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El Señor Jesucristo ya resucitado, en su conversación con dos de sus discípulos, rumbo a Emaús, les dijo: ¡Insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que no los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían. Y luego, les dijo: Éstas son las palabras que les hablé estando aún con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos. Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos al tercer día (Lc 24:13-45).
Y es que los escritores bíblicos, incluyendo los salmistas (principalmente David), en forma también profética, escribieron (unos 900 años antes de que Jesucristo naciera en Navidad, en el portal de Belén), con singular detalle, tanto el carácter de Jesucristo, como sucesos específicos que le acompañaron durante su ministerio terrenal, su pasión, muerte, sepultura, y resurrección;. Además, mencionan eventos que sucederán durante su segunda venida, y futura manifestación en el Reino de los Cielos.
El Pastor Paul Humer, en su magnífico libro sobre profecías mesiánicas, titulado ‘400 y más Profecías, Apariciones, y Manifestaciones Previas de Cristo, en el Antiguo Testamento,’ incluye más de 140 pasajes de la tercera sección delTanaj (Antiguo Testamento), llamada los Escritos (Ketuvim), y a la que Jesucristo se refirió como los salmos (el primero de los libros de esta sección). (Lc 24:44).
En primer lugar, al igual que en las otras Escrituras del Tanaj, en esta sección se menciona que el Ángel de Jehová, una manifestación teofánica (previa a su encarnación) de Jesucristo, se presentó frente a Josué, Gedeón, el niño Samuel, a David, y a Elías. Dice el salmo: El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende(Josué 5:13-15; Jueces 2:1-2; 6:17-24; 13:6-8, 16-23; 1º Samuel 3:1-10; 2º Samuel 24:15-17; 1º Reyes 19:7-9; 2º Reyes 1:3,15; 1º Crónicas 21:16-18; Salmo 34:7).
En los libros de Samuel y en los salmos, se profetiza que Jesucristo sería Mesías (Ungido), Sacerdote, Salvador, y Rey a favor de Israel. Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. Dice el pasaje sobre la oración de Ana, madre de Samuel: Jehová juzgará los términos de la tierra, y dará fortaleza a su Rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías. Luego dijo Dios: Yo me levantaré un Sacerdote Fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi Ungido todo los días. Él me llamará: Mi padre eres tú, mi Dios, y la Roca de mi salvación. Yo también lo haré mi primogénito, Jehová me ha dicho: Mi Hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por heredad las naciones, y por posesión tuya los confines de la tierra. Bienaventurados todos los que en Él confían. Se levantan los reyes de la tierra, y los príncipes consultan unidos contra Jehová y contra su Ungido, mas yo he puesto mi Rey sobre Sión, mi santo monte (Sa 110:4; 1º Samuel 2:10 y 35; Salmo 2:2-12; 89:26-27; Hechos 13:33; Hebreos 1:5 y 5:5).
También se profetizó que Ruth, la moabita (bisabuela del rey David), sería incluida en la genealogía del Mesías; y que el Mesías vendría de la tribu de Judá. Dice el pasaje, hablando del hijo de Ruth: Y las mujeres decían a Noemí (suegra de Ruth): Bendito sea Jehová, que hizo que no te faltara hoy pariente redentor, cuyo nombre será célebre en Israel. Y las vecinas le dieron nombre, diciendo: A Noemí le ha nacido un hijo; y le llamaron Obed. Éste fue el padre de Isaí, padre de David. Y Judá prevaleció sobre sus hermanos, y de él procedió el Príncipe (Rut 4:14,17; 1º Crónicas 5:2).
Al rey David, un tipo de Jesucristo, Dios le hizo el siguiente pacto: En verdad juró Jehová a David, no se retractará de ello: Del fruto de tus lomos pondré sobre tu trono. Una vez he jurado por mi santidad, que no mentiré a David. Su simiente será para siempre, y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo. Será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro; y tu trono será estable eternamente. Dios es la torre de salvación para su rey, y hace misericordia a su ungido, a David, y a su simiente, para siempre. Y será que, cuando tus días fueren cumplidos para irte con tus padres, levantaré tu simiente después de ti, que será uno de tus hijos; y afirmaré su reino. Él me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternamente. Hice alianza con mi escogido; Juré a David mi siervo, diciendo: Para siempre confirmaré tu simiente, y edificaré tu trono por todas las generaciones. (2º Samuel 7:14-16; 22:51; 1º Crónicas 17:11-14; Sa 132:11; 89:3-4, 35-37).
Sobre el carácter de Jesucristo, Job, un tipo de Cristo, escribió: Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará los hijos del menesteroso, y quebrantará al violento. Porque yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador. La bendición del que se iba a perder venía sobre mí; y al corazón de la viuda daba alegría. Me vestía de justicia, y ella me cubría; como manto y diadema era mi justicia. Yo era ojos al ciego, y pies al cojo.
A los menesterosos era padre; y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia. Pero me consumió el celo de tu casa; y las afrentas de los que te injuriaban, han caído sobre mí. (Sa 72:4. Job 29: 12-16; Sa 69:9; Jn 2:15).
Aparte del pasaje profético de Isaías 53 sobre la pasión de Jesucristo, está el siguiente pasaje profético y explícito:Abrieron contra mí su boca; hirieron mis mejillas con afrenta; contra mí se juntaron todos. Me ha entregado Dios al mentiroso, y en las manos de los impíos me hizo estremecer. Mi rostro está hinchado con el lloro, y mis párpados entenebrecidos: A pesar de no haber iniquidad en mis manos, y de haber sido mi oración pura.
