Hoy visitamos en Jerusalén el Cenáculo, conocido también como el gran Aposento Alto, considerado tradicionalmente como el lugar donde se celebró la Ultima Cena.
Puesto que Jesús pudo instituir el sacramento de la Cena del Señor en cualquier momento de su vida ministerial, pero esperó hasta el final de su vida, tenemos que preguntarnos, ¿por qué esperó hasta la ocasión de su última cena con sus discípulos para establecer la Sagrada Comunión?
Los Evangelios nos cuentan que Jesús comió la última cena con sus discípulos en «un aposento alto», seguramente en algún lugar cercano al templo. Durante la cena Jesús tomo su copa de vino y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama» (Lucas 22:20).
La palabra hebrea para pacto es brit, un término político relacionado con un contrato escrito entre un rey y sus súbditos. Muy a menudo se utilizaba la sangre para firmar tales contratos e ilustrar la seriedad del evento, como decir, «Estamos conscientes de que la penalidad por violar este tratado es la muerte». Precisamente esto sucedió en el caso del antiguo pacto cuando Moisés roció a la gente con la sangre de un buey sacrificado (Éxodo 24:8).
Pero Jesús no es tan sólo el nuevo Moisés, sellando un nuevo paco con su sangre. También dice que la sangre «por muchos es derramada para remisión de los pecados» (Mateo 26:28). Esta ofrenda de un sacrificio expiatorio por los pecados, es el mayor don que Jesús pudo dar a sus discípulos y al mundo, y es precisamente la razón de haber esperado hasta el último momento para otorgárselo.
Jonathan A. Lipnick; es un candidato doctoral en Estudios Cristianos tempranos en la Universidad de Harvard.
Tiene títulos MA en estudios religiosos de la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad de Harvard y una licenciatura en estudios religiosos de la Universidad de Indiana.
