“Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.”
S. Lucas 2:11
“El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;”
S. Lucas 4:18
Muchos colores y muchos sabores parecieran ser una de las descripciones de esta hermosa época decembrina. Sin embargo, es también una temporada que se vive entre la alegría y la tristeza. Una avalancha de sentimientos y emociones invaden mentes y pensamientos con recuerdos de los ausentes o fallecidos; o bien porque en esos momentos se transita por sendas de difíciles enfermedades, por rupturas familiares, o porque se encuentran privados de su libertad.
El evento de la natividad no es otro que el amor de Dios expresado en la encarnación de su Hijo, Jesucristo, para cumplir su propósito de redención de la humanidad. El milagro de la encarnación debe ser entendido por la iglesia y por cada creyente, compartiéndolo a un mundo sin Cristo, por medio de la evangelización y las acciones sociales.
La iglesia, los ministerios y cada creyente lo pueden hacer de acuerdo con las oportunidades que el Señor les presente. Los hospitales, los asilos, los orfanatos y las prisiones son campos sensibles y listos para ser cosechados.
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