Categoría: Artículos de Reflexión

Las Religiones Arcaicas

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           drernestocontreras@hotmail.com

Llamamos religión, sea cristiana o no, al conjunto de dogmas, ritos, ceremonias, formas de adoración y alabanza, que se practican con el fin de relacionar al ser humano con el ser supremo, buscando recibir su aprobación y favores. Así, la religión es el esfuerzo del hombre por religarse (establecer una comunión saludable y benéfica) con su Dios o dioses.

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Artículos de reflexión

CARLOS MARTÍNEZ GARCÍA  

La corrupción en América Latina (II)

art.carlos mtz.

Otra forma de comprender los estragos causados por la corrupción es ver cómo ha sido reflejada en la literatura del Continente.

De KAIRóS Y CRONOS AUTOR Carlos Martínez García

02 DE JULIO DE 2016 22:30 h

Otra forma de comprender los estragos causados por la corrupción es ver cómo ha sido reflejada en la literatura del Continente. Mario Vargas Llosa escribió la novela Conversación en la catedral, una ficción dolorosamente real, en la que condensa los efectos sociales y culturales del ochenio de la dictadura militar en el Perú del general Manuel Apolinario Odría (1948-1956). En esos ocho años, dice Vargas Llosa en el prólogo de 1998 añadido a la novela, de “sociedad embotellada estaban prohibidos los partidos políticos y las actividades en grupo que no fueran a favor del presidente Odría, la prensa estaba totalmente censurada, numerosos presos políticos y exiliados. Esa generación paso de ser niños a jóvenes e inmediatamente a ser hombres. El peor de los crímenes no eran esos sino que había una gran corrupción que afectaba sectores e instituciones, envileciendo la vida entera”.1

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Te loamos, Oh Dios

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Este es mi Dios,  y lo alabaré; Dios de mi padre,  y lo enalteceré”.

(Éxodo 15:1-2)

El médico escocés William Patton Mackay (1837-1885), fue el autor del himno «Te loamos, oh Dios», cuya letra la tradujo, del inglés al español Henry W Cragin (1885-1947). El músico John Jenkins Husband (1760-1825), de nacionalidad inglesa, fue quien compuso la tonada «Revive Us Again», con la que se interpreta este himno. John J. Husband fue músico de viola.

HIMNO

Te loamos, ¡Oh Dios!

Con unánime voz,

Pues en Cristo tu Hijo

Nos diste perdón.

Coro:

¡Aleluya Te alabamos!,

¡Cuán grande es tu amor!

¡Aleluya! Te adoramos,

Bendito Señor.

Te loamos, Jesús,

Pues tu trono de luz,

Tú dejaste por darnos

Salud en la cruz.

Te damos loor,

Santo Consolador,

Que nos llenas de gozo

Y santo valor.

Unidos load,

a la gran Trinidad,

Que es la fuente de gracia,

Poder y verdad.

CONTEXTO DEL TEXTO

Es lógico que después de semejante victoria sobre Egipto la alegría y el júbilo se hagan sentir. Por eso, las tradiciones más antiguas ponen en boca de Moisés este cántico que exalta no sólo el prodigio de la liberación de Egipto (1-11), sino también la compañía del Señor a través del desierto, el don de la tierra y su permanencia en ella (12-18). Los versículos 20 y siguientes corresponden a otra antigua tradición según la cual, después de la liberación, María, la hermana de Aarón, dirige a las mujeres en una especie de liturgia con panderetas y danzas para celebrar la victoria. Este cántico es el más antiguo que conocemos.

ENSEÑANZA

  1. Que Dios directamente hace milagros y los hemos visto
  2. Que como consecuencia y en gratitud a su amor por nosotros, le alabamos y glorificamos.
  3. Que la alabanza no se queda allí, en la boca y en el regocijo, se traduce en acción y servicio.

ORACIÓN

Gracias, Dios, por bendecir nuestras vidas a través de bendiciones extraordinarias, que están fuera de la lógica humana, gracias porque muchas veces has dicho sí a nuestras peticiones y congojas y otras veces no. Gracias por tu misericordia y tu amor. Te suplicamos que sigas trabajando por nosotros, para seguir dándote la honra y la gloria, porque aun quienes hemos conocido a Jesucristo, todavía somos orgullosos, traicioneros, egoístas, soberbios, convenencieros y odiosos, y yo soy el primero. Sigue transformando nuestras vidas, para que este mundo sea igualmente transformado. En el nombre de tu Hijo, amén.

juan_pluma

El cuidado de los hijos

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Fernando Pascual, L.C.

No sabían que llegarían a ser “importantes”. Dos palomas pusieron su nido en un rincón aparentemente seguro, junto a una superficie brillante y tranquila. Pero ese rincón era un alféizar: la ventana podía ser abierta o cerrada en cualquier momento, cualquiera podría ver lo que allí pasaba.

El nido, un día, fue descubierto por unos ojos llenos de curiosidad y asombro. Habían nacido dos polluelos. La mamá paloma los protegía con su cuerpo durante horas. Quien abrió la ventana y contempló a aquella pequeña “familia”, llamó a varios niños, entusiasmados al poder ver un nido, al contemplar cómo una paloma daba su cuerpo y su vida para el cuidado de sus pequeñuelos…

Si la escena del nido de palomas conmueve, mucho más debería llenarnos de alegría el descubrir tantos miles de familias donde el padre y la madre se prodigan por cada uno de sus hijos. Es cierto que no están físicamente “sobre” ellos, horas y horas, para calentarlos con su cuerpo. Pero sí lo están de mil maneras, con el cuerpo y con el alma, para cuidarlos, para lavarlos, para nutrirlos, para mantenerlos bien calentitos, para evitarles los mil peligros de la vida.

Ante el nido de palomas de la ventana, un adulto explicaba a una niña de 8 años. “¿Ves esa paloma? Vive continuamente atenta a sus polluelos. Así son todas las mamás: están volcadas sobre sus hijos. Así fue tu mamá contigo, cuando eras más pequeña: te cuidaba, te amaba, estaba dispuesta a todo por ti. No pensaba en sí misma, sino en protegerte a ti y a tus hermanos. Por eso hemos de ser muy agradecidos con nuestros padres, por todo lo que nos han cuidado, por todo lo que nos han dado, por todo lo que han hecho y hacen por nosotros”.

Los padres, especialmente las madres, que han pasado días y noches ante un hijo débil, ante un hijo enfermo, saben muy bien que sus sacrificios eran tan naturales como es natural el amor. Porque lo propio del amor es ese darse completamente para el bien del otro, especialmente del hijo, sobre todo cuando está necesitado, cuando es más indigente, cuando se encuentra desprotegido; sobre todo cuando es una pequeña creatura que respira ansiosamente si nota un vacío a su alrededor, y que se serena plácidamente cuando siente sobre su cara el aliento de la madre que lo ama.

Dar gracias a nuestros padres por todo lo que hicieron cuando éramos niños es no sólo un deber, sino simplemente una respuesta de amor a quienes tanto nos amaron. Gracias a ellos la vida apareció ante nuestros ojos como algo sumamente bello. Porque fuimos amados, porque fuimos acogidos, porque fuimos cuidados, porque fuimos guiados en los primeros pasos.

La vida es bella. Sobre todo, porque encontramos en nuestros padres ese amor que lleva a un hombre y a una mujer a olvidarse de sí mismos para darse por entero al nuevo hijo, fruto de un amor fecundo. Así aprendimos cuál es el camino más hermoso para vivir la aventura humana: darnos, entregarnos a los demás con alegría y sin límites, por el bien del otro, porque lo queremos, porque vale la pena cualquier sacrificio para que pueda crecer y empezar a amar un día, también él, a quienes vivan a su lado.

