertenecían”.

TUS OJOS ABIERTOS

AUTOR Isabel Pavón

26 DE SEPTIEMBRE DE 2014 12:48 h

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Les Béguines de la ville de Goes, Hollande, à l’office de Cecil Jay.

Las beguinas formaban grupos de mujeres cristianas que vivían con sencillez y se dedicaban a cuidar y defender a los más necesitados como ancianos, enfermos, mujeres o niños. Llegaron a contar con miles de integrantes. Cada grupo era autónomo y se regía por sus propias normas. Eran laicas y, aunque lo que deseaban era vivir el evangelio, su labor molestaba al clero. Rivalizaban con el poder eclesiástico y el patriarcado. Oraban y servían a los demás en la pobreza. Solían instalarse cerca de los hospitales.

También consagraban su vida al estudio intelectual. Se organizaban ellas mismas. Trabajaban para conseguir su sustento sin depender de los varones. Además, contaban con la libertad de poder dejar la asociación si querían casarse. La filosofía del grupo se extendió por Europa y llegaron a ser miles de integrantes, formándose grupos también masculinos, llamados begardos.

Tanto los varones como las mujeres fueron perseguidos, aunque ellas eran más numerosas. Las que sobrevivieron fueron obligadas a enclaustrarse como monjas. Según un artículo de El País escrito por Alba Tobella el 24 de abril de 2013, muere la última beguina. Este es el contenido de tan interesante escrito:   Murió mientras dormía sin saber que cerraba la última puerta de la existencia de las beguinas. La hermana Marcella Pattyn, fallecida el 14 de abril a los 92 años, era la última representante de la una de las experiencias de vida femeninas más libres de la historia, según los expertos.

int rel.2beguinas1En la Edad Media, entre la rigidez de los estamentos religiosos, empezaron a aparecer comunas de estas mujeres que iban por libre, eran democráticas y trabajaban para obtener su propio alimento y hacer labores caritativas. Eran comunidades de mujeres espirituales y laicas, entregadas a Dios, pero independientes de la jerarquía eclesiástica y de los hombres. Surgieron en un momento de sobrepoblación femenina, cuando dos siglos de guerras habían acabado con una gran proporción de los hombres y los conventos estaban colmados como la alternativa al matrimonio o a la clausura. Corría el siglo XII y las comunidades de beguinas, mujeres de todas las clases sociales, empezaron a extenderse en Flandes, Brabante y Renania.

Gracias a las labores que hacían para la comunidad, eran enfermeras para los enfermos y desvalidos y maestras para niñas sin recursos, e incluso fueron responsables de numerosas ceremonias litúrgicas, muchas familias adineradas les dejaban herencia y mujeres ricas se instalaban en beguinajes. La mayoría de hermanas practicaban algún arte, especialmente la música –Pattyn tocaba el banjo, el órgano y el acordeón-, pero también la pintura y la literatura. Los expertos consideran a poetas como Beatriz de Nazaret, Matilde de Madgeburgo y Margarita Porete precursoras de la poesía mística del siglo X VI, además de las primeras en utilizar las lenguas vulgares para sus versos en lugar del latín. Vivían en celdas, casas o grupos de viviendas, declaradas patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998, y podían abandonarlas en cualquier momento para casarse y formar una familia, pero a nivel espiritual no se casaban con nadie más que con Dios y los más desfavorecidos.

 También formaban partes de estos grupos mujeres casadas que se identificaban con el deseo de llevar una vida de espiritualidad intensa en los beguinajes de sus ciudades. Elena Botinas y Julia Cabaleiro definen el movimiento en Las beguinas: libertad en relación como lugar espiritual y pragmático a la vez, que rompe con la diferenciación que la Iglesia imponía entre la oración y la acción: “Un espacio que no es doméstico, ni claustral, ni heterosexual. Es una espacio que las mujeres comparten al margen del sistema de parentesco patriarcal, en el que se ha superado la fragmentación espacial y comunicativa y que se mantiene abierto a la realidad social que las rodea, en la cual y sobre la cual actúan, diluyendo la división secular y jerarquizada entre público y privado y que, por tanto, se convierte en abierto y cerrado a la vez”, explican.  

Beguinaje de Saint-Amandsberg (Gante, Bélgica) © OUR PLACE The World Heritage Collection UNESCO 

Según la versión más extendida, un grupo de mujeres construyeron el primer beguinaje en 1180 en Lieja (Bélgica), cerca de la parroquia de San Cristóbal y adoptaron el nombre del padre Lambert Le Bège. Otras versiones apuntan a que “beguina” significa, simplemente, rezadora o pedidora (de beggen, en alemán antiguo, rezar o pedir) e incluso, en la versión menos compartida entre los historiadores, a que su existencia se remonta al año 692, cuando santa Begge habría fundado la comunidad.

