Tener 6O o más en el siglo XXI
El Pbro. Abner Alanís Rangel fue por varios años el Director de este periódico
cuando llevaba el nombre de Presencia Metodista. Actualmente es el Pastor Titular
de la IMMAR Sión, en el Distrito Federal, parte de la CAM. En el presente
cuadrienio es el asesor pastoral del Gabinete Nacional de las Fraternidades de
Hombres Metodistas
Oye a tu padre, a aquel que te engendró; cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies”
Prov. 23.22
“La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la hermosura de los ancianos su vejez”
Prov. 20.29
“Corona de honra es la vejez que se halla en el camino de justicia”
Prov. 16.31
Si el tema atrajo su curiosidad erótica, quédese tranquilo, el tema no tiene que ver nada con el sexo. Por lo que vemos en los Proverbios de Salomón, el llegar a viejo, siempre ha causado cierta preocupación; sin embargo las Escrituras ponderan la vejez como una edad muy hermosa. Por lo que a solicitud expresa del área de Desarrollo Cristiano de la CAM, que me ha solicitado haga una serie de reflexiones, para ser publicadas y compartidas con los adultos de nuestra iglesia, me permito, aportar mi modesta consideración respecto al tema.
Generalmente, cuando pregunto a los hermanos de la iglesia en donde ministro, ¿Cómo están? Me contestan con un dejo de resignación ¡pues estoy, que ya es ganancia! ¿A qué se debe una respuesta así? Un estudio sociológico de nuestra sociedad actual, nos permite ver con claridad, que hay una franja social que antes no existía. Hoy, nos enfrentamos a la construcción de una nueva imagen del adulto mayor. La gente de los 65 y más, se resiste a envejecer, y ha echado fuera de su vocabulario la palabra sexagenario. Y es que los sociólogos, siguen insistiendo en que México es un país de jóvenes, y a ese respecto, en las páginas de los diarios, para cualquier trabajo vemos que se dice, no mayor de 35 años; y ¿entonces, los que rebasan esa edad ¿no son gente productiva? Ahora, como que se quiere sublimar ese status, y se les llama: adulto en plenitud, adulto mayor, adulto con mucha experiencia, llegar a la edad dorada, etc.
Si acudimos a la fisiología humana, nos damos cuenta, que el envejecimiento humano es un proceso biopsicosocial y espiritual que comienza con la concepción y finaliza con la muerte. Es un fenómeno singular para cada uno que envejece y a la vez universal porque forma parte del ciclo natural de la vida. Estudios sociodemográficos, expresan una serie de inquietudes sociales para el reconocimiento de este sector. Problemas tales como falta de oportunidades laborales, atención especializada, entre otras cuestiones fueron planteados, que surgirían en torno al envejecimiento de la población.
Es necesario que nuestra iglesia se atreva a crear nuevos mecanismos y estrategias de vinculación, tanto interdisciplinarias como interinstitucionales, para estar a un paso adelante y afrontar el desarrollo poblacional. El adulto mayor, como se le identifica actualmente, es un sector que cada día toma más presencia en las diferentes ramas académicas y gubernamentales. La vinculación, tanto de la ciencia y de la Administración Política, conlleva a unir esfuerzos para lograr un diseño y desarrollo de políticas conducentes a un óptimo desarrollo humano de este sector poblacional y difundir una nueva imagen social del adulto mayor. Lo anterior se debe plasmar en proyectos y estrategias que no están contempladas en el Plan Rector Nacional, ni en el Plan Operativo Nacional, y nuestras Iglesias en su mayoría están integradas de adultos mayores. No se pretende que se tengan solo acciones paliativas, y ayudar a la conquista de una nueva cultura de igualdad , y un trato equitativo sin discriminaciones políticas de participación, en nuestros cuerpos de gobierno, con justa distribución de oportunidades y desarrollo, garantía de condiciones mínimas, que permitan disfrutar la vida de manera sustentable y digna.