— Artículo seleccionado y publicado por el Dr. Ernesto Contreras P.  

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He decidido seguir a Cristo

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Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí,  no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:25-33)

Este es el título de un himno cristiano originado en la India. Sus letras están basadas en las últimas palabras de un hombre en Assan (nordeste de la India), quien junto a su familia –por la predicación de un misionero– fueron a Jesucristo con arrepentimiento y confiando en él como Salvador y Señor (se convirtieron a Dios).

Cuando el jefe de la aldea se enteró de esto, llamó al hombre que se había convertido junto a su familia, a renunciar a su fe; si no, él y su familia morirían. La respuesta de aquel hombre creyente fue comenzar a cantar: “He decidido seguir a Cristo”.

Entonces el jefe de la aldea ordenó a sus arqueros que mataran a los dos hijos del hombre creyente y después (el jefe de la aldea) amenazó con matar a la esposa de aquel creyente. Aquel hombre, aun después de haber perdido a sus dos hijos y estando a punto de perder a su esposa, continuo cantando: “Aun nadie uniéndose, yo seguiré”.

Después de eso, los arqueros mataron también a la esposa de aquel creyente. Finalmente, el jefe de la aldea le había dado una última oportunidad para que aquel hombre salvara su vida física al renunciar a su fe; pero éste no renunció, sino que prosiguió cantando: “La cruz delante, el mundo atrás” –y así fue ejecutado. La historia dice que después de un tiempo, el jefe de la aldea dijo –considerando la fe del hombre creyente: “¡Yo también pertenezco a Jesucristo!”. Así él y toda la aldea se convirtieron a Dios.

¿Los pastores y hermanos, realmente estamos dispuestos a pagar el precio, o estamos en el ministerio y en la fe por comodidad?  El cruel listado de tantos hermanos, la mayoría de ellos anónimos, que aparece en Hebreos 11, y otros muchos, que hoy día son perseguidos sin piedad, y ni siquiera tenemos constancia en las noticias de interés general, es lo que podemos sufrir cualquiera de nosotros, en el momento que menos nos esperamos. Los cristianos en la India, junto a muchos cristianos alrededor del mundo, continúan cantando:

He decidido seguir a Cristo (3 veces)… No vuelvo atrás, no vuelvo atrás.

La vida vieja ya he dejado (3 veces)… No vuelvo atrás, no vuelvo atrás.

Si otros vuelven, yo sigo a Cristo (3 veces)… No vuelvo atrás, no vuelvo atrás.

La Cruz delante, el mundo atrás (3 veces)… No vuelvo atrás, no vuelvo atrás.

El Rey de Gloria me ha transformado (3 veces)… No vuelvo atrás, no vuelvo atrás.

CONTEXTO DEL TEXTO BÍBLICO

En este capítulo leemos palabras de Jesús en contra de los que buscan rango social y favor del trabajo arduo y aun sufrido. No perdamos de vista el propósito de nuestra humildad y auto sacrificio, ¡un banquete lleno de gozo con nuestro Señor! Dios nunca nos pide padecer por amor al sufrimiento. Nunca nos pide dejar algo bueno a menos que planee reemplazarlo con algo mucho mejor. Así es nuestro Señor.

ENSEÑANZA

  1. Jesús me enseña que mi amor por él debe ser genuino y sincero, o si no, no vale.
  2. Que seguirle, o ser cristiano, no es fácil; es darlo todo y renunciar a lo más valioso.
  3. Que Seguir a Cristo es parecerme a Cristo, es darlo todo por él y por quienes él ama.

ORACIÓN

Señor, gracias por amarnos como lo has hecho y como lo sigues haciendo, pero ayúdanos a hacer lo mismo, que eso es tu voluntad, dar todo y renunciar a lo más valioso que tengo. Sé que no es fácil, pero tú puedes ayudarme a hacerlo. Si los cristianos hiciéramos esto, en lugar de crear guerras en tu nombre, otro mundo tendríamos. Bendice a tus hijos verdaderos y sigue trabajando en nosotros para crear un mundo mejor en tu nombre, mediante tu Hijo, amén.

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Las mentiras más comunes de la pornografía

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Los límites morales se están corriendo cada vez más hacia un mundo de sensualidad y erotismo que no respeta edad ni desarrollo y que, por supuesto, no se preocupa de las consecuencias sociales que pueda generar. A continuación, algunas mentiras de la industria pornográfica y sus nefastas consecuencias:

Mentira 1. Mirar películas ‘subidas de tono’ es una ‘travesura inocente’. 

Hay quienes afirman que la pornografía es simplemente una ‘válvula de escape’, una forma agradable de disipar los impulsos sexuales, un derecho personal privado que no daña. Si bien es cierto que muchas personas luego de la repetición de las mismas imágenes pierden el interés, otras, caerán en el terreno de las adicciones sexuales.

Mentira 2. Mirar pornografía agrega una chispa de pasión al matrimonio.

Muy por el contrario, el consumo de pornografía a menudo roba espontaneidad y agrega problemas. Este tipo de películas muestra a mujeres, casi siempre jóvenes, que realizan cualquier tipo de práctica en cualquier clase de situación o lugar y con cualquier número de compañeros. Los hombres terminan pretendiendo que sus esposas se parezcan en algo a las actrices fogosas y desinhibidas que ven en dichas películas. Además, el mirar pornografía despierta fantasías por nuevos comportamientos y, cuando el cónyuge es reticente a participar, es agredido/a; enojos, insultos y amenazas surgen con frecuencia.

Mentira 3. Los hombres van directo al grano… ¡y a las mujeres les gusta! 

La pornografía no considera los sentimientos de las personas. No valora el amor, la dulzura o el romance. Nunca se ven besos, caricias, ternura y afecto. No existen mujeres con celulitis ni estrías producto de un embarazo o el paso de los años. Al contrario, lo único que se ve es genitalidad en personas jóvenes, desinhibidas y aparentemente felices. El cine ‘porno’ nunca muestra el tiempo que tardan los actores en excitarse para la ‘función’, por lo que las personas creen que en la vida las cosas funcionan así. Sin embargo, la importancia del tiempo previo y del amor romántico es totalmente indispensable no sólo para que la mujer no experimente dolor durante o después de la penetración, sino también para el propio hombre, pues mejora el placer durante el orgasmo.

En definitiva, la pornografía es, por sobre todas las cosas, una gran mentira. Todo lo que ofrece es un estimulante sexual, por lo que además de ser una gran mentira es una forma reducida y empobrecida de la sexualidad. Pero lo que es peor, va dejando imágenes acumuladas en el cerebro que llevan a rememorar lo visto y creer que eso puede ocurrir en algún momento de la vida. Como consecuencia surge la frustración por lo cotidiano, el deseo por experiencias similares a las vistas y la pérdida de tabúes sexuales en un mar de lascivia y excitación.

Las mentiras más comunes de la pornografía II

A las mujeres les gusta el sexo fuerte. Mentira.

Las películas pornográficas presentan a las mujeres como objetos que desean ser penetradas, tratadas con rudeza, sometidas y dominadas. Esta es una peligrosa mentira. No sólo las mujeres sino la inmensa mayoría de los hombres no comparten la idea de violencia en el acto sexual. La relación podrá ser más fogosa e intensa algunas veces, pero nunca violenta. La pornografía intenta naturalizar la violencia hacia la mujer.