Tuvieron dos siglos de expansión rápida pero las denuncias de herejía las frenaron cuando la Iglesia empezó a ver que atraían donaciones “que les pertenecían”. Se instalaron en todas las grandes ciudades francesas y alemanas, pero la persecución las hizo volver a recogerse en Bélgica, de donde venían. Pagaron por las libertades que habían adquirido, económica, social y religiosa incluso con la muerte. Marguerite Porete fue quemada viva en 1310. Las acusaban de aturdir a los monjes y de encandilarlos cuando acudían a confesarse a los monasterios vecinos y las trataron como a las únicas mujeres libres de la época: las brujas.

“El movimiento de las beguinas seduce porque propone a las mujeres existir sin ser ni esposa, ni monja, libre de toda dominación masculina”, explica Régine Pernoud en el libro La Virgen y sus santos en la Edad Media. Y así como sedujo a las mujeres, inquietó a los hombres. Con sus conquistas volvieron a casa. Regresaron a los Países Bajos y Bélgica, aunque resistieron algunos beguinajes alrededor de Europa. La mayor comunidad se recluyó en un gran beguinaje en Cortrique la población del sur belga donde murió Marcella Pattyn la semana pasada. Después de que su modo de vida sin reglas y sin amos hubiera enfurecido a los garantes del orden, renunciaron a cierto radicalismo y optaron por convivir con la Iglesia para asegurarse la subsistencia, durante siglos, hasta morir hoy en silencio.

Leer más: http://protestantedigital.com/blogs/34006/beguinas

III Congreso Conferencial de Doctrina Metodista CANCEN

III Congreso Doctrinal de la CANCENSe nos invita a participar en este congreso, a celebrarse en la ciudad de Durango, Dgo, el 17 y 18 de octubre próximo y comprenderá los siguientes

TEMAS Y EXPOSITORES

  • Perspectivas de la Bioética.

Objetivo: A la vista de las posibilidades nuevas que abre la genética como una de las ciencias jóvenes que nos habilita para la manipulación de los genes humanos; y de la libertad creciente alentada por el pensamiento humano y las concesiones que proveen las modificaciones a los códigos civiles para decidir sobre asuntos de la vida y la muerte, se confrontarán estas realidades con los principios bíblicos y cristianos, de modo que nos sea más fácil determinar la vía ética tanto en nuestras propias decisiones, como en nuestra orientación pastoral como consejeros en un mundo postmoderno.

Expuesto por la Mtra. Rosa María Garza Cervantes. Estudiante del Doctorado en Educación en la Universidad. Maestría en Bioética, Colegio de Bioética de Nuevo León A. C. (2009). Maestría en Educación con Especialidad en Desarrollo Cognitivo en el ITESM (1998). Licenciatura en Filosofía, con acentuación en Ciencias Humanas, en la Universidad de Monterrey (1987). Acreditación y Certificación como facilitador en Técnica Didáctica Aprendizaje Basado en Problemas en la Universidad de Maastricht, Netherlands (2001). Acreditación de Programa de Ética a través del currículum de la Univ. De Loyola. (2002). Especialidad en Tecnología Educativa en la Escuela de Graduados en Educación en el ITESM. Diplomado en Ética y Responsabilidad Social de la ANUIES (2006). Evaluadora y Supervisora de evaluadores acreditada en ÉTICA como parte del Quality Enhancement Plan (QEP) del Tecnológico de Monterrey como proyecto acreditado de la Southern Association of Colleges and Schools (SACS) (2008). Profesora acreditada para impartir el Taller de ÉTICA TRANSVERSAL para los profesores de la Vicerrectoría de Enseñanza Media de la Zona Metropolitana de Monterrey (2009). Diplomado en Docencia en el ITESM, acreditado por la Secretaría de Educación Pública. Directora General del Instituto Laurens, A. C. (julio 2011- marzo 2014). Directora del Dpto. Desarrollo Integral del Campus Eugenio Garza Sada del Tec de Monterrey (2006-2011). Presidenta de la Academia de Desarrollo Integral en la Vicerrectoría de Educación Media del Tec de Monterrey (2005 a 2010). Senadora Académica en la Vicerrectoría de Enseñanza Media (VEM) de parte del Campus Eugenio Garza Sada. (2008-2010 y reelecta para 2010-2012). Es escritora, asesora, investigadora y conferencista.

  • Influencias Helenistas en el Libro de Apocalipsis.

Objetivo: En vista de que los libros del Nuevo Testamento fueron escritos en el contexto de un mundo dominado por el idioma y la cultura de los griegos, y que resultaba casi imposible para cualquier escritor abstraerse de esa influencia, es posible encontrar hoy huellas helenistas en los libros sagrados del cristianismo. Para lograr en este Congreso equipar a los participantes con herramientas que les faciliten elaborar sus posturas relacionadas con el bosquejo de acontecimientos escatológicos, se explicará cómo el libro de Apocalipsis hace eco de creencias helenistas.

