Categoría: Reflexiones

La Santidad en la Vida del Cristiano

La santidad en la vida del cristiano

La justificación es un acto, la santificación es un proceso.

Tomás Gómez Bueno

La salvación es todo lo que el Señor hace por nosotros cuando vamos ante su presencia y reconocemos que somos pecadores y necesitamos aceptarle para gozar de su comunión plena. La salvación implica la liberación del pecado, de la muerte eterna, además de la culpa sicológica que deriva de quebrantar los mandamientos divinos.

Ser salvo es ser una nueva criatura, es iniciar una nueva vida en la que reconocemos a Jesús como nuestro Señor. Se trata de un hecho recordable que se produce en un tiempo concreto en la vida de cada creyente. El impacto y realidad de la salvación es lo que nos da conciencia de que estábamos perdidos, de que estábamos alejados de Dios y de sus promesas; sin embargo, ya salvos somos reconciliados con Él y reconocidos como sus hijos con pleno derecho a todas sus bendiciones y promesas.

El creyente recibe el testimonio de la salvación a través del Espíritu Santo que mora en su vida. Este mismo Espíritu es el que motiva ese gozo inefable que acompaña a cada cristiano. Existe la plena certeza en el cristiano que los males de este mundo serán un día erradicados; incluso, los tormentos de la vida personal se sufren en la esperanza de que pronto serán felizmente superados.

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Confrontando las Paredes que nos Dividen

Los Revs. Joel Hortiales (centro, de azul) y David Farley (a la derecha de Hortiales) junto a feligreses de la iglesia fronteriza en Tijuana, México, mientras levantan sus brazos hacia el cielo debajo de la cerca que marca la frontera con los Estados Unidos. Foto: UMNS/Mike DuBose.

Confrontando las paredes que nos dividen

Con la tensión racial que ha estado creciendo a través de los Estados Unidos de América y el mundo, el Rev. Brittney Stephan dice que es tiempo para la gente de fe de confrontar los muros de odio, injusticia, y temor.

Brittney Stephan
Director Asociado de la comisión “Multicultural Vibrancy”, Conferencia de Michigan de la Iglesia Metodista Unida de los EUA

Traducción: Pedro Manrique Bustos Dávalos
Pastor en la Conferencia Anual Oriental de la Iglesia Metodista de México, A.R.

Hay una frase popular que dice, “Cuando tienes más de lo que necesitas, construye una mesa más larga, no un muro más alto”. Similarmente, en el himno Walls Mark Our Bound’ries (Los Muros Marcan Nuestras Fronteras), la Dr. Ruth C. Duke exclama, “Las mesas están haciendo lugar para uno más, dándoles la bienvenida a amigos que no hemos conocido aún. Así que, ¡constrúyenos una mesa y derrumba el muro! ¡Cristo es quien recibe, hay espacio para todos nosotros!”

Hay multitud de maneras en las que la Iglesia debería liderar el movimiento del espíritu de hospitalidad y de recibimiento al que es diferente. Tristemente, encontramos que lo opuesto es real para muchos de nosotros. Debemos entender que ser el Cuerpo de Cristo en una verdadera comunidad Cristiana es fundamentalmente contradictorio al miedo a aquellos que son diferentes a nosotros.

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Educación y Ciudadanía Crítica

Educación y ciudadanía crítica

Para aspirar a tener una ciudadanía crítica, la educación ha de poder librarse de las disfunciones de sesgo marcadamente ideológico.

Xavier Pericay

A Marta Martín

Resulta hasta cierto punto natural tomar a Francia como arranque de este artículo. Una palabra como ciudadanía remite inevitablemente a ella. Y luego está Jules Ferry, aquel ministro de Instrucción Pública de la Tercera República que allá por 1880, año más, año menos, empezó a poner los cimientos de la educación gratuita y obligatoria, esa de la que todavía gozamos en los países económicamente desarrollados. No lo tuvo fácil, Ferry. Hasta entonces, y a pesar de algunos vaivenes en tiempos revolucionarios y posrevolucionarios, la instrucción –que así es como se llamaba lo que luego se conoció como enseñanza y luego aún como educación– había estado en manos de la Iglesia y sus beneficiarios. Ferry, pues, le dio carácter universal mediante la gratuidad y la obligatoriedad, a las que unió, last but not least, la laicidad.