Las 1001 posiciones para hacer el amor. Mentira.

Las películas XXX presentan tantas posiciones para practicar el sexo como días tiene el año. Por supuesto que algunas requieren de verdaderos acróbatas, pues son un gran desafío a las posibilidades del cuerpo humano.

Todo espectáculo termina con estrellitas de colores. Mentira.

Los encuentros sexuales terminan con un orgasmo a ‘gran escala’. La medida habitual de eyaculado en la población en general es de apenas 1.5 a 4 ml, algo tan poco interesante que ha obligado a la industria pornográfica a maximizarlo con distintos ingredientes: desde leche condensada a otros con similitud visual al semen. Por su parte, si bien es cierto que la mujer puede tener varios orgasmos en una misma relación sexual, no es lo más frecuente, y sólo se presenta en una proporción ínfima del total de relaciones.

La pornografía no es adictiva. Mentira.

Varios estudios han demostrado que muchas personas que ven pornografía desarrollan el deseo de ver material cada vez más perverso. A raíz de ello comienzan a emplear métodos cada vez más violentos en sus relaciones sexuales. Los psiquiatras británicos Martin Roth y Edward Nelson han declarado que “lejos de tener un efecto catártico, el ver pornografía produce un mayor interés en la desviación sexual”. Una de las más poderosas adicciones hoy en día es la pornografía. Hace desear más y más, como el alcohol o las drogas. Nunca es suficiente. La adicción paraliza la espiritualidad, pervierte la forma de ver el mundo, deforma la vida social y destruye cualquier posibilidad de ser efectivos en el ministerio. Si tienes problemas con el consumo de pornografía, escríbenos. Nuestro deseo es que puedas superar esta dependencia con la ayuda de Dios.

Tomado de:

nexo_cristiano_mexico@googlegroups.com / boletinplaceresperfectos@gmail.com

Una Experiencia de Pascua

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María Teresa Martínez

Aquella mañana, el sol lucía especialmente brillante, parecía que adivinaba la intensidad de nuestra fiesta; el mundo cristiano y evidentemente la Iglesia Getsemaní (IMMAR en la Ciudad de México, de la CAM), se vistieron de gala para celebrar el inicio de la Pascua.

Emotivo, como siempre, nuestro pastor inició el mensaje y reiteró “Cristo Vive”; el Presbítero Moisés Morales Granados compartió su mensaje “La Fiesta de la Pascua”, y nuestras mentes viajaron con su relato.

Entristecimos, al imaginar ese momento de desolación, de las mujeres que fueron al sepulcro del salvador y no encontraron su cuerpo. Las lágrimas de María Magdalena y su desesperado reclamo dónde se han llevado al Señor?

La imagen me remitió a situaciones ríspidas, de antaño, cuando mi muy frágil fe de entonces me llevaba a clamar, ¿dónde estás Señor?, y paradójicamente, a encontrar la misma respuesta que dio el amoroso Resucitado a María Magdalena, ¿por qué lloras si estoy junto a ti?

Si bien todos tenemos pruebas, en ocasiones provocan llanto, hoy sabemos perfectamente bien, el único Dios y rey está con nosotros de noche y de día, hoy, mañana y siempre. Esa es la pequeña gran diferencia, nada más y nada menos.

Volvamos a tocar el desconsuelo de Magdalena, que al mismísimo Jesús de Nazaret cuestionaba, ¿tú te lo llevaste? Y ahora, felices, regresemos a ese sublime instante de la historia cuando reconoce María Magdalena al nazareno y seguramente, con toda la dicha del mundo, intentó abrazarlo y exclamó, ¡raboni!, cuyo significado es, ¡maestro!

El Domingo de Resurrección da inicio al periodo de cincuenta días, denominado La Pascua; Jesús, nuestro camino, verdad y vida,  ese día, pidió a María Magdalena no le tocase; aún no había subido al Padre y también le pidió avisar a sus discípulos, ¡Jesús había resucitado!

Según el relato de Juan, llegó la noche y visitó a sus amados discípulos para decirles: “Recibid el Espíritu Santo” y ellos se regocijaron inmensamente por verlo; recordaron, dicho estaba, resucitaría al tercer día y lo ratificaron, su fe no fue en vano.

La semana siguiente, entre sus discípulos se encontraba Dídimo, mejor conocido como Tomás, quien no daba crédito a la dimensión del evento y ante su sorpresa afirmó: Si metiere mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, entonces creeré.

Lejos de enojarse, paciente y misericordioso, ante la precaria fe de Tomás y la barbarie de sus palabras, el rey de reyes permitió le tocase, y le dijo: Porque me has visto, creíste; bienaventurados, los que no vieron, y creyeron.

Este fragmento bíblico y Tomás trajeron a mi memoria circunstancias del tiempo pasado, cuando me preguntaba si Jesús existía;  de repente, me sentí profundamente contenta. Emocionadísima me dije, ¡Cristo Vive!, y sabemos no es una frase, es nuestra más importante y amorosa realidad.

Jesús me levantó

jesusmelevanto

Salmo 113:1-9

Este himno fue escrito por Carlos Hutchinson Gabriel, quien nació en Iowa, E.U.A., en el año de 1856, y murió en 1932. Creció en un ambiente evangélico, y desde muy pequeño tuvo la habilidad de tocar el órgano de la familia. A los 16 años se inició como maestro de escuela de canto y llegó a ser el compositor más conocido. Fue director de canto en Iglesia Metodista Episcopal de San Francisco, California. Más tarde se cambió a Chicago, Illinois. Editó 43 libros de cantos, 7 himnos para coros, 23 cantatas, entre otras obras.

Aunque este himno no fue inspirado en el Salmo 113, éste nos dice que Dios se humilla para levantarnos, como en nuestro caso, Jesús se humilló y nos levantó para ser sus hijos y darnos la salvación. Es uno de mis himnos favoritos, así como el Salmo, porque describe mi situación.

HIMNO

Mi Salvador en su bondad

Al mundo malo descendió,

Y de hondo abismo de maldad,

Él mi alma levantó.

CORO

Seguridad me dio Jesús

Cuando su mano me tendió;

Estando en sombra, a plena luz,

En su bondad me levantó.

Su voz constante resistí,

Aunque Él amante me llamó,

Más su palabra recibí

Y fiel me levantó.

Tortura cruel sufrió por mí,

Cuando la cruz Él escaló,

Tan sólo así salvado fui,

Y así me levantó.

Que soy feliz, yo bien lo sé,

Con esta vida que Él me dio;

Más no comprendo aún por qué

Jesús me levantó.

CONTEXTO DEL TEXTO

Salmo 113. Con este salmo comienza una colección de seis himnos (113–118) que la tradición rabínica llama Halel, palabra vinculada con la exclamación litúrgica Aleluya, ¡Alabado sea el Señor! Estos salmos se cantaban en las principales fiestas litúrgicas de Israel, especialmente en la celebración de la cena pascual (Mt. 26.30).

Dios sobrepasa los órdenes sociales de este mundo, eligiendo a menudo a sus líderes y embajadores futuros de entre los desechos sociales. ¿Trata usted a los despreciados por la sociedad como si tuvieran algún valor? Demuestre mediante sus acciones que todas las personas son valiosas y útiles ante los ojos de Dios.

ENSEÑANZA

  1. Que Dios en su amor nos envió a su Hijo quien se humilló y así nos dio un gran valor.
  2. Que nosotros, siendo nadie, Jesús en su bondad nos levantó y nos hizo semejantes a él.
  3. Que ahora nosotros, en gratitud, tenemos qué publicar su bondad a fin de que otros sean bendecidos.