Expuesto por el Pbro. Jesús Caos Huerta González. Maestría en Ciencias de la Religión. (1990-1994)            Seminario Metodista Juan Wesley, Monterrey N. L., Licenciatura en Teología. (2012) General Board of Higher Education & Ministry, Certificado de Educación Continua. (1994-1997) Instituto Bíblico Nazareno, Monterrey N. L., Docencia Teológica. (1994-1997) Seminario Metodista Juan Wesley, Monterrey N. L., Docencia Teológica. (2011-2014) Universidad Nacional de Estudios a Distancia (UNED), Madrid, España, Exegesis Bíblica en Clemente de Alejandría, Uso e Interpretación de los LXX en el Pentateuco. (2009-2011) misma Universidad, Máster en El Mundo Clásico y su Proyección en la Cultura Occidental. (1998–2003) Universidad Autónoma de Baja California (UABC), Ensenada, B.C., Maestría en Ciencias de la Educación. (1997) Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) Monterrey, N. L. Estudios de Maestría en Letras Españolas. (1991-1996) Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) Monterrey N. L., Licenciado en Filosofía. (1998-2014) Catedrático en la Benemérita Escuela Normal Estatal (BENE) Ensenada, B. C. (2004-2014)   Catedrático en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) Ensenada, B. C. (2000-2004) Docente en varios colegios. Pastor y conferencista.

  • Hallazgos de la Orientación Escatológica en el Pensamiento de Juan Wesley.

Objetivo: Con el propósito de conocer los énfasis bíblicos, su importancia y su respectiva interpretación, en el pensamiento de Juan Wesley, se expondrán los signos que sus escritos nos dejan ver, como pauta que podría modelar la orientación escatológica de los metodistas de hoy.

Expuesto por el Pbro. Rubén Pedro Rivera Garza. Licenciatura en Teología del Centro Evangélico Unido; Licenciatura en Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua; Maestría y Doctorado en Ministerio de la Universidad Visión dependiente del Instituto Fuller, de California, EUA; experiencia pastoral (incluyendo la Superintendencia del Distrito Occidental) de 62 años en la Iglesia Metodista de México, AR; actual pastor del proyecto misionero metodista en El Paso, Texas, E. U. A.

  • Amilenarismo y Premilenarismo en el Calendario Escatológico Bíblico.

Objetivo: En vista de que como denominación los metodistas no tenemos una postura oficial respecto al orden de los acontecimientos futuros relacionados con la Segunda Venida se Cristo, se expondrán las bases de las dos posturas más conocidas, llamadas amilenarismo y posmilenarismo, para ofrecer parámetros que podrían ser útiles a los participantes para la conformación de su postura personal.

Expuesto por dos pastores: Pbro. Bernabé Rendón Morales. Bachillerato en Teología de la Comunidad Teológica de México, en el D. F. (1972); Licenciatura en Teología del Seminario Metodista Juan Wesley, Monterrey, N. L. (1999); Especialidad en Consejería Familiar y Pastoral del Brite Divinity School, en Texas, EUA (2007), con Certificación del College of Pastoral Supervision and Psycotherapy de New York, EUA (2008); experiencia pastoral de 41 años en la Iglesia Metodista de México, AR; actual pastor de la Iglesia Metodista Bethel en la Ciudad de Chihuahua.

Pbro. Rodolfo Rivera de la Rosa. Licenciatura en Teología del Seminario Metodista Juan Wesley, Monterrey, N. L. (2000); Especialidad en Consejería Familiar y Pastoral del Brite Divinity School, en Texas, EUA (2007), con Certificación del College of Pastoral Supervision and Psycotherapy de New York, EUA (2008); experiencia pastoral de 13 años en la Iglesia Metodista de México, AR; actual pastor de la Iglesia Metodista La Trinidad en Chihuahua, Chih.

El precio de la Gracia (parte 4)

Dietrich Bonhoeffer
Dietrich Bonhoeffer

Dietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.

Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.
(Seguimos publicando, parte por parte, el libro de Bonhoeffer, “El Precio de la Gracia”).

← Tercera parte  o puede saltar al Inicio de esta serie

Capítulo 2 (Segunda parte)

LA LLAMADA AL SEGUIMIENTO

Por tanto hay que considerar este primer paso como la obra exterior consistente en cambiar una forma de existencia por otra. Todos pueden dar este primer paso. El hombre tiene libertad para ello. Es un acto dentro de la justicia civilis, en la que el hombre es libre. Pedro no puede convertirse, pero puede abandonar sus redes. Lo que se exige en los evangelios con este primer paso es una acción que abarque toda la vida. La Iglesia romana consideraba semejante paso sólo como la posibilidad extraordinaria del monaquismo, mientras que para los otros fieles bastaba estar dispuesto a someterse incondicionalmente a la Iglesia y a sus preceptos.