Un carácter universal cuya plasmación más límpida acaso sea la famosa circular que el político republicano dirigió a los maestros en noviembre de 1883, al abandonar el Ministerio de Instrucción Pública para hacerse cargo del de Asuntos Exteriores. En ella, tras aludir a las ventajas que, a su juicio, iba a reportar en el futuro el que la enseñanza de una forma cualquiera de dogma particular hubiera sido excluida del programa obligatorio y sustituida por una enseñanza moral y cívica –en otras palabras, que el ámbito de las creencias, libres y personales, estuviera por fin separado del de los conocimientos, comunes e imprescindibles–, Ferry recurría a un ejemplo para que ningún maestro se llamara a engaño respecto a la naturaleza de esa nueva enseñanza:

Si en alguna ocasión no supiera hasta dónde le está permitido llegar en su enseñanza moral, he aquí una regla práctica a la que puede ceñirse. Al proponer a los alumnos un precepto, una máxima cualquiera, pregúntese si conoce un solo hombre honesto al que pueda ofender lo que va a decir. Pregúntese si un padre de familia, uno solo, insisto, presente en su clase y a la escucha, podría negar su asentimiento a lo que le oiría decir. Si es así, absténgase de decirlo; de lo contrario, hable sin tapujos: porque lo que le va a comunicar al niño no es su propia sabiduría; es la sabiduría del género humano, es una de esas ideas de orden universal que varios siglos de civilización han incorporado al patrimonio de la humanidad.

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Pensando en Serio

Pensando en serio

Dr. Carlos Alejandro Muro Flores

“Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio”.

2 Jn. 1:6

Si yo fuera un creyente que perteneciera al grupo LGTB [1] (no lo soy y lo menciono solo para posicionamiento y no a manera de discriminación) y quisiera buscar consejo en las Escrituras para poder llevar mi relación de una manera que agrade a Dios, con sentimientos y compromisos reales con una persona de mi propio sexo, de entrada encuentro un problema: ¡Tristemente no encuentro consejo de parte de Dios ni instrucciones al respecto!

Y pensaría tal vez, ¿en dónde quedo yo? ¿En dónde está el consejo para mi relación? ¿Cómo mejoro de manera escritural mi relación homosexual?

Ya son varios años en los cuales la inclusión o exclusión en la vida activa de los grupos LGTB son agenda de discusión en nuestras denominaciones. Tenemos biblistas e intérpretes a favor o en contra de la traducción e interpretación correcta de los diferentes pasajes alusivos al tema pero POCO o NADA se ha dicho de la AUSENCIA de instrucciones escriturales acerca del comportamiento de estos grupos dentro de la iglesia o de la manera de relacionarse y mejorar una relación como ésta.

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Actos de Justicia

Actos de justicia

Cualquier acto que busque la justicia debida para agradar a Dios debe estar asociado al bienestar de las personas en última instancia.

Noa Alarcón Melchor

Algunos que buscaban un motivo para acusar a Jesús no le quitaban la vista de encima para ver si sanaba al enfermo en sábado.

Marcos 3:2

El que sigue la justicia y la misericordia, hallará la vida, la justicia y la honra.