ORACIÓN

Señor, gracias por darnos himnos como este, nos recuerdan de tu Amor y el Amor de Jesús  para darnos un lugar en tu Reino, y un lugar en la sociedad donde vivimos. Gracias porque en ti nos movemos y somos. En este mundo con una crisis de valores y lleno de violencia, danos el gozo de proclamar tu bondad y tu amor de modo que sean erradicadas la violencia y la maldad. Danos la bendición de ver un mundo nuevo, en el nombre de tu Hijo. Amén.

juan_pluma

Conservación de los recién convertidos

discipulado

Jesús quería que el recién convertido se iniciara en forma inmediata en el proceso de discipulado. Esto requiere un evangelismo con integridad. La tarea de la iglesia no termina hasta que el convertido haya sido: Preparado para ser bautizado. Preparado para su profesión de fe. Ser enseñado y adiestrado para realizar la obra del ministerio de: ganar, enseñar y adiestrar a otros. Si como iglesia no desarrollamos un ministerio de evangelismo / discipulado con integridad, tendremos una congregación con: Miembros no regenerados. Miembros que son como ovejas sin marca. Miembros sin compromiso con su iglesia local o denominación específica. Creyentes desocupados, no adiestrados para poder continuar la obra del Señor. El evangelismo es más que ganar almas para Cristo. No termina con la conversión, de la misma manera que una vida plena no termina con el nacimiento. ES SOLAMENTE EL COMIENZO.

PRESENTACIÓN DE LA CRIATURA ESPIRITUAL

El Hno. Cuau, como discípulo de Jesús y mi experiencia con Dios en el “Ministerio de Haced Discípulos”, que me comprometí a llevar a cabo, desde hace treinta años y lo seguiré compartiendo hasta el momento que me llame a su presencia, les recomienda los siguientes pasos con un creyente nuevo, inmediatamente después de su conversión, los cuales le ayudarán a tener la seguridad de su salvación y a comprender como crecer en su vida cristiana.

Cuando una persona nace de nuevo, debemos saludar a la nueva criatura y decirle: ¡BIENVENIDO A LA FAMILIA DE DIOS! Romanos 8:16 “EL Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. La Biblia declara quienes son hijos de Dios Juan 1:12 “Mas  a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad se ser hechos hijos de Dios.” Decirle, usted entró a formar parte de la familia de Dios por medio de un nacimiento espiritual. Juan 3:6,7 “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.” Puede estar seguro de tener vida eterna (1Juan 5: 11-13). Como criatura de Dios usted debe crecer y madurar (Colosenses 2:6,7). Aunque tiene la vida eterna, apenas acaba de empezar esta vida. Necesita darse cuenta que es una criatura espiritual; sin importar la edad física que tenga. La criatura necesita muchas cosas para sobrevivir.

PRIMER PASO: ALIMENTARSE DIARIAMENTE DE LA PALABRA DE DIOS. La Palabra de Dios es indispensable para el crecimiento espiritual, así como el alimento es necesario para el desarrollo físico. 1Pedro 2:2,3 “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor.” Le ayudará a crecer LEALA DIARIAMENTE; le guiará en la vida diaria; ESCUCHELA CUANDO SE ENSEÑA Y PREDICA LA PALABRA DE DIOS; le protegerá del mal, MEMORICELA Y EMPIECE A OBEDECERLA; le enseñará cómo vivir la Palabra, ESTUDIELA; le inspirará MEDITE EN ELLA; es práctica, OBEDEZCALA Y PRACTIQUELA; para tener un estilo de vida diferente que le agrade a Dios.

SEGUNDO PASO: ORAR CON REGULARIDAD. La oración es esencial para el crecimiento espiritual igual que la respiración es para el crecimiento físico. Debe mantener su comunión diaria continuamente con Dios, por medio de la cual le hablamos y le escuchamos. Es como exhalar y respirar el oxigeno para la vida. Necesita saber cómo confesar sus pecados para tener un corazón puro y limpio de toda mancha y maldad. Tendrá la seguridad que Dios escucha a un corazón contrito al orar y Dios le guiará a vivir correctamente.

TERCER PASO: UNIRSE A SU NUEVA FAMILIA EN LA IGLESIA CADA DOMINGO. La criatura espiritual necesita un ambiente correcto, una familia que le demuestre su amor. La Iglesia o congregación es esencial para el crecimiento espiritual así como el hogar es necesario para que una criatura  crezca. Lo que un buen hogar y una buena familia son para cualquier criatura, la congregación lo es para el nuevo creyente. El pueblo de Dios, la Iglesia, es su nueva familia. Se regocijarán en el hecho de su nuevo nacimiento. Le aceptarán y amarán. Le animarán y darán apoyo. Le enseñaran y capacitarán para su diario vivir. Adorarán a Dios con usted. Se declara nuestra aceptación de Cristo y de nuestra nueva familia, siendo bautizados, (Hechos 2:41,47). El bautismo es un testimonio simbólico de su fe en la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. No salva, pero muestra su obediencia al ejemplo y a las enseñanzas de Cristo. El bautismo es el primer acto físico que usted podrá hacer para mostrar su agradecimiento y obediencia al Señor.

CUARTO PASO: COMPARTIR SU FE PRONTO. La comunicación de su fe a otros es tan importante como lo es que una criatura aprenda a comunicarse con otros. Cuando una criatura hace el esfuerzo para comunicarse con otros, aprende y crece; usted también aprenderá y crecerá espiritualmente al compartir con otros su nueva vida en Cristo.

FE EN ACCIÓN: Querido hermano(a) decídase a instruir al nuevo creyente en estos cuatro pasos y dígale a la nueva criatura espiritual: Si lleva a cabo estas cuatro cosas, tendrá una vida victoriosa en Cristo. Anímelo y guíelo: A que invierta tiempo en la Palabra de Dios todos los días; ore todos los días; sea bautizado, sea instruido para su profesión de fe y se reciba en nuestra querida Iglesia Metodista como miembro en plena comunión y forme parte activa de su Iglesia, y hable con otros acerca de Jesús. Enséñele el principio de vida de dar sus diezmos y ofrendas, “Mas bienaventurado es dar que recibir”, 2Corintios 9:7 “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” El Hno. Cuau da testimonio de todo lo anterior, bajo la autoridad de la Palabra profética más segura y declaro que la vida del recién convertido, será enriquecida y bendecida.

  • Tomado del Plan Maestro de Discipulado Cristiano y de mi experiencia personal con Dios en el Ministerio de Formación de Discípulos Espirituales.

Hno. Cuau

cuau

Cristo me ama, bien lo sé

cristo

Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los cielos” (Mateo 19:13-15)

Esta popular canción es querida por niños y adultos por igual desde que fue escrita en 1860. Anna B. Warner escribió la versión original, y más tarde David Rutherford McGuire le añadió la segunda y tercera estrofas. La hermana de Anna, Susan, le había pedido que escribiera una canción para una maestra de la Escuela Dominical, quien quería alegrar a un niño moribundo. ¡Sin duda la letra les ha dado una sonrisa a muchos niños y seguridad a los adultos! La canción apareció por primera vez en una novela, Say and Seal. En 1862, William B. Bradbury compuso la música y le añadió el coro. Lo siguiente es la rica letra de la canción «Cristo Me Ama, Bien lo Sé”.

CRISTO ME AMA

Cristo me ama, bien lo sé,

Su Palabra me hace ver

Que los niños son de aquel

Quien es nuestro amigo fiel.