También los textos de las confesiones de fe luteranas reconocen de manera significativa la importancia de un primer paso. Después de haber eliminado conscientemente el peligro de un error sinergista, es posible y necesario dejar espacio libre a este primer acto exterior exigido por la fe; es el paso hacia la Iglesia, en la que se predica la palabra de la salvación.

Este paso puede ser dado con toda libertad, ¡Ven a la .Iglesia! Los domingos, puedes dejar tu casa e ir a escuchar la predicación. Si no lo haces, te excluyes voluntariamente del lugar donde es posible creer. Con esto, los textos de las confesiones de fe luteranas testimonian que son conscientes de una situación en la que es posible creer, y de otra en la que no es posible. Es verdad que esta idea permanece aquí en segundo plano, como si nos avergonzásemos de ella, pero existe bajo la forma de un conocimiento único e idéntico sobre la importancia del primer paso como acto externo. Seguir leyendo «El precio de la Gracia (parte 4)»

Intolerancia religiosa

Protestantismo en Chiapas:

(… a pesar de la intolerancia religiosa de nuestros “hermanos separados”. Nota de la redacción)

ANÁLISIS (I) 1  

Identidad evangélica indígena: el caso de Chiapas El proceso histórico, social y religioso que desembocó en el enraizamiento del cristianismo evangélico en Chiapas, fue diverso y ancho.

KAIRóS Y CRONOS

AUTOR Carlos Martínez García

21 DE SEPTIEMBRE DE 2014 07:05 h

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Familias evangélicas en Chiapas. / El Universal

En los países de América Latina con mayor población indígena el cristianismo evangélico es una realidad bien asentada y dinámica. En Guatemala, Perú, Bolivia, Ecuador y México dentro de los también llamados pueblos originarios, cuyos antecedentes se remontan antes de la Colonia española, el cristianismo evangélico ha fructificado y posee tonalidades que le han dado los y las indígenas tras varias generaciones en las que hubo los primeros conversos. Gran parte de la historiografía, ya sea la producida en el seno de diversas denominaciones evangélicas o de estudiosos externos a las comunidades de fe, ha reproducido la tesis que fueron los misioneros extranjeros quienes implantaron el protestantismo evangélico en tierras indígenas. Para el caso que me ocupa, el de Chiapas, tal aserto carece de evidencias históricas y es, más bien, una generalización que muestra desconocimiento de los modos en que se gestó el protestantismo indígena.

DEFINICIONES

Los orígenes de lo que hoy es el protestantismo chiapaneco fueron múltiples, de ahí que en un trabajo en el que describí las formas de diseminación de la creencia haya elegido el concepto de poligénesis para explicar su multiplicidad inicial.1 El proceso histórico, social y religioso que desembocó en el enraizamiento del cristianismo evangélico en Chiapas, fue diverso y ancho. En él se conjuntaron coyunturas sociopolíticas nacionales, especificidades regionales y los esfuerzos, externos e internos, de una amplia gama de misioneros convencidos de que era necesario evangelizar un territorio nominalmente católico, en el que se desconocía el mensaje del cristianismo evangélico.

En distintos círculos, tanto académicos como periodísticos existe la creencia de que el establecimiento inicial de credos no católicos en Chiapas fue preponderante o exclusivamente obra de misioneros extranjeros, particularmente norteamericanos y del Instituto Lingüístico de Verano.2 En esta convicción, que incluso es popular entre los mismos grupos protestantes/evangélicos, se diluye o desaparece el contexto histórico y social en el cual esos esfuerzos misioneros exógenos, que ciertamente existieron, se desarrollaron y se minimiza o desconoce el papel desempeñado por los actores endógenos.

Tanto en el país como en Chiapas, antes de la presencia física del protestantismo, se fue construyendo un entorno que facilitó la aceptación de la nueva propuesta religiosa por parte de distintas personas y grupos. Para el caso de Chiapas, especialmente en los pueblos indios de Los Altos, el alcance del catolicismo fue amplio pero superficial. En el siglo XIX el control de las comunidades indígenas por parte de los clérigos católicos se hizo cada vez más difícil.

El trabajo de Rocío Ortiz Herrera demuestra que los indios alteños desarrollaron distintas respuestas ante la Iglesia católica.3 Hubo desde la apropiación y adaptación de la fe católica (incorporando creencias prehispánicas, muchas de las cuales subsisten hasta nuestros días), hasta lo que denominó “aceptación taimada” del catolicismo en los pueblos indígenas, es decir, mostrando aparente sumisión a las enseñanzas de los sacerdotes, pero una vez que éstos terminaban alguna de sus esporádicas visitas a las poblaciones los habitantes volvían a sus prácticas religiosas no católicas.