Proverbios 21:21

Resulta muy sorprendente la disparidad de traducciones que existen para un proverbio tan aparentemente sencillo. Aparentemente, claro está. La estructura sintáctica de Proverbios 21:21 no es complicada. Podría valer como ejercicio para estudiantes de hebreo básico. La frase está dividida en dos predicados bajo un único sujeto; los verbos están en la forma activa, o qal, que sugiere que el sujeto (“aquel que…”) es el que actúa; es decir: no se encuentra con ello, sino que lo provoca. Después pasamos a los objetos en sí, aquello que se persigue y que se encuentra, que son conceptos abstractos y no sustantivos concretos. Es decir, el sujeto de este proverbio no está buscando manzanas u ovejas, sino principios que son inasibles materialmente, pero que existen en un plano que todos compartimos. Está el concepto de misericordia, que otras versiones traducen también por amor, porque la misericordia hebrea es la compasión que experimenta el que ama; está la vida como ese soplo que provoca la existencia, un concepto muy abstracto en el imaginario hebreo. La vida hebrea no tiene exactamente el mismo significado que ahora en castellano, pero sí se tocan en algunos puntos. Para los hebreos, la vida es el bien máximo al que aspirar, abundancia, plenitud, conciencia de la propia existencia como el mejor de los regalos, algo que proviene de Dios y que no se puede recibir de nadie más. También se habla de la honra. Literalmente, en hebreo honra está emparentado con peso. La honra pesa, pero no en un sentido negativo de carga, sino en el sentido, por ejemplo, de una piedra preciosa: cuanto mayor es su peso, mayor es su valor.

Por si este breve repaso lingüístico no fuera ya hermoso, nos encontramos con que dentro de este proverbio hay escondido un principio irreducible: el que busca justicia, encuentra justicia. También encuentra otras cosas, pero la justicia, si se busca (deja claro) se encuentra; pero no de una manera pasiva, porque en ese caso utilizaría otra forma verbal. No: la justicia se busca activamente, y se encuentra activamente. Es causa y consecuencia. Repite dos veces esa justicia en el original, aunque algunas traducciones al castellano hayan preferido traducir la segunda ocasión como prosperidad. No es mala traducción, pero hay que explicarla.

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Dios Está en Movimiento

Dios está en movimiento: un llamado a ser la Iglesia de una manera nueva

Declaración del Concilio Mundial Metodista
en su consulta sobre la Diáspora e Iglesias Migrantes

“Es nuestra oración que este documento inspira iglesias locales a participar en el ministerio de la migración en un nuevo camino para que podamos vivir más plenamente en el reino de la justicia y la paz de Dios”.

Creemos que, en este momento particular, Dios nos está llamando a ser la iglesia de una manera nueva. En el espíritu de Pentecostés, iglesias de la tradición metodista se reunieron recientemente fuera de Londres. Fuimos llamados en conjunto por el Consejo Metodista Mundial (WMC, por sus siglas en inglés) para explorar las preocupaciones entre las iglesias que se estaban formando los migrantes en sus nuevas tierras y las preocupaciones de las iglesias de larga data en los países de acogida. En esencia, nos llamaron para explorar lo que John Wesley en realidad quería decir cuando dijo: “El mundo es mi parroquia”. Juntos, este grupo poco probable de personas de la familia metodista global con diferentes roles de diferentes países llegó a estar abierto a la circulación de El espíritu santo. Lloramos juntos, reímos juntos, y escuchábamos juntos para nuestras historias de la migración.

Pronto nos dimos cuenta que todos teníamos historias de migración. Y nos dimos cuenta de que todos teníamos historias de ministerio con los inmigrantes. Afirmamos que la migración es difícil, pero que la migración también trae nuevas ideas, posibilidades y oportunidades, para inmigrantes y de acogida por igual. El dolor y el sufrimiento y la pérdida que todo el mundo siente por la migración, también puede convertirse en la curación y la esperanza e incluso alegría. En nuestro tiempo juntos, nos dimos cuenta de que todo el mundo, incluso si nunca hemos dejado nuestro país de nacimiento, tiene un anhelo para el hogar – el lugar que fuimos, el lugar en el que estamos ahora, o un nuevo lugar seguro.

Nos dimos cuenta de que las historias que estaban diciendo eran historias de transformación por el Espíritu Santo.

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El Morir es Ganancia

El morir es ganancia

Dr. Ernesto Contreras Pulido

Pablo, bajo inspiración del Espíritu Santo, escribió: “Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte; porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Más si el vivir en la carne resulta para mí, en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”.

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios; y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

“Será entonces que la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descenderá del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido, y Dios mismo (Jesucristo), estará con ellos como su Dios. Y ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas habrán pasado”.

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