CORO

Cristo me ama, Cristo me ama,

Cristo me ama, La Biblia dice así.

Cristo me ama, pues murió,

Y el cielo me abrió;

El mis culpas quitará,

La entrada me dará.

Cristo me ama, es verdad,

Y me cuida en su bondad;

Cuando muera, bien lo sé,

Viviré allá con él.

CONTEXTO DEL TEXTO

En este capítulo, el tema es el divorcio, el matrimonio y la historia del joven rico, en el intermedio está el suceso con los niños. Juan el Bautista fue a la cárcel y murió por expresar en público sus opiniones sobre el matrimonio y el divorcio, y los fariseos esperaban atrapar también a Jesús.

Trataron de hacerle caer en la trampa de adoptar una postura en una controversia teológica. Dos grupos principales tenían puntos de vista opuestos sobre el divorcio. Un grupo defendía el divorcio casi por cualquier razón. El otro creía que el divorcio podía permitirse sólo en caso de infidelidad conyugal. El conflicto giraba alrededor de la interpretación de Deuteronomio 24:1-4 y 19:4-6. Pero en su respuesta, Jesús se refirió más al matrimonio que al divorcio. Subrayó que la intención de Dios siempre había sido que el matrimonio fuera permanente y para manifestar su importancia dio cuatro razones. Así en medio de la controversia, Jesús manifiesta su amor por los niños.

ENSEÑANZA

  1. Que los niños son inquietos y siempre estarán hasta en los momentos más solemnes.
  2. Jesús ama a los niños, y lo demuestra diciendo que de ellos es el Reino de los cielos.
  3. Que en otra ocasión Jesús dijo que tenemos que ser como los niños, es decir, naturales, propios y sinceros.

ORACIÓN

Señor Jesús, gracias porque en medio de toda la problemática de la humanidad, dedicas un tiempo a nuestros niños y niñas, así como lo hiciste hacia la gente vulnerable de tu tiempo en esta tierra. Gracias porque amas a los niños y niñas, y sobre todo a los que son pobres, explotados y marginados. Señor, te suplicamos porque tengas piedad por los niños y niñas que nada tienen que ver con las guerras de los adultos por el poder y el dinero, por los niños y niñas que no tienen qué comer y son explotados, abusados y violados, e igualmente a los niños y niñas de los ricos que lo tienen casi todo, pero no te tienen a ti. Bendice a los papás de esos niños y niñas. Señor, defiende, protege y abraza a los niños y niñas pobres, a los que están en esas guerras sin sentido humano. Dios, en el nombre de Jesús. Amén.

juan_pluma

Educación y Deseducación Sexual

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Por Fernando Pascual, L. C.

Es posible explicar lo que es el sexo de muchas maneras. Una, por desgracia, aparece (distorsionada), cuando menos lo esperamos en un programa de televisión. Otra puede ser ofrecida (en forma tendenciosa), en una escuela, bajo las indicaciones de la Secretaría de Educación. Otra, puede darse en casa, por los papás o los hermanos mayores. Otra, (generalmente sin un trasfondo moral), se puede recibir en la calle, entre los amigos, en una taquería… Desde luego, hablar de «educación sexual» implica algo más que explicar lo que es el sexo.

Con un poco de sentido común podemos comprender cómo el misterio de la vida, en muchas especies animales y también en muchas plantas, se transmite gracias a la combinación de cromosomas que vienen (a razón de un 50% por progenitor), del padre y de la madre. Pero el hombre es capaz de descubrir otra dimensión de la sexualidad: la de una plenitud, la de un gozo intenso, la de una continuación del amor. Esta segunda dimensión, por desgracia, puede degenerar en búsqueda egoísta de placer, y entonces el sexo se convierte en algo parecido a la droga o al alcohol. Para algunos parece que «educación sexual» significa: «disfruta, pero ten cuidado, no sea que tu compañera quede embarazada». «Disfruta, pero mira que, por ser mujer, puedes verte, por sorpresa, esperando un hijo».

El así llamado «sexo seguro» pretende ser un método para que no se inicie una nueva vida y para que tampoco ni el chico ni la chica (ni el señor, ni la señora) puedan contraer alguna enfermedad de origen sexual, como el SIDA. De este modo, consideramos (y tácitamente apoyamos la idea de) que nuestros jóvenes (y algunos adultos) no son capaces de controlarse, y de disfrutar (adecuadamente el sexo, y que) a pesar de los muchos riesgos que esto implica, (necesitan incontrolablemente) lanzarse a la aventura del «don Juan» sin (importar, o) pensar en lo que luego pueda ocurrir. La difusión del preservativo, o los programas de ventas de píldoras anticonceptivas o abortivas, demuestran para algunos, que los demás son incapaces de vivir su sexualidad de otra manera (conveniente y saludable). Que el sexo, como todo lo humano, no puede vivirse «con altura», (responsablemente), desde un compromiso serio y sincero, dentro del matrimonio entre un hombre y una mujer que se aman de veras, sin egoísmos, ni trampas engañosas.

Por lo mismo, se hace urgente iniciar un nuevo tipo de educación sexual. El presupuesto de partida no puede ser otro que éste: cada hombre y cada mujer puede ordenar y controlar sus propios actos, por fines y amores más elevados que los simples instintos del placer y del miedo. Cada hombre y cada mujer están llamados a vivir el amor con responsabilidad, y esta responsabilidad también debe darse cuando se unen sexualmente dentro del matrimonio, en el marco del mutuo respeto (fidelidad), y amor generoso. Cualquier otro tipo de relación sexual lleva a dos callejones que no son dignos del hombre: o se inventan trucos para evitar (engendrar) un hijo no esperado ni deseado (incluso con su asesinato por medio del aborto), o se trae a este mundo a un nuevo ser humano en condiciones injustas y peligrosas, como son la falta de unos padres que vivan unidos con un amor verdadero y comprometido.

Un programa de educación sexual que no crea que los jóvenes son capaces de vivir sin relaciones sexuales antes del matrimonio, es un programa que desprecia (o menosprecia), a nuestros hijos, y que también dice (y refleja) mucho de nosotros mismos, de nuestros miedos y egoísmos. Si realmente hay quien cree que un joven es incapaz de la castidad, también, en el fondo, lo considerará incapaz de vivir a fondo un compromiso serio y sincero ante la otra o el otro, (ante la familia, ante Dios), y ante la sociedad entera… O, de otra forma, si quienes promueven el preservativo creen (y estamos seguro que lo creen) que un chico o una chica son capaces de ser «prudentes» a la hora de tener una relación sexual (cosa que las estadísticas sobre los embarazos en las adolescentes, comprueban que no sucede), ¿por qué no se lanzan a proponerles metas más elevadas y más hermosas, como son el poder llegar al matrimonio (vírgenes, y sanos sexualmente), habiendo logrado el mayor respeto recíproco, sin cometer actos sexuales prematuros, e incoherentes con un amor pleno y plenificante?

Vivimos en un mundo en el que los ideales de otras generaciones (como la pureza y la fidelidad), nos parecen inalcanzables. No nos damos cuenta de que, de este modo, quizá un día las próximas generaciones se rían de nosotros porque defendimos valores como la tolerancia, el respeto, la justicia, e «ideales inalcanzables» según ellos… El hombre puede lograr mucho más de lo que puede imaginarse él, y de lo que puedan decir los demás. Tal vez nos hemos acostumbrado a ver lo contrario: el descenso (moral) de quien se deja llevar (necia e imprudentemente), por su cuerpo (dejando sin rienda o control, sus instintos y hormonas), y va ‘de flor en flor,’ (irresponsable y arriesgadamente), en busca de nuevas experiencias y aventuras placenteras. Pero eso no puede dar como resultado un buen ciudadano, ni un futuro esposo o esposa fiel (y sana sexualmente), ni un padre o una madre de familia (ejemplar), capaz de dar algo que valga la pena a sus hijos.