Por otra parte no pocos poblados combatieron decididamente los intentos de la Iglesia católica por dominarlos religiosamente. Este conjunto de distintas respuestas operó diferenciadamente cuando el protestantismo se hizo presente en Los Altos de la entidad. Desde que la Iglesia católica llega a Chiapas, en 1528 y de la mano de los conquistadores españoles, hasta los primeros años del siglo XX, aquella organización eclesiástica tiene un aparente monopolio religioso entre los pobladores. Pero la realidad fue otra, porque “nunca logró tener la exclusividad de las conciencias de sus habitantes, puesto que la población nativa jamás dejó de cultivar varios elementos de su religión antigua”.4

Además de que el absoluto predominio del catolicismo nunca fue tal, es necesario subrayar el tipo de Iglesia católica que se implanta en Chiapas. Al respecto tiene relevancia la evaluación hecha sobre el asunto por parte de un misionero protestante, que escribe la misma al cumplirse 80 años de trabajo entre los chiapanecos de la Iglesia Reformada en América: “El catolicismo que arribó (en el siglo XVI, CMG) fue medieval, sin el reto del Renacimiento y la Reforma y sin los lineamientos de la Reforma católica.

En los siglos que siguieron la lejanía y lo escabroso de Chiapas, la escasez de sacerdotes, y el analfabetismo de la gente produjo un catolicismo que fue más animista que cristiano”.5 En el origen de la dispersión del evangelicalismo en Chiapas confluyeron distintos actores en la amplia y diversa geografía del estado. Hubo una génesis múltiple y en buena medida simultánea, lo cual me permite afirmar que en lugar de un inicio único (monogénesis) y cronológicamente con primacía sobre los otros intentos de evangelización protestante, lo que en realidad tuvo lugar fue lo que llamo polígénesis: un surgimiento plural, e incluso simultáneo, en diversas zonas de la entidad.

El enraizamiento del cristianismo evangélico en Chiapas contó con más actores de los que usualmente señalan quienes magnifican el trabajo de misioneros estadounidenses e invisibilizan los esfuerzos endógenos y sus protagonistas. Debemos mencionar que el protestantismo que llegó a Chiapas, lo mismo que al conjunto de la nación mexicana, y en términos generales a toda América Latina, fue el de la vertiente evangélica.

Los rasgos distintivos del evangelicalismo son:

1) Un enfoque, tanto devocional como teológico, en la persona de Jesucristo, especialmente (en el significado salvífico de) su muerte en la cruz.

2) La identificación de la Biblia como la autoridad final en materias de espiritualidad, doctrina y ética.

3) Un énfasis en la conversión o un “nuevo nacimiento” como experiencia religiosa que produce cambio en la vida.

4) Una preocupación por compartir la fe con otros (fuerte acento en misiones), especialmente al través del evangelismo6.

Un autor latinoamericano se refiere al mismo tema en términos semejantes: “Los protestantes evangélicos se caracterizan por su énfasis sobre la autoridad de la Biblia en todas las cuestiones de fe y práctica; la conversión personal como una experiencia distintiva de fe en Cristo como Señor y Salvador, que separa al cristiano de los no cristianos; y la práctica de la evangelización como la dimensión fundamental de la misión de la iglesia”7.

Son personas imbuidas de convicciones evangélicas las que desde distintos frentes llegan a la compleja geografía chiapaneca. Aquellas, junto con quienes al salir de sus territorios y convertirse al protestantismo se transforman en difusores del credo, se caracterizan por tener plena convicción de que Chiapas es un lugar de misión en el que es imprescindible difundir la Biblia, predicar el Evangelio, hacer discípulos, fundar iglesias y conformar congregaciones cuyos integrantes tuvieran bien diferenciados sus principios éticos de los del resto de la población.  

– Continuará –   

 

(Este artículo forma parte de la ponencia del autor en la próxima Consulta de la Fraternidad Teológica Latinoamericana, del 21 al 24 de septiembre en San José, Costa Rica)

1 Carlos Martínez García, Poligénesis del cristianismo evangélico en Chiapas, Publicaciones El Faro, México, 2004.

2 Andrés Fábregas Puig, “Política y religión frente a la sociedad que anhelamos”, Tolerancia, núm. 1, enero-junio 2002, Subsecretaría de Asuntos Religiosos de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, pp. 77-83; Sergio Arturo Venegas Ramírez, “El cóctel Chamula: armas, droga, piratería y religión”, Milenio semanal, febrero 10 de 2003, pp.40-45.

3 Rocío Ortiz Herrera, Pueblos indios, Iglesia católica y élites políticas en Chiapas (1824-1901), una perspectiva comparativa, CONECULTA Chiapas-Colegio de Michoacán, Tuxtla Gutiérrez, 2003.

