
Romanos 13:1-9
TESTIMONIO Y MEDITACIÓN
Juan Wesley era respetuoso de las autoridades, sostenía que «…no hay autoridad más que por parte de Dios y las que existen -como dice el apóstol Pablo- fueron establecidas por Dios… y decía, …no hay poder supremo más que el proveniente de Dios, soberano de todo. (Reflexiones sobre el origen del poder, 1772),
Sin embargo, después de haber leído un libro sobre un esclavo de Barbados, en su último registro de su Diario, del día 23 de febrero de 1791, escribió a William Wilberforce, miembro del Parlamento Inglés en su lucha contra el comercio de esclavos y contra la esclavitud misma, «…no se canse de hacer el bien. continúe en el nombre de Dios y con la fuerza de su poder hasta que la esclavitud americana, la más vil que ha habido bajo el sol se desvanezca frente a ese poder» (Adoro la Sabiduría de Dios, Juan Carlos Barbosa pág. 71-72).
En el movimiento de Independencia de México, es evidente que quienes deberían haber respetado a las autoridades se sublevaron en contra de ellas, -un buen número eran sacerdotes y religiosos- luchando en contra del imperio español -que con sus representantes políticos había esclavizado, explotado, violado a las mujeres y masacrado a los habitantes y se había adueñado del país-, y por ello buscaban la libertad y la independencia mexicana. Y si hoy viéramos que nuestras autoridades fueran por el mismo camino, abusando de su autoridad, comprando las conciencias, torciendo y aplicando las leyes a su favor, favoreciendo a quienes los impusieron, vendiendo nuestras riquezas naturales para enriquecerse, no podríamos quedarnos callados, como gritara Miguel Hidalgo y Costilla, ¡Viva México!, ¡Viva México!, muera el mal gobierno.
CONTEXTO DEL TEXTO
En el año en que se escribe la Carta a los Romanos (57 o 58 d. C.) ya reinaba el emperador Nerón (54-68), tal vez el más cruel en contra de los cristianos, pero todavía no había estallado la persecución violenta contra ellos en la que, con toda probabilidad, los apóstoles Pedro y Pablo fueron martirizados. El autor supone que las autoridades son legítimas y honestas y que, por tanto, un cristiano debe ser ante todo un buen ciudadano –pago de impuestos, contribuciones, honor, respeto a todos– una manera de amar a los hermanos y hermanas. El que ama al prójimo será siempre un óptimo ciudadano. Aunque obedecer a las autoridades de este mundo es la regla general, un claro principio bíblico es que deberíamos desobedecer si el gobierno obliga a pecar, porque la lealtad hacia Dios siempre tiene prioridad sobre cualquier autoridad humana (véanse Ester 4:16; Daniel 3: 6-10, 12-18; Mateo 2:12; Hechos 5:29; Hebreos 11:23).
LO QUE ME ENSEÑA EL TEXTO BÍBLICO
1. Debo someterme a mis autoridades superiores.
2. Que éstas fueron establecidas por Dios, eso no quiere decir que fueron electas por Dios.
3. Que mis autoridades deben ser ejemplo de justicia, honestidad, transparencia, amor; y si así no fuere, en el nombre del Señor me reservo el derecho de obedecerlas o no.
ORACIÓN
Señor, en verdad te pido por mis autoridades, por aquellos que nos gobiernan, por los diputados y senadores, por los magistrados, por los gobernadores de los Estados, por los presidentes municipales; pero tú sabes que han abusado de su autoridad, trafican con sus influencias, se asignan salarios elevadísimos cuando mucha gente en el país vive con dos dólares al día o muere de hambre, tú lo sabes todo. Perdónalos y ayúdalos a corregir el rumbo, y despierta a mis conciudadanos para que en tu nombre podamos elegir a gobernantes justos y democráticos, ayuda a este país a salir de la corrupción, la injusticia, la impunidad, el pecado. En el nombre de tu Hijo, Amén.
