–p. J. Dávila
Abstracto: La itinerancia, en un enfoque ideal, aporta diversidad de dones ministeriales, perspectivas frescas y hasta colaboración entre las iglesias, además de que enriquece la vida espiritual de todos los involucrados. Pero es importante recordar que este llamado no es una búsqueda de méritos personales, sino una forma de servir y ser enviados por Dios.
Soy pastor por gracia de Dios, y presbítero itinerante en la Iglesia Metodista. He estado al frente de una congregación desde el año 2008, y actualmente pastoreo mi cuarta Iglesia. Durante todo este tiempo he abrazado los cambios y desafíos que conlleva la itinerancia. A lo largo de mi camino he tenido el privilegio de conocer personas maravillosas, compartir sus alegrías y tristezas, y de ser testigo de la obra transformadora de Dios en sus vidas.
Y aunque también he experimentado los desafíos y las dificultades inherentes de nuestro distintivo sistema de nombramientos, al reflexionar sobre mi trayectoria, me doy cuenta de que la itinerancia, lejos de ser una búsqueda de méritos personales, es un don valioso que podría beneficiar enormemente a la Iglesia y a su comunidad.
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