4 Jan De Vos, “La Iglesia católica en Chiapas, 1528-1998”, en Jacinto Arias, Julio Boltvinik, et. al., Chiapas: Una nueva visión para una nueva política, Senado de la República-LVII Legislatura, México, 2000, p. 243.

5 Samuel Hofman, “The History of the Chiapas Mission”, Reformed Review, Autumn, 2004, vol. 58, no. 1. p. 2.

6 Puntos tomados de Alister McGrath, Alister, A Passion for Truth. The Intellectual Coherence of Evangelicalism, Inter Varsity Press, Downers Grove, Illinois, 1996, p. 22 y Rubén Ruiz Guerra, “Identidades sociales y cambio religioso en Chiapas (los vínculos de la identidad protestante)”, en Diana Guillén (coordinadora), Chiapas: rupturas y continuidades de una sociedad fragmentada, Instituto Mora, México, 2003, p. 165.

7 Pablo Deiros, Protestantismo en América Latina ayer, hoy y mañana, Editorial Caribe, Miami, Florida, 1997, p. 44. Los trabajos de Samuel Vila, El cristianismo evangélico a través de los siglos, Libros CLIE, Barcelona, 1982; Samuel Escobar Aguirre, La fe evangélica y las teologías de la liberación, Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, Martyn Lloyd-Jones, What is an Evangelical, The Banner of Truth Trust, Edinburgh, 1992; José Míguez Bonino, Rostros del protestantismo latinoamericano, Nueva Creación-William B. Eerdmans Publishing Company, Buenos Aires-Grand Rapids, 1995; Timothy R. Phillps, y Dennis L. Okholm, A Family of Faith. An Introduction to Evangelical Chistianity, Baker Academic, Grand Rapids, 2001; y Leon Morris, What do we mean by “evangelical”?, http://www.worldevangelical.org/evangelical.html, definen teológica y/o históricamente el significado y desarrollo del concepto evangélico.   Imprimir TAGS Kairós Y Cronos Carlos Martínez García Fraternidad Teológica Latinoamericana Latinoamérica México Protestantismo Chiapas Identidad   1

COMENTARIOS    

Muy interesante esta crónica de Carlos Martínez; todavía más al tener en cuenta la persecución de la que son objeto los cristianos evangélicos de Chiapas; mayor razón todavía para orar por ellos. Incluso ayudará a los hispanos que -creyendo que la religión católica que pretendieron implantar los conquistadores españoles era el cristianismo-, todavía confunden la fe evangélica con las doctrinas romanas. Los chiapanecos son cristianos, a todos los efectos.


Leer más:
 http://protestantedigital.com/magacin/33954/identidad_evangelica_indigena_el_caso_de_chiapas
donato0002Esta Sección sobre la Intolerancia Religiosa está a cargo del Hno. Donato Rodríguez Romero.
 
 
Él es un periodista cristiano quien dirigió este periódico de 2010 a 2014.
 
Vive con su esposa Margarita Velasco en la Ciudad de Puebla, y asisten a la IMMAR El Buen Pastor.Pertenecen a la CASE.

 

Intolerancia religiosa

Existen 9 conflictos

por intolerancia religiosa en Guerrero

int rel.gro

Especial 20/agosto/2014 16:30 Redacción/Quadratín -A  A +

CHILPANCINGO, Gro., 20 de agosto de 2014.-

El subsecretario para Asuntos Religiosos, Jorge Alberto González Rivero, informó que en el estado actualmente están activos nueve conflictos por intolerancia religiosa, pero ninguno de ellos representa un riesgo de violencia. Aunque no precisó en qué municipios están activos los conflictos, González Rivero informó que en Costa Chica se genera mucha intolerancia religiosa por parte de feligreses, quienes en la mayoría de los casos, no están de acuerdo con algunas tradiciones de la comunidad y eso provoca que surjan conflictos entre las diversas religiones, según señala La Jornada Guerrero.

“A las personas que son de otra religión, por lo general cristianos y pentecostés, luego les piden cooperaciones para las fiestas patronales y como no están de acuerdo, es ahí donde se genera el conflicto”, indicó. Manifestó que hasta el momento ninguno de los conflictos activos es considerado como grave, o que pueda provocar algún tipo de violencia. “Ahorita no tenemos focos rojos; tenemos nueve conflictos activos tanto en la Costa Chica como en La Montaña”, indicó.

Detalló que recientemente hubo un problema en la comunidad de Atliaca, el cual admitió “sí estuvo un poco más álgido”, pues los católicos no querían al sacerdote, pero explicó que en dicho conflicto intervino el obispo Alejo Zavala y se resolvió el problema.