Sobre mí se descargó tu ira, y me has afligido con todas tus ondas; y ahora yo soy su canción, y he venido a ser su refrán. Me abominan, se alejan de mí, y aun de mi rostro no detuvieron su saliva. Porque Dios desató mi cuerda, y me afligió, por eso se desenfrenaron delante de mi rostro. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Clamo a ti, y no me oyes; me presento, y no me atiendes.
¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis enemigos! Muchos se levantan contra mí. Porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad. Aun mi íntimo amigo, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, levantó contra mí su calcañar. Tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar; que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y a la casa de Dios andábamos en compañía. Muchos dicen de mi vida: No hay para Él salvación en Dios. Todos los que me ven, se burlan de mí; estiran los labios, menean la cabeza, diciendo: Confió en Jehová, líbrele Él; sálvele, puesto que en Él se complacía. Mas yo, como si fuera sordo no oía; y estaba como un mudo, que no abre su boca.
Estoy derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron: Mi corazón es como cera, derretido en medio de mis entrañas. Se secó como un tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar; y me has puesto en el polvo de la muerte. Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre. Horadaron mis manos y mis pies. Pero Él guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado. Repartieron entre sí mi vestidura, y sobre mi ropa echaron suertes. (Job 16:10-11, 16-17; 30:9-11, 20,21; Sa 22:1-18; 3:1-2; 13:1-6; 27:12-13; 34:20; 38:13; 40:9;55:13-14; 69:21; 88:6-16; Mt 27:33-43; Jn 13:18, 19:23-32; 1ª Pd 2:22-23).
En cuanto a que Jesucristo es el Creador, dice: Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca. Cuando formó los cielos, allí estaba yo; cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo; cuando estableció los cielos arriba, cuando afirmó las fuentes del abismo; cuando al mar puso sus límites, para que las aguas no pasaran su mandamiento; cuando estableció los fundamentos de la tierra; Yo estaba con Él, ordenándolo todo (Sa 33:6; Pr 8:27-31).
El carácter perfecto de Jesucristo, al que todo cristiano debe aspirar, se describe con detalle en el Salmo 1 y 24. Dicen: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; antes en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Y será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas ni ha jurado con engaño, recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación. Porque el que me halle, hallará la vida, y alcanzará el favor de Jehová. Mas el que peca contra mí, defrauda su alma: Todos los que me aborrecen, aman la muerte (Pr 8:35-36; Jn 3:18).
Sobre la muerte, sepultura, y resurrección de Jesucristo, se profetizó: En tu mano encomiendo mi espíritu. Mi carne reposará segura. Porque no dejarás mi alma en el infierno; ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me rodearon los dolores de la muerte, y del infierno; me previnieron lazos de muerte. En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios: Él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de Él, a sus oídos. La tierra se estremeció y tembló; se conmovieron los cimientos de los montes, y se estremecieron, porque se indignó Él. Ahora entiendo que Jehová guarda a su ungido; lo oirá desde su santo cielo, con la fuerza salvadora de su diestra. Jehová es la fortaleza de su pueblo, y la fuerza salvadora de su Ungido.
Pacientemente esperé en Jehová, y Él se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me sacó del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová. Pues Dios redimirá mi alma del poder de la sepultura (el Seol). Te glorificaré, oh Jehová; porque me has levantado, y no hiciste a mis enemigos alegrarse de mí. Jehová Dios mío, a ti clamé, y me sanaste. Oh Jehová, hiciste subir mi alma del sepulcro; me diste vida, para que no descendiera a la sepultura. Porque tu misericordia es grande para conmigo; y has librado mi alma del más profundo Seol o infierno. Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (Porque la redención de su vida es de gran precio, y no se hará jamás). Para que viva adelante para siempre, y nunca vea corrupción. (Salmo 55:3-5; 40:1-3; 16:8-11; 18:4-7; 20:6; 28:8; 30:1-3; 31:5; 49:7-15; 80:13; Hch 2:22-29; Mt27:50-51).
Sobre su segunda venida, en los salmos se profetizó así: Su nombre será para siempre, perpetuado será su nombre mientras dure el sol; y benditas serán en Él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado. Tu trono, oh Dios, eterno y para siempre; vara de justicia la vara de tu reino. Amaste la justicia y aborreciste la maldad; por tanto te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de gozo sobre tus compañeros. Cíñete tu espada sobre el muslo, oh valiente, con tu gloria y con tu majestad. Y en tu gloria sé prosperado: Cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia; y tu diestra te enseñará cosas terribles. Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones; por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre. Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Y todos los reyes se postrarán delante de Él; todas las naciones le servirán. Porque Él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra. Bendito el que viene en el nombre de Jehová Así, La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. De parte de Jehová es esto; es maravilloso a nuestros ojos (Sa 72:17; 45:3-17; 72:11-12; 110:1; 109:8; 118:22-23; Ap 19:11-16; Mt 21:42; Jn 12:12,13).
Por último, también está la profecía sobre la sustitución de Judas por Matías: Que tome otro su oficio (Sa 109:8; Hch 1:20).
Es mi oración que estos pasajes, le ayuden a aumentar su fe en Jesucristo, como el Mesías Redentor, y en la Biblia, como la Santa e infalible Palabra de Dios. AMEN.
