Autor: Pbro. Antonio Lara González
Enero, 2025
En días pasados el calendario cristiano nos invitó a reflexionar sobre la misión de Dios entre la humanidad. Puso su atención en dos mujeres elegidas por Dios para que fueran parte de su plan de salvación. Aquellas dos mujeres recibieron encomiendas particulares y por demás especiales. De manera pronta, es posible identificar un primer punto de unión entre ellas: las dos tuvieron la disposición de aceptar positivamente la comisión de Dios para formar parte de la historia de su salvación. Cuando una persona común y ordinaria está dispuesta a hacer la voluntad de Dios es entonces que su manifestación supera milagrosamente las realidades humanas. No fueron la excepción las vidas de Elisabet y María.Los relatos del Texto Sagrado deberían llevarnos a una meditación profunda. Al menos, con más detenimiento que el romanticismo que la época navideña convida. Se suele mirar el proceso soteriológico como algo dulce, tierno y por demás obvio en los personajes bíblicos que cada año se hacen presentes al cierre y al inicio del siguiente ciclo.
Sin embargo, con base en una reflexión honesta del Texto Sagrado, los relatos carecen de la excesiva dulzura que las tradiciones populares mexicanas suelen poner en la temporada. Para poner un ejemplo: basta mirar las caracterizaciones de la escena del nacimiento del Niño de Belén para darse cuenta de la desproporción de ternura en ellos. Las pequeñas figuras representarán animales tiernos -y sonrientes- alrededor del rústico pesebre: borregos, vacas, gallinas, pollitos, cerditos y, lo que esté al alcance de la imaginación de los artesanos quienes materializan, en algunos casos, verdaderas obras de arte en torno a los nacimientos que ilustran aquel majestuoso momento de la historia. No sería raro ver a los animales de par en par, como si el artesano hiciera mezcla de otra tierna escena de su memoria en el Arca de Noé o alguien que, movido por la emoción, posicionará allí perros, gatos, camellos, elefantes, caballos y toda clase de animales que la creatividad disponga; una cosa es segura: ¡todas las figuritas tendrán una gran sonrisa en su rostro!
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