En la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, es cuando el concepto de vejez toma énfasis como universal y se sostiene que: “el ser humano tiene derecho a la existencia, a la integridad física, a los medios indispensables y suficientes para un nivel de visa digna, especialmente en cuanto se refiere a la alimentación al vestido, a la habitación, al descanso, a la atención médica, a los servicios sociales necesarios. De ahí el derecho a la seguridad en caso de enfermedad, de invalidez de viudez y de vejez”. A este respecto, debemos de estudiar a profundidad el status de nuestros pastores jubilados y de nuestras viudas de pastores. He sabido de algunos de ellos que han caído gravemente enfermos y la Comisión ni por enterada se da.
Pero, volvamos a la parte central del tema que ocupa nuestra atención, la sexalescencia. Esta es una generación que ha echado fuera del idioma la palabra “sexagenario”, porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de envejecer, y menos cuando los avances de la medicina auguran el llegar a los 100 o más años. Se trata de una novedad demográfica, parecida a la aparición en su momento de la “adolescencia”, que también fue una franja social nueva, que surgió a mediados del siglo XX, para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces en donde meterse, ni cómo vestirse. Este nuevo grupo, que ahora se le llama de los sesenta y cinco y más, ha llevado una vida razonable y satisfactoria. Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo, y han logrado cambiar el significado tétrico, que tanta literatura latinoamericana le dio durante décadas al concepto del trabajo. Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron la actividad que más les gustaba y se ganan la vida con eso. Incluso, ni sienten la necesidad de compartir su vida con nadie, sea hombre o mujer; así solos se sienten bien y disfrutan de la vida, sin ninguna coacción y totalmente libres, y se sienten plenos, y algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud cada uno de sus días, sin temor al ocio o a la soledad, crecen desde dentro. Disfrutan el ocio porque después de tantos años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos, bien vale la pena mirar el mar con la mente vacía, o ver volar una paloma, o disfrutar de los nietos a plenitud.
Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante. Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres habían sido educadas a obedecer, y ahora pueden ocupar lugares en la sociedad que sus madres jamás habrían soñado con ocupar. Esta mujer sexalescente, sobrevive a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los 60’s, en aquellos momentos de su juventud, en los que los cambios eran tantos, que tuvo que detenerse a reflexionar qué quería en realidad. Algunas prefirieron vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, ya tenemos militares, capitanes piloto aviador, altas ejecutivas empresariales, periodistas, atletas, y crearon su propio YO, S. A. Otras eligieron tener hijos a temprana edad, siguieron el arquetipo tradicional. En ambos casos, su camino no ha sido fácil, y todavía lo van diseñando cotidianamente.
Ahora, para algunas cosas, que ya se dan por sabidas, la gente de sesenta y más, no son personas detenidas en el tiempo, y por ejemplo ya han entrado de lleno al uso del celular, y de la computadora, como si lo hubieran hecho toda la vida. Ya hasta usan las redes sociales, y se escriben, o se ven por Skype, con los hijos que están lejos, y hasta se olvidan del viejo teléfono, para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail, o le mandan un whatsapp, con sus ideas y vivencias. Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental. A diferencia de los jóvenes, los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde, solo reflexiona, toma nota a lo sumo y a otra cosa. Ente mayor, comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, van con su propio estilo.
Ellos, los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani; ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura tuneada de una vedette. En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente, o de una sonrisa iluminada por la experiencia. Hoy la gente de los 60’s y más, como es su costumbre, están estrenado una edad que todavía no tiene nombre, según la sociología moderna; antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben. La gente de los 60’s y más de hoy, celebra el sol de cada mañana y sonríe para sí misma, muy a menudo, hacen planes con su propia vida, no con la de los demás, quizá por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los del siglo XXI. Yo, por lo pronto, ya disfruto de mi tarjeta Red Ángel, y ¿si vieran como me sirve para comprar mi despensa?
Arreglo e investigación documental, con mi afecto y respeto, Pastor Alaniz