Es urgente promover una educación sexual que enseñe el respeto, el autocontrol, el aprecio por los demás (sea la pareja sexual, o los hijos que se pueden engendrar), y la capacidad de darse (uno al otro por amor sincero, fiel y comprometido), «hasta que la muerte los separe,» a todos los que desean acercase al matrimonio. Quizá habrá que empezar, por lo tanto, una auténtica y genuina formación sexual en familia, pues es allí donde los hijos pueden descubrir un modelo de amor generoso y fiel. Siempre es tiempo para dar ese ejemplo. Y nunca nos arrepentiremos de haberlo dado.

(Artículo seleccionado y enviado por el Dr. J. Ernesto Contreras P.)

Importancia de las misiones y la evangelización

evangelizacion

Compañero pastor…

            Nuevamente, me atrevo a distraerte de tus múltiples ocupaciones. Huelga decir que no estás obligado a leer lo que escribo; sin embargo me atrevo a hacerlo en la lejana esperanza de que algo tenga de utilidad. Nuevamente te reitero una gratísima perspectiva del año 2016, para ti y tu respetable familia, esperando que goces de salud y bienestar; y te invito a pensar sobre:

LA IMPORTANCIA DE LAS MISIONES Y LA EVANGELIZACIÒN

Por ABALRA

Trabajo presentado en el III Encuentro de Trabajo Misionero, celebrado en el Seminario Gonzalo Báez Camargo, los días 17 y 18 de octubre de 2008.

Una reflexión desde la perspectiva de mí investigación documental. **

Desde la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, del Papa Pablo VI, existe en América latina una gran preocupación por las misiones, de manera tal que han surgido diversos llamados hacia una «nueva evangelización». Una «evangelización de la cultura» o a una «enculturación del Evangelio». Estos llamados adquieren un especial significado y relevancia, para todos los movimientos religiosos. La invitación hacia una evangelización «nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión», encuentra un importante eco en la Iglesia latinoamericana. El reto es reflexionar sobre el significado del ser discípulos y misioneros, definiendo la finalidad del discipulado y de la misión: la vida en Cristo.

El cuestionamiento básico es definir: ¿Qué es la misión? ¿De dónde nace? ¿En qué consiste? La acción de misionar debe obedecer a un impulso visionario, una afirmación positiva, un envío que hace el Padre para que con pasión compartamos la paz que nos ha sido regalada por El, la alegría del encuentro con Jesús, del Jesús humano, que atiende a las señales de dolor y sufrimiento que se constatan en el mundo, y no se limita a ellas, sino también a las vividas al interior de la Iglesia y que piden una conversión de los propios cristianos como propósito de la misión, y atiende por cierto a los muchos signos de gozo que los hay dentro y fuera de la Iglesia. Hay un único maestro, y en la vida cristiana nuestra permanente condición de discípulos es la identidad más profunda de nuestro ser en Cristo y nuestro ser para los demás. Entre las varias cuestiones que ameritan ser pensadas, debemos reflexionar respecto del significado que pudiera tener hoy una misión orientada a suscitar en nuestra historia la “vida en Cristo”.

¿De dónde nace la misión? La misión no debe ser fruto del temor, la desesperanza, ni de la ansiedad ante la aparición de “amenazas erosivas” de la fe cristiana. No debe surgir tampoco de la constatación de que “en las últimas décadas en América Latina y el Caribe, se observa una disminución de la fe y un resurgimiento de la desacralización y desvalorización, que cede ante lo mágico y supersticioso; y se traduce en un debilitamiento del compromiso de muchos creyentes con la Iglesia y con su misma fe”; y que se ve en el “crecimiento de la indiferencia religiosa”; produciéndose un “abandono de los creyentes hacia sectas o hacia nuevos movimientos religiosos”.

Sin embargo, la misión de la Iglesia no debe plantearse como una cuestión de proselitismo hacia una hegemonía política, o como una disputa de poder con otros sujetos sociales, como una respuesta a las amenazas del entorno, o como una recuperación de privilegios perdidos o, al menos, cuestionados. Conviene eliminar la sospecha de que la misión es un recurso propagandístico de una Iglesia en crisis. ¿Cómo se logra esto? Por cierto, no sólo declarando nuestras rectas intenciones, sino que con una práctica consecuente con ello, para lo cual es imprescindible una adecuada comprensión teológica de la misión.

Al respecto, lo primero que habría que afirmar es que la misión nace del envío, de la gran comisión: Por tanto, ID y haced discípulos a todas las naciones… (Mat.28.19); la misión es participación de la misión que el Hijo ha recibido del Padre: “Como el Padre me envió, también yo os envío» (Juan 20.21). Y estas palabras de Jesús, advirtámoslo bien, comienzan por el saludo de la paz: “La paz con vosotros”. La misión nace de la experiencia de la paz que nos proporciona el Señor. No es la ansiedad ni el temor lo que mueve a la Iglesia, sino el Espíritu del resucitado que nos regala su paz. De allí la confianza y la esperanza de que nuestra misión no es una mera proyección de nuestros deseos de auto afirmación, sino pasión por compartir la paz que nos ha sido regalada, envío de quien el Padre ha resucitado para que en Él tengamos vida plena.

¿En qué consiste la misión? Si la misión nace del envío, entonces ella deberá ser siempre expresión de la compasión de Dios: del Dios que escucha el clamor de su Pueblo y que conoce sus sufrimientos (Ex 3,7); del Dios que “al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9.36); Como le explica Jesús a Nicodemo “tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3,16). Nuestra existencia cristiana y la así llamada “práctica eclesial” no pueden sino ser actualización histórica de este amor de Dios por el mundo.

Es en el contexto de nuestra sociedad actual, donde hay que reconocer la carencia de Cristo, la falta de Dios, el surgimiento de los ídolos. Esa “mentalidad que en la práctica prescinde de Dios en la vida concreta y aún en el pensamiento, dando paso a un indiferentismo religioso, un agnosticismo intelectual y a una autonomía total ante el Creador” no es un problema, primera ni principalmente de la Iglesia, sino de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, es el problema de la búsqueda de un humanismo sin Dios.

¿Qué sentido puede tener hablar de una vida plena en Cristo, cuando se considera que la vida puede ser plena sin Dios; más aún, cuando se considera que es necesario “matar a Dios”, para que la vida pueda ser efectivamente plena? Insistimos: esta no es una cuestión sólo de la Iglesia; es una cuestión de comprensión del humanismo. Cuando esto no se esclarece, cuando no explicitamos nuestra comprensión antropológica, entonces menos se entiende nuestra defensa de la vida humana, nuestro interés en que ella se despliegue en todas sus posibilidades de acuerdo a su imagen y semejanza.