(El texto original de Éste artículo fue publicado por Agencia Quadratín en la siguiente dirección: http://guerrero.quadratin.com.mx/Existen-9-conflictos-por-intolerancia-religiosa-en-Guerrero )

Nota del redactor

Aquí se le llama “problemas más álgidos” cuando son entre los mismos católicos, lo cual quiere decir que no son álgidos, ni “considerados como grave”, cuando se atenta contra personas que no son católicas, amenazándolas, hiriéndolas, privándolas de los servicios más indispensables como el agua, desplazándolas de sus hogares, e incluso asesinándolas. Y en estos “problemas más álgidos” si interviene inmediatamente el obispo católico para resolver el problema, cosa que no sucede cuando hay problemas de los evangélicos con los católicos, porque realmente los problemas son… de los evangélicos. 

Usted ¿se imagina –cristianamente-  al obispo católico intervenir por los problemas de ¡cuarenta familias! de indígenas Na`saavi que fueron expulsadas de su comunidad en Cochoapa El Grande, en la montaña de Guerrero, por profesar la religión cristiana?, o cuando menos, apoyar a esos cristianos que solicitaron al gobierno guerrerense un terreno de 12 hectáreas para establecerse?

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Estos indígenas decían: “Este problema lo venimos sufriendo desde el 2009, cuando nos quemaron nuestra Iglesia y golpearon a varios de nuestros hermanos cristianos –problemas no álgidos-. En ese entonces nos ayudó el subsecretario de asuntos religiosos del gobierno estatal y las cosas se tranquilizaron un poco”, recordó Bonifacio Ortiz Vázquez, uno de los afectados.

Los problemas comenzaron cuando se negaron a cooperar económicamente para la celebración de las fiestas patronales, debido a que son muy costosas y las familias cristianas tenían que endeudarse para poder cumplir. Posteriormente los padres tenían que contratarse como jornaleros migrantes en los campos del norte de país para poder pagar esas deudas y dejaban abandonados a sus hijos. (Nota publicada por “El Financiero”, en Julio de este año).

Este es,  uno solo, de los problemas que “no son graves”, ni representan “focos rojos” en opinión del H. Subsecretario de Asuntos Religiosos del Estado de Guerrero.  jd.

Editorial

Época III, Año LXXXIII, Período 2014-2018, No. 02
Chihuahua, Chih., 31 de agosto de 2014

EN TORNO AL ECUMENISMO

1aEs indudable que el anhelo de nuestro Salvador es la unidad de todos sus discípulos como condición para que el mundo crea en él. Y no está en duda tampoco que el corazón de cada cristiano tiene una natural inclinación hacia la fraternidad, dado que el Espíritu de Dios derramado en ellos crea vínculos de paz. En todas las épocas de la historia de la iglesia el tema ecuménico ha sido acogido como práctica saludable del espíritu cristiano.

Cuando hablamos de ecumenismo nos estamos refiriendo a alguna de las tres expresiones del mismo: Interdenominacional (incluyendo sólo denominaciones evangélicas e iglesias evangélicas sin denominación); Interconfesional (abarcando relaciones entre algunas de las tres grandes confesiones cristianas: catolicismo, protestantismo y confesión ortodoxa); e Interreligioso (incluyendo religiones no cristianas). El grado de apertura ante estas tres posibilidades es diferente dentro de la multiforme mentalidad y manejo hermenéutico de los textos bíblicos entre los metodistas.

La IMMAR no se ha pronunciado de manera clara y oficial a favor ni en contra de ninguno de estos tres estadios de relaciones con la fe de otras personas. Aunque nos es sabido que la Conferencia General suspendió la relación de la IMMAR con el Consejo Mundial de Iglesias desde el año 1994, enunciando como una de sus razones sus escrúpulos hacia las relaciones de tipo espiritual en las modalidades interconfesional e interreligiosa, no podemos decir que esto signifique una declaración explícita sobre su visión de lo que debería ser un ecumenismo teológicamente aceptable. Quienes dirigimos o colaboremos con El Evangelista Mexicano tendremos nuestras propias definiciones firmes a título personal sobre este particular, pero ninguna puede aún representar el sentir del metodismo mexicano.

Mientras el tema sigue en discusión, no podemos ocultar nuestra sorpresa al notar una inconsistencia de pensamiento sobre todo entre algunos de nuestros pastores e iglesias de orientación carismática. Y no lo decimos en detrimento de las aportaciones que nos ha hecho el movimiento carismático, sino como un señalamiento del peligro que siempre representará el abrirnos a la riqueza de la experiencia con el Espíritu de Dios, apertura que nos reclama una mayor responsabilidad. Mientras que algunos, de manera apasionada, han condenado el ecumenismo interreligioso, han caído a la vez en sincretismos que integran al culto y doctrina cristianos elementos judíos (el judaísmo es una religión no cristiana) y creencias metafísicas ajenas a la religión cristiana, como los son la llamada guerra espiritual, la sanidad interior y las maldiciones generacionales, entre otras. Necesitamos elaborar mejor nuestras posturas y cuidar su aplicación en la vida práctica de la iglesia de nuestro Señor.

