Por Antonio de Jesus Arellano Ordoñez
En este mes de junio se conmemora el CCCXXI aniversario del natalicio de uno de los teólogos más reconocidos de la historia moderna del cristianismo: John Wesley. Como bien sabemos, Wesley nació en junio de 1703 en Epworth, Lincolnshire. Sin embargo, queda en duda la precisión del día, pues algunos señalan al 17 y otros al 28. Este será un misterio cuya resolución le encargaremos a nuestros hermanos viajeros por el mundo que visiten Inglaterra. Mientras tanto, el día preciso no es la esencia que nos reúne en esta ocasión, sino las lecciones que Dios nos ha ofrecido a través de la vida de este hombre.
Durante este mes se celebran asambleas y conferencias anuales en todo el país, pero ¿acaso nos hemos detenido un momento a preguntarnos si como delegados sentados en las bancas a modo de curules ejercemos la representación en la toma de decisiones bajo un esquema teórico de pensamiento cristiano-wesleyano? Lo hablo desde mi trinchera en un caso particular cercano a mí, pues mis delegados ponen poca atención en los ejercicios intelectuales que tienen que ver con estudio bíblico o doctrina y, en el peor de los casos, se duermen en las juntas de administradores cuando estamos tratando un tema de interés popular dentro de la Iglesia. Espero que no sea la realidad de muchas de nuestras Iglesias.
Ahora bien, ¿está seguirá siendo la realidad dentro de nuestra Iglesia? ¿seguiremos dejando la toma de decisiones en manos de quienes hacen ruido y nada más? Vivo en la esperanza de un despertar de conciencias inspiradas por el Espíritu Santo para la restauración del metodismo mexicano auténtico, que vive en crisis desde 1968. Dios nos ayude a superar esta época que se convierte más agridulce porque vivimos en medio de una Iglesia Metodista mexicana herida, apática e insegura, resultado del descuido de algunos líderes “metodistas” que se dejaron llevar por las modas y tendencias neo-pentecostales, así como esta época neoliberal y posmoderna, que nos abruma con el consumismo rapas. Dios, perdónanos por saber lo que debemos hacer y no lo hacemos, ten misericordia de nosotros.
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