Hoy está de muchos modos amenazada la vida; pero, además, experimentamos muchos signos de una vida que no es plena: el desinterés, el tedio, la desidia, las depresiones, el estrés y tantos otros síntomas de búsquedas insatisfechas que no generan sino más ansiedad y más alienación, a fin de poder soportarlo todo, de poder soportarnos incluso a nosotros mismos. Pero la compasión también tiene que ver con “los gozos y las esperanzas”. ¿Dónde están las palabras de aliento de la Iglesia? ¿Cómo se valora la ciencia, de la que todos nos beneficiamos; la convivencia social y política, que tanto ha mejorado; la superación de la pobreza? No se trata de decir estas cosas “para no parecer tan pesimistas”. Hay una cuestión de cultura eclesial, que pareciera nos impulsa más a ser “profetas de calamidades”, que testigos de la vida que en Cristo vence toda muerte, que en Cristo es la belleza que se expresa en todas las cosas, es la verdad que se manifiesta en todo cuanto es, es la bondad que se opone a todo mal. Pertenece a la Iglesia con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, el hacerse cargo de los problemas que hoy muchos de ellos tienen,-santidad social- justamente, con la fe y, en particular, con la Iglesia que ha perdido credibilidad.

Sabemos que la incredulidad aumenta y que la vida plena se busca cada vez menos en el Dios de Jesucristo. Consideramos que algunas de las causas de esta progresiva incredulidad, son particularmente gravitantes hoy: “el descuido de la educación religiosa, la exposición inadecuada de la doctrina, los defectos de nuestra vida religiosa, moral y social”, cada día carente de valores y sumisa a la secularización. Es cierto que muchas veces “los enemigos de la Iglesia” se aprovechan de todo esto para debilitar nuestra imagen pública, erosionar nuestra autoridad moral y menoscabar el servicio que prestamos a la sociedad. Con todo, no deben ser estos “enemigos de la Iglesia” los que nos preocupen, sino nuestras propias claudicaciones, nuestro propio pecado.

Nos parece que el tema de la conversión eclesial debe seguir siendo una preocupación mayor tanto de la teoría como de la práctica eclesial. Ello no puede quedar relegado a un hermoso momento vivido en circunstancias especiales. Allí adquirimos un compromiso importante: “nunca más”. –el nuevo hombre, según Pablo- y como nos sucede en la vida personal, la conversión tiene momentos fuertes, como el “parto de Damasco”, pero es también un largo camino, animado por el Espíritu de Dios que nos santifica, y nos hace ver que para evangelizar al mundo de manera creíble, la misma Iglesia se debe evangelizar “a través de una conversión y una renovación constante”.

¿Es necesaria la misión? Si la misión nace del envío y se realiza en la compasión, entonces: ¿es optativo misionar?; ¿está la Iglesia en América Latina y el Caribe ante la opción de impulsar una gran misión?; ¿pudiera la Iglesia renunciar a esta tarea de ir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a anunciar a Cristo y su Evangelio? Pareciera que en muchos sentidos “el celo misionero” ha decaído. Y ha decaído por múltiples razones: en nuestro continente, piensan algunos, vivimos en una cultura ya evangelizada y, efectivamente, el Evangelio ya ha sido puesto en el “corazón de la cultura”, al punto que ésta ya tiene el sello indeleble de Cristo; hemos comprendido que la acción de su Espíritu rebasa los márgenes de la Iglesia visible, y que las diversas confesiones cristianas pueden ser medios de salvación; y que quienes sin culpa no creen, pero aman de verdad, también han nacido de Dios y conocen a Dios (1 Juan 4,7).

Si hemos creído, esa fe se hace verdadera por la caridad (Gálatas 5, 6); en el Espíritu, esa fe se hace acogida de la misión que el Hijo recibió del Padre; esa fe busca hacerse signo histórico de la comunión de los hombres con Dios y de la comunión de todo el género humano. Si hemos creído, entonces el mismo Espíritu nos impulsa a compartir, con pasión, la alegría del encuentro con Jesús, la vida nueva que este encuentro suscita, la fuerza transformadora del reino de Dios instaurado en los hechos y palabras del Señor.

La Misión, tiene que ser fuente de profunda renovación eclesial, que posibilite el diálogo con quienes no comparten nuestra misma fe. Tenemos que reconocer, al mismo tiempo, el carácter universal de la salvación de Dios en Cristo. “A la par que reconocemos que Dios ama a todos los hombres y les concede la posibilidad de salvarse (cf. 1 Timoteo 2, 4), la Iglesia profesa que Dios ha constituido a Cristo como único mediador y que ella misma ha sido constituida como medio universal de salvación… Es necesario, pues, mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación. Ambas favorecen la comprensión del único misterio salvífico, de manera que se pueda experimentar la misericordia de Dios y nuestra responsabilidad. La salvación, que siempre es don del Espíritu, exige la colaboración del hombre para salvarse tanto a sí mismo como a los demás”.

Durante siglos se acentuó unilateralmente que la salvación sólo radicaba en la Iglesia católica romana y que fuera de ella no había salvación. Quizás, la misma radicalidad de esta afirmación explica el que haya surgido otra tan unilateral e injustificada como aquella: todas las creencias y religiones son igualmente válidas como caminos de salvación. Sin embargo, el desafío -tanto teológico como pastoral- consiste en mantener ambas afirmaciones y comprenderlas en una relación dinámica, en la que se pueda desplegar tanto la libertad y gratuidad del amor misericordioso de Dios, como la libertad del hombre para acoger y compartir ese amor.

Por tanto, la Iglesia en América Latina y el Caribe no está ante la alternativa de si evangeliza o no, de si es misionera o no. Como decía el Apóstol Pablo: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe: Y ¡ay de mi si no predicara el Evangelio!» (1ª. Corintios 9, 16). Aunque hoy se quiera favorecer el mutismo y la indiferencia, anunciar a Jesucristo, con hechos y palabras, no constituye una violencia a la libertad humana, y mucho menos un proselitismo, sino que –justamente- quiere fundar y promover esa libertad: “El anuncio y el testimonio de Cristo, cuando se llevan a cabo respetando las conciencias, no violan la libertad.

La fe exige la libre adhesión del hombre, pero debe ser propuesta”. La Iglesia nace de esta propuesta de Dios a los hombres y es así constituida como signo e instrumento de la vigencia que ella tiene en la historia de los pueblos. Cuando la Iglesia evangeliza, ella misma se vuelve a constituir por la Palabra que la convoca y que ahora ella misma propone; y esto lo hace, precisamente, en la compasión con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, en la dignificación de todo ser humano, en la comunión con todos los pueblos. Si efectivamente creemos en Cristo, creemos que Él no sólo es el auténtico rostro de Dios, sino que también el auténtico rostro del hombre. Esta afirmación, nos parece, es irrenunciable. Y lo es, entre otras cosas, porque ella no sólo no niega la acción del Espíritu de Cristo fuera de los márgenes visibles de la Iglesia, sino que la supone; y la supone, como anticipación histórica de la comunión escatológica.

La vida nueva en Cristo como finalidad de la misión. La vida nueva en Cristo ha sido la formulación escogida para expresar la finalidad del discipulado y la misión. Ahora bien, ¿qué es esta “vida nueva en Cristo”? No pudiera ser una “vida” que niega –directa o indirectamente- aquella vida a la que hemos sido llamados por nuestro Dios, Padre todopoderoso y Creador. El orden de la redención no suprime el de la creación, sino que lo autentifica. Pero saquemos las consecuencias que ello tiene para la comprensión de la misión. En primer lugar, el anuncio cristiano debiera percibirse como un gran Sí a la creación de Dios, al hombre, a su libertad, a su conocimiento, a su sexualidad, a su creatividad.

El gran No, corresponde a la muerte, al pecado. Por ello, en el Evangelio según San Juan, el actuar del demonio se caracteriza tanto por ir en contra de la vida como por ir en contra de la verdad (Juan 8, 44). La misión que nace del envío y de la compasión de Dios nos impulsa a anunciar la Buena Nueva de Dios –el Sí- desde las realidades de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Esto implica conocer, estar cerca, hacerse prójimo. Siempre debemos recordar la importancia de la acción pastoral de la Iglesia: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”. El mundo, las realidades y sensibilidades, ciertamente están en el corazón de Cristo.

Hoy se hace necesario destacar el significado salvífico que también tiene prácticas humanas que no acontecen en el templo o que no son realizadas por su personal eclesiástico. La Ética de Wesley–hacer el bien y no el mal, teniendo a Dios como fuente del amor que es fundamental para mantener la relación de amor con Dios. “Si ahora vivimos por el Espíritu, dejemos también que el Espíritu nos guíe” Gal.5.26. Para la gran mayoría de los cristianos, la vida nueva en Cristo consiste en la posibilidad de dejarse transformar por el Evangelio de Jesús, a fin de que todas las dimensiones de nuestra vida queden habitadas y animadas por él. La relación fe y vida, la posibilidad de poder mirar la propia vida desde el querer de Dios, resultan una gracia y una tarea para toda la Iglesia.

En segundo lugar, la vida nueva en Cristo, a la que conduce el discipulado y la misión, consiste en vivir en el absoluto de Dios. Como escribe el Apóstol Pablo, “para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros” (1 Corintios 8,6). El horizonte último de la vida y de la práctica de la Iglesia –no debemos olvidarlo- es Dios y su reinado: “Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo”. (1 Corintios 15,28).

Pero el absoluto de Dios no es negación de cuanto es, sino plenitud en el ser de cuanto es. El “todo” no se niega, sino que ahora es en plenitud, es en Dios, gracias a la obra redentora del Hijo. Este absoluto de Dios es el auténtico principio dinamizador de toda la existencia cristiana: todo se hace relativo a Dios; todo adquiere sentido en Dios; todo queda sometido a la afección de Dios. Por cierto, la Iglesia, sus personas e instituciones, ¡también! En tercer lugar, la vida en Cristo es vivir de acuerdo a lo que para El constituyó el sentido último de su vida, de su muerte y de su resurrección: el reinado de Dios (Cf. Marcos 1.15; Lucas 4,16-21). La Iglesia, en continuidad con la práctica de Jesús, ha sido constituida para ser expresión histórica de la presencia salvífica del Dios en medio nuestro. Ella constituye una comunidad que es a la vez evangelizadora”. Y si el reinado de Dios es el sentido último de la práctica de Jesús y de su Iglesia, entonces éste es indisociable de la práctica de la justicia, del amor, de la verdad. El signo que está al centro de todos los demás signos.

El signo de que Dios estaba con Jesús de Nazaret, nos informa el libro de los Hechos de los Apóstoles, es que “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo” (Hechos 10,38). Jesús, “se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios”. Y es que lo más propio del cristianismo es la estrecha relación que se establece entre el amor a Dios y el amor al prójimo, a tal punto que “la afirmación de amar a Dios es en realidad una mentira si el hombre repudia al prójimo… el amor al prójimo es un camino para encontrar también a Dios, cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios”.

Sin embargo, el amor al prójimo que debemos expresar los cristianos en nuestra existencia personal y social se inscribe, más profundamente, en un orden propiamente teológico. Es el amor experimentado y vivido el “lugar” en el que podemos experimentar el amor salvífico de Dios en nuestra historia, es el “antes” de Dios, desde el que “puede nacer también en nosotros el amor como respuesta”. Por tanto, la misión como amor vivido y entregado, no es una cuestión optativa del envío de los discípulos de Jesús. Pertenece a la esencia de la acción misionera el ser testigos del amor salvífico de Dios en nuestras vidas, el contribuir a que otros hombres y mujeres puedan experimentar ese amor gratuito y liberador del Dios que en Cristo, nos amó hasta el extremo.

Vivir en Cristo es vivir en el amor: “Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1 Juan 4,16). De este modo, la práctica de la caridad, nuestra pastoral social, nuestra opción por los pobres, y otras expresiones del amor, no son un mero “instrumento de evangelización” y menos aún pueden representar contenidos de un marketing eclesiástico. En esta práctica se realiza el discipulado, acontece la evangelización, irrumpe el reinado de Dios en nuestro medio y en nuestra sociedad. En cuarto lugar, debemos tener presente que la vida nueva en Cristo está posibilitada por un auténtico proceso de conversión. El anuncio del Evangelio de Jesús siempre mueve a la conversión (Marcos 1,15). Pero la conversión es siempre la respuesta del hombre a la experiencia del amor gratuito y salvífico de Dios. En el compendio del Evangelio de Marcos leemos: “el tiempo se ha cumplido, el reino de Dios está cerca, conviértanse y crean”.

La conversión y la fe no son un imperativo hecho, sino que nacen como respuesta agradecida y confiada al amor experimentado de Dios. Cuando nuestros “llamados” a la conversión no tienen a la base esa experiencia del reino que irrumpe en la persona y práctica de Jesús, como cumplimiento de las promesas de Dios, entonces suenan a moralismos y exigencias tan vacías como inútiles. Entre los tantos aspectos que se pueden destacar respecto de esta dimensión de la vida en Cristo, quisiéramos subrayar la necesidad de que la conversión, se oriente a suscitar en todos nosotros una transformación profunda del pensar. ¿Por qué decimos esto? En nuestro contexto cultural y eclesial, en el que predomina el subjetivismo relativista, pareciera cada vez más necesario promover un pensamiento capaz de reflexionar críticamente respecto de las propuestas de sentido y felicidad que se nos ofrecen en el mercado ideológico, de discernir con rigor las propias comprensiones del hombre, del mundo y de Dios, de recrear con lucidez las principales propuestas del Evangelio para los hombres y mujeres de hoy. Sin embargo, también es cierto que los creyentes debemos estar siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que nos pida razón de nuestra esperanza (1 Pedro 3,15).

Por último, y en quinto lugar, la vida en Cristo es “ser y permanecer” siempre como discípulos de Jesús, el Señor. ¿Cómo proclamar el nombre del Señor, si antes no nos hemos dejado transformar por él, si antes no hemos estado con Él, si no permanecemos en Él? En la vida cristiana, el discipulado constituye la identidad más profunda de nuestro ser en Cristo y de nuestro ser para los demás. Estamos llamados a ser misioneros, a hacer discípulos a todas las gentes, pero sin dejar de ser nosotros mismos discípulos. El discípulo de Cristo, que por la gracia del Espíritu permanece en Él, reconoce en Cristo a su único Señor y Maestro.

Sin embargo, el auténtico discípulo sabe también que el Espíritu de Cristo “ha sido derramado sobre toda carne” (Hechos 2,17) y que, por ello, también El nos sale al encuentro desde aquellos que vamos a evangelizar. Escuchar al Señor es también escucharlo donde quiera que su Espíritu se nos quiera manifestar. La vida en Cristo es vivir en esta actitud de escucha y de discernimiento; así podremos reconocer la presencia vivificante de su Espíritu; así, por su gracia, podremos dar testimonio de su presencia salvífica en el mundo e invitar a todos a vivir en El, con esperanza y con pasión.

Y por cierto, les tengo una muy grata noticia: del 5 al 10 de Octubre estaremos celebrando la CONFERENCIA MISIONERA GLOBAL; en tiempo y forma les estaré dando detalles del lugar y de los costos y oradores. Por lo pronto vayan apartando su lugar

Con mi afecto y respeto

abner


 

Notas

**Se tomaron como base documentos del Teólogo Joaquín Silva, profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile; y Documentos de la Facultad de Filosofía y Humanidades.