Pbro. Bernabé Rendón M.

 

Intolerancia religiosa

¿Libertad religiosa?

 

Unos 8.000 cristianos viven su fe

a escondidas en Marruecos

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Ventana de una casa en Marruecos. / Freeimages.com

 

Según el Informe del Departamento de Estado de EEUU, los cristianos llevan su fe en secreto para evitar las denuncias de vecinos y aún familiares con la connivencia del gobierno.

 

19 DE AGOSTO DE 2014, RABAT

Según el  Informe del Departamento de Estado sobre libertad religiosa en el mundo en 2013,  Marruecos continúa siendo un lugar en el que los cristianos no pueden practicar su fe en libertad a causa de presiones familiares, sociales y gubernamentales.

El informe, que fue presentado por el secretario de Estado John Kerry hace unas semanas, explica que en Marruecos hay unos 8.000 cristianos.

Otra de las minorías religiosas a las que hace referencia es a los judíos, los cuales se cuentan unos 4.000 en el país del norte de África. Sin embargo, la situación de ambos grupos es muy diferente.

TRATO DESIGUAL

La comunidad judía cuenta con libertad para la práctica de su culto y tradiciones, según se desprende del informe. «Los judíos practican abiertamente su fe y tienen sus festividades reconocidas». Además, miembros de la comunidad judía han sido reconocidos en posiciones de alto nivel estatal, entre ellos André Azooulay, consejero del rey Hassan II.

Marruecos cuenta, asimismo, con «tribunales judíos» que se ocupan de casos relacionados con el estado civil de las personas de fe judía – matrimonio, divorcios o el reparto de herencias-.

Los judíos, unos 4.000, se encuentra repartidos en Casablanca (unos 2.500), Rabat, Marrakech (un centenar en cada ciudad) y el resto repartidos en pequeñas comunidades en todo el país.

Para los cristianos, sin embargo, la situación es muy diferente. Su número ha aumentado en los últimos años, teniendo en cuenta que en 2009 la diplomacia estadounidense reconocía unos 5.000 en el país.

La cifra ahora ha subido hasta los 8.000, los cuales no cuentan con las mismas libertades para practicar su fe. «Muchos permanecen ocultos por miedo a ser controlados por el gobierno y perseguidos por la sociedad», dice el informe.

PERSECUCIÓN TOLERADA

En el trato a los cristianos, según el informe, no hay un parámetro común. El gobierno dice ser tolerante hacia la práctica del cristianismo y suele conceder «beneficios fiscales, provisión de tierras, subsidios y exenciones aduaneras» para las actividades religiosas. Sin embargo, algunos cristianos marroquíes son «perseguidos» en la sociedad, a veces sin ningún tipo de intervención del gobierno para defenderlos, dice el informe.

Peor aún, muchos de ellos dicen que reciben llamadas telefónicas o visitas de las autoridades en su casa. El gobierno recopila información sobre los cristianos y sus vínculos para vigilarlos. Otros cristianos conversos marroquíes dicen que son sometidos a «presiones» de las autoridades para renunciar a su fe, lo que incluye amenazas de informar a sus empleadores con el riesgo de quedarse sin trabajo.

Según el Departamento de Estado, la ley que prohíbe la conversión de un musulmán a otra religión, así como la prohibición del proselitismo, lleva a muchos ciudadanos a vivir su fe en secreto. En general, evitan asistir a lugares de culto cristianos reconocidos y se reúnen regularmente en «iglesias en casas», una práctica bastante extendida en el sur del reino.

EL CASO DE BALADI

Las cifras de 2010 revelan que el 99,9% de la población marroquí es musulmán. Todas las demás religiones comparten el 0,1% restante, de los cuales los cristianos son la mayoría. El informe del Departamento de Estado dice que el gobierno estadounidense continuará con sus esfuerzos (organización de debates interconfesionales, entrevistas con las autoridades locales), a través de su embajada en Marruecos para promover la libertad religiosa en todo el reino.

El pasado año, llamó la atención el caso de  Mohamed El Baladi, un cristiano de Tanuat que fue acusado de proselitismo, encarcelado y juzgado prematuramente  y sin posibilidad de defensa. La movilización internacional y la acción de grupos pro derechos humanos en Marruecos ayudaron a que  el caso fuera revisado  y, después de varios meses, el tribunal rectificara su decisión inicial,  dejando al cristiano en libertad.

Fuentes: Protestante Digital, Yabiladi

Editado por: Protestante Digital 